domingo, 27 de octubre de 2013

Los judíos de los países escandinavos y el nazismo

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Cuando hablamos de los países escandinavos usamos la denominación que agrupa a países de Europa del Norte: Dinamarca, Noruega, Suecia y Finlandia donde la historia de los judíos en cada país fue diferente en sus orígenes y en su desarrollo como también durante el nazismo.
Dinamarca
Orígenes
En el caso de Dinamarca, los judíos tienen una historia de más de trescientos años ya que los primeros judíos se instalaron en la ciudad de Altona en el año de 1584. En 1641 se construyó la primera escuela judía. En 1684 Israel David y Meyer Goldschmidt lograron que se recibiera un Permiso Real para poder realizar servicios religiosos en varias casas judías. Meyer fue el indiscutido líder judío durante 50 años.
La gran mayoría de los judíos daneses son de origen askenazí provenientes de Europa Central y Occidental y su presencia ha sido bien reflejada por el progreso constante en la tolerancia y la aceptación por el resto de la población.
Su integración se debió en gran parte al deseo y la capacidad de los judíos de dominar la lengua y la cultura danesa, hechos que favorecieron en gran medida su integración social. Tras la conquista, Dinamarca firmó un pacto de no agresión con Alemania en 1939, esperando mantener su neutralidad como hizo en la Primera Guerra Mundial , sin embargo, Hitler rompió el acuerdo el 9 de abril de 1940, cuando ocupó Dinamarca.
El Rey Cristian X quedó en el trono y la policía y el gobierno danés aceptaron a regañadientes la ocupación alemana. Durante la Segunda Guerra Mundial cuando Alemania ocupó Dinamarca, la población judía era de aproximadamente 7.500. Alrededor de 6.000 de estos judíos eran ciudadanos daneses y aproximadamente 1.500 eran refugiados. La mayoría de los judíos vivía en la capital del país,
Copenhague
Hasta 1943, la ocupación alemana de Dinamarca fue relativamente benigna. La situación cambió a principios de 1943. El gobierno danés dimitió a fines de agosto en lugar de rendirse a las nuevas exigencias alemanas. La policía alemana comenzó los arrestos contra los judíos en la noche del 01 de octubre de 1943, pero encontró pocos. La policía danesa se rehusó a cooperar. Las protestas populares rápidamente se hicieron notar. La resistencia danesa con la ayuda de muchos ciudadanos organizaron una operación de rescate.
En un principió se ayudó a los judíos a trasladarse a escondites por todo el país y desde allí hacia la costa; los pescadores luego los transportaban en embarcaciones a Suecia. La operación de rescate se expandió hasta incluir la participación de la policía y el gobierno danés.
Durante un aproximado de un mes, unos 7.200 judíos y 700 de sus parientes no judíos “viajaron” hacia la seguridad de Suecia, que aceptó a los refugiados daneses. Esta cantidad relativamente pequeña representa uno de los índices de supervivencia judía más altos de cualquier país europeo.
El Museo Judío Danés (www.jewmus.dk), ubicado en unos viejos astilleros de Copenhague, muestra la vida en Dinamarca de esta comunidad, con especial atención al período de invasión nazi.
Noruega
En Noruega, a diferencia de diversos países europeos en los que la presencia judía se remonta varios siglos atrás, los judíos se establecieron  a partir de 1851, cuando la Constitución fue enmendada para permitir su ingreso al país. En 1897 la población judía sumaba alrededor de 300 personas y, al comenzar la Primera Guerra Mundial, la cifra aumentó a 2,000 a raíz de la ola migratoria procedente de los Balcanes y Polonia.
En 1933, con el ascenso de Adolfo Hitler al poder, se creó en Oslo el partido Unión Nacional (Nasjonal Samsung), encabezado por Vidkun Quisling. El nuevo régimen se fue familiarizando con las prácticas del gobierno nazi y para abril de 1940, conforme las tropas germanas ingresaban y conquistaban el país, se anunciaba que el Tercer Reich asumía de facto la protección de Noruega.
Iniciando así una intensa campaña de persecución de judíos a través de una serie de medidas antisemitas. Los judíos fueron destituidos de sus empleos en instituciones municipales y estatales, se les prohibió abandonar e ingresar al país y se creó una Oficina Antijudía que dependía del Ministerio de Propaganda.
Suecia
Durante diez años un panel de expertos se sentó entre las brumas de mitos, testimonios y documentos incompletos para desentrañar un misterio: la suerte de Raoul Wallenberg, un diplomático sueco que la historia y los relatos describen como “ángel salvador”, un héroe “sin armas ni tumba”, que tras salvar del Holocausto a miles de judíos, desapareció enigmáticamente en 1945 en manos soviéticas, sin dejar rastros hasta el día de hoy.
Una versión de la historia cuenta la misión de este joven diplomático sin experiencia enviado por el gobierno sueco a Budapest para salvar la vida de 250.000 judíos, rescatando en forma personal de la barbarie nazi a unos 100.000. Algunos historiadores consideran la cifra exagerada y la reducen a un número nada despreciable de 20.000, y en otros casos a unos cuantos cientos.
Finlandia
