domingo, 9 de junio de 2013

León Poliakov: 'La idea del compló como origen de las revoluciones es una constante histórica'

Dos libros presentó anteayer el profesor León Poliakov: el cuarto tomo de su Historia del antisemitismo, titulado La Europa suicida, y publicado hace pocos meses por Muchnik Editor, y La causalidad diabólica, recién aparecido, un libro sobre las persecuciones, no sólo en lo que se refiere a los judíos, sino a otros grupos humanos minoritarios, en distintos momentos históricos, y que encarnaban, para la cultura mayoritaria, la idea de lo diabólico. Abrabam Bengio, director del Instituto Francés en Madrid, actuó como introductor del historiador, actual director del Centro Nacional de Investigaciones Científicas de Francia.

Conocimiento de las persecuciones

"La gran revolución rusa de 1917", dice León Poliakov, "fue entendida desde la propaganda zarista como el resultado de un compló judío. Era un intento de desprestigiar a los revolucionarios, que desde el punto de vista de la historia, no se puede mantener, ni se mantiene, pero que hasta 1920 fue seriamente discutido. De hecho, esta idea fue recorriendo Europa, de país a país, hasta cuajar en el nazismo. La manera como se fue extendiendo la idea del compló judío la estudio en La Europa suicida. Y de ahí, como todo libro surge de otro, nació la necesidad de estudiar el papel en la historia de la idea de un compló como origen y causa de los cambios sociales o de las dificultades"."En resumen", dice, "el compló es siempre una conspiración de infieles. Durante muchos siglos, los únicos infieles que convivían con la cultura mayoritaria en Occidente eran los judíos. Luego, con la reforma, la Iglesia católica se dividió y aparecieron facciones internas: ahora el compló podía ser de los jesuitas o de los francmasones. Más tarde, los que pueden estar conspirando son los comunistas, los sionistas los imperialistas... El tema es explicar la historia por la voluntad maléfica de unos cuantos, que siempre sondiferentes".

La historia se ha explicado, según Poliakov, por causas unívocas, hasta con la mejor intención. Y, dice, para cada hecho, incluidos la persecución y la tortura, el exterminio o la expulsión, "hay venticinco razones: económicas, políticas, de clase, religiosas, pasionales...". En esa idea de que siempre hay un demonio detrás de las crisis hay, según el historiador, "fuertes componentes pasionales, tal vez lo que mejor explica todo esto".

En Francia, durante la ocupación nazi, creó, en el marco de un pequeño bar, "un centro de resistencia, una fábrica de documentación salvadora para los judíos y también para los maquis, a medida que se iba organizando la resistencia". "Se llamaba El café de la Mina, pero como nosotros nos llamábamos a nosotros mismos los músicos en mi autobiografía lo llamo El albergue de los músicos, y ese bistro ha dado el nombre a este libro mío que es de momento, el último". Los músicos de Poliakov no eran los de la Orquesta Roja, dice: "Nosotros éramos una organización mucho más pequeña".

Historiador implacable

Y fue más tarde cuando Poliakov, que según Abraham Bengio es "el máximo conocedor de la historia exterior del pueblo judío, es decir, de las vicisitudes por las que éste ha pasado", se convirtió en el concienzudo, minucioso, implacable historiador que es. "Se creó en París un centro de documentación para estudiar la matanza nazi, y empecé a trabajar con ellos. Como la nuestra era la única documentación de que Francia disponía -y allí estaba buen número de claves de lo ocurrido en Polonia- fui con la delegación francesa al Proceso de Nuremberg, donde tuve acceso a nueva documentación aportada por otros países. A la vuelta, escribí el primer libro, Breviario del odio. Luego fui volviendo atrás en la historia, hasta los orígenes de todo".En la Universidad montó un grupo "para el estudio del racismo. Y para sorpresa de los estudiantes, la mayor parte de los intelectuales del siglo de las luces y del XIX eran racistas, y antijudíos. Sólo Nietszche se salva por su antipatía hacia los antisemitas furibundos germánicos". Fuente: El País

No hay comentarios:

Publicar un comentario