domingo, 2 de junio de 2013

La corrupción en Kenia

"Perdí el DNI y lo tenían en una comisaría. Cuando fui a recogerlo, la agente que me atendió lo encontró entre los muchos documentos perdidos, y me dijo: 'Sí, está aquí, pero, ¿sabes qué? Si no me das 200 chelines, se va a volver a perder'. Ah, mierda, toma [gesticula como sacando dinero invisible del bolsillo]. Y ese fue el incidente que inspiró la canción".


Se trata de la pegadiza Nchi ya Kitu Kidogo (en suajili: "País de pequeños sobornos"), un himno en Kenia. Un tema publicado en 2001 que suena en la radio de manera habitual, pero cuyo mensaje no parece calar en absoluto. El pago a la Policía por tal o cual falta (en ocasiones, inventadas) está tan extendido y es tan habitual que corrupción -cada vez estoy más convencido- es un término que demasiada gente desconoce que sea negativo. Y es más sangrante en un país en el que el sueldo de los diputados es unas cien veces el mínimo interprofesional.

El pasado mes de febrero, antes de las elecciones kenianas del 4 de marzo, realicé varias entrevistas para escribir esta crónica sobre cómo la corrupción influye en el voto. Lo que viene a continuación son fragmentos de estas charlas, recortes de prensa y algún que otro apunte sobre lo visto, vivido, leído y oído sobre uno de los grandes males de Kenia.

Pero volvamos a la canción, que tiene su miga.

"Empieza diciendo: 'Mzee alisema kula chabure'. Jomo Kenyatta dijo 'Kula chabure', que significa 'no hay nada gratis', y lo que quiso decir es que hay que trabajar, pero la gente interpretó que incluso cuando haces tu trabajo por el que te pagan, hay que pagar un extra para que te atiendan.

En ese momento, cuando saqué la canción -explica Eric, un abierto crítico anticorrupción- , estábamos instalando líneas telefónicas fijas. Y para conseguirla, tenías que sobornar a los de la compañía de telecomunicaciones. Una de las razones por la que la gente conduce tan mal es porque todos pagamos sobornos para conseguir nuestros carnets. Incluso te lo incroporan a las tasas de la autoescuela, como si estuviera institucionalizado. Hay una cosa que llaman tasa de facilitación, y te la añaden al coste del carné".

En los estribillos se puede escuchar: "Ukitaka chai ewe ndugu nenda Limuru". Que en el idioma de Carmen Lomana Cervantes significa "Si alguien te pide [dinero para] un té (forma habitual de disfrazar una petición de soborno), dile que vaya a Limuru", al norte de Nairobi, donde están algunas de las más extensas plantaciones de té del país. O: "Ukitaka soda ewe Inspekta burudika na Fanta". Que en castellano se podría traducir por "Si un policía te pide un refresco [dinero], ofrécele una Fanta". Las imágenes del videoclip lo dejan bastante claro.

"En esta canción hablo de lo difícil que es hacerse el carnet de identidad, de los policías pidiendo sobornos a diestro y siniestro. Un policía, en ese momento, creo que ganaba 10.000 chelines al mes [unos 90 euros]. ¿Cómo esperamos que un policía que tiene familia pueda sobrevivir con 10.000 chelines al mes? No apoyo la corrupción, pero claro que tiene que haber sistemas para pagar más a la policía [...] Porque si sus otras necesidades están cubiertas, se podrá permitir adherirse a la ley". O esa es la teoría del cantante, porque en el hipercorrupto ambiente keniano del sálvese quien pueda ya no sabe uno bien qué pensar.

La gente se siente muy identificada con "Nchi ya Kitu Kidogo" porque relata situaciones de lo más habitual, que han vivido gran parte de los kenianos. La segunda estrofa, por ejemplo, está inspirada en otra vivencia personal del autor: "Entraron unos ladrones a nuestra casa, al terreno de fuera. Mi madre llamó a la Policía y éstos le dijeron: '¿Podéis venir a recogernos? Es que no tenemos coche'. Y ella respondió que cómo iba a ir a buscarles con el coche si lo tenía aparcado donde estaban los ladrones".

Y así, se cita también la corrupcion en la justicia, en los hospitales... Pero, ¿ha contribuido la canción a un cambio?

