jueves, 6 de diciembre de 2012

Revisionismo histórico y negacionismo

Revisionismo histórico y negacionismo

El revisionismo histórico es el estudio y reinterpretación de la historia. Tiene un uso académico legítimo y otro peyorativo. Su uso académico se refiere a la reinterpretación de hechos históricos a la luz de nuevos datos, o nuevos análisis más precisos o menos sesgados de datos conocidos. Su uso peyorativo se refiere a la manipulación de la Historia con fines
políticos, prescindiendo del método científico y la revisión por pares, y por ello en este caso se considera una práctica pseudocientífica (véase por ejemplo el negacionismo).
El revisionismo presupone que entre los historiadores, o el público general, existe una forma generalmente aceptada de entender un acontecimiento o un proceso histórico y que hay razones para ponerla en duda. Esas razones pueden ser de distinto tipo: la puesta en valor de nuevos documentos, el cambio de paradigma historiográfico; o también el cambio de los valores desde los que se observa el pasado. En los casos de revisionismo no académico o pseudocientífico suele acusarse a quien lo practica de dedicarse al uso político de la historia y de no respetar la neutralidad y el espíritu crítico en la relación con las fuentes considerados básicos en el trabajo del historiador.

En el ámbito académico, la revisión de las formas de entender el pasado forma parte de la tarea del historiador profesional. Una de las grandes polémicas revisionistas vino con el segundo centenario de la Revolución francesa, con la llamada querella de los historiadores. Las explicaciones estructurales y marxistas de la década de 1960 fueron puestas en duda por historiadores que enfatizaban las decisiones políticas y la ideología, y que colocaban al terror como su motor explicativo. A partir de esta polémica ha sido habitual en algunos ámbitos académicos denominar revisionistas a los historiadores que utilizan explicaciones de los procesos históricos en términos de cultura política, ideología y decisión, en vez de estructuras sociales y condicionantes económicos.
En el mundo anglosajón y en menor medida el francófono es muy común que la palabra revisionismo aparezca en el título de obras académicas haciendo referencia a su sentido más literal. Por ejemplo, S.P. MacKenzie, un historiador militar estadounidense, se sintió incómodo con el trato que la historiografía daba al compromiso de los soldados con la causa en los ejércitos revolucionarios. Ya fuese el ejército puritano de Cromwell, el de la leva en masa de la Revolución francesa, el Ejército Libertador de Simón Bolívar, las Brigadas Internacionales en la guerra civil española, o las Waffen SS de la Alemania nazi durante la Segunda Guerra Mundial, le pareció que en demasiadas ocasiones se atribuían sus buenos resultados militares al compromiso ideológico de los soldados y no a su número, su armamento, o a la pericia de los oficiales. Emprendió entonces una tarea revisionista: se documentó sobre esas unidades militares y su comportamiento en diferentes batallas, victorias y derrotas, y lo comparó con el de las unidades regulares. El resultado le pareció inequívoco: los historiadores en muchas ocasiones habían atribuido los éxitos militares de esas unidades al compromiso de los soldados, aunque la comparación sistemática muestra que en circunstancias similares un ejército regular hubiese vencido de la misma manera.

A veces, el simple paso del tiempo permite cambiar la perspectiva a la comunidad historiadores, pues un punto de llegada diferente invita a evaluar de forma nueva la trayectoria histórica pasada. Por ejemplo, parte de la historia económica y política española de la década de 1960 comparaba la España de Franco con las democracias europeas y veía la trayectoria del país desde siglo XIX como un fracaso: fracaso de la industrialización, fracaso del liberalismo político. Durante la década de 1990, desde los mismos valores se podía mirar al pasado, en especial al período de la restauración (1874–1923) y encontrar muchos rasgos positivos que permitieron desembocar a finales del siglo XX en una democracia avanzada. En vez de buscar en la historia los elementos que explicaban el punto de llegada «fracaso» (como la inexistencia de una revolución burguesa), algunos historiadores revisaron la historia y buscaron precursores del «éxito» (Como la práctica parlamentaria casi ininterrumpida entre 1834 y 1923). Estos cambios de interpretación suelen venir acompañados de controversia historiográfica dentro del mundo académico.
El revisionismo no académico y pseudocientífico

