domingo, 24 de febrero de 2013

Los dibujos de los niños de los campos de concentración

Terezín fue el campo de concentración instalado por los nazis a las afueras de Praga. La llamada “Sala de espera del infierno” fue parada sin fonda de 150.000 Judíos y de más de 15.000 niños y preadolescentes con destino Auschwitz. Una mujer -Friedl Dicker Brandeis- dedicó su internado a enseñar clandestinamente arte y pintura como terapia evasiva a muchos de esos niños. Antes de marchar al patíbulo, Friedl rescató 4.500 de los dibujos que más tarde sirvieron como prueba en Nuremberg y que son testimonio indeleble de aquella barbarie. 

Friedl Dicker consiguió que aquellos niños recordaran, dibujando, la vida de la que habían sido arrancados además de representar la triste y horrible realidad del campo de concentración.
Por encima de todo, los niños podían transportarse con la pintura a un mundo de fantasía e imaginación donde el bien permanecía sobre el mal, la voluntad era libre y la esperanza el camino. Son constantes los dibujos representando su vuelta a casa, las escenas cotidianas o sus deseos de libertad. Pero Friedl Dicker respetaba plenamente la personalidad de cada niño y dejaba que vomitasen y abriesen a su imaginación las percepciones que sobre las atrocidades del campo ellos tenían. Al fin y al cabo sólo 100 de los 15.000 niños sobrevivieron a Terezín. Muchos de los dibujos tienen una excelente calidad para la edad de sus autores, no en vano, algunos de ellos fueron, más tarde, reputadísimos artistas gracias a la labor insigne de Friedl Dicker Brandeis.
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“Todo el mundo tiene hambre”, por Liana Franklová 10 años. Terezín
Helga Weissova. 13 Años .Cuenta en este dibujo como los alemanes les obligaban a recortar las literas para que el barracón pareciese menos apretado y así engañar a la inspección de la Cruz Roja. Terezín.
Ella Liebermann. 16 Años. Como sardinas en lata, los judíos de toda Europa eran enviados a la muerte.Gueto de Bedzin. Polonia             
Alfred Kantor. 17 Años . Escribió sobre su dibujo :”Tocar la alambrada significaba la muerte instantánea. Aún así, la gente compartía pan, una sonrisa, una lágrima…“. Terezín

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