"Creo que hay ciclos. Uno jamás puede esperar un cambio radical de la sociedad. Recuerdo que, cuando salió la canción, publicaron una historia en el periódico que contaba que un autobús escolar fue detenido por dos agentes que pedían un soborno. Los alumnos se dieron cuenta de lo que estaba pasando y les cantaron la canción" [Risas].

"Ya no me piden sobornos -continúa Wainaina-, y escribí la canción porque me los pedían, y los pagaba. Mi mujer siempre dice que,cuando pagas un soborno, le das a un policía un poder que no tiene. Cuando saqué la canción, alguien me dijo que aunque era importante combatir el kitu kidogo (los pequeños sobornos), hace falta lucha contra el kitu kikubwa (la gran corrupción), que causa el problema del kitu kidogo".



El kitu kikubwa que menciona Wainaina es la corrupción a gran escala. La de los políticos. La de las adjudicaciones millonarias bajo manga. La del robo descarado de recursos del Estado. Se encarga de anotarla y pedir cuentas gente como Samuel Kimeu, director de la rama keniana de Transparencia Internacional. Dejo que hable él:

"Es difícil poner cifras sobre el coste de la corrupción en este país, pero las que usamos están asociadas al actual secretario permanente del Tesoro, que una vez mencionó que este país perdía en torno al 30 por ciento de la partida destinada a desarrollo del presupuesto nacional. La cifra que dio lo ilustra muy bien. Se trata de miles de millones de chelines kenianos [millones de euros]". 

"La corrupción ha deformado nuestro sistema político, en parte por el acceso a los recursos. Históricamente, la gente que ha asumido el poder, desde el momento en que este país era un país de partido único, y cuando la Presidencia y el Estado era más o menos lo mismo, la división entre lo que eran recursos públicos y privados no estaba muy clara. Oirás historias de líderes en el pasado que tomaban dinero de otras instituciones para conseguir dinero sin formas de fiscalización para proyectos de desarrollo. La tierra, durante el régimen de Jomo Kenyatta fue usado como forma de patronato. Si le eras cercano, te daba tierras"

Sobre este asunto (y otros igualmente graves acontecidos desde la independencia de Kenia, en 1963), la Comisión de la Verdad y la Reconciliación de Kenia publicó la semana pasada un informe que en parte atizaba al padre de la patria por esto. 

"Los líderes han usado sus posiciones para obtener recursos para retener el poder político. La corrupción en este país juega un papel clave en determinar quién se convierte en líder. No sólo el presidente, sino también a nivel de las bases. Hay muchos sobornos. Muchos jóvenes estarían felices de recibir doscientos o quinientos chelines [por apoyar y votar a tal o cual candidato político] y así no tienen que ir a trabajar por ellos, porque muchos de ellos es lo que ganan en un día de trabajo [aquí se refiere a las grandes masas de desempleados que sobrevive con trabajos esporádicos. Un poco como los braceros de España en la época de la posguerra: muchísima gente aquí vive al día, dependiendo de trabajos que surjan a lo largo de la jornada]. Si alguien llega y les da mil chelines [9 euros], quiere decir que es el sueldo semanal para esa persona. Nos enfrentamos a una lucha muy compleja".

"El sector de la seguridad afecta a la capacidad de las instituciones para cumplir con sus obligaciones. La Policía está bajo el control de un ministerio bajo la oficina del presidente. Recibe órdenes del presidente, del ministro o de la élite del partido político de turno. Eso significa que su profesionalismo está determinado por de dónde vienen las órdenes. Si recibes órdenes de partisanas, entonces llevarás a cabo acciones partisanas".


"Necesitamos facilitar la labor de denuncia. Hay una crisis de información sobre eestos casos en este país. Nuestros estudios han mostrado que muy poca gente informa sobre casos. Si vas a una institución a informar de una incidencia y no pasa nada, la gente se frustrará y no volverá a hacerlo. A los corruptos les viene muy bien porque se traduce en impunidad para ellosEl año pasado, un ex secretario de Estado de Turismo fue condenado por corrupción, pero apeló y estamos esperando el veredicto. En estos casos, nunca puedes celebrar nada, porque el tipo podría ser absuelto. La exdirectora del Consejo del Control del Sida se estaba pagando sobresueldos exagerados. Fue condenada por fraude pero, después de unos meses, el presidente [entonces Mwai Kibaki] la perdonó, salió de la cárcel, y ahora vive cómodamente en Karen [uno de los barrios pijos de Nairobi] y nunca se le ha pedido que devuelva el dinero. Ese dinero se pierde y nunca vuelve".