Por otra parte, la actividad de revisar el pasado la puede practicar cualquier periodista o investigador aficionado y, salvo en casos excepcionales, está protegida por la libertad de pensamiento y expresión. Además, como la historia es un terreno fecundo para la controversia política y en muchas ocasiones la legitimidad de apuestas políticas del presente se fundamenta en trayectorias históricas del pasado, la revisión histórica puede estar cargada de polémica. (v. Uso político de la historia). Casos famosos, como el del Negacionismo del Holocausto (que niega la existencia de un plan para el exterminio de los judíos en la Alemania Nazi), han dado lugar a legislación en algunos países que tratan esa versión de la historia como delito, considerando que se trata una de «una mentira deliberada, con fines políticos, que no tiene nada que ver con interpretar la evidencia histórica y, en cambio, se aproxima a la apología de un régimen criminal».
En ocasiones, las fronteras entre el revisionismo académico y el seudocientífico son objeto de disputa. A priori, los revisionistas externos al mundo académico pueden hacer un trabajo excelente en términos historiográficos. Del mismo modo, un historiador académico puede trabajar fuera del canon historiográfico y convertirse en una suerte de revisionista no académico. Sin embargo, los revisionistas que han alcanzado mayor resonancia en la opinión pública normalmente se han beneficiado más de la existencia de un público o grupo mediático ávido de polémica, que no de una aportación original al conocimiento histórico. La figura del revisionista no académico suele presentarse como un Quijote que se esfuerza por hacer aparecer una supuesta verdad frente a un establishment que le margina. Algunos editores de historiadores académicos también han descubierto que entrar en polémica con estas figuras mediáticas les sirve para vender más libros.

Las críticas al revisionismo no académico desde la historiografía profesional suelen hacer referencia su carácter seudocientífico, por la utilización fraudulenta de los mecanismos de verosimilitud con los que se construye un discurso histórico:
* Utilización acrítica de documentos.

* Uso de citas falsas o forzadas.

* Falta de contextualización o desvalorización caprichosa de información relevante.

En contrapartida, las críticas a la historiografía académica suelen aducir que ésta nunca ha estado libre de prejuicios ideológicos, y que, por otra parte, cuando se construye como discurso científico neutro no suele interesar al público general y falla en su compromiso cívico.
Corrientes principales de revisionismo histórico

Argentina
En la Argentina, el revisionismo histórico, muchas veces actuando como sostén intelectual del peronismo, se centró en la reivindicación de la figura de Juan Manuel de Rosas y otros caudillos, enfrentándose con la historiografía oficial fundada sobre la obra de Bartolomé Mitre. Esta corriente es también muy crítica de la posición argentina durante la Guerra de la Triple Alianza. Entre los historiadores revisionistas se destacan José María Rosa, Manuel Gálvez, Raúl Scalabrini Ortiz, Milcíades Peña, Rodolfo Puiggrós, Abelardo Ramos, Fermín Chávez, Norberto Galasso, etc.

España
En España, durante la década de los 60 del pasado siglo se empezó a cuestionar la interpretación oficial sobre la Guerra Civil Española (la guerra como «Cruzada» y la sublevación como «Alzamiento nacional») y la década de 1930 empezó a ser tratada como objeto de la historia y no de la propaganda política. Durante la Transición, la concepción de la Guerra Civil como producto de una rebelión militar contra el régimen democrático legítimo (la II República) se convirtió en una versión consensuada, que a su vez sería puesta en cuestión por escritores revisionistas a finales de los años 90. Estos revisionistas afirman que la Guerra Civil Española comenzó en 1934 y no con el Pronunciamiento del 17 y 18 de julio de 1936. Dicha tesis arguye que la izquierda, en particular el PSOE y ERC, conspiró contra la legalidad republicana para imponer un régimen revolucionario que aplastara a la derecha. Según los autores revisionistas, estas intenciones se materializarían en la Revolución de 1934 tras la no aceptación por la izquierda de la victoria de la derecha en las elecciones de 1933, lo que habría motivado y justificado una reacción en respuesta: la sublevación militar del 18 de julio de 1936. Los escritores Pío Moa y César Vidal son los más conocidos difusores de esta corriente, apoyada también por Stanley G. Payne. Una mayoría de historiadores como Paul Preston, Javier Tusell o Ian Gibson se oponen a este revisionismo, amen de negarle originalidad al señalar que recupera argumentaciones franquistas. Más allá de los orígenes de la Guerra Civil, puede decirse que también ha habido una revisión del uso político de la historia en los libros escolares del franquismo.

