martes, 8 de enero de 2013

"Venceréis pero no convenceréis", Unamuno

Cuando el 17 de Julio de 1936 parte del ejército español se levanta contra el gobierno de la II República, Miguel de Unamuno apoya a los sublevados, pasando a formar parte del consistorio salmantino como concejal y siendo destituido de su puesto de Rector Vitalicio (honorífico) por el presidente de la República, Manuel Azaña.

El gobierno nacionalista de Burgos lo repone en su cargo de Rector. Sin... embargo se acumulan las cartas de familiares de amigos y conocidos que han sido detenidos, pidiendo que interceda ante las autoridades nacionales para evitar sus fusilamientos.

El 12 de Octubre de 1936 durante la apertura del curso académico, que coincide con la 'Fiesta de la Raza' decretada por los nacionalistas, Unamuno improvisa un famoso discurso en el que sentencia "Venceréis, pero no convenceréis. Venceréis porque tenéis sobrada fuerza bruta; pero no convenceréis, porque convencer significa persuadir. Y para persuadir necesitáis algo que os falta: razón y derecho en la lucha."
 
Sucedió en Salamanca, el 12 de Octubre de 1936, recién iniciada la guerra civil. En esa fecha se conmemoraba la “fiesta de la raza” (hoy es la fiesta nacional de España), y coincidiendo con la celebración se convocó en el paraninfo de la universidad (de la que Unamuno era rector) el acto oficial de apertura académica. El general Franco no asistió, pero delegó en su mujer, Carmen Polo. Durante el acto intervinieron intelectuales como José María Pemán; pero fue especialmente llamativo el apasionado discurso del profesor Francisco Maldonado de Guevara3 que termina refiriéndose al País Vasco y Cataluña como “cánceres en el cuerpo de la nación” y afirmando que “… el fascismo, que es el sanador de España, sabrá como exterminarlas, cortando en la carne viva, como un decidido cirujano libre de falsos sentimentalismos“.

Parece que Unamuno no tenía previsto intervenir, pero había estado tomando notas y pide la palabra: Estáis esperando mis palabras. Me conocéis bien, y sabéis que soy incapaz de permanecer en silencio. A veces, quedarse callado equivale a mentir, porque el silencio puede ser interpretado como aquiescencia”.
“Quiero hacer algunos comentarios al discurso -por llamarlo de algún modo- del profesor Maldonado, que se encuentra entre nosotros. Voy a ser breve. La verdad es más verdad cuando se manifiesta desnuda, libre de adornos y palabrería.  Dejemos aparte el insulto personal que supone la repentina explosión de ofensas contra vascos y catalanes”.

“Yo nací en Bilbao, en medio de los bombardeos de la segunda guerra carlista. Más adelante me casé con esta ciudad de Salamanca, tan querida, pero sin olvidar jamás mi ciudad natal. Y aquí está el señor obispo, catalán, para enseñaros la doctrina cristiana que no queréis conocer, y yo, que soy vasco, llevo toda mi vida enseñandoos la lengua española, que no sabéis”.Millán-Astray

Millán-Astray se mueve ostensiblemente en su asiento y empieza a decir en voz muy alta “¿Puedo hablar? ¿Puedo hablar?“. Como casi siempre iba acompañado de legionarios armados, que  presentan armas, y ya muy exaltado el general se pone de pie y dice:

¡Sí! ¡Cataluña y el País Vasco, el País Vasco y Cataluña, son dos cánceres en el cuerpo de la nación! ¡El fascismo, remedio de España, viene a exterminarlos, cortando en la carne viva y sana como un frío bisturí!4 ¡Viva España!”. Para terminar alguien del público (muy probablemente él mismo) grita “¡Viva la muerte!“. Los falangistas presentes en la sala saludan con el brazo en alto a un retrato de Franco y entonan el cara al sol y (posiblemente) algunos carlistas dan gritos de ¡Viva Cristo Rey!. En fin: “un ambientazo”, que diríamos hoy.

