martes, 12 de agosto de 2014

Alemania 1945, Richard Bessel

1945 fue, qué duda cabe, un año catastrófico para Alemania. La furia destructiva desatada por el país se tornó definitivamente en su contra, cebándose implacable en su ya lacerada carne. Con la patria en ruinas y a merced de unos ocupantes dispuestos a cobrarse revancha, muchos alemanes creyeron llegada la ocasión del borrón y cuenta nueva. Significativamente, circularon por doquier expresiones como “Hay que volver a Goethe”, “Yo no sabía” y “Hora cero”, ésta última un trasunto del sentir mayoritario de la población; la “Hora cero”, es decir, la denominación de un momento concebido como punto de inflexión en la historia de Alemania, con un sustrato material que remitía tanto al desmoronamiento del régimen nazi como a la magnitud de la derrota, tan absoluta y manifiesta que no daba pábulo a una nueva leyenda de la “puñalada por la espalda”. (No habría esta vez un Hindenburg o un Ludendorff que pudiesen eludir su responsabilidad en el fracaso militar, endosándoselo a presuntos enemigos internos.) Pero también escondía, dicha expresión, una faceta simbólica al tiempo que moral, relativa al anhelo de establecer un cierre y un distanciamiento con respecto al pasado inmediato, sórdido y demasiado cargado de complicidades. En otras palabras, escondía un afán de hacer tabla rasa, disociándose de las calamidades provocadas por un Tercer Reich que no mucho antes había disfrutado del consenso y la aprobación generalizada de los alemanes. El término “Hora cero”, por entonces corriente y vigente mucho tiempo después, habla del choque integral sufrido por un país devastado y de la consiguiente necesidad de resurgir, de empezar de nuevo; pero habla también de la mala conciencia de una sociedad. Lee más: hislibris

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