"El unico área donde sé que se ha progresado es en recuperación de terrenos públicos. El Ministerio de Tierras ha cancelado un buen número de tierras. No menos de medio centenar de tierra adquirida de forma ilícita. Los tribunales también han invalidado alguno de esos títulos. En cuanto a tierras, unas pocas han sido devueltas, pero es una ridiculez si tenemos en cuenta que hay medio millón de títulos en este país que son fraudulentos. Es una gota en el océano, pero en el asunto de las tierras se va avanzando".

La corrupción repercute también en el consumo. Tanto Transparencia Internacional como la Organización Mundial del Comercio han denunciado el coste que tiene en el mercado este mal. El resultado, el de siempre: paganos, pagad, élites, gozad.

Pero, a veces, da la sensación de que la gente no quiere tanto tener dinero como demostrar que lo tiene. Como señala el editorialista Sunny Bindra en The Peculiar Kenyan, lo que importa no es ser rico, sino ser obscenamente rico. A cualquier precio, con cualquier trapicheo. La pobreza, la corrupción, el pelotazo inmobiliario y de infraestructuras de un país en desarrollo como Kenia (lo que inyecta millones de dólares en el país en contratos que se adjudican de aquella manera) y el tener como único objetivo enriquecerse resultan, en ocasiones, difíciles de desligar. El dinero nubla cualquier tipo de ética, máxime en zonas como Kenia, de analfabetismo funcional extendidísimo y grandes contrastes económicos. No es de extrañar que personajes como Gideon Mbuvi, Mike Sonko para los amigos, generen admiración.



"Tengo un amigo que se presenta a las elecciones -me contó Eric Wainaina durante la entrevista- y conducía un pequeño Toyota Corolla. Y sus propios votantes le dijeron: 'Mira, si quieres que te tomemos en serio, tienes que moverte en un Landcruiser'.  

Lo raro de esto es que, cuando la gente a la que quieres servir te dice que quieren a alguien a quien venerar, me hace darme cuenta de lo lejos que estamos de debatir los asuntos importantes. Creo que aún estamos en un sistema feudal... ¿es la pobreza lo que hace que la gente crea que los demás son ricos en su nombre? Es lo mismo que con los actores o deportistas famosos. Ronaldo tiene este coche: guau. Con el entretenimiento, bueno, puede pasar. Puedes vivir tu vida a través del cuerpo de Beyoncé. Pero la política es diferente", lamenta el cantante.

A la casta política que se mueve en sus Mercedes impolutos y sus carrozas 4x4 por las agujereadas calles de Nairobi, a esa nobleza indiferente con el populacho y cuya riqueza tiene orígenes dudosos, Eric dedica esta canción: Fancy Car, algo así como "Coche molongui". Y especifica: "La escribí antes de que Sonko [el supuesto señor de la droga enjoyado de la foto de arriba y que ya ha aparecido en varias ocasiones en este espacio] entrara en política".



Pero, a ver, ¿alguien se encarga de fiscalizar a esta gente? ¿Exite un mecanismo anticorrupción estatal? ¿Es mera fachada o realiza un trabajo destacable?

Sí, existe. Se llama Comisión Anticorrupción y de Ética (EACC). El embrión de la entidad actual, en toda una declaración de intenciones, se llamó KACA: Kenya Anti-Corruption Authority. De ese órgano se mofa la periodista Michela Wrong en su libro It's our turn to eat, al que volveré en un rato:

"Una historia similar fue la de la creación de la Autoridad Anti-Corrupción de Kenia. Conscientes de que el sistema judicial y la Policía estaban totalemnte podridos, los donantes occidentales tuvieron la idea de establecer un órgano anticorrupción, una versión keniana de los Intocables de Chicago. Su director tendría un cargo permanente y su personal sería nombrado por un comité independiente, protegiéndoles así de sobornos y amenazas. [El hipercorrupto expresidente keniano Daniel Arap] Moi combatió esta propuesta todo el tiempo, y cedió solo cuando los donantes suspendieron los 400 millones de dólares de ayuda en 1997. Entonces nombró primer director de la KACA a uno de los empresarios más despreciables de Kenia, un expolicía de aterradora reputación, lo que comprometió al órgano desde el principio. Medio año después, el director fue relegado por incompetencia y, en el año 2000, el Tribunal Supremo declaró la KACA incostitucional" [y no me hagan bromas aquí]. 



