sábado, 9 de febrero de 2013

Klaus Barbie, el carnicero de Lyon

Klaus Barbie Altmann (Bad Godesberg, Alemania; 25 de octubre de 1913 – Lyon, Francia; 25 de septiembre de 1991) fue un alto oficial de las SS y de la Gestapo durante el régimen nazi, que estuvo involucrado en numerosos crímenes de guerra y contra la humanidad durante la Segunda Guerra Mundial, especialmente en Francia. Salvado de la detención por los servicios secretos estadounidenses y las Ratlines, con los que Barbie colaboró, pasó posteriormente a la Argentina de Perón, que le proveyó documentación bajo identidad falsa. Barbie vivió en Buenos Aires hasta la caída de su mentor, en septiembre de 1955, y dada la nueva situación, como otros criminales de guerra prófugos, abandonó el país en busca de horizontes más seguros. 

Al igual que Mengele se escondió en Brasil y Eduard Roshmann lo hizo en Paraguay, él escogió Bolivia, donde colaboró con las dictaduras militares de ese país. Fue finalmente expulsado a Francia, donde fue juzgado y condenado a cadena perpetua. 

Era hijo ilegítimo de Nikolaus Barbie y Anna Hees, ambos maestros, que se casaron un año después de que hubiera nacido. Su padre volvió gravemente herido de la Primera Guerra Mundial. En 1934 hizo el bachillerato en Tréveris. Después entró en las Juventudes Hitlerianas y fue ayudante personal del jefe local del partido nazi. Barbie no pudo acudir a la universidad porque la familia no podía costearle los estudios tras la muerte del padre. Luego se fue voluntario seis meses a un campamento del Servicio Laboral del Reich (Reichsarbeitsdienst en Schleswig-Holstein, de donde regresó totalmente imbuido por la ideología del Tercer Reich. Se alistó en las SS el 26 de septiembre de 1935 (con el n.° 272.284) y empezó a trabajar en la Dirección general del Servicio de Seguridad Sicherheitsdienst (SD) a partir del 29 de septiembre de 1935, así como en la Gestapo de Berlín. 

El 1 de mayo de 1937 se afilió al Partido Nacional Socialista Obrero Alemán (NSDAP), con el número de carné 4.583.085, siendo ascendido el 20 de abril de 1940 a Untersturmführer (equivalente a subteniente). En 1941, durante la Segunda Guerra Mundial, Barbie fue destinado a la Sección IVB4 y enviado a Ámsterdam, y más tarde, en mayo de 1942, a Lyon, Francia. Allí se ganó el apodo de «El Carnicero de Lyon» como jefe de la Gestapo local. 

Fue acusado de numerosos crímenes, incluyendo la captura de cuarenta y cuatro niños judíos escondidos en la villa de Izieu, y la tortura y posterior muerte de Jean Moulin, el miembro de la Resistencia francesa de más alto rango jamás atrapado por los nazis. Sólo en Francia se atribuyen a su actividad o a la de sus subordinados el envío a campos de concentración de 7.500 personas, 4.432 asesinatos y el arresto y tortura de 14.311 combatientes de la Resistencia. 

Tras la salida del ejército alemán de Lyon, Barbie voló a Alemania y creó una nueva vida bajo identidad falsa. Inicialmente dirigió un cabaret en Munich e hizo tratos en el mercado negro. Posteriormente, Barbie fue protegido y empleado por los servicios de contraespionaje del Ejército de los Estados Unidos (CIC), para los que trabajó en Alemania entre 1947 y 1951, en actividades contra el comunismo. Ese año, ante las repetidas peticiones francesas para que fuese extraditado (ante lo que las autoridades estadounidenses declararon que desconocían el paradero del criminal), se trasladó a Bolivia. Lo hizo a través de una ratline (rutas de escape organizadas tras la Segunda Guerra Mundial para que criminales de guerra nazis y fascistas pudieran huir y evitar ser enjuiciados por los crímenes que habían cometido) organizada por los servicios secretos estadounidenses y el sacerdote ustashi croata Krunoslav Draganovic, pasando por la Argentina de Perón. Barbie, su mujer y sus dos hijos llegaron a Bolivia a fines de 1955. 

