martes, 30 de abril de 2013

Frustración juvenil en África

Según el African Economic Outlook Report (AEOR) de 2012, en África hay 200 millones de jóvenes que tienen entre 15 y 24 años y todo indica que para el año 2045 esta cifra se doblará. El sector joven de la población africana no solo está creciendo rápidamente sino que cada vez está mejor preparado y cuenta con más ganas de que las cosas cambién.
Sin embargo, y a pesar de que en los últimos años se han creado muchos nuevos puestos de trabajo en el continente, la Organización Internacional del Trabajo (OIT), advierte del gran número de jóvenes en paro o que trabajan en empleos precarios, mal pagados y normalmente pertenecientes al sector informal. Según esta organización, el paro juvenil presenta cifras que llegan al 60% y cada año entre 10 y 12 millones de jóvenes africanos llegan al mundo laboral, donde la gran mayoría de ellos engrosaran el número de los parados. Todo ello a  pesar de que 6 de las 10 economías que más crecen en el mundo están en África subsahariana. Esto no deja de ser una prueba más de lo que hemos repetido varias veces, que el crecimiento económico no está teniendo una verdadera repercusión social sobre la mayoría de la población. Según el AEOR el 70% de los  jóvenes africanos están viviendo con menos de 2 dólares al día y la mayoría de ellos tienen que contribuir a la economía de sus hogares.
Este factor es la causa de mucha de la frustración que viven los jóvenes del continente. De hecho, casi todos los procesos electorales que se celebran en África suelen estar marcados por episodios violentos liderados por los jóvenes, como si necesitasen una válvula de escape. Muchos analistas piensan que este malestar y falta de oportunidades puede convertirse en una bomba de relojería que dé origen a nuevos conflictos en el continente.


Jóvenes se buscan la vida como pueden en Freetown, Sierra Leona. Foto Allafrica

Evidentemente, no estamos ante un fenómeno nuevo. Ya en 2009, los líderes africanos se reunieron en la capital de Etiopía, Addis Abeba, para hablar de este problema y aprobar la Carta africana de la juventud, la cual proporciona un marco estratégico para el empoderamiento de los jóvenes y su participación en el desarrollo tanto a nivel continental, regional y nacional. Se centra en cuestiones claves que afectan a estos como el empleo, los medios de vida sostenible, la educación, la formación profesional, la salud, la participación en las políticas nacionales de juventud, la paz y la seguridad, los que viven en la diáspora y los que padecen discapacidad.
También declararon la década 2009-2018 como la Década de la juventud africana  y aprobaron un Plan de acción que tiene como finalidad alcanzar los objetivos establecidos en la Carta. Este documento pone mucho énfasis en el empleo juvenil y en el desarrollo.
Dos años más tarde, los mandatarios africanos volvieron a reunirse en Malabo, Guinea ecuatorial, donde, una vez más, prometieron “la creación de oportunidades de empleo seguras, decentes y competitivas para los jóvenes”.
Kingsley Ighobor, en un artículo publicado en Africa Renwal, muestra como varios gobiernos han hecho algunos esfuerzos para poner en práctica el Plan de acción. Por ejemplo, Ghana ha creado un programa nacional de asesoramiento y empoderamiento de jóvenes para ayudar a los graduados universitarios a adquirir los requisitos necesarios para encontrar trabajo. Islas Mauricio ha desarrollado un plan para promocionar los estudios técnicos y de formación profesional entre los jóvenes. Zambia ha introducido un plan nacional de juventud y un fondo para jóvenes emprendedores con el objetivo de estimular la creación de empelo. Nigeria presentó un programa de formación y desarrollo de negocios como un componente más del servicio nacional de juventud.
Podríamos seguir enumerando iniciativas y estrategias, pero la realidad es que estas, hasta el momento, no han conseguido sus objetivos de reducción del  desempleo juvenil. Los jóvenes africanos siguen pateando las grandes ciudades del continente, de oficina en oficina, en busca de un empleo y, a pesar de sus títulos, también ellos están dispuestos a aceptar cualquier cosa.
En las últimas décadas, cientos de jóvenes africanos han migrado desde las zonas rurales hasta las grandes metrópolis con la convicción de que allí sería más fácil encontrar un empleo. No olvidemos que aproximadamente 325 millones de personas viven en las zonas urbanas de África subsahariana y que según las Naciones Unidas la cifra se triplicarán en las próximas décadas, alcanzándose los mil millones en 2050. Además, aproximadamente el 60% de los habitantes de las ciudades africanas viven en áreas marginales (slums). Los números también indican que la pobreza urbana está creciendo rápidamente. En estos barrios se amontonan miles de los jóvenes sin empleo del continente. Muchos de ellos buscan en el alcohol, las drogas o la violencia una salida a su situación.
En los últimos años tanto el Banco Mundial como el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) ha indicado, como forma de crear nuevas oportunidades de trabajo y frenar el éxodo hacia las ciudades, la necesidad de invertir más en las zonas rurales y en la agricultura. Esta era la tesis, por ejemplo, que sostenía el primer Informe sobre desarrollo humano en África, publicado por el PNUD en mayo de 2012, donde se decía que una situación en la que los gobiernos gastaban más en ejércitos que en agricultura es insostenible.
Otros organismos se fijan en la necesidad de reformar los planes educativos de los distintos países africanos para introducir más formación profesional y estudios técnicos.
Varias son las hipótesis, múltiples las iniciativas… pero la gran mayoría de los jóvenes africanos siguen sin empleo o con trabajos precarios y viviendo en la pobreza. Es por ello que representan un gran peligro  para sus propios países, no olvidemos que las revoluciones de la llamada Primavera árabe, que terminaron con varios diversos gobiernos del Norte de África, tuvieron sus raíces en la frustración de los jóvenes.
Quedan cinco años para llegar al final de la Década de la juventud africana e implementar las directivas del Plan de acción que los propios líderes africanos aprobaron. Todavía los gobiernos del continente están a tiempo de tomar medidas para frenar el paro juvenil y poner remedio a la frustración que muchos jóvenes viven cada día. De lo contrario les estarán dando las razones que necesitan para incendiar el continente. Fuente: El País

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