miércoles, 14 de mayo de 2014

Las interferencias magnéticas desorientan a la aves


Por primera vez, un equipo de investigación de la Universidad de Oldenburg, en Alemania, ha demostrado que la brújula magnética de los petirrojos falla por completo cuando estas aves estén expuestas a las interferencias electromagnéticas de las ondas de radio AM utilizadas en la comunicación. 
Esta circunstancia sucede incluso si estas señales se encuentran solo una milésima por debajo del valor límite definido por la Organización Mundial de la Salud (OMS) como inofensivo. Hasta ahora, se pensaba que por debajo de ese valor umbral, la contaminación electromagnética no tenía impacto en los procesos biológicos. 

INTERFERENCIAS DE DISPOSITIVOS MÓVILES 
Estas conclusiones fueron alcanzadas tras siete años de investigación de nueve científicos de Oldenburg, en colaboración con Peter J. Hore, de la Universidad de Oxford. Los resultados del estudio han aparecido publicados en la revista Nature. "En nuestros experimentos hemos podido documentar un efecto claro y reproducible de los campos electromagnéticos de origen humano en un vertebrado. Esta interferencia no se deriva de las líneas eléctricas o de las redes de telefonía móvil", explica uno de los autores de la investigación, Henrik Mouritsen, en un comunicado de la Universidad de Oldenburg. 

En realidad, dicha interferencia la producirían los dispositivos electrónicos, principalmente. Según Mouritsen, los efectos de los campos electromagnéticos de estos aparatos, aunque débiles son notables, pues "interrumpen el funcionamiento del sistema sensorial completo de un vertebrado superior sano".

UN HALLAZGO ACCIDENTAL 
Durante unos 50 años se ha sabido que las aves migratorias utilizan el campo magnético de la Tierra para determinar su dirección migratoria. Los biólogos han demostrado esto en numerosos experimentos, en los que se probaron las capacidades de navegación de las aves. "Nos quedamos sorprendidos cuando petirrojos que tienen casas de madera en el campus de la Universidad de Oldenburg fueron incapaces de utilizar su brújula magnética" , explica Mouritsen. 

Entonces, a Nils- Lasse Schneider, un electrofisiólogo e investigador del mismo grupo se le ocurrió cubrir las casas de madera con láminas de aluminio. Esto atenuó fuertemente la interferencia electromagnética en el interior de las casas para pájaros. 

El efecto fue asombroso: de repente, los problemas de orientación de los pájaros desaparecieron. "Nuestras medidas de las interferencias indicaron que habíamos descubierto accidentalmente un sistema biológico que es sensible al ruido electromagnético antropogénico, en un rango de frecuencia de hasta cinco megahercios" , afirma Mouritsen. Lo sorprendente aquí, añade, es que la intensidad de la interferencia estaba muy por debajo de los límites definidos por la Comisión Internacional sobre Protección Frente a Radiaciones No Ionizantes y la OMS. 

EFECTO LOCALIZADO Considerando la importancia potencial del hallazgo, Mouritsen y su equipo llevaron a cabo un gran número de experimentos para obtener más pruebas del efecto observado. "A lo largo de siete años, hemos llevado a cabo numerosos experimentos y hemos recogido evidencias fiables, con el fin de tener la certeza absoluta de que en realidad existe este efecto". 

Los resultados obtenidos demuestran que en cuanto se detiene la interferencia electromagnética, la capacidad de orientación magnética de las aves se recuperó. Si la situación era la contraria, se volvía a introducir dicha interferencia, las aves perdían de nuevo su capacidad orientativa. Por otra parte, los científicos fueron capaces las interferencias electromagnéticas de banda ancha omnipresentes en los entornos urbanos también afectaban a los pájaros. Esta afectación sería menor en entornos rurales. 

"Por tanto, el efecto del ruido electromagnético antropogénico sobre la migración de las aves está localizada. Sin embargo, estos resultados deben hacernos pensar tanto en la supervivencia de las aves migratorias como en los efectos potenciales de estas interferencias en los seres humanos, algo que aún no se han investigado", concluye Mouritsen. 

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