viernes, 3 de octubre de 2014

Antonio Vallejo-Nájera: el marxismo como enfermedad mental


Antonio Vallejo-Nágera Lobón (Paredes de Nava, Palencia, 1889 - Madrid, 25 de febrero de 1960) fue un médico español, primer catedrático numerario de Psiquiatría en la Universidad española. Es el padre del también psiquiatraJuan Antonio Vallejo-Nágera.
Realiza los estudios de Medicina en la Universidad de Valladolid, donde obtiene la Licenciatura en 1909. A continuación ingresa en el cuerpo de Sanidad militar, desempeñando su función con notable mérito, principalmente en las epidemias y en las acciones de guerra de la época, por lo que obtiene diversas condecoraciones nacionales. En1917 es nombrado Agregado de la Embajada de España en Berlín, como miembro de la comisión militar que debía inspeccionar los campos de prisioneros de guerra; por el cumplimiento de esta misión se hace acreedor de otras varias condecoraciones de diferentes países europeos.
Durante su permanencia en Alemania tiene oportunidad de conocer las clínicas psiquiátricas, así como de escuchar las lecciones de Emil Kraepelin, Hans Walter Gruhle y Gustav Schwalbe; estas circunstancias determinan en Vallejo-Nájera su definitiva vocación por la Psiquiatría. Allí traduce al castellano las obras de Gruhle y Schwalbe. De nuevo en España, fija su residencia en Madrid y dirige, desde 1930, la Clínica Psiquiátrica de Ciempozuelos. En 1931 es profesor en la Academia de Sanidad Militar, centro donde se imparte la primera enseñanza de la especialidad. Afecto al nazismo, durante la Guerra Civil el coronel Vallejo-Nájera dirigió los Servicios Psiquiátricos del Ejército franquista y escribió extensamente sobre la degeneración de la raza española, que, según él, habría ocurrido durante la República, postura adoptada también por Juan José López Ibor, Ramón Sarró, José Solé Segarra, Marco Merencianoy otros psiquiatras de su mismo bando, y convenció a Franco para que creara el Gabinete de Investigación Psicológicas del Ejército a semejanza del Ahnenerbe (acrónimo del Instituto de Investigación y Estudio de la Herencia Ancestral Alemana), creado en 1935 en la Alemania nazi por Heinrich Himmler, para demostrar su teoría de que el marxismo era una tara mental, según expresaba en libros suyos como La locura y la raza, Psicopatología de la guerra española, Eugenesia de la hispanidad y regeneración de la raza o Psiquismo del fanatismo marxista. En 1947 es nombrado por las instituciones franquistas profesor de Psiquiatría en la Universidad de Madrid, puesto que desempeña hasta 1959; es, por tanto, el primer catedrático numerario de dicha especialidad en la Universidad española. Su actividad docente se pone de manifiesto en su obra y en el ingente número de cursillos y conferencias que organiza. En 1951 es elegido miembro de la Real Academia Nacional de Medicina.

