sábado, 15 de diciembre de 2012

Explosión armada en el Congo

La retirada de los rebeldes congoleños tutsis de la estratégica ciudad oriental de Goma, que ocuparon el 20 de noviembre en una operación relámpago, es solo un episodio menor en el tablero de una guerra colosal en el centro de África que ha causado más de cinco millones de muertos y que nunca se ha extinguido, pese a darse por finalizada en 2003. La permanente desestabilización de la región no puede ser entendida sin enraizarla en el genocidio contra la minoría tutsi ocurrido en Ruanda hace casi dos décadas. Pero más allá de hondos agravios étnicos y políticos o el temor de Ruanda a que sus enemigos hutus se hagan fuertes al otro lado de la frontera está el hecho de que el Congo oriental, la región de Kivu, de la que Goma es centro neurálgico, alberga una concentración incomparable de minerales estratégicos cuyo control implica poder y riqueza y que suscita la codicia de Ruanda, pero también de Uganda.
El Congo, con las dimensiones de Europa occidental, es un gigante con los pies de barro. La corrupción generalizada, la discutida legitimidad del presidente Joseph Kabila, pese a ganar las elecciones del año pasado, y la indisciplina de sus Fuerzas Armadas agravan la situación y explican que su pequeño vecino Ruanda, bajo el puño de hierro del presidente Paul Kagame y con un ejército organizado, se haya convertido en el cerebro y sostén directo de las milicias rebeldes congoleñas, según evidencia incontestable de un informe reciente de la ONU que Kigali rechaza furiosamente. El deslizamiento hacia el abismo del Congo oriental se ve favorecido por la inoperancia de las fuerzas de la ONU allí desplegadas, más de 8.000 soldados, en supuesta y carísima misión pacificadora, humillados por la fulgurante toma de Goma (un millón de habitantes) por los insurgentes tutsis congoleños del M23, ahora simbólicamente retirados a 20 kilómetros.
La explosiva situación acarrea el inadmisible riesgo de desatar una nueva guerra a gran escala en una región donde se han producido, en medio de una pavorosa indiferencia occidental, algunas de las mayores atrocidades de nuestra era. No basta con que algunos países desarrollados congelen su ayuda a Kigali. El Consejo de Seguridad de la ONU, en el que Ruanda tiene ahora un asiento, está obligado a abandonar su complaciente somnolencia y poner coto inmediato a la injerencia criminal del presidente Kagame.

Claves del conflicto

El avance de la guerrilla del M23 en el este de Congo, includo con la captura de Goma, capital de la provincia congoleña de Kivu Norte, ha elevado la intensidad del conflicto en la frontera con Ruanda. Estas son las principales claves para comprender la guerra que está desolando el este del país africano y empujando a cientos de miles de ciudadanos a abandonar sus hogares:

¿Quiénes forman parte de la guerrilla del M23?

El Movimiento del M23 es la milicia rebelde más estructurada y bien armada de los Kivus, las provincias más afectadas por la guerra en el este de Congo, donde operan decenas de grupos armados. Nace el pasado mes de abril tras un proceso de integración fallido. Sus miembros y oficiales son antiguos milicianos de la poderosa guerrilla de Laurent Nkunda, el CNDP (Congreso Nacional para la Defensa del Pueblo), que el 23 de marzo de 2009 aceptaron unirse al Ejército nacional tras un acuerdo de paz. Es esta fecha la que da nombre al movimiento, M23.
Después de tres años integrados en el Ejército nacional, centenares de insurgentes se amotinaron y volvieron a alzarse en armas, al considerar no respetadas las condiciones del acuerdo. Dos conocidos exrebeldes lideraron las defecciones: Bosco Ntaganda, alias Terminator y Sultani Makenga.
Tanto el CNDP de Nkunda como el rebautizado M23 están acusados de contar con el apoyo económico-militar de Ruanda e incluso de responder a sus órdenes. El último informe de los expertos de Naciones Unidas implica al mismo ministro de Defensa ruandés, James Kabarebe, y a otros oficiales del Ejército. Uganda, que también hace frontera con Congo y país desde donde el M23 empezó la ofensiva, aparece asimismo en el informe como presunto colaborador del movimiento.
Durante los tres años que los insurgentes estuvieron en el Ejército nacional sus comandantes mantuvieron mandos paralelos, gozando del control de minas importantes en la región.

El avance del M23

-Principios de abril 2012: Bosco Ntaganda, alias Terminator, se amotina junto a unos centenares de sus fieles.
-Abril 2012: Se crea el M23.
-Julio 2012: Primera gran ofensiva. Toman el control de parte de la provincia de Kivu Norte. Ocupan la importante ciudad de Rutshuru.
-Noviembre 2012: El Ejército congoleño ataca a los rebeldes y ellos reaccionan avanzando posiciones. Bajan hasta las puertas de la capital provincial e importante núcleo comercial, Goma, que hace frontera con Ruanda.
-18 noviembre 2012: El M23 llega a las puertas de la capital provincial y se ofrece a negociar con el Gobierno. Kinshasa se niega.
-20 noviembre 2012: El M23 entra y ocupa Goma.

¿Quiénes son sus líderes?

