domingo, 9 de junio de 2013

Adolfo Scilingo: testimonios de los vuelos de la muerte en Argentina

Adolfo Scilingo (nacido en Bahía Blanca el 28 de julio de 19461) es un ex militar argentino que se desempeñó como oficial de marina de guerra durante la dictadura militar autodenominada Proceso de Reorganización Nacional entre 1976 a 1983.

Durante la dictadura militar

Scilingo fue uno de los primeros militares del Proceso que admitió en público el terrorismo de Estado llevado a la práctica en Argentina, en entrevista con el periodista Horacio Verbitsky.

La confesión reveló la complicidad de la Iglesia Católica, el silencio de las autoridades de la Armada en democracia y la especulación política del gobierno de la época, presidido por Carlos Menem.

Tras la publicación de El Vuelo, Hollywood quiso hacer una película, pero el periodista Horacio Verbitsky se negó a ceder los derechos si no había garantías de respeto a la tragedia argentina y a que el derecho de las víctimas no fuera supeditado a los necesidades de dramatización del guion. Confesó ante el juez español Baltasar Garzón haber participado en dos vuelos de la muerte mediante los cuales a muchos prisioneros se los arrojaba al mar con la intención de hacerlos desaparecer.

De acuerdo a Fernando Mas, "El testimonio de Scilingo ante Garzón contribuyó en forma decisiva a implicar a los altos jefes de la Armada de los tiempos de la dictadura".

Scilingo explicó el funcionamiento de la ESMA, "el centro de operaciones más importante que tenía la Armada en la lucha antisubversiva, o sea el centro de la guerra. Scilingo describió en forma minuciosa... los vuelos de la muerte con los prisioneros narcotizados a bordo (haciéndoles creer que se les trasladaba a una prisión al sur de Argentina y deberían aplicarse una vacuna), a los cuales se desnudaba y arrojaba vivos al mar". En abril de 2005, el marino fue enjuiciado en España por delitos de lesa humanidad cometidos entre 1976 y 1977 y, tras haberse probado su responsabilidad en la muerte de treinta personas y una detención ilegal seguida de torturas, condenado a 640 años de prisión. Ya en julio de 2007, al comprobarse su complicidad en otras 255 detenciones ilegales, el Tribunal Supremo español elevó la condena a 1.084 años.

Los vuelos de la muerte

Los "vuelos de la muerte" es una forma de extermino practidada por regímenes totalitarios consistente en arrojar desde pleno vuelo a los opositores políticos hacia el mar. Los "vuelos de la muerte" fueron una estrategia constante de las últimas dictaduras militares en Argentina, en la época del llamado Proceso de Reorganización Nacional (1976-1983), cuando miles de argentinos fueron arrojados al mar vivos desde aviones militares. En México la Fiscalía Especial para Movimientos Sociales y Políticos del Pasado reveló, en su informe de 2006, que entre 1976 y 1979 se habrían realizado al menos siete vuelos al Océano Pacífico para arrojar cuerpos (muchos todavía con vida) de detenidos políticos.

