lunes, 24 de febrero de 2014

CeroCeroCero, de cómo la cocaína gobierna el mundo


Roberto Saviano. Foto: Doméniec Umbert Nacido en Nápoles en 1979, Roberto Saviano publicó en 2006 Gomorra. Un viaje al imperio económico y al sueño de poder de la Camorra, una investigación que causó un verdadero terremoto cultural y social. En un relato vibrante y revelador el peiriodista diseccionaba y ponía patas arriba el criminal negocio de la Camorra napolitana. Desde sus negocios textiles hasta la recogida de basura pasando por la droga, la construcción o la especulación inmobiliaria. Los millones de copias, vendidas en todo el mundo, de Gomorra provocaron reacciones dispares. El entonces Primer Ministro italiano Silvio Berlusconi le tachó de antipatriota, y la Camorra le puso en la lista de los condenados a muerte. Le salvó una potente reacción internacional. Umberto Eco le llamó “héroe nacional” y seis premios nobeles, entre otros intelectuales, empujaron al Ministerio del Interior italiano a sacarlo de Nápoles y proporcionarle una protección que desde entonces le oculta y salvaguarda en sus desplazamientos por el mundo. La versión italiana de CeroCeroCero, término que se utiliza para denominar a la cocaína de más calidad, apareció el año pasado y de inmediato comenzó su edición en otros idiomas. Tras dejar a su antiguo agente literario, Roberto Santachiara, Saviano reaparece de la mano del mítico Andrew Wilie, que lleva autores del nivel de Saul Bellow o Philip Roth. Todo parece indicar que en esta vuelta al análisis y destripamiento del narco-capitalismo el éxito está asegurado. La valentía de un autor que, entre otras afirmaciones, es capaz de asegurar que ETA ha tenido relación con el narcotráfico o que en el cemento español se ha invertido dinero mexicano procedente del narcotráfico, sigue intacta. Aunque entre Gomorra y CeroCeroCero Saviano haya publicado otros dos volúmenes, escrito numerosos artículos en los más prestigiosos diarios, aparecido en distintas televisiones y dado innumerables conferencias, lo cierto es que su prosa sigue potente y magnética. En esta entrega su investigación en torno a la cocaína se extiende a través de los continentes, y en su indagaciónn analiza también el papel que juega el dinero de la droga en el contexto de las finanzas internacionales. Este gigantesco y complejo tablero de intereses, pasiones y crímenes está dibujado en tonos contrapuestos. Por un lado, la influencia antifascista de autores como Giustino Fortunato o Gaetano Salvemini y, por otra, la de escritores bien distintos en sus planteamientos políticos como son Ernst Jünger, Ezra Pound, Louis-Ferdinand Céline o Carl Schmitt. Quizá ser hijo de padre católico y madre judía tenga algo que ver con su escritura, a veces en tonos líricos, confesionales, demoledores o conservadores. Con la capacidad para penetrar en las cosas e ir más allá de las apariencias de un Don DeLillo, Saviano abre su libro sentando su tesis: el consumo de cocaína se ha extendido por todo el mundo, por todas las capas sociales, hasta formar una densa red de consumidores que mueve una masa de dinero colosal. La coca no te adormece como la heroína. “Es la droga performativa”, la que permite hacerlo todo, superar la timidez, comunicarte con los demás. Es la respuesta a la sociedad líquida de Zygmunt Bauman, a la falta de límites, a la sociedad competitiva. Al llegar al cerebro la coca estimula dos neurotransmisores clave: la dopamina y la noradrenalina. El primero te convierte en el centro de la fiesta, en un ser más ingenioso. El segundo te pone más alerta, te das cuenta de todo. Con la coca todo son luces y brillos hasta que se corta la electricidad y llega la penumbra. Tras la presentación de la coca y sus efectos, Saviano entra en su base industrial, territorial y económica, y para ello se detiene en México, el país que además de abastecer al gran consumidor, su vecino del norte, se ha convertido en el paradigma del problema de la droga. De forma descarnada el lector se topa con los episodios que dieron lugar a la alianza que a principios de los ochenta se formó entre el mexicano Félix Gallardo, El Padrino, y los mafiosos colombianos encabezados por Pablo Escobar, El Mágico. Dicha alianza fraguó la distribución de coca en Estados Unidos. La guerra entre los cárteles de la droga comienza una década después. Hay demasiado dinero. Saviano señala que 1.000 euros invertidos en coca a principios de 2012 tendrían, un año después, un valor de 182.000. El dinero generado por el tráfico de coca empujó a los narcos mexicanos a diversificarse, y la fuerza del crimen organizado se vio potenciada, como ha señalado en sus escritos Enrique Krauze, por la debilidad de las instituciones. En ese marco se desencadena la guerra entre los cárteles y entre ellos y el Estado. El tremendo resultado arroja la brutal cifra de 80.000 muertos (el actual enfrentamiento entre civiles armados y el cártel de los Caballeros Templarios en el Estado de Michoacán no augura nada bueno). Por desgracia, la industria de la coca no mueve sólo dinero: engendra crueldad. Desde que se siembra y se recoge la planta tres veces al año para luego distribuirla en forma de polvo blanco, los capos de la mafia establecen reglas de comportamiento y gestión absolutamente estrictas. El error, la traición o el enfrentamiento se pagan con la muerte. Se asesina pero antes se tortura y se humilla. Miedo para todos, terror para el enemigo.El miserable cártel de los Zetas gusta de filmar en vídeo para subirlo a YouTube. No hay límite, ni moral ni espacial, a la brutalidad de los Zetas. De la misma manera amontonan cuerpos decapitados en las afueras de un pueblo que cuelgan de un puente en mitad de una ciudad a un cadáver al que le han bajado los pantalones. Pero Saviano no se circunscribe a México. Sitúa al lector en Colombia y establece las conexiones italianas. Los hombres de Cali hacen negocios con los calabreses y la ‘Ndrangheta' es un árbol cuyas ramas se extienden por todo el mundo. La mafia rusa sabe moverse por las alcantarillas de los cinco continentes. La sociedad de los vori v zakone pasó de gestionar los gulags de toda la Unión Soviética a copar bancos de nueva creación. Los mafiosos con dinero abundante no necesitan más que algunos testaferros para operar en banca. Un gigante del sistema crediticio norteamericano, el Wachovia Bank, es investigado a raíz de un incidente ocurrido en México. Tras varios años de investigación en dicho país, es condenado a pagar al Estado 110 millones de dólares en concepto de confiscación, “por haber permitido, violando las normas antiblanqueo, transacciones vinculadas al tráfico de droga, más una multa de 50 millones dólares”. Concluye este magnético libro mostrando los últimos avances en la distribución de la cocaína. Con la técnica magistral con la que ha ido diseccionando los personajes que habitan el universo cocainómano, Roberto Saviano traslada ahora al lector a los últimos sistemas de engaño. Submarinos que aprovechan mares y océanos. Perros al servicio de la vigilancia policial, pero perros también que llevan en sus entrañas la droga y que son destripados cuando no se puede esperar. Por último, el lamento de un hombre amenazado de muerte por indagar, por denunciar, por escribir, por tratar de construir un mundo mejor. Fuente: El Cultural

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