Continúa Michela Wrong:

"El edificio que alberga a la Comisión Anti-Corrupción de Kenia no es especialmente viejo, pero ha envejecido a toda velocidad. Situado en el anterior emplazamiento de un club nocturno, fue la sede del Trade Bank, uno de los "bancos políticos" más famosos, fundado por los secuaces de Moi en los '80, que quebró por préstamos ilegales. Las instalaciones quedaron disponibles cuando los fundadores del Trade Bank, asiáticos, se fueron del país [...] La historia da pie al mito. 'A ver, te instalas en el lugar donde ocurrió uno de los mayores escándalos y lo llamas Integrity Centre [Centro de Integridad]', se mofaba un keniano de origen asiático al que conocí en una fiesta. '¿Estamos tontos o qué?' 

Los arquitectos lo vieron como un proyecto innovador, con diseño tubular, fachada de cristal, y brillantes placas metálicas para transmitir un mensaje de eficiencia total. Pero eso era antes de que las lluvias se pusieran manos a la obra. Los paneles cobrizos están ahora oxidados, con marcas verticales de chorretones naranjas. Y en cuanto al luminoso, algunas de las conexiones se han roto, dejando parte del letrero invisible por la noche [...]"


Entonces, ¿sirve para algo la EACC? 

Habla ahora Samuel Kimeu, de Transparencia Internacional Kenia: "Tenemos relación con la EACC, pero ha perdido fuerza desde 2011, cuando el director [el respetado PLO Lumumba] fue despedido de forma brusca [la noticia de su proceso de despido es divertidísima]. Y desde ahí la transición ha sido muy floja. Todavía no tiene presidente, sino un vicepresidente y una comisaria, y mucho personal ha salido de ahí en este periodo de incertidumbre. No se le estaba dando a la EACC el espacio para hacer las aportaciones que de ella se esperaban. La única explicación es que está así para no molestar a los poderosos. La gente no quiere que la EACC funcione correctamente. Porque, si lo hiciera, muchos de ellos -la clase política especialmente- se encontrarían en problemas. Y por eso quieren desestabilizar la EACC lo más posible".

"Mi hipótesis es que la comisión estaba llegando a asuntos muy cercanos a los diputados. Mi teoría es que PLO se interesó en el Fondo para el Desarrollo de la Constitución. Es claro que es un área en el que los diputados son culpables casi todos. Estos asuntos podían ser problemáticos para los diputados cuando buscaran la reelección [como en el momento de la entrevista, de campaña electoral] y aprovecharon para hacer descarrilar la EACC, al menos hasta estas elecciones. Esa es mi sospecha".


¿Y qué dice de todo esto el cuarto poder?

Como señaló Chemi Calatayud hace tiempo, la prensa en Kenia es relativamente libre y de bastante calidad, pero su repercusión al destapar asuntos de corrupción es mínima. La corrupción, como decía al princpio, es un elemento más del paisaje, como lo son las jirafas o las bolsas de plástico del suelo.

Chemi mencionó, en el texto enlazado, dos escándalos gravísimos como el robo de fondos destinados a la educación pública básica y el tráfico de alimentos destinados a emergencias (como sucedió entre 2010 y 2012 con la sequía en el Cuerno de África). La última historieta de corrupción gorda que recuerdo es una red de tráfico de azúcar en el este de Kenia a través de la cual se financia, en última instancia, el grupo integrista islámico somalí Al Shabab (aquí, resumido en español). La anterior a esa que me viene a la cabeza se refería al desvío de fondos de la seguridad social keniana hacia servicios médicos privados (la tristemente famosa externalización que terminará por cargarse la sanidad pública en el planeta entero) y que resultaron ser, en algunos casos, centros sanitarios inexistentes. 