En 1976 aparecieron en la costa del este del Uruguay varios cuerpos destruidos, según documentan testimonios de varios testigos en Cabo Polonio. Ya en 1977, durante el régimen militar aparecieron varios cuerpos en las costas de los balnearios atlánticos de Santa Teresita y Mar del Tuyú, unos 300 km al sur de la Ciudad de Buenos Aires. Los cadáveres fueron enterrados rápidamente como NN en el cementerio de General Lavalle, pero previamente los médicos policiales que intervinieron informaron que la causa de muerte fue el “choque contra objetos duros desde gran altura”. 
Numerosos cuerpos recuperados en las costas argentinas y uruguayas pudieron ser identificados como provenientes de diferentes Centros Clandestinos de Detención. Los primeros, arrojados al mar en mayo de 1976 estuvieron secuestrados en Campo de Mayo. Otro grupo, arrojado al mar en diciembre de 1977 provenía de la ESMA. Un tercer grupo arrojado en febrero de 1978 habría estado en El Campito. Los últimos cuerpos recuperados, arrojados a finales de 1978, habían pasado sus últimos días de vida en El Olimpo. 
En su Carta Abierta de un Escritor a la Junta Militar, el periodista Rodolfo Walsh daba cuenta de la situación, aún con la escasa información disponible en aquellos años. En marzo de 1977, Walsh escribía:
"Entre mil quinientas y tres mil personas han sido masacradas en secreto después que ustedes prohibieron informar sobre hallazgos de cadáveres que en algunos casos han trascendido, sin embargo, por afectar a otros países, por su magnitud genocida o por el espanto provocado entre sus propias fuerzas. Veinticinco cuerpos mutilados afloraron entre marzo y octubre de 1976 en las costas uruguayas, pequeña parte quizás del cargamento de torturados hasta la muerte en la Escuela de Mecánica de la Armada, fondeados en el Río de la Plata por buques de esa fuerza, incluyendo el chico de 15 años, Floreal Avellaneda, atado de pies y manos, "con lastimaduras en la región anal y fracturas visibles" según su autopsia. Un verdadero cementerio lacustre descubrió en agosto de 1976 un vecino que buceaba en el Lago San Roque de Córdoba, acudió a la comisaría donde no le recibieron la denuncia y escribió a los diarios que no la publicaron. Treinta y cuatro cadáveres en Buenos Aires entre el 3 y el 9 de abril de 1976, ocho en San Telmo el 4 de julio, diez en el Río Luján el 9 de octubre, sirven de marco a las masacres del 20 de agosto que apilaron 30 muertos a 15 kilómetros de Campo de Mayo y 17 en Lomas de Zamora. En esos enunciados se agota la ficción de bandas de derecha, presuntas herederas de las 3 A de López Rega, capaces de atravesar la mayor guarnición del país en camiones militares, de alfombrar de muertos el Río de la Plata o de arrojar prisioneros al mar desde los transportes de la Primera Brigada Aérea, sin que se enteren el general Videla, el almirante Massera o el brigadier Agosti..."
Fragmento de la Carta Abierta de un Escritor a la Junta Militar. Rodolfo Walsh, 24 de marzo de 1977. 
Durante el primer gobierno democrático después de la dictadura bajo la presidencia de Raúl Alfonsín, y ante la CONADEP, Arnoldo Bondar, empleado civil de la base El Palomar sugirió que también la policía de la provincia de Buenos Aires eliminaba a las víctimas de la represión ilegal de esta manera. "En reiteradas oportunidades vi llegar camiones de la policía de la Provincia cargados de jóvenes de ambos sexos que eran embarcados en aviones a motor de dos hélices, generalmente de la Armada. Desconozco el destino" declaró Bondar ante la comisión que investigó los crímenes cometidos por la Dictadura Militar. 

En 1995, el ex represor de la ESMA Adolfo Scilingo, narró extensamente al periodista Horacio Verbitsky, la metodología de exterminio al que los propios verdugos se referían como vuelos. El testimonio fue luego publicado como libro, con el título de “El vuelo”. Scilingo, en sus testimonios, detalla el procedimiento, la autorización de la Iglesia Católica, la utilización de inyecciones anestésicas, la participación de médicos en las operaciones, el tipo de aviones (Electra,7 Skyvan8 ) la amplia participación de los oficiales, la utilización de aeropuerto militar que se encuentra en Aeroparque (ciudad de Buenos Aires)...
¿Cuál ha sido su primer conocimiento sobre los vuelos de la muerte de la Esma?. Los vuelos fueron comunicados oficialmente por Mendía (vicealmirante de la Armada) pocos días después del golpe militar de marzo de 1976. Se informó que el procedimiento para el manejo de los subversivos en la Armada sería sin uniforme y usando zapatillas, jeans y remeras. Explicó que en la Armada no se fusilarían subversivos ya que no se quería tener los problemas sufridos por Franco en España y Pinochet en Chile. Tampoco se "podía ir contra el Papa" pero se consultó a la jerarquía eclesiástica y se adoptó un método que la Iglesia consideraba cristiano, o sea gente que despega en un vuelo y no llega a destino. Ante las dudas de algunos marinos, se aclaró que "se tiraría a los subversivos en pleno vuelo". Después de los vuelos, los capellanes nos trataban de consolar recordando un precepto bíblico que habla de "separar la hierba mala del trigal".

Sin bien existen pocos datos, la desaparición de los detenidos-desaparecidos arrojándolos al mar desde aviones parece haber sido un método generalizado así como las fosas comunes clandestinas. El propio Scilingo indicó que el procedimiento de los vuelos de la muerte costó la vida de unas 4400 personas y dependía directamente del Almirante Emilio Massera y un gabinete especial que lo asesoraba. Según el testimonio de Scilingo en el libro El Vuelo, la armada en su conjunto estaba involucrada en los vuelos de la muerte, que no eran una medida aislada ni realizada por una banda dentro de la fuerza, sino por la fuerza como tal con todo el aval institucional.
"Si usted cree que una banda de diez tipos puede llegar a movilizar aviones de Prefectura y de la Armada está un poco equivocado. Era una fuerza armada que se estaba movilizando. La gran diferencia que tenemos es que usted le llama la banda. Yo digo que la Armada actuó como Armada hasta que se me crearon dudas. ¿Por qué no se dice la verdad si se actuó como Armada Argentina, si estábamos cumpliendo órdenes perfectamente dadas a través de la cadena de comando? Toda la Armada sabía lo que se estaba haciendo."