Estados Unidos
Otros casos de revisionismo histórico son los grupos afrocentristas norteamericanos, con teorías como un Egipto clásico de raza negra, implicando que la cultura europea tiene su origen en profundas raíces africanas.

México
En México, se considera revisionista a Salvador Borrego E., cuyas obras (por ejemplo, Derrota Mundial, América Peligra e Infiltración Mundial) han recibido fuertes críticas por su presunto antisemitismo debido a que coloca a los capitales e ideología judía internacional como los causantes de la Segunda Guerra Mundial.

Unión Soviética
En la antigua Unión Soviética, durante el gobierno de Stalin se produjeron diferentes movimientos revisionistas para ignorar o minimizar hechos desagradables del pasado en diferentes actos de propaganda.

Negacionismo del Holocausto
El negacionismo del Holocausto, surgido prácticamente desde el fin de la II Guerra Mundial, es una corriente pseudocientífica que sin la rigurosidad académica del revisionismo histórico cuestiona la realidad acerca del exterminio judío. Actualmente ésta corriente es considerada un crimen en varios países, entre ellos Alemania, Francia,

Negacionismo
El negacionismo es la distorsión ilegítima del registro histórico de tal manera que ciertos eventos aparezcan de forma más favorable o desfavorable, mientras que el revisionismo histórico se ocupa de la corrección legítima del conocimiento existente sobre un evento histórico. Este artículo se centrará únicamente en el primero, i.e. el tipo ilegítimo que constituye la negación de los crímenes históricos: el negacionismo.

A diferencia de la propaganda, que apela a las emociones, el negacionismo apela al intelecto, usando varias técnicas ilegítimas para proponer un punto de vista. Estas técnicas incluyen presentar como documentos genuinos a unos falsos, inventar razones ingeniosas, pero no plausibles para desconfiar de documentos genuinos, atribuir sus propias conclusiones a libros y otras fuentes que digan lo contrario, manipular series estadísticas para apoyar sus puntos de vista y traducir mal deliberadamente textos en otros idiomas.
Ejemplo notorios de revisionismo histórico ilegítimo (negacionismo) lo constituyen el negacionismo del Holocausto y el negacionismo turco del holocausto armenio. El negacionismo es también utilizado por grupos de odio en Internet y sus efectos pueden encontrarse descrito en la literatura (por ejemplo, en la novela 1984 de George Orwell). En algunos países, el negacionismo de ciertos eventos históricos es considerado un delito.

En India, los historiadores con credenciales académicas impecables y reconocimiento internacional, como R.S. Sharma, Romila Thapar, Bipan Chandra, Satish Chandra y Gurú Arjan, cuyos libros de texto han sido utilizados en las escuelas por un largo tiempo, han estado bajo un ataque virulento por parte de los comunalistas y sus libros fueron distorsionados o retirados debido a la presión política.
El "revisionismo histórico" puede ser usado como una etiqueta para describir los puntos de vista de historiadores autodidactas o disidentes que publican artículos que deliberadamente tergiversan y manipulan la evidencia histórica. Algunos de estos historiadores, como David Irving, un defensor del negacionismo del Holocausto, se han denominado a sí mismos revisionistas históricos. Esta etiqueta ha sido utilizada de forma peyorativa para describir a estos historiadores criticando su trabajo.