No llevo la cuenta de cuántos ministros y altos cargos políticos se han visto implicados en escándalos por prácticas corruptas. Lo que sí sé es que un porcentaje muy mínimo de ellos han dejado el cargo o han sido destutuidos. O, más aún, han sido procesados y condenados. Lo apunta bien Nicholas Drayson en su Guía de los pájaros de África oriental:

Mientras hablaba con el taxista de camino a casa desde el aeropuerto, Rose Mbikwa se enteró de que, en los nueve días que había estado fuera, había llovido una vez, dos matatus habían chocado en Uhuru Road dejando diecinueve muertos, y de que el Ministro de Bosques y Pesca había sido obligado a abandonar el cargo por el asunto del Bosque de Karura. Esto último era un notición. Aunque los escándalos y la corrupción son frecuentes en la política keniana [...], Rose no recordaba la última vez que un ministro había dejado el puesto



Y está muy bien que se levante la voz contra la corrupción, desde luego, pero Kenia cuenta ya con un largo historial de asaltos a medios críticos con la corruptocracia imperante, como este o este otro, más reciente. ¿Sanciones por ello? ¿Suenan alarmas? Ni hablar, que es el socio estable en África oriental en el que poder hacer negocietes fácilmente. Soborno mediante, en muchas ocasiones.

De apuntar con el dedo a la cara de la corrupción, apuntalarlo con pruebas, y dejar al descubierto la hipocresía de las relaciones internacionales, sabe tirando a mucho John Githongo, exconsejero presidencial anticorrupción, quien tuvo que exiliarse en Inglaterra a principios de siglo tras ser amenazado de muerte por el alcance de sus pesquisas. 

El caso destapado por Githongo fue Anglo Leasing: pagos millonarios a una supuesta empresa que se iba a encargar de modernizar el sistema keniano de emisión de pasaportes. Después -¡ups!- resultó que la empresa en cuestión... ¡no existía! El informe que Githongo envió desde el exilio se puede leer aquí. Número de condenados hasta ahora por ese escándalo: uno (hasta donde yo sé). Poco más.  Y hay exministros implicados y la trama llevaba hasta el propio presidente, entonces Mwai Kibaki, ahora laureado exmandatario y estadista y tal.

Volvamos a It's our turn to eat, en el que Michela Wrong relata los hallazgos y el exiliio de John (de una forma un poco peliculera, según el propio Githongo):

"El tono de las relaciones de John [Githongo] con el Ministerio británico de Desarrollo [DfID, en su acrónimo inglés], quedó marcado durante un almuerzo en un hotel de Londres con Simon Bland, jefe de la oficina de Nairobi del DfID, y Dave Fish, director del DfID para África, organizado poco antes de su único encuentro con Hilary Benn, entonces secretario de Estado para Desarrollo Internacional. 'Fue un encuentro muy desagradable', recuerda John. 'El mensaje era: 'Esto es África, siempre ha sido corrupta'.Hablaban de mis acusaciones, basicamente diciendo: 'Has interferido en nuestro programa'. Más tarde me di cuenta de que había estado hablando con dos personas muy enfadadas".

Como el mono que se tapa las orjeas para no oír, canturreando para no escuchar nada, los donantes no tenían ningún interés en lo que John tenía que decir.

Consciente de que era un huésped en territorio extranjero, John no se quejó de la indiferencia de las autoridades británicas. Pero había otros dispuestos a hacerlo en su lugar.  "Es despreciable. No sé por qué no hacen nada", lamentaba Edward Clay[exembajador británico en Kenia, abiertamente crítico con la corruptocracia del país y, a fuerza de hacer comentarios invectivos, persona non grata allí]. "John es una excepción, no habrá nadie más como él. En el futuro, tendremos indicios de corrupción[...], pero nunca tendremos un caso de alguien con la perspectiva y el acceso de John que nos ofrezca la información confidencial en bandeja". 

Al no tomar severas medidas al respecto, Clay creía que el DfID y los otros donantes habían sentado el peor precedente posible, no sólo para África, sino para los receptores de ayuda británica de todo el mundo. Si los donantes no iban a actuar de forma ejemplarizante con Kenia por el caso Anglo Leasing, ¿cuándo apretarían las tuercas?

