lunes, 11 de marzo de 2013

El suicidio en Japón, incontrolable

Sepuku
El número de suicidios en Japón superó los 30.000 por decimocuarto año consecutivo en 2011, según datos de la Agencia Nacional de Policía. Las cifras publicadas este mes cuentan que 30.513 personas fueron las que se quitaron la vida el año pasado, 1177 menos que en 2010. Con una tasa de suicidios de 28,3 por cada 100.000 habitantes, Japón ocupa el tercer lugar entre los países de la OCDE, y séptimo en el mundo, con mayor índice de suicidio.

El suicidio afecta a todo aquel que permanece en Japón un periodo prolongado. Más de una vez los viajes en tren se retrasan debido a que alguien salta a las vías. Los editoriales se suceden alrededor de este tema que tiene mucho más trasfondo del que muchos imaginan.

La tolerancia histórica
Muchos observadores occidentales se apresuran a señalar los precedentes históricos del suicidio en Japón. Los samuráis eran conocidos por el seppuku, ritual en el que se suicidaban para que no quedara en entredicho su honor. Los pilotos Kamikaze de la Segunda Guerra Mundial se estrellaban contra un objetivo sin tener en cuenta sus propias vidas. Por esto, los occidentales asumen que la alta tasa de suicidios es una extensión de la historia, pero los japoneses pueden encontrar ofensiva esta suposición. Ellos, en general, encuentran que las principales razones que tiene la gente para suicidarse son el exceso de trabajo, el desempleo y la intimidación, entre otras.
Sin embargo, quizá por estos “precedentes” históricos, la idea del suicidio es mucho más tolerada en la cultura japonesa que en la judeo-cristiana, donde el suicidio puede considerarse un asesinato propio o incluso pecado.

Exceso de trabajo
El estrés por exceso de trabajo tiende a ser la razón más citada para el suicidio. En el año 2008 la fatiga por el trabajo supuso el 47% de los suicidios.
La ética del trabajo japonés tiene sus raíces en el valor del trabajo duro del budismo Zen. El trabajo duro no es un medio para un fin, sino el fin en sí mismo. En Japón, la relación empleador-empleado se asemeja a la relación caudillo-retén de la no muy lejana época feudal. Los empleados demuestran la lealtad hacia sus empresas a través del sacrificio personal. Un empleado que murió a causa de cansancio se debería considerar como un modelo a seguir para los demás empleados; por tanto, los trabajadores japoneses permanecen en sus puestos de trabajo hasta la puesta de sol y, a menudo, son obligados a ir después del trabajo con compañeros y clientes a tomar algo.
Este ambiente de trabajo es claramente estresante, pero es poco probable que cambie debido a la presión social sobre trabajar duro. Un empleado eficiente que logra más que cualquiera de sus compañeros de trabajo, si sale en cuanto su turno ha terminado, será considerado un vago.

Desempleo
La otra cara de la moneda en el suicidio es el desempleo y curiosamente, es bastante paradójico. Hay personas que dicen: “en Japón, la gente se suicida por exceso de trabajo si tienen y si no lo tienen, también”.
Japón es famoso por sus prácticas de empleo de por vida. Un trabajo no sólo viene con la seguridad económica que implica, sino también con todos los beneficios e incluso viviendas de protección oficial.
Desafortunadamente, los despidos se han vuelto cada vez más comunes desde el final de la “burbuja” en 1990. Así que cuando un empleado de toda la vida pierde su trabajo, pierde también su casa y su red de seguridad. Si tuviera que buscar otro trabajo empezaría por la parte inferior de su nueva empresa y si a esto le añadimos que pueda ser un hombre de mediana edad que tiene que cambiar su vida a un nivel de entrada totalmente distinto al que tenía, estamos sumando otro factor que conduce al suicidio.

Bullying
La causa más común de suicidio entre los niños es la intimidación. Si bien ha habido campañas para abordar el acoso escolar, sigue siendo como una epidemia.
Una de las teorías antropológicas de por qué el acoso escolar es frecuente en Japón alega que el acoso tiene sus raíces en el cultivo de arroz. El cultivo de arroz requiere la puesta en común de recursos y la cooperación comunitaria. Un hombre haciendo lo suyo de forma independiente podría sabotear la cosecha entera. Por tanto, la sociedad japonesa utiliza la intimidación para presionar a todos a cumplir sus obligaciones.

El estigma contra la enfermedad mental
Por último, el mal estado de la salud mental en Japón hace que sea difícil para las personas que sufren enfermedades mentales o el estrés relacionado con el trabajo obtener la ayuda que necesitan.
Los japoneses tienen un fuerte estigma contra la enfermedad mental. Hay un caso de una mujer americana que fue despedida de su trabajo como profesora de Inglés para ir a un psiquiatra. La justificación de despido por necesitar ayuda psiquiátrica va en la línea de la imagen que puede ofrecer una empresa si alguien relacionado con ella tiene una enfermedad mental. Una persona que va a una clínica mental tiene que ir prácticamente ocultando su identidad. Esto se da en un países donde los burdeles especializados en sexo oral (salones de color rosa) a menudo no tiene puertas y puede que un peatón lo vea desde la calle.
La salud mental no la cubre el seguro y puede costar alrededor de 200.000 yenes una sesión de 10 minutos con un psiquiatra, en la que el médico simplemente diagnostica la enfermedad y prescribe algunos medicamentos. Ni escuchan al paciente ni le ofrecen asesoramiento. Por eso los hombres japoneses suelen recurrir a clubes donde pagan cientos de dólares por una chica guapa, se sientan y beben mientras ella finge interés por los problemas que ellos le cuentan, en una especie de continuación de la tradición de las geishas. Fuente: http://www.osunippon.com/por-que-el-numero-de-suicidios-en-japon-es-tan-elevado/

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