Las motivaciones de los negacionistas pueden ser diversas. En el caso de la negación del genocidio judío por los nazis, las razones parecen ser principalmente el antisemitismo y la voluntad de defender -incluso negando la realidad de los hechos- al régimen nazi y a sus colaboradores (como la Francia de Vichy). Así, se han publicado historias populares que desafían la posición generalmente aceptada de un período dado, como es el caso del Holocausto. Para ello, minimizan su magnitud y encubren otros crímenes de guerra nazi, mientras que hacen hincapié en el sufrimiento de las poblaciones del Eje en manos de los Aliados, subrayando que los aliados cometieron también crímenes de guerra.
La negación de un genocidio (Holocausto, genocidio armenio, genocidio de Ruanda, etc.) busca de hecho obtener un sobreseimiento para lo que es admitido como un crimen y retirar a las víctimas o a sus deudos todo derecho a reparación alguna (en ausencia del crimen, no existen ni criminales ni víctimas). El negacionismo puede así servir para proteger tanto a los actores de un genocidio, como a sus cómplices y herederos ideológicos.

Las tesis negacionistas se fundamentan muy a menudo en hechos maquillados o en la omisión deliberada de elementos de cargo. En consecuencia, se estima que sus tesis son producto de extremistas y falsificadores, con el fin de mostrar determinado hecho criminal como socialmente aceptable en su contexto.
Ejemplos similares pueden presentarse en el otro extremo de la escala política, cuando los estalinistas y maoístas intentan (al igual que los revisionistas antisemitas) encubrir o minimizar atrocidades mayores llevadas a cabo bajo algunos de estos regímenes. Es el caso del Gran Salto Adelante de Mao donde hasta 43 millones de personas murieron de hambre, los Killing Fields de Camboya, el Gulag en la Unión Soviética o el Holodomor contra el pueblo ucraniano. 
En un principio los negacionistas se hacían llamar revisionistas del Holocausto (concepto extraído del revisionismo histórico). En las primeras décadas posteriores a la guerra, las comunidades judías decidieron no dignificar aquellos presuntos estudios revisionistas con una respuesta, creyendo que contestar sólo llevaría a este grupo a una mayor credibilidad. Más tarde, y con cierta resistencia por parte de la comunidad judía, la historiadora estadounidense Deborah Lipstadt los denominó negadores del Holocausto, ya que, desde su punto de vista, no estaban “revisando” la Historia, sino más bien, negando lo innegable. A partir de entonces se adoptó el términonegacionismo, que los negacionistas todavía rechazan, por considerarlo despectivo, además de que opinan que esta expresión supone que niegan categóricamente los hechos que abordan, es decir, sin investigaciones, ni pruebas que respalden su postura. En compensación por el uso de este término, los negacionistas se refieren como exterministas o exterminacionistas a aquellos que apoyan o acreditan la evidencia histórica del Holocausto.
Pese a estas objeciones, los historiadores académicos no suelen aceptar el término revisionismo del Holocausto aplicado al negacionismo, para establecer diferencias con respecto al legítimo revisionismo histórico que, a diferencia del negacionismo, sí se adecua a los estándares académicos, a las pruebas disponibles y a la metodología científica. La negación del Holocausto es conocida como “negacionismo” siguiendo el término francés négationnisme, propuesto por Henry Rousso en The Vichy Syndrome (Cambridge: Harvard University Press, 1991). Los negacionistas intentan reescribir la historia, minimizando, negando o simplemente haciendo caso omiso de hechos esenciales. Según Jacques Derrida:
En términos generales, el “revisionismo” de la historia es el intento de crítica a los dogmas establecidos, una crítica que no puede de ninguna manera incluirse en el tipo de negacionismo que intenta negar la realidad de hechos reconocidos. 
Según Koenraad Elst:
Negacionismo significa la negación histórica de los crímenes de lesa humanidad. No se trata de una reinterpretación de los hechos conocidos, sino la negación de los hechos conocidos. El término Negacionismo ha ganado popularidad como el nombre de un movimiento que niega un crimen de lesa humanidad, el genocidio nazi de los Judíos en 1941-45, también conocido como el holocausto (griego: sacrificio de fuego) o la Shoah (hebreo: catástrofe). El negacionismo es mayoritariamente identificado con el esfuerzo de re-escribir la historia de tal manera que el hecho del Holocausto se omita. 
Los historiadores académicos señalan, además, que el Holocausto ha sido objeto de numerosas visiones y revisiones luego de la Segunda Guerra Mundial, tanto en el campo de la inves­tigación académica como en los programas oficiales de educación, por lo cual, el revisionismo histórico no debe confundirse con la corriente conocida en círculos académicos como la negación del Holocausto. Esta situación la comparte con otros genocidios que experimentado su “negación”, como el armenio y el de los gitanos durante la Segunda Guerra Mundial.