"Por su negligencia, el DfID ha mostrado que no quiere rematar este asunto. Y eso es imperdonable. El Gobierno de Kibaki ha dicho con sus acciones: 'Recompensaremos y volveremos a nombrar a las personas involucradas en la Gran Corrupción'. Y nosotros hemos dicho: 'Vale'. El mensaje que estamos mandando al pueblo keniano es que, al final, siempre nos alinearemos con la gente en el poder".

[Y, más adelante:] "El cambio en África sólo puede venir por parte de los africanos, quienes se enfrentan a dificultades terribles. En conjunto, fracasan. Terminan en el exilio, o topan con un muro. Si, como donante, tú no apoyas a gente como John, estás combatiendo su lucha por el cambio". 



Toma la palabra John Githongo. Imponente figura, siempre enfundado en una de sus divertidas camisas -que recuerdan a las de Mandela- y con un vozarrón capaz de despeinar a cualquiera. Resulta impresionante su profundo conocimiento de la historia y la actualidad de todo el mundo, y hasta hace varias alusiones muy acertadas a un pequeño país europeo llamado España. Durante la charla, entrelaza la corrupción con la política, la violencia, el tribalismo, los nuevos destinos de consumo e inversión debidos a la crisis y la ayuda al desarrollo. Y cómo la tecnología está revolucionando todos estos aspectos:

"La democracia es un sistema muy imperfecto y en Kenia ha contribuido a la polarización étnica. A la vez, ha acompañado a la liberalización económica. Creo que, en general, ha beneficiado a todos, pero a unos más que a otros. En mi opinión, necesitamos que pensar nuestro propio modelo de democracia".

"En Kenia, todavía no existe la idea de que todos ganemos. Es un juego de suma cero: si ellos ganan, nosotros perdemos".

Y después: "La corrupción entre la élite no tiene tribu. La élite está unida en el saqueo".

"La violencia está relacionada con la corrupción. La gente se mete a la política para robar. Lo que la corrupción hace es aumentar desigualdades tribales. Una vez que está politizada y tribalizada, la puedes militarizar. Esto aumenta la volatilidad, con tanta gente desempleada y frustrada".

"La corrupción no es una prioridad en la actual administración. No hay ningún órgano sólido que la comabata. No hay asomos de que la lucha contra la corrupción mejore. No hay voluntad. Hay algunos intentos, ruidos lejanos, como una rana croando en un estanque distante, pero nada más. Kenia sería un país floreciente sin corrupción. Sería una especie de Botsuana. Su principal valor es la gente. Por suerte -ríe- no tenemos recursos. Lo que Kenia ha conseguido es por su capital humano. Sin corrupción, estaríamos hablando de un 10 o un 12 por ciento de crecimiento anual. Sería menos volátil y desigual".

"La última vez que hablamos te dije que un tercio del presupuesto se perdía por corrupción. Ahora, antes de las elecciones [con la necesidad de financiar las campañas electorales], debemos estar cercanos a la mitad".

Y deja una advertencia: "Este Gobierno [en referencia al de Kibaki, pero me juego un pulgar a que diría lo mismo del actual ejecutivo de Uhuru Kenyatta] es el más corrupto de la historia de Kenia. Es peligroso porque están involucrados en temas de drogas y lavado de dinero. Es un tipo de corrupción mortal. Anglo Leasing no es nada comparado con eso. En términos de destrucción de las instituciones de Gobierno. Por la forma en la que infecta a la Policía, a las aduandas, la política. Como en México o Colombia. Y estamos llegando a eso".

Entre medias, también suelta algunas joyas, del tipo:

"Los africanos al teléfono somos muy poco africanos [porque son gente a la que le gusta hablar]. Las llamadas son muy caras y preferimos mandar mensajes para ahorrar".

[A la pregunta sobre un futuro candidato joven en las elecciones de 2018:] "Dependerá de cuán traumático sea el periodo entre medias. Tiene pinta de que va a serlo mucho. No especialmente sangriento, pero sí traumático".