Después se produce un gran silencio, muy tenso. Unamuno vuelve a levantarse y replica así: “Acabo de oír el grito necrófilo e insensato de “¡Viva la muerte!”.  Esto me suena lo mismo que “¡Muera la vida!”. Y yo, que me he pasado toda la vida creando paradojas que provocaron el enojo de quienes no las comprendieron, he de deciros, con autoridad en la materia, que esta ridícula paradoja me parece repelente. Puesto que fue proclamada en homenaje al último orador, entiendo que fue dirigida a él, si bien de una forma excesiva y tortuosa, como testimonio de que él mismo es un símbolo de la muerte”.

“Y otra cosa:  El general Millán-Astray es un inválido5. No es preciso decirlo en un tono más bajo. Es un inválido de guerra. También lo fue Cervantes. Pero los extremos no sirven como norma. Desgraciadamente hay hoy en día demasiados inválidos. Y pronto habrá más si Dios no nos ayuda”.
“Me duele pensar que el general Millán-Astray pueda dictar las normas de psicología de las masas. Un inválido que carezca de la grandeza espiritual de Cervantes, que era un hombre, no un superhombre, viril y completo a pesar de sus mutilaciones, un inválido como dije, que carezca de esa superioridad del espíritu, suele sentirse aliviado viendo como aumenta el número de mutilados alrededor de él”.

Millán-Astray, irritado, grita “¡Muera la inteligencia!6 – y el gaditano Pemán, en su línea habitual, corrige: “¡No! ¡Viva la inteligencia! ¡Mueran los malos intelectuales!
Unamuno, que se había ido exaltando por momentos, replica de nuevo: “¡Este es el templo de la inteligencia, y yo soy su supremo sacerdote! Vosotros estáis profanando su sagrado recinto. Yo siempre he sido, diga lo que diga el proverbio, un profeta en mi propio país. Venceréis, pero no convenceréis. Venceréis porque tenéis sobrada fuerza bruta; pero no convenceréis, porque convencer significa persuadir. Y para persuadir necesitáis algo que os falta: razón y derecho en la lucha. Me parece inútil pediros que penséis en España. He dicho”.

Es fácil imaginar el revuelo que se organizó en el paraninfo, incluso se dice que algunos militares desenfundaron sus armas con intención de utilizarlas. Finalmente no se llegó a la violencia física, y Unamuno salió de la sala (entre gritos e insultos) del brazo de Carmen Polo que, según parece, le acompañó hasta su casa.

Ese fue prácticamente el final de su vida intelectual – y física: Desde ese  momento se recluyó en su domicilio y falleció poco después, el 1 de diciembre de ese mismo año.

Millán Astray, fundador de la Legión, se enfrenta a Unamuno, quien solo se salva por la intervención personal de la esposa de Francisco Franco, Carmen Polo, que lo saca de la Universidad.

Ese mismo día el ayuntamiento de Salamanca lo destituye como concejal, y diez días después Franco le aparta del cargo de Rector y lo confina en su domicilio bajo arresto domiciliario hasta su muerte el 31 de diciembre de 1936.

El vídeo extrae citas de Unamuno desde días antes del 12 de octubre hasta su muerte.

Podéis leer un trabajo de investigación sobre el tema en http://www.secc.es/media/docs/15_2_Jean-Claude_Rabate.pdf
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  1. El enfrentamiento entre ambos era ya anterior a este incidente, pues Unamuno había acusado a Millán-Astray de corrupción (quizás sin pruebas), y éste tenía una gran animadversión hacia el escritor.
  2. Quiero hacer constar que hay diferentes versiones sobre algunos detalles de cómo sucedieron exactamente los hechos, quién dijo qué o qué orden siguieron los acontecimientos. Pero seguramente los hechos no fueron muy diferentes de cómo los vamos a contar aquí.
  3. Hijo de un antiguo rector de la universidad… lo que demuestra que el “enchufe” no es un invento nuevo en España.
  4. No está claro si Millán-Astray dijo, o repitió, estas palabras de Maldonado. Posiblemente en este punto sólo incitó a la audiencia a gritarEspaña… ¡una!… ¡grande!… ¡libre!
  5. José Millán-Astray había perdido el ojo derecho y el brazo izquierdo por heridas de guerra en la campaña de Marruecos; la referencia de Unamuno a su “invalidez” deja bien claro que también el escritor se estaba “calentando”.
  6. Quizás lo que dijo fue “¡Muera la intelectualidad traidora!“, aunque lo generalmente recordado, y citado, sea este “¡Muera la inteligencia!”

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