sábado, 12 de octubre de 2013

Música en los campos de concentración


Luego de la liberación del campo de concentración Bergen-Belsen el 15 de abril de 1945, las fuerzas de ocupación británicas establecieron un campo de refugiados para sobrevivientes, que existió hasta el verano de 1950 en las barracas cercanas a Belsen. Los conciertos, el teatro, el baile, la música popular y otros géneros de entretenimiento estuvieron presentes (en diversos grados) desde el principio.

Para mediados de mayo de 1950, miembros de las fuerzas británicas y varias organizaciones de ayuda habían equipado el salón de música y se aseguraron de que hubiera gramófonos y otros instrumentos musicales. En el verano de 1945, se organizaron varios eventos con estilo de revista, en los cuales participaron una banda militar y músicos del campo de refugiados. En estos eventos había coros y conjuntos de baile, una banda polaco-checa del campo de refugiados de Celle, varios músicos amateur y también estaban la cantante de ópera Eva Stojowska y la violinista Lili Mathé. Los programas eran de nivel internacional e incluían danzas polacas, canciones partisanas, canciones en ruso, idish y hebreo, arias de ópera y música para bailar. En julio de 1945 también se vio la aparición de varios ex prisioneros de guerra italianos, la violonchelista Anita Lasker y la cantante Eva Steiner. Finalmente, a estas tempranas alturas de la historia del campo de refugiados, dos visitas extranjeras llegaron a Bergen-Belsen: el 27 de julio, Yehudi Menuhin y Benjamin Britten dieron dos conciertos en el marco de una breve gira por los campos de refugiados.

Esta primera etapa se puede reducir al período entre la liberación (en abril de 1945) y el primer Congreso de Judíos Liberados en la Zona Británica (en septiembre de 1945). La segunda etapa duró hasta el verano de 1946. De ese período, no hay ninguna información con relación a las funciones musicales como las que se mencionaran anteriormente. Para ello hay varias razones posibles: una gran cantidad de músicos activos de los primeros tiempos del campo de refugiados (que incluía a ex miembros de la orquesta de mujeres de Auschwitz-Birkenau que vivían en Belsen y también a los prisioneros de guerra italianos previamente mencionados) emigraron rápidamente. Otros, sin embargo, luego de la euforia inicial de la liberación, tuvieron que adaptarse a una estadía potencialmente larga en el campo de refugiados. Para tal propósito, y como consecuencia del Congreso de septiembre de 1945 y la elección de un comité central, hubo un período de consolidación en el campo, que incluía el fortalecimiento de las estructuras internas del campo, como por ejemplo a través de la creación de una división cultural. El Comité Central dio comienzo a un tipo de vida cultural diferente del que había existido en los primeros meses del campo, focalizado en intereses judíos. Para el verano de 1946, Bergen-Belsen se había convertido en un campo de refugiados judíos exclusivamente.

El Kazet-Theater (Teatro del Campo de Concentración), que dependía del Comité Central, tuvo un papel importante en esta etapa de transformación. Estaba presidido por el actor y director Sammy Feder y conformado por más de cincuenta actores, algunos de los cuales ya tenían experiencia y ya habían trabajado con Feder en el gueto de Bendin y en el campo de concentración de Bunzlau, como por ejemplo Sonia Boczkowska y Berl Friedler. El Kazet-Theater fue concebido inicialmente como una escuela teatral y llevó a cabo su primera función en septiembre de 1945. Presentaba una serie de actos cortos y dos obras de Sholem Aleichem. Estos programas, que en consonancia con las tradiciones del teatro idish incluía un componente musical importante, siempre lograban abordar el pasado inmediato, la persecución, la resistencia y el recuerdo. En julio de 1947, luego de una gira por Bélgica y Francia, el Kazet-Theater cerró sus puertas.

En 1946 se vio una expansión de la vida cultural del campo de refugiados. Se creó un segundo grupo teatral: el Yidishe Arbeter-Bine (El escenario del artista idish). Bajo la dirección de Abraham Zandman, este grupo se dedicó a cinco obras teatrales y tomó como tema central la vida de los artistas de Europa Oriental. El grupo tuvo estrecha conexión con el partido sionista socialista ‘Left Poale Zion’ y realizó giras junto con el conjunto musical por otros campos de refugiados con seis obras.