Teorías

Como jefe de los Servicios Psiquiátricos Militares de la dictadura franquista, le fue encargado un estudio que demostrase la inferioridad mental de las personas de ideología marxista. Según Eduard Pons Prades en su obra Los niños republicanos (editado en RBA, 2005), Antonio Vallejo-Nájera "dirigió, en 1938, un estudio sobre los prisioneros de guerra republicanos, para determinar qué malformación llevaba al marxismo. O sea: iba en busca del gen rojo." En estos estudios, Vallejo-Nájera afirma que las mujeres republicanas tenían muchos puntos de contacto con los niños y los animales y que cuando se rompen los frenos sociales son crueles por faltarle inhibiciones inteligentes y lógicas, además de tener sentimientos patológicos. Pons también afirma en su libro que Vallejo-Nájera pidió en otro de sus trabajos la creación del Cuerpo General de Inquisidores.
Para llevar a cabo el estudio, se utilizaron dos grupos: uno de prisioneros miembros de las Brigadas Internacionales y otro compuesto por 50 presas malagueñas. Algunas de las conclusiones del estudio realizado por Vallejo-Nájera son las siguientes:
"La idea de las íntimas relaciones entre marxismo e inferioridad mental ya la habíamos expuesto anteriormente en otros trabajos. La comprobación de nuestras hipótesis tiene enorme trascendencia político social, pues si militan en el marxismo de preferencia psicópatas antisociales, como es nuestra idea, la segregación de estos sujetos desde la infancia, podría liberar a la sociedad de plaga tan terrible". 
La inferioridad mental de los partidarios de la igualdad social y política o desafectos: "La perversidad de los regímenes democráticos favorecedores del resentimiento promociona a los fracasados sociales con políticas públicas, a diferencia de lo que sucede con los regímenes aristocráticos donde sólo triunfan socialmente los mejores". 
"El imbécil social incluye a esa multitud de seres incultos, torpes, sugestionables, carentes de espontaneidad e iniciativa, que contribuyen a formar parte de la masa gregaria de las gentes anónimas". 
Además de argumentar las bases biológicas de las opciones políticas, sus textos contribuyeron a fomentar la idea de la inferioridad de las mujeres
“A la mujer se le atrofia la inteligencia como las alas a las mariposas de la isla de Kerguelen, ya que su misión en el mundo no es la de luchar en la vida, sino acunar la descendencia de quien tiene que luchar por ella.” 
Otras de sus conclusiones son:
La raza es espíritu. España es espíritu. La Hispanidad es espíritu... Por eso hemos de impregnarnos de Hispanidad... para comprender nuestras esencias raciales y diferenciar nuestra raza de las extrañas. Este espíritu lo definía como "militarismo social, que quiere decir orden, disciplina, sacrificio personal, puntualidad en el servicio, porque la redoma militar encierra esencias puras de virtudes sociales, fortaleza corporal y espiritual". Y para mejorar la raza era necesaria "la militarización de la escuela, de la Universidad, del taller, del café, del teatro, de todos los ámbitos sociales".
Su purificación de la raza incluía el resurgimiento de la Santa Inquisición en contra de las personas que consideraba antipatrióticas, anticatólicas y antimilitares que corrompían la raza española. Afirmó que:
La parte del problema racial de España era que había demasiados Sanchos Panzas (físico redondeado, ventrudo, sensual y arribista), y pocos Don Quijotes (casto, austero, sobrio e idealista), personajes imbuidos en un militarismo, identificando la cultura militar como la máxima expresión de raza superior. 
Toda su bibliografía y sus investigaciones están encaminadas a demostrar que el marxismo es una enfermedad mental, que existe un gen rojo que hace enfermar a las personas y que lo mejor es que los rojos no tengan hijos o, si los tienen, se les separe de sus padres», explica Montse Armengou. El comandante y psiquiatra Antonio Vallejo Nágera (1889-1960) fue una de las figuras clave de la represión franquista en la posguerra porque la revistió de un manto seudocientífico.
El 23 de agosto de 1938 Franco autorizó la creación del Gabinete de Investigaciones Psicológicas, cuya finalidad era «investigar las raíces biopsíquicas del marxismo», tal y como le había demandado Vallejo Nágera, que era un psiquiatra prestigioso desde los años veinte. Vinyes explica que resultó «decisivo» para desvelar el drama de los niños perdidos acceder a la documentación del gabinete de Vallejo Nágera.

Para corroborar sus hipótesis preconcebidas, el militar estudió a 297 brigadistas internacionales encarcelados en Burgos y a 50 presas políticas recluidas en Málaga, y publicó los resultados en Biopsiquismo del fanatismo marxista, que demostrarían la inferioridad mental de los partidarios de la igualdad, social y política, la brutalidad de su fanatismo e incluso su fealdad. «Intentaba probar que el adversario era un infrahombre malvado y, a partir de ahí, todo está permitido contra él», explica Vinyes. En su libro Eugenesia de la hispanidad y regeneración de la raza, Vallejo defendía la «eugenesia positiva», cuyo fin era «multiplicar los selectos y dejar que perezcan los débiles», que en su universo obsesivo eran los rojos, a quienes consideraba «individuos mentalmente inferiores y peligrosos en su maldad intrínseca». La dramática conclusión de sus teorías la expuso en La locura y la guerra: psicopatología de la guerra española, en el que abogaba por la separación de los hijos de los padres de los marxistas, pues «la segregación de estos sujetos desde la infancia podría liberar a la sociedad de una plaga tan temible».

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