jueves, 3 de enero de 2013

En Bangladesh una de cada cinco muertes se debe al arsénico

Julien Bouissou
Le Monde

Hace algunos meses, Atiq vio aparecer algunas manchas oscuras en sus brazos y en su torso. Atiq es un agricultor de unos cincuenta años que ignoraba que el agua que recogía todos los días del pozo de su jardín estaba contaminada con arsénico, un elemento químico tóxico. Atiq, que vive con su familia en una cabaña de chapas en medio de los arrozales, se queja porque a veces se siente fatigado. Ignora que tiene un cáncer. 

EL AGUA MORTAL DE LOS POZOS
El 97% de la población rural de Bangladesh toma el agua de los pozos. Sobre un total de 145 millones de habitantes, 35 millones beben agua con una concentración de arsénico superior a los 0,05 mg aceptados en Bangladesh.
En realidad serían 77 millones si se toma como referencia el umbral de 0,01 mg aprobado por la Organización Mundial de la Salud (OMS)
En un 55% de los 8,6 millones de pozos que existen en Bangladesh se ha encontrado que un cuarto de ese total se halla contaminado con arsénico.
Desde el punto de vista clínico el agua contaminada con arsénico genera crisis cardíacas, lesiones cutáneas, cáncer y en los niños alteraciones mentale.
Las víctimas del arsénico son a menudo estigmatizadas y excluidas de sus comunidades, especialmente cuando sufren lesiones cutáneas. Muchos creen que esas enfermedades son contagiosas.
“Desgraciadamente el hecho de saberlo no cambiaría nada. No hay hospitales en los alrededores que puedan curarlos y los tratamientos son, de todos modos, muy caros” explica el doctor Alauddin Ahmed del centro médico de la Universidad de Columbia. En 2000 la universidad neoyorquina instaló una clínica en el distrito de Araihazar, a dos horas de la capital, Dacca, para estudiar los efectos del agua contaminada sobre 12.000 campesinos.
El resultado del estudio publicado en julio en la revista médica The Lancet revela que la mitad de la población bangladesa consume un agua cuya concentración de arsénico es superior a la normal y es la causa del cáncer, la diabetes así como también de otras enfremedades cardiovasculares.

4,8 MILLIONES DE POZOS CONTAMINADOS
De acuerdo con dicho estudio una muerte de cada cinco es provocada por el arsénico. La población del país sufre “la contaminación más masiva de la historia” según la OMS.
“La magnitud del problema es cincuenta veces superior a la de Chernobil, pero atrae la atención cincuenta veces menos” agrega Richard Wilson, profesor emérito de física de la Universidad de Harvard.
Todo comenzó en los años 60. Para luchar contra las epidemias de cólera y aumentar la producción de arroz, se cavaron millones de pozos con la ayuda financiera de organizaciones no gubernamentales (ONG). En los 90 los científicos descubrieorn, demasiado tarde, que el agua subterránea era mortal.
El arsénico, que aunque existe en los suelos en estado natural, se vuelve peligroso cuando su concentración en ciertas capas freáticas es elevada debido a largos procesos geológicos y químicos. Más de una cuarta parte de los 4,8 millones de pozos investigados revela que están contaminados a niveles juzgados peligrosos.
El envenenamiento por arsénico suele pasar desapercibido a causa de la falta de síntomas :“Lo que no es doloroso no se percibe como peligroso”. Y muchas veces es difícil hacer que los campesinos acudan a la clínica, porque para ellos es una jornada de trabajo perdida, testimonia el doctor Tariqul Islam, responsable de la clínica de la Universidad de Columbia.
Cada vez que un habitante del distrito de Araihazar muere los investigadores de la clínica acuden a su casa para conocer sus antecedentes médicos, analizar la cantidad de arsénico en el agua que solía beber y deducir las causas de su muerte.
“Entre las poblaciones expuestas la tasa de mortalidad es un 60 o un 70% superior a la normal” explica Habibul Ahsan, profesor de la Universidad de Chicago que dirigió el estudio publicado por The Lancet.

SOLUCIONES LIMITADAS
Curar la contaminación de arsénico es imposible: una vez que se absorbe, la sustancia permanece en el organismo. Los remedios son inútiles, la clínica de Columbia ha analizado los efectos de la vitamina E y del selenium para mejorar la resistencia del organismo a los efectos del arsénico. La mejor solución es todavía la prevención ya sea cavando pozos de mayor profundidad y por lo tanto mucho más caros, hasta capas acuíferas sanas, o ya sea filtrando el agua de los pozos contaminados.
Pero las reservas de agua en Bangladesh, uno de los países más densamente poblados del mundo, son limitadas: los acuíferos no son suficientes. En el sureste del país, donde el agua de los ríos es salada, los habitantes recogen las lluvias del monzón. Esta solución no puede aplicarse en el resto del país porque se necesita disponer de grandes reservorios.
Con ocasión de su revolución verde, Bangladesh aumentó la superficie de sus arrozales para alimentar a su población. Pues bien el cultivo de un kilo de arroz exige 4 m3 de agua.
“No se ha probado aún que el arroz regado con agua contaminada de arsénico sea peligroso para la salud, pero sabemos que la contaminación disminuye la productividad de las arroceras” explica Yan Zheng, encargado de los temas del agua en el Fondo de las Naciones Unidas para la Niñez (UNICEF) en Dacca. Algunos investigadores están trabajando en la búsqueda de variedades de arroz genéticamente modificadas resistentes al arsénico.
18.000 filtros de agua para uso doméstico que cuestan un mínimo de 100 dólares se están vendiendo anualmente a las ONG que los distribuyen a precios módicos a los habitantes de las aldeas afectadas.
Pero lo más difícil es convencer a los aldeanos de utilizarlos. “Aunque saben que el arsénico es peligroso, no cambian sus comportamientos –testimonia Yan Zheng– están habituados a consumir esa agua por decenas de años y no son conscientes de las consecuencias, les cuesta asociar el arsénico a una enfermedad que mata” a tal punto que UNICEF ha pensado en recurrir a psicólogos especializados para lograr cambios de hábitos.
En descargo de los habitantes es preciso reconocer que el uso de filtros puede resultar contraindicado. Algunos se deterioran al cabo de algunos meses, otros no llegan a hacer desaparecer el arsénico cuando el agua está demasiado contaminada.
A menudo son baldes llenos de arena los que sirven de filtros, con los riesgos de contaminación bacteriana y de otras enfermedades que ese sistema conlleva. Y muchos campesinos se resisten a consumir agua menos fresca y de sabor diferente a la que están habituados.

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