Finlandia Desde el siglo VIII e.c., Finlandia era una de las provincias suecas en donde los judíos tenían permiso de establecerse sólo si se convertían al cristianismo. Cuando en 1809 Finlandia fue conquistada y pasó a ser un ducado del Imperio Ruso, el zar Alejandro I declaró que no modificaría ninguna de las leyes existentes, incluyendo las prohibiciones a los judíos.
Pero las políticas anti-judías iban más allá de estas limitaciones. El régimen zarista, en su intento por alejar a los judíos de su comunidad y de su religión, estableció un decreto por el cual se obligaba a todos los varones judíos entre 12 y 25 años a enlistarse en el ejército ruso para servir en Siberia o Finlandia por un periodo de 25 años.
A cada comunidad judía en Rusia se le asignaba una cuota determinada de reclutas. Oficiales judíos tenían que cumplir con la difícil tarea de designar a los futuros conscriptos; pero, temerosos de seleccionar a jóvenes mayores casados que tuvieran familias que mantener escogían a niños de ocho o nueve años, falsificando su edad.
Estos pequeños se convertirían en los primeros pobladores judíos en Finlandia 25 años después. Obligados a vivir acuartelados en Helsinski, la capital, o en Viipuri, muchos de ellos decidían permanecer en Finlandia al terminar sus años de servicio.
No obstante, a pesar de que estos judíos recobraban su status de civil, la vida no era fácil para ellos. Cada permiso de residencia era recibido con una enérgica oposición por parte de las autoridades locales. Pero como éstos no podían negarse a cumplir con las órdenes rusas, los finlandeses se empeñaron en debilitar paulatinamente la posición de los judíos a través de severas restricciones, limitando sus lugares de residencia, las ocupaciones a las que se podían dedicar y reduciendo su libertad de movimiento en la provincia.
Los judíos eran objeto de un control constante por parte del cuerpo policíaco finlandés, quienes les exigían la renovación de su permiso de residencia cada tres meses. La más pequeña violación a estas restricciones servía para que se les expulsara de Finlandia.
La lucha por lograr la igualdad de derechos para los judíos se prolongó durante muchas décadas, siendo objeto de constantes debates. La oposición provenía del clero, principalmente, mientras que por su parte, los terratenientes mostraban gran inclinación hacia el problema judío.
En 1872, dos miembros del parlamento finlandés solicitaron la revocación de ciertas limitaciones contra los judíos, pero la propuesta fue rechazada. Los intelectuales exigían las reformas pero la prensa se oponía a cualquier cambio. Finalmente, en 1889 se decretó una ley con la que se les otorgaba a los judíos la residencia en Helsinski, Turku y Viipuri.
Posteriormente, a principios del siglo XX y básicamente después de la insurrección de 1905, comenzaron a surgir signos de simpatía hacia los judíos por parte de un naciente movimiento socialista finlandés. En este periodo, la población judía aumento a más de dos mil personas como resultado de la inmigración rusa por los conflictos internos.
Para 1909, los miembros liberales del parlamento finlandés vencieron la oposición de los extremistas- conservadores y por una mayoría de 112 a 48 se adoptó una ley por medio de la cual se abolían todas las restricciones.
El gobierno ruso retrasó su ratificación de esta ley y los judíos no obtuvieron la igualdad en derechos civiles sino hasta 1917 cuando, después de 108 años de ocupación, Finlandia declaró su independencia.
Durante la guerra con Rusia en años posteriores, (1939-40) un gran número de soldados judíos lucharon en el ejército finlandés. La anexión de Viipuri a la URSS fue motivo para que los judíos evacuaran la ciudad junto con sus compatriotas finlandeses.
Cuando en 1941 Finlandia se unió a los alemanes y luchó contra la URSS con la esperanza de recobrar el territorio perdido, soldados judíos sirvieron en el ejército, combatiendo al lado de los alemanes sin sufrir ningún tipo de discriminación. Pero, las presiones germanas se dejaron sentir a otros niveles.
Sin embargo, las autoridades finlandesas, comandadas por Marshal Mannerheim, se negaron a adoptar la legislación anti- judía que decretaron los nazis.
No obstante, en determinado momento, los finlandeses cedieron y permitieron que la Gestapo deportara a 90 judíos quienes habían encontrado refugio de las persecuciones sufridas en Austria y los Países Balcánicos. Después del envío del primer transporte de judíos que fueron asesinados al llegar a su destino, Mannerheim y otras autoridades finlandesas se negaron a continuar con la operación.
Finalmente, con el tratado de paz firmado entre los aliados y Finlandia, se prohibió la discriminación racial y los judíos pueden, hasta el día de hoy, disfrutar de la plenitud de sus derechos. En la Finlandia actual, la comunidad judía de 1,400 personas vive totalmente integrada a su sociedad. A pesar de su pequeño número, se encuentra muy bien organizada y sus miembros tienen cabal conciencia de su tradición judía. Una sinagoga y un sistema educativo completo aseguran que cada niño judío tenga la oportunidad de aprender y practicar su religión así como de conservar su herencia cultural.

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