miércoles, 5 de diciembre de 2012

Las mujeres americanas luchan por sus derechos

Abigail Adams
Desde el nacimiento de la nación, hubo mujeres americanas abogando por la igualdad de derechos. Aun cuando las mujeres no fueron capaces de votar antes de 1920, pioneras como Abigail Adams estaban enfatizando los derechos de las mujeres desde el siglo 18.

Las mujeres norteamericanas estaban ya abogando por sus derechos en 1776, cuando Abigail Adams escribió a su marido John Quince Adams pidiéndole que “recordara a las damas” mientras trabajaba en la Declaración de la Independencia en Filadelfia. Adams y otras feministas debían moverse en el marco cultural que específicamente asociaba a las mujeres con la esfera del hogar y definía los papeles femeninos y masculinos claramente. El panorama social y cultural de la era sería conocido más tarde como el “Culto a la Domesticidad.”

Para 1848, una tormenta se estaba formando: la Declaración de Sentimientos, escrita en la Convención de Seneca Falls por Elizabeth Cady Stanton y Lucretia Mott, preparó el escenario para una serie de documentos y eventos que llevaron al sufragio universal. Este documento fue formulado luego de la Declaración de Independencia para ilustrar la necesidad de igualdad de derechos entre todos los ciudadanos norteamericanos, y refleja la totalidad de la historia femenina hasta ese momento: “La historia de la humanidad es una historia de repetidas heridas y usurpaciones de parte del hombre hacia la mujer, teniendo como objeto directo el establecimiento de una tiranía absoluta sobre ella.”

Los próximos pasos se tomaron en 1854, cuando las mujeres del Estado de Nueva York firmaron la Petición de Derechos Femeninos asegurando que “el que los hombres gobiernen a las mujeres, sin consentimiento pedido u otorgado, es perpetuar la aristocracia, y es completamente hostil a los principios y el espíritu de las instituciones libres.”

El movimiento siguió ganando fuerza a través de los años, hasta que una Enmienda Constitucional otorgó a las mujeres el derecho de sufragio en 1920.

El movimiento de sufragio femenino fue creado y mantenido por mujeres dispuestas a luchar contra las injusticias profundamente arraigado en la sociedad y dado por sentado por muchos norteamericanos. Susan B. Anthony fue especialmente activa en su cruzada por los derechos femeninos: en 1872, entregó un voto “ilegal” en una elección presidencial, fue multada y se rehusó a pagar la multa.

Al año siguiente, Anthony pronunció un controversial discurso en defensa de sus acciones, que está citado en la Constitución. Anthony argumentó que “la oligarquía de género, que hace que los padres, esposos, hermanos e hijos sean oligarcas sobre las madres, hermanas, esposas e hijas de cada hogar – y ordena que todos los hombres sean soberanos y todas las mujeres súbditos, trae disensión, discordia y rebelión a todos los hogares de la nación.”

Algunas feministas tempranas tuvieron que dar una lucha particularmente dura para asegurar sus derechos. Sojourner Truth, una mujer afro-americana nacida en 1797, explicó las magnificas injusticias de su situación como mujer de color. Durante una Convención por los Derechos Femeninos en Akron, Ohio en 1851, Truth pronunció un discurso que enfatizaba que si bien no tenían derechos iguales a los de los hombres, las mujeres blancas tenían ventajas y eran ofrecidas privilegios que jamás estarían al alcance de las mujeres de color. Este discurso, titulado “Ain’t I a Woman?” (“¿No soy yo una mujer?”) fue un importante desarrollo tanto para el movimiento anti-esclavitud como para el movimiento por los derechos femeninos.

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