Allí, Barbie adoptó el apellido de Altman (el del rabino de su pueblo natal) y comenzó a dirigir una serrería en La Paz, negocio al que se dedicó antes de comenzar a comerciar con quinina y establecer relaciones con ex nazis refugiados en países vecinos y con los militares locales. Durante la dictadura del general Barrientos, que llegó al poder en 1964 tras un golpe de Estado, Barbie fue nombrado gerente general de la compañía marítima estatal, la Compañía Transmarítima Boliviana, creada por Barrientos en 1967 con capitales públicos y privados, que actuaba como tapadera de tráfico de armas al servicio de la dictadura. Se le atribuye también a Barbie la asesoría directa al operativo que culminó en la muerte de Ernesto Che Guevara en 1967. Tras la muerte de Barrientos en un accidente de helicóptero en 1969, la suerte de Barbie pareció empeorar y, tras la quiebra de la Transmarítima en 1971, Barbie dejó Bolivia y se estableció en Perú. Sin embargo, allí su identidad fue desvelada por la prensa, lo que propició que los cazanazis Serge y Beate Klarsfeld diesen con su paradero. Ante el acoso, volvió a Bolivia amparado por las sucesivas dictaduras de Hugo Banzer (1971-1978) y Luis García Meza Tejada (1980-1981), en cuyos golpes de Estado tomó parte. En 1974, Francia pidió a Bolivia la extradición de Barbie, que fue denegada por no existir tratado de extradición entre ambos países. Durante la dictadura de García Meza, Barbie fue responsable de la organización de violentos grupos paramilitares al servicio del régimen. En este período, Ernesto Milà trabajó con él. 

La privilegiada situación de Barbie cambió en 1982, con la llegada de un gobierno democrático de centro-izquierda al país. El 25 de enero de 1983 el gobierno del presidente Siles Suazo deportó a Barbie, detenido poco antes por estafa, a Francia. Poco antes, su esposa, Regina, había muerto de cáncer en La Paz en 1982. Juicio, condena y fallecimiento. 

Su proceso judicial comenzó en enero de 1987 en Lyon. Barbie ya había sido condenado a muerte dos veces en ausencia durante su ocultamiento en Bolivia (en 1952 y 1954, en Francia), pero dado que los crímenes de guerra que tuvieron lugar en la Francia de Vichy prescribían a los 20 años, sólo se le juzgó por las deportaciones de poblaciones civiles. Fueron tres fundamentalmente: la deportación de los 44 niños judíos refugiados en una colonia en Izieu, la redada y posterior deportación de más de 80 personas en la sede de la Unión General de Israelíes de Francia de Lyon, y el denominado "último tren", en el que fueron deportadas entre 300 y 600 personas escasos días antes de la entrada de las tropas aliadas en Lyon. Se autorizó a que se filmara el juicio debido a su alto valor histórico, si bien las imágenes del proceso no fueron difundidas inmediatamente. 

Barbie negó todos los cargos y se limitó a declarar. Su abogado defensor fue Jacques Vergès, quien utilizó un argumento basado en la tesis de que las acciones de Barbie no fueron más terribles que las de cualquier colonialista en cualquier parte del mundo, incluyendo a los franceses, quienes nunca eran perseguidos: "¿Qué nos da derecho a juzgar a Barbie cuando nosotros, en conjunto, como sociedad o como nación, somos culpables de crímenes similares?".  El fiscal principal fue Pierre Truche. Finalmente, el 4 de julio de aquel año fue sentenciado a cadena perpetua por crímenes contra la humanidad. Cuatro años después, encontrándose en prisión el 25 de septiembre de 1991, falleció enfermo de leucemia. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario