jueves, 21 de marzo de 2013

La bibliotecaria de Auschwitz, Antonio Iturbe

No importa cuántos colegios cierren los nazis, les contestaba. Cada vez que alguien se detenga en una esquina a contar algo y unos niños se siente a su alrededor a escuchar, allí se habrá fundado una escuela.
Se dice que durante la Conferencia de Wannsee, en la que se ultimaron los detalles de la llamada Solución Final, el adjunto de Von Ribbentrop, Martin Luther, preguntó al general Reinhard Haydrich si existía un infierno para los judíos. El segundo de Himmler le miró a los ojos y sin vacilar un momento le respondió que ellos ya les habían creado uno. En verdad aquel fanático de las SS no faltó a la verdad, pues en el corazón de la conquistada Polonia, a unos 60 kilómetros de Cracovia, existía un lugar, en una localidad llamada Oswiecim (Auschwitz en alemán), en el que la Muerte trabajaba las 24 horas del día, sin descanso. El 20 de Mayo de 1940, Rudolf Höss, partiendo de unos antiguos barracones del ejército polaco, comenzó a levantar el mayor campo de concentración de la historia, el Konzentrationslager Auswichtz-Birkenau, en donde perderían la vida alrededor de unos 1,3 millones de seres humanos, un 90% judíos, de los cuales 900.000 fueron asesinados inmediatamente debido a su debilidad, enfermedad o que no eran aptos para el trabajo, y otros por desnutrición, experimentación médica a cargo del doctor Mengele o gaseados y fusilados sin piedad, por puro capricho. Era en verdad un campo de exterminio peculiar, un coto de caza particular que estaba a las ordenes directas de Heinrich Himmler, y que fue conducido hasta 1943 por el SS Oberstumbannführer Höss y después, debido a la enormidad de las instalaciones y las atrocidades, por Arthur Liebehenchel y Richard Baer. Tan grande era que estaba compuesto por 3 complejos y una cincuentena de pequeñas instalaciones repartidas por toda la región. Si todavía no les ha mareado las cifras de muerte, permítanme que les desglose la composición del complejo: a) Auschwitz 1 (20/5/1940): Era el campo principal. Se calcula que allí murieron unas 700.000 personas. Eran esencialmente prisioneros de guerra, enemigos públicos políticos, soviéticos, y sobre todo judíos y, cuando la locura alcanzó cuotas de enormidad, cualquier persona de cualquier condición, sexo, religión y nacionalidad. B) Auschwitz-Birkenau (08/10/1941): era el campo de extinción inmediata. Fueron asesinadas un millón de personas, esencialmente judíos y gitanos. Y finalmente c) Auschwitz 3 (Monowitz): inaugurado el 31 de Mayo de 1942 era un campo de trabajo para fábricas de armamento y químicas.
Pues aunque pueda parecer increíble, en aquel agujero de terror y muerte sin sentido, donde las chimeneas trabajan todo el día arrojando infinitud de partículas de ceniza humana, oscureciendo el cielo durante años, en varios kilómetros a la redonda, y tiñendo la ropa y rostros de un gris mortuorio, un pequeño rayo de esperanza se abrió en una de las instalaciones del mayor campo de concentración de la historia. Justamente en el Bloque 31, en el llamado Campamento Familiar situado en la zona de Auschwitz-Birkenau. Debajo de los tablones de ese peculiar barracón, más propio sería llamarlo establo, tras unos enmohecidos tablones existe una pequeña biblioteca compuesta de ocho libros, y una audaz bibliotecaria encargada de repartir esas ventanas de esperanza entre los niños y profesores bajo pena de muerte. En un mundo donde las armas cantan el himno del más allá, la lectura esta prohibida. El génesis de esta peculiar biblioteca, considerada como la más pequeña de la historia salió a la luz gracias el escritor y divulgador Alberto Manguel en su obra La Biblioteca de Noche. La noticia de este hallazgo llamó la atención del periodista cultural Antonio G, Iturbe que durante varios años ha estado rastreando la leyenda de este rayo de luz, hasta hallar la verdad sobre el enigmático colegio del Bloque 31 y los libros que había en él. Después de un arduo trabajo de investigación en medio mundo ha dado ha conocer la historia de esta biblioteca en la magnifica y emotiva novela La Bibliotecaria de Auschwitz en donde narra las peripecias reales de Dita Kraus (Dita Adlerova en la novela) en el campo de concentración, las vivencias dentro de esa fabrica de muerte y el poder de los libros en un mundo silenciado por las bombas.