Los estudios acerca de los argumentos del negacionismo han revelado que el antisemitismo ha sido el más importante motor del negacionismo desde sus inicios. Los historiadores sostienen que los primeros negacionistas fueron los propios nazis, a partir de evidencias documentales de que Heinrich Himmler ordenó a sus oficiales que destruyesen grabaciones, instalaciones y otras evidencias que delataban el exterminio masivo de seres humanos, cuando la derrota de Alemania era inminente y los líderes nazis se percataron de que serían capturados y llevados a juicio. Al finalizar la guerra, muchos de los líderes nazis abandonaron Alemania y comenzaron a promover material de propaganda propiamente negacionista que les exculpase, ofreciendo una imagen positiva del nazismo. Otros más consideran a Hermann Göring como el primer negador del Holocausto, ya que durante los Juicios de Nüremberg negó toda acusación relativa a un genocidio.
El testamento de Hitler fue:
una justificación del asesinato en masa y, al mismo tiempo, también fue el primer acto de negación de la existencia del Holocausto: su guerra contra los judíos había sido, según su apreciación, un acto de autodefensa «contra los envenenadores de todos los pueblos del mundo»; él nunca había buscado otra cosa que la paz, y fueron los «financieros internacionales» quienes lo habían obligado a ir a la guerra; gasear y fusilar a los judíos había sido una respuesta a los bombardeos aliados sobre Alemania, unos ataques que, según la visión del mundo de los nazis, eran un acto de agresión «judía» contra la humanidad aria.
Negacionismo del cambio climático
Incapaces de demostrar sus argumentos en las publicaciones y foros científicos correspondientes, los negacionistas del cambio climático hace tiempo que optaron por la guerra sucia. De ninguna otra manera puede calificarse el robo de cientos de emails de la Universidad de East Anglia, a los que ahora se agarran para seguir diciendo lo que siempre dijeron: que podemos seguir quemando combustibles fósiles tranquilamente. 
 Nada de lo ocurrido con el robo de los correos es sorprendente. El negacionismo es un movimiento perfectamente organizado, que defiende unos intereses concretos -los de la industria de los combustibles fósiles -que lo financia generosamente. Hay numerosos informes, por ejemplo, que han mostrado la financiación por parte de algunos gigantes petroleros, como Exxon, de los principales think-tanks del negacionismo. Sus tácticas son conocidas. Se conoce su origen, y las instituciones norteamericanas que los promueven.

Era esperable que, a las puertas de la cumbre de Copenhague, una cita acordada por los gobiernos hace dos años en Bali, para firmar un nuevo acuerdo contra el cambio climático, se sufrirían ataques como el sufrido por la Universidad de East Anglia. Unos correos robados no valdrían como prueba de nada en un juicio, pero el negacionismo ya ha condenado a todos ellos, a la Universidad y de paso a la acción humana sobre el clima.

Sin embargo, los ataques contra las personas son la norma en el negacionismo. Nuevamente la falta de argumentos se suple con la descalificación. En España los hemos vivido en primera persona. Algunos ejemplos destacados son el periodista Gustavo Catalán, quien fue víctima de una campaña de descalificaciones permanentes en Internet, por el mero hecho de informar sobre el cambio climático; el catedrático Antonio Ruiz de Elvira, que es sacudido un día sí y otro también; y así sucesivamente. Cualquier persona o institución que denuncia las consecuencias de la acción humana sobre el clima es, simplemente, denostada desde el anonimato en el que se esconden muchos a través de Internet.

Así están las cosas. Pero la respuesta es muy simple: en vez de robar correos ajenos, investiguen ustedes y demuestren sus teorías. Hasta entonces, dejennos en paz. Gracias.
Fuentes
wikipedia

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