jueves, 3 de enero de 2013

A propósito de la situación sanitaria en Burkina Faso

Desde 1995 en que hubo una drástica devaluación del Franco CFA (se devalúa en un 50% para los países de la zona Franco (CFA)), la gente no cesa de quejarse de su situación sanitaria. Los medicamentos son caros y para muchos inabordables. De hecho no han aumentado el 50% sino el 75%. Los funcionarios y comerciantes que son los que disponen de mayor poder adquisitivo, también protestan, pero siguen con su costumbre de visitar al médico cuando surge en la familia un problema de salud, y como en África las familias son siempre muy extensas, el funcionario debe consagrar una parte importante del presupuesto al gasto médico. Allí no hay seguridad social. ¡Incluso para ellos es casi imposible el pagar la visita al médico, los análisis, la nueva visita al médico para interpretar los análisis, los medicamentos y una nueva visita de control!. Si al mes son varios los miembros de la familia que requieren visita médica, o el pobre funcionario tiene que pedir prestado o adoptar otros métodos menos onerosos.
Uno de esos métodos es acudir a un consultorio de enfermero jubilado. No hay prohibición para un enfermero jubilado de abrir consulta y atender a los pacientes de una manera más rápida que lo haría un médico. Los enfermeros diplomados de Estado actúan en África como los médicos en Europa. Han pasado su vida atendiendo a enfermos en las zonas rurales, y su experiencia es notoria. Acudir a su consulta es pues más barato, aunque prescriben medicamentos, que, como decimos son caros.
Otra solución es echar mano de los numerosos vendedores ambulantes, que por lo general jóvenes de 16 a 26 años, surcan la ciudad día y noche ofreciendo sus servicios. ¿Cuál es el origen de su mercancía?. Muy variado. Puede venir tanto de Ghana o Nigeria, paises vecinos anglófonos más habituados al comercio y a la iniciativa de producción, como en los paises orientales. Aunque este comercio está prohibido por la ley, el Gobierno debe hacer la vista gorda. Una vez quisieron controlarlo y prohibirlo y casi hubo un motín popular. Incluso en los mercados populares se encuentra esta categoría de medicamentos incontrolados, antibióticos, antipalúdicos, antiinflamatorios, etc. a precios abordables. ¿Son nocivos?. Alguna utilidad sí que tendrán, digo yo, si no hubieran desaparecido por sí mismos. Pero tampoco serán inocuos, y los efectos peligrosos quedarán probablemente sin evidenciarse.
Y otra solución no menos interesante es acudir a la medicina tradicional o ancestral. En todo núcleo urbano hay cantidad de curanderos o etnomédicos, que ofrecen sus variados remedios para toda clase de enfermedades o síntomas. En todos los mercados populares, pequeños o grandes hay numerosos vendedores o vendedoras de plantas medicinales, frescas o secas, en polvo o trituradas, que pueden informar competentemente de la utilización de sus productos para las enfermedades más corrientes, especialmente cuando se trata de las afecciones de los bebés.
Al margen de estas alternativas se sitúa la acción original de PHYTOSALUS, cooperativa de herboristería fundada por mí en 1993 pero que funcionaba realmente desde hace unos años atrás. La cooperativa ofrece actualmente cerca de 140 especialidades, confeccionadas todas a partir de especies vegetales locales y diseñadas para combatir específicamente parásitos, bacterias, virus; para regenerar órganos o sistemas; o para potenciar funciones.
Nuestra experiencia prueba que es posible lanzar una farmacopea local eficaz y a precios asequibles que pemitiría a la gente ser tratada contra el 90% de sus enfermedades, economizando las escasas divisas de estos países.
La depauperación de muchos países africanos favorece la investigación sobre las posibilidades, a veces muy importantes, de la farmacopea local. Así en Senegal funciona un gran Centro de psiquiatría donde trabajan conjuntamente médicos modernos y tradicionales. En Mali se han introducido en un hospital del sur, más de 50 remedios tradicionales. Y en Costa de Marfil se han comenzado a impartir en la Universidad, cursos sobre etnomedicinas.
Un servidor que ha trabajado más de 20 años a la promoción de la medicina africana, ve con esperanza el día en que las medicinas ancestrales sean estudiadas y aplicadas para el conjunto de la población. Los Gobiernos, ante el clamor popular, se ven obligados a tolerar el auge de estas medicinas, bien que la LEY oficial hecha por europeos para favorecer a intereses capitalistas, no lo permiten. Es un tira y afloja entre la medicina «científica» y la tradicional, entre el médico académico y el curandero, entre una concepción materialista y espiritual. 
La mayoría de las consultas que atiende el personal de MSF están directamente relacionadas con la falta de condiciones adecuadas en los campos de refugiados. Por ejemplo, en el centro de salud de Mbéra, en Mauritania, 4 de cada 10 personas presentan infecciones respiratorias, y 2 de cada 10, diarrea. El resto son en su mayoría casos de infecciones cutáneas y de desnutrición infantil. Desde que empezó su intervención en Mauritania, MSF ha realizado más de 11.700 consultas médicas y ya ha tratado a más de 500 niños desnutridos.

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