lunes, 3 de marzo de 2014

Kíev pone en estado de alerta a sus tropas


Putin abre la puerta al envío de tropas al resto de Ucrania
Rafael Poch / La Vanguardia / 3 de marzo de 2014
El “anti-Maidán” popular cobra fuerza en el Sur y Este del país, afirmando un poder alternativo al de la capital
El Presidente de Rusia, Vladimir Putin, abrió el sábado la puerta al envío de tropas rusas a Ucrania, “para la normalización de la situación política y social en aquel país”. Así lo justificó una votación unánime de la cámara alta rusa que pidió de paso al Presidente que retire al embajador en Washington. En Kiev se denuncia la “agresión”, se declara a las tropas en estado de alerta y algunos políticos hablan de “movilización”.
Mientras el hombre de la canciller Merkel en Kíev, el ex boxeador Vitali Klichkó, pide una reunión extraordinaria del Consejo de Seguridad de la ONU y llama a anular el acuerdo de 2010 sobre la presencia de la flota rusa del Mar Negro en Crimea, el sector más radical del nuevo régimen de Kiev, el grupo neonazi “Pravy Sektor” ha decretado la “movilización” de sus activistas.
“Dependiendo de la situación concreta en las regiones”, la dirección de este grupo paramilitar aconseja, “coordinar al máximo las acciones con las fuerzas armadas los servicios secretos y el ministerio del interior de Ucrania”. Al mismo tiempo se apela, “al movimiento de resistencia del Cáucaso y a todos los movimientos de liberación de Rusia a actuar”. En contraste, el ministerio de defensa de Ucrania quiere conversar con su homólogo ruso, “para resolver la situación de Crimea”.
No parece que Rusia vaya a dar el peligroso y catastrófico paso de una invasión, que hoy se volvería contra ella en gran parte de Ucrania y provocaría violencias incluso en el Este y Sur del país. De lo que se trata más bien es de colocar fichas para un escenario que puede degradarse mucho más en los próximos meses, “legalizar” desde el punto de vista ruso la situación militar en Crimea, y, de paso, disuadir con un gesto de fuerza a los rivales occidentales.
Las fuerzas rusas ya han tomado el pleno control de una región de Ucrania, la península de Crimea; a petición de las autoridades locales, con el apoyo de la población y sin necesidad de invadir porque tienen allí muchas tropas permanentemente estacionadas en virtud del acuerdo sobre la flota del Mar Negro -que ayer reforzaron con otros 6000 soldados enviados desde Rusia. Pero Rusia sabe perfectamente que el resto de Ucrania, incluida ciudades tan rusas como Járkov, Odesa y Donetsk, las mayores después de Kíev, no son lo mismo que Crimea.
En todo el Este y el Sur del país, las regiones más favorables a Rusia, se está articulando un “anti-Maidán”: un movimiento popular que no reconoce al gobierno de Kíev, aclama con diversos matices a Rusia, y formula toda una serie de reivindicaciones; referéndum sobre el ingreso de Ucrania en la unión aduanera y comercial que alienta Moscú, cooficialidad del ruso como segunda lengua, mayor autonomía de las regiones, y, eventualmente, federalización del país. Es lo que en Kíev se llama “separatismo” y tiene muchos matices.
En Odesa, tercera ciudad de Ucrania en población, con más de un millón de habitantes y donde las elecciones las ganan siempre las opciones rusófilas, el poder local, tanto a nivel municipal como regional, reconoce el cambio de gobierno que ha tenido lugar en Kíev. Sin embargo están en marcha jugadas para desplazar a los actuales gobernantes y colocar en su lugar a gente más enérgica. Miles de personas, con banderas rojas, rusas, y de la ciudad se manifestaron ayer aquí por tercera vez en una semana convocados por la “Naródnaya alternativa”, un frente popular anti Maidán. La situación está abierta a vuelcos. En Donetsk, en el Este más industrial, el soviet local se ha declarado “único poder legítimo en la ciudad”, “hasta que se aclare la legitimidad de las leyes adoptadas en Kíev”. Si en el mitin de Odesa se escuchó decir, “ya sabemos lo que hay que empuñar (las armas) y si es necesario lo haremos”, en Donetsk se ha creado una “milicia popular” y se propicia la autonomía de su región industrial. “Solo hay dos salidas, o rendirse o defenderse”, se dice. El enemigo aquí son “los fascistas” y los “banderovski” (partidarios de Stepan Bandera, un líder de Ucrania occidental colaboracionista con los nazis que mantuvo una guerrilla animada por la CIA contra la URSS hasta los años cincuenta). En lugar de la matanza de civiles, aquí se pone el acento en la denuncia de otras cosas; la intervención occidental, la muerte de policías, la ilegalización del Partido Comunista, la persecución de clérigos ortodoxos, etc.
En una docena de ciudades ayer se izó la bandera rusa en las sedes de gobierno (en algunos casos junto a la ucraniana). En Nikolayev, antiguo astillero de la URSS, entre Odesa y Crimea, miles de ciudadanos aclamaron a Rusia. En Járkov la multitud desalojó por las orejas a los partidarios del movimiento de Kíev que ocupaban la sede del gobierno regional, los hicieron poner de rodillas y los apalizaron salvajemente. Hubo un centenar de heridos.
En todo el país se consagra con las horas el escenario del doble poder: unos no reconocen la legitimidad de Kíev, la capital no reconoce el cambio de autoridades en Crimea, y en otros lugares la situación es indecisa y puede cambiar en cualquier momento: todo recuerda demasiado a los prolegómenos del caos de 1918, en lo más crudo de la guerra civil, cuando Ucrania era disputada por diversos gobiernos y bandos y tenía diversas capitales.
Solo una minoría está dispuesta a una violencia armada, pero en Kiev ha bastado para decidir la suerte de un gobierno desprestigiado, corrupto e inseguro. Una minoría basta y sobra para encender la hoguera.
“Si los ucranianos no extraen las consecuencias correctas de la actual situación, a Ucrania le espera un destino como el que dejó 200.000 muertos en Yugoslavia”, se lee en un panfleto repartido ayer en Odesa.

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