Esencialmente el Bloque 31 era un pequeño colegio, Kinderlager, donde se enseñaba a los más pequeños cultura general para que no olvidaran quiénes eran y cuáles eran sus raíces. Desde literatura, matemáticas, geografía, hasta religión, cualquier tema tenía cabida entre aquellas grises paredes. Pero esta idea tan sencilla, tenía una particularidad… ¡era un colegio prohibido! Los alemanes habían consentido crear esa “aula” para que los niños no molestaran a los mayores y no vieran durante cierto tiempo el horror del genocidio que se estaba produciendo delante de sus narices. La enseñanza estaba penada. Únicamente habría canciones y juegos. Solamente el hecho de que existiera un campamento familiar en aquel lugar era una anomalía permitida que incluso no solo a los fanáticos SS desconcertaba sino también a los propios judíos. La verdad era que se toleraba aquel campamento y bloque en especial porque era una tapadera de la locura nazi frente al mundo. La Cruz Roja reclamaba continuamente pruebas de que los rumores que existían de que los campos de concentración eran fábricas de muerte fueran falsos. Por eso las autoridades alemanas les enseñaban aquellas instalaciones para que vieran que todo era erróneo y que ellos solamente se dedicaban a “agrupar” a los judíos. Pero aunque esta situación era terrible un total de 521 niños fueron escolarizados y educados en aquel bloque hasta que fueron llevados a los campos de cuarentena y muchos de ellos gaseados, fusilados o llevados a otros campos de exterminio.
El autor de La Bibliotecaria de Auschwitz nos sitúa la narración entre 1944 y 1945 cuando la protagonista, Dita, se hace cargo de la biblioteca y se convierte en el guardián de los ocho libros prohibidos. Por ejemplo, recuerda la protagonista, existía una ajada Historia del Mundo, de H.G. Wells, una gramática rusa, una obra de Freud, Nuevos caminos de la terapia psicoanalista, una precioso atlas mundial, dos novelas que el autor cree que eran El Conde de Montecristo (Dumas) y Las aventuras del buen soldado Svejk (Jaroslav Hasek), más otras obras todavía no reconocidas. Junto con las peripecias de aquellos libros y sus respectivas lecturas, Antonio G. Iturbe nos habla de cómo era aquel colegio, cómo se daban las clases en aquellas precarias instalaciones, e incluso nos habla de la existencia de media docena de “libros vivientes”, es decir personas que tenían un gran conocimiento de un libro y lo narraban a los niños que lo solicitaban (este hecho me ha recordado bastante a la obra de Ray Bradbury Fahrenheit 451). Hay que reconocer que aquel pequeño oasis de cultura fue toda una hazaña no solo de la protagonista sino de uno de los personajes más celebres del Holocausto: Freddy Hirsch (1916-1944), auténtico campeón  e instructor judio que con su fortaleza mental y física, que murió por causas todavía confusas en el “traslado especial” de finales de 1944, fue líder y columna vertebral consiguiendo el triunfo de mantener día a día aquella fantástica aula, en la que los profesores daban las clases con pizarras transparentes, hasta el final, es decir hasta que la pantomima de los nazis dejó de existir y se pasó al exterminio total.
A través de los ojos Dita Kraus (o Adlerova) vemos la vida real de Auschwitz, y posteriormente del otro campo de concentración de Bergen-Belsen. Y es que aunque parezca que el devenir de los judíos en ese terrible lugar era totalmente gris y monolítico también existían allí todo tipo de clanes políticos, espías, traidores, gente que se prostituía por un currusco de pan, colaboracionistas y personas de buen corazón. La consigna era sobrevivir a cualquier precio, sin miramiento ni melindreces. Vemos el día a día de aquella fábrica de muerte, cómo estaba constituida y cuales eran los engranajes para matar diariamente, desde los temibles SonderKommando hasta las cámaras de gas, las terribles ejecuciones y las torturas que solamente un demente podía haber ingeniado. Este libro es todo un testimonio de cómo la esperanza, frágil como un gorrión, puede convivir con la locura extrema. En verdad, La bibliotecaria de Auschwitz es un libro que me ha tocado el alma y me ha emocionado de principio a fin, y que más de una vez me ha hecho tener un nudo en la garganta. Hay que felicitar al autor por haber hecho este gran trabajo de investigación, muchas de las veces detectivesco, para mostrar al mundo entero la gesta de aquella pequeña biblioteca, y de cómo el poder de los libros puede triunfar sobre el mismo mal.

No hay comentarios:

Publicar un comentario