martes, 26 de febrero de 2013

Herschel Grynszpan y la noche de los cristales rotos

Herschel Grynszpan, como lo constata su historia, no era el prototipo del hombre audaz e idealista, sino un joven que se negaba a subsistir en un mundo donde el individuo era sacrificado en aras de ideologías o contingencias políticas. Su acto sirvió para desatar a la fiera, pero en perspectiva nos demuestra también que las acciones de los hombres comunes y corrientes sirvieron y han servido para restablecer la cordura y un sentido de moralidad a donde parece que ya han desaparecido en su totalidad. Herschel Grynszpan nació en 1921 en la ciudad alemana de Hanover, en el seno de una humilde familia judía de nacionalidad polaca. Como muchos otros, los Grynszpan sufrían constantes humillaciones a consecuencia de la primera ola de legislación antijudía nazi y de los esfuerzos encaminados a librar al Reich de la llamada "dominación judía". Para escapar a esta terrible situación, en 1936 Grynszpan abandonó Alemania y se refugió en París en casa de unos tíos. A pesar de su empeño en legalizar su situación en Francia, Grynzspan no lo logró y paulatinamente se convirtió en "clandestin" o residente ilegal. Para el ocho de julio de 1938 los franceses le ordenaron salir del país en el plazo de unas cuantas semanas. Ante la imposibilidad de encontrar refugio en otro sitio, Grynzspan optó por la clandestinidad. A fines de octubre del mismo año, Grynzspan recibió la noticia de que su familia había sido deportada a Alemania hacia la población fronteriza de Zbaszyn a raíz de un desacuerdo entre Polonia y el Reich con respecto a los expatriados políticos. Grynzspan sólo recibía información fragmentada, pero, por las noticias que provenían de la frontera polaca, tenía todos los motivos para suponer lo peor. Nervioso ante esta situación, compró una pistola y municiones y se dirigió a la embajada alemana en París, en donde pidió ver a uno de los oficiales. Se le condujo a la oficina del oficial Ernst vom Path a quien fusiló inmediatamente para luego entregarse a la policía de la localidad. Ante los hechos, Reinhard Heydrich, jefe de la policía alemana declaró "como réplica al asesinato del Legionsrat vom Path deben llevarse a cabo manifestaciones antijudías la noche del nueve al diez de noviembre". Escasas horas después, los activistas partidarios nazis y las tropas de asalto de las Camisas Pardas lanzaron ataques contra los judíos en toda Alemania. Las pandillas nazis asaltaron a los judíos, incendiaron y destruyeron sus propiedades, llenando las calles de cristales. En la "Kristallnacht" -como se le conoce- murieron 91 judíos y entre 20 y 30 mil fueron transportados a campos de concentración.

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