martes, 19 de marzo de 2013

Ulric Beck: "Alemania no es capaz de verse a sí misma"

El sociólogo alemán Ulrich Beck, en Barcelona. El País

Llega a la cita un cuarto de hora antes. Estamos en la cafetería de un hotel de Barcelona, donde el jueves abarrotó la sala grande del Centro de Cultura Contemporánea (CCCB) para hablar del tema que aborda en su último libro: Una Europa alemana (Paidós). Con calma, el sociólogo Ulrich Beck (Slupsk, Alemania, 1944) llena un bol de fruta, se sienta y pide un té al camarero. Quien nos enseñó que la actual es “la sociedad del riesgo” piensa unos segundos antes de cada respuesta.
Está impresionado con la respuesta del público la víspera en el CCCB. “Más de 500 personas, fue un debate de gran calidad. Iba para hablar, pero también escuché mucho”, celebra. Lo que aborda en su último ensayo interesa en España. Es uno de los países del sur de Europa “víctimas de la crisis financiera que ha provocado que los Estados cambiaran la redistribución de sus recursos: recortando prestaciones, pensiones o en educación para ayudar a los bancos”.
Unas medidas de las que Alemania es en parte responsable, pero de cuyas consecuencias su sociedad, la alemana, no es consciente, dice. Por eso ha escrito el libro: “Para que Alemania se vea a sí misma, porque ahora no es capaz de verse desde la perspectiva del resto”. “Los alemanes deberíamos preguntarnos qué pasaría si en España el jefe de Estado o el Parlamento nos invitaran a reducir el gasto en un 40%. ¡Sería una explosión!”, sonríe con la franqueza de quien sabe que hoy algo así es imposible.
El país más poderoso y rico del continente decide hoy sobre el resto. Y la austeridad que impone ha dividido a los europeos en norte y sur, afirma. La amenaza de un “riesgo puede provocar grandes desplazamientos tectónicos en el paisaje del poder”. “Europa tiene un teléfono, está en Berlin y es de Angela Merkel”, dice, y vuelve a sonreír. Pese a las pausas, el bol sigue lleno de fruta. Beck no comerá más que melón y uva, y apenas tomará té.
Una europa alemana recupera una idea que Ulrick publicó en otoño en Der Spiegel: el “merkiavelismo”. Merkel ha aprovechado la situación y ha remodelado las relaciones de poder en Europa. El modelo “merkiavelo” se basa en cuatro puntales. Uno: Alemania es el país más rico de la UE. Dos: el “titubeo calculado que practica Merkel es su cualidad natural, ser vacilante”. Tres: la habilidad que tiene la canciller para compatibilizar la competitividad electoral nacional con el papel de arquitecto europeo. Y cuatro: dictar a los socios lo que en Alemania se considera “la fórmula mágica, el ahorro”. “Un neoliberalismo despiadado”, en pos de la estabilidad.
Pese a la contundencia del concepto y “salvo algunas reacciones positivas”, Beck asegura que en Alemania “esta discusión no ha empezado”. “Hay un consenso en la opinión pública según el cual la política de Merkel es correcta en el núcleo y tiene base económica”. En Alemania, “la palabra poder es tabú. Hablamos de responsabilidad, de ejemplaridad, de enseñar a los demás”, asegura el sociólogo.
Beck lleva tiempo defendiendo el “contrato social” como única salida a esta Europa en horas bajas. “Europa debe ser refundada, repensada en términos políticos, de gran política, con políticas comunes que superen el ámbito estatal. Debemos hacerlo todos nosotros. No podemos esperar al gran intelectual, se han escondido. Si les llamas, salta el contestador”. Es un aviso y una invitación.

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