Además del Kazet-Theater y del Yidishe Arbeter-Bine, muchos grupos de cabaret y teatrales trabajaron y actuaron en Belsen, aunque por lo general duraban poco tiempo: un grupo teatral de refugiados polacos; un grupo literario-musical en el que participaban el cantor Moshe Kraus, Mair-Ber Gutman y Moshe Sanke; un grupo teatral de residentes del campo organizado por el actor Herman Shertser; el Amatorn Grupe, que pertenecía a las organizaciones Agudath Israel y Mizrachi. Además de estos grupos teatrales, se formaron dos orquestas en el campo: la orquesta de HaOved (El trabajador) y la Yidisher Amatorn-Orkester (Orquesta de judíos amateur).

Había pocos conciertos formales organizados por los mismos refugiados. La mayoría de los espectáculos musicales eran parte de eventos más grandes que se llevaban a cabo por razones religiosas o políticas. Durante los velatorios, era fundamental el papel de la plegaria ‘El male rachamim’, como así también de la ‘Marcha Fúnebre’ de Frédéric Chopin, probablemente debido a la herencia polaca de muchos refugiados. Al finalizar muchos eventos se cantaba el ‘Hatikva’, mientras que canciones como ‘Zog nit keynmol’ y ‘Es brent’ se cantaban en actos políticos junto con la canción sionista ‘Tech’zakna’ y el ‘Internationale’. Además, los programas eran variados, contenían obras de origen clásico-romántico y en especial canciones religiosas y de música folclórica, música de coro y música de baile. También eran populares las recitaciones y representaciones teatrales.

Los conciertos en el sentido más estricto generalmente contaban con la actuación de importantes artistas invitados. Además de los conciertos de Menuhin y Britten previamente mencionados, los siguientes conciertos de artistas extranjeros se realizaron recién en el verano de 1946. Josef Butterman, bajo la dirección de Günther Weißenborn, organizó dos conciertos de una orquesta sinfónica de Hanóver con el violinista Wolfgang Marschner, funciones de la opereta ‘Viennese Blood’ y la destacada ópera ‘Madame Butterfly’. Se organizó una velada de música de cámara clásica con el violinista Prof. Hayas y el pianista Oskar Michaelson, y otra con canciones en idish y recitaciones de Diana Blumenfeld, Jonas Turkow y Dydio Epsztein. Después de dichas espectáculos hubo varios conciertos del cantante norteamericano Herman Yablokoff acompañado por Tanya Grosman, una actuación de la cantante Irene de Nuarei como así también de Josef Schreier con su música, canción y grupo de baile en el verano y otoño de 1947. En 1948 hubo un concierto del pianista Michael Taube y la cantante Elsa Jülich-Taube, quienes retornaron a Alemania de Palestina junto con el sobreviviente Lev Aronson (violonchelista). El mismo año se llevaron a cabo varias veladas musicales con Reyne Simon, Lola Folman y Khayele Rozental.

En la etapa final de su existencia, pocos artistas llegaron al campo de refugiados. En 1949 sólo se sabe de la actuación de Niusia Gold con el pianista Sheynshneyder y, en 1950, hubo una presentación de Sonia Boczkowska, ex integrante del Kazet-Theater, quien llegó de París y actuó con el compositor Henech Kon. Además, a través de los años, muchos teatros de otros campos de refugiados hicieron gira por Bergen-Belsen, como así también el conocido dúo de comedia: Shimon Dzigan y Yisroel Shumakher.

En las funciones de teatro y musicales del campo de refugiados Bergen-Belsen había discordias. Abundaban los debates con respecto a la calidad, el repertorio, el origen de los artistas y el orden de las apariciones. Estas disputas y discusiones refuerzan el significado de la música, del teatro y de sus actuaciones. También revelan que los refugiados tomaban a los músicos y a la música como un objeto de identificación. Mientras se preparaban para emigrar a Palestina y a otros países, la música y el teatro los unía a un mundo que ya no existía.

Por Sophie Fetthauer

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