Además de la ESMA, hay referencias a los mismos en el Olimpo,12 en la Perla, en el Campito (Campo de Mayo). En este último, el Centro clandestino de detención (CCD) se instaló próximo al aeródromo precisamente para facilitar el traslado de los detenidos a los aviones. La Fuerza Aérea uruguaya ha reconocido en 2005 que se realizaban vuelos de la muerte en combinación con las Fuerzas Armadas argentinas (Operación Cóndor).14 Scilingo declaró también ante el juez español Baltasar Garzón, a quien le indicó que también se recogieron prisioneros en la base que la marina de guerra posee en Punta Indio (Provincia de Buenos Aires).15 El CCD conocido como "Quinta de Funes" en Rosario se encontraba ubicado a 400 metros del aeropuerto y hay constancias de que detenidos desaparecidos allí fueron arrojados al mar, en la zona de la Bahía de Samborombón (provincia de Buenos Aires). 

Léonie Duquet y Alice Domon fotografiadas en la ESMA mientras permanecían desaparecidas. Las monjas aparecen en la foto con un ejemplar del diario La Nacion del día 14 de diciembre de 1977. 
En noviembre de 2004 el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) descubrió que los restos de una persona enterrada como NN en el cementerio de General Lavalle (Provincia de Buenos Aires) correspondía a un desparecido durante la dictadura militar. Procedieron entonces a revisar los libros del cementerio y descubrieron que esa persona y otras cinco habían sido encontradas en las playas entre los días 20 y 29 de diciembre de 1977, sospechando entonces que podrían haber sido todas víctimas de un mismo vuelo de la muerte. Pocos días después los cuerpos fueron exhumados. En el lapso de unos meses se pudo establecer que se trataba de los restos de las madres de Plaza de Mayo, Esther Ballestrino, María Eugenia Ponce, Azucena Villaflor, la militante Angela Auad y la monja francesa Léonie Duquet.21 En abril de 2006 se esperaba encontrar también a Alice Domon, la otra monja francesa secuestrada y torturada con el grupo. 
"Es la primera vez que se recuperan cuerpos del mar, se los identifica y se los vincula claramente a la detención, posterior desaparición y reclusión en un centro clandestino de detención, en este caso la Escuela de Mecánica de la Armada (Esma)", precisó Ana María Careaga, hija de una de las víctimas. 
El Equipo Argentino de Antropología Forense determinó también que los cuerpos presentaban "fracturas múltiples a nivel de miembros superiores e inferiores y cráneo, compatibles con la caída desde altura contra una superficie dura que podría ser el mar". 
Todas ellas se reunían regularmente en la Iglesia de la Santa Cruz, en el barrio de San Cristóbal, donde fueron secuestradas entre el 8 y el 10 de diciembre de 1977, llevadas a la ESMA, torturadas durante aproximadamente 10 días, trasladadas en avión y arrojadas vivas al océano, a la altura del balneario turístico de Santa Teresita alrededor del 20 de diciembre de 1977. Sus cuerpos fueron arrastrados por las corrientes hasta la playa y enterrados rápidamente por la policía local como NN, no sin antes dejar constancia de que la muerte se produjo por una caída desde gran altura.

La información suministrada por Adolfo Scilingo no fue la única que permitió reconstruir los Vuelos de la Muerte. Pese a los amplios pactos de silencio entre los involucrados, algunos miembros de la armada se quebraron con el correr de los años y narraron a otros lo sucedido. Uno de ellos fue Emir Sisul Hess, quien integró la Escuadrilla Aeronaval de Helicópteros entre los años 1976 y 1977, con asiento en la Base Aeronaval Comandante Espora. Retirado de la fuerza y mientras trabajaba en Villa La Angostura, Hess contó a José Luis Bernabei, empleado del mismo complejo turístico donde trabajaba Hess, cómo "arrojaban (a las personas) al Río de la Plata y que él era piloto. Nombró como compañero a Ricardo Cavallo. Decía que los vuelos salían de Palomar o Morón, que les ponían una bolsa en la cabeza, los subian a aviones y los trasladaban hasta que eran arrojados", indicó Bernabei ante el Juzgado de Juan José Galeano. La causa iniciada por los testimonios de Hess está a cargo del Juez Sergio Torres, a cargo de la megacausa ESMA, donde se encuentra también la causa 3227/02 por los vuelos de la muerte. En ese marco, la justicia argentina cuenta con una recopilación de listados y legajos de marinos que siguen sin procesamiento ante la justicia. 

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