Su líder de facto es Ntaganda, aunque el M23 ha querido difuminarle de su imagen pública. El pasado y el estatus de Terminator no es la mejor promoción para un movimiento que, según su presidente, Jean-Marie Runiga Lugerero, quiere “dar voz a los que no la tienen, no solo en el este de Congo, sino en todo el país” y cuya razón de ser -al menos oficial- es luchar “contra el mal gobierno y la corrupción a ultranza”.
Terminator ha combatido en varias milicias tanto ruandesas como congoleñas desde los años 90. De origen ruandés, cruzó a Congo de adolescente, pero pronto volvió a irse para alistarse a la entonces rebelión tutsi ruandesa (Frente Patriótico Ruandés) que llegó al poder tras el genocidio y que estaba liderada por el que ahora es presidente ruandés, Paul Kagame.
Más tarde, en Congo, Terminator luchó al lado de Thomas Lubanga, el primer condenado por la Corte Penal Internacional (CPI). Terminator acumula varios episodios violentos recordados por la población en distintas provincias y actualmente él mismo tiene una orden de arresto de la CPI. La justicia internacional le busca desde 2006, por reclutar a niños, pero el pasado mes de mayo, tras el juicio de Lubanga, le añadió cargos de violación, asesinato y persecución étnica.
Terminator fue el número dos de la guerrilla de Nkunda antes de acogerse a la integración con el Ejército nacional. Con este proceso, Terminator no solo logró que se aparcara su orden de arresto sino que obtuvo además el rango de general en el Ejército y la inmunidad de facto.
Sus buenos contactos a ambos lados de la frontera, en Congo y Ruanda, y su rango facilitador le han permitido lucrarse con el tráfico de minerales salientes de las minas que sus fieles militares, con un uniforme u otro, le han gestionado. Terminator estaba al cargo de las tropas que, en 2008, cometieron la masacre de Kiwanja, durante la que fueron asesinadas unas 150 personas.
Pero oficialmente, el presidente del movimiento del M23 es el obispo Jean-Marie Runiga Lugerero y el jefe militar de su brazo armado es Sultani Makenga. El brazo armado del M23 es el Ejército Revolucionario Congolés (ARC, en sus siglas en francés), aunque todo el mundo les sigue llamando M23.

Las raíces del M23: el déjà vu

El predecesor del M23, el CNDP, ya controló buena parte de Kivu Norte entre 2005 y 2009. En 2008 lanzaron una gran ofensiva que llegó a las puertas de Goma. Desde allí forzaron negociaciones con el Gobierno. Su líder era entonces el carismático Laurent Nkunda que, paradójicamente, fue detenido por las fuerzas ruandesas (las mismas que están acusadas de apoyarles). Desde entonces, Nkunda ha permanecido en arresto domiciliario en Kigali, la capital de Ruanda, en casa de sus presuntos aliados.
Los comunicados del M23 siguen marcados también con las siglas del CNDP. Y muchos de los líderes y administradores del movimiento son los mismos que en 2008.

¿Qué une a Ruanda con la rebelión?

La población civil de Kivu Norte ha descrito en varias ocasiones la entrada de tropas ruandesas en sus montañas. Así mismo lo denuncia el informe de los expertos de Naciones Unidas, que acusa Ruanda de dirigir la rebelión, reclutar efectivos e incluso participar en las ofensivas con sus tropas y armamento.
Desde 1994 Ruanda y el este de Congo han estado vinculadas. El genocidio ruandés provocó la huida masiva de refugiados y criminales ruandeses a Congo. Las tropas ruandesas quisieron perseguir a los perpetradores y desde entonces han pisado terreno congoleño con asiduidad. En el 97 entraron con Kabila padre para ayudarle a tomar el poder en Kinshasa. La guerra mundial africana, como se le ha llamado a la guerra del este de Congo, se ha desarrollado siempre con la importante presencia de agentes ruandeses y ugandeses, ambos aliados clave de Estados Unidos en la región.

El conflicto: el peor del mundo

El conflicto de Congo es el más mortífero del mundo. Han muerto cinco millones de personas y, aún así, sigue siendo el paradigma de conflicto olvidado. Al este de Congo se le llama la capital del mundo de las violaciones, por la absurda epidemia de delitos sexuales que ha crecido con la guerra.
Al conflicto se le ha conocido como “guerra mundial africana”, por la implicación directa de varias naciones africanas y la más sutil pero igualmente potente de Europa y Estados Unidos.

La región y sus minerales

El este del Congo es rico en estaño, tántalo, tungsteno y oro, todos ellos considerados minerales de sangre, usados en los aparatos de nueva tecnología, como ordenadores, teléfonos inteligentes (iPhones, blackberries). Los minerales se extraen de las militarizadas minas del este de Congo y transitan a través de Ruanda antes de ser exportadas al resto del mundo.
El Grupo de expertos de Naciones Unidas estima que entre 50 y 60 toneladas son producidas cada mes, aunque las estadísticas oficiales muestran que solo cinco toneladas fueron exportadas durante el segundo trimestre de 2012. Las cifras muestran la enorme dimensión del tráfico ilegal.

Naciones Unidas y Congo

Durante años, la misión de paz de Naciones Unidas en Congo (MONUSCO) ha sido la más numerosa del mundo, solo superada recientemente por el despliegue en Darfur. El Grupo de expertos de Naciones Unidas publicó el pasado 21 de noviembre su informe sobre la región, muy duro y claro con la implicación de Ruanda en el conflicto, acusando al país liderado por Paul Kagame de apoyar y dar órdenes a los rebeldes del M23.
Aún así, Naciones Unidas aprobó en octubre que Ruanda fuera uno de los cinco nuevos miembros no permanentes