Una vuelta de tuerca más, y por cerrar ya con el libro de Michela Wrong. Dos apuntes más sobre la corrupción, en este caso en su vertiente trapicheo con la ayuda humanitaria y los fondos destinados a desarrollo:

Los donantes occidentales no fueron los únicos a los que el Maestro de la Política [en referencia al hipercorrupto Moi] hizo quedar de crédulos. En 1999, cuando se empezaba a notar la segunda oleada de congelación de ayuda, Moi nombró a Richard Leakey[hijo del famoso matrimonio de arqueólogos Leakey], uno de los pocos kenianos blancos metidos en política,  para liderar un Dream Team de tecnócratas que repararían un sistema funcionarial nepotista. El presidente estaba desesperado por acceder a un nuevo programa de préstamos del FMI, y Leakey, que no era ningún ingenuo político, se convenció de que finalmente [Moi] había aceptado la necesidad de un cambio. "Cuando fui a verle, me dijo que procesara a su hijo, Philip, si era necesario. Cuando tienes ese tipo de declaraciones, te sientes como si puedieras lograr cualquier cosa". El Dream Team hizo maravillas durante un año. Un FMI alucinado, convencido de que Kenia al fin estaba en el buen camino, aprobó el nuevo acuerdo. "Una semana después, el acceso directo a Moi se cerró", recuerda Leaky con tristeza. Sin la bendición del presidente, el Dream Team tocó fondo. "Él consiguió lo que quería. Nosotros nos disparamos en el pié al lograr el acuerdo con el FMI tan rápido". Leakey dejó el cargo, consciente de que había sido utilizado. 

Y después, hacia el final del libro:

"Si pusieran un pie en el continente, los occidentales idealistas se sorprenderían de lo habitualmente que los africanos con conciencia política piden que se suspenda la ayuda, o que se aumenten las condiciones. El periodista keniano Kwamchetsi Makokha no es el único que detecta el creciente racismo, más que altruismo, en nuestra falta de discriminación. 'Fundamentalmente, a Occidente no le preocupa lo suficiente África como para prestar atención a cómo se gasta su dinero. Quiere que se le vea como que está haciendo lo correcto, y su interés llega hasta ahí'". 


¿Cómo se combate la corrupción, entonces? ¿Qué hace la sociedad civil?




Desde luego, hay que reconocerles el coraje, el arrojo y la gracia a los activistas, que además se llevan hostias como panes de la policía, y se dejan buena parte del sueldo en fianzas para que les suelten. El día de los cerdos, consiguieron que la etiqueta #MPigsfuera tema del momento en Twitter (MP, por Miembro del Parlamento, es la abreviatura angolsajona para el cargo. Con las tres letras añadidas, se forma la palabra cerdo, "pig". Además, al oído suena similar: /Empí/ y /Empígs/. El juego de palabras podría traducirse como cerdiputados). A ver si alguien tiene cojones de soltar una piara de cerdos en la madrileña Carrera de San Jerónimo...

Una de las caras detrás de estas protestas es la del el activista keniano Boniface Mwangi (el hombre de los graffitis anticorrupción de las fotos). Es uno de los impulsores del centro social Pawa254 y se dedica a hacer travesuras en la página mavulture.com("mibuitre.com"), en la que, junto a otros genios, expone las miserias de los peces gordos kenianos.

Vale, aún no es suficiente, pero es un muy buen comienzo.  


Y ahora, ¿qué?


Uno de los muchos retos futuros del país, en materia de corrupción, es la descentralización estipulada por la nueva Constitución (2010), que se puso en marcha tras las pasadas elecciones. El temor es que, con esa nueva estructura, se descentralice también la corrupción. Y Githongo da un millón de posibles escenarios. Pero hay quien piensa que al ver las consecuencias del robo de recursos más de cerca, la gente actuará. Serividor es un tanto escéptico, pero Eric Wainaina se muestra mucho más optimista:

"Si estás preparado, lo mejor podrá suceder. Mi hermano tenía una luna del coche rajada. Le detuvo la policía, intentó que les pagara un soborno y al final pagó 10.000 chelines de fianza en comisaría. Esto fue una historia maravillosa", anuncia con gran pompa.

"Los pagó. Al día siguiente fue a los tribunales y fue multado con 3.000 chelines por la luna rota. Le devolvieron los 7.000 restantes y con ese dinero se fue derecho a cambiarla. Para mí ese ha sido uno de los momentos más increíbles de la historia de Kenia. ¡Wow! ¡El sistema funciona! Esa es la Kenia que queremos. Puede haber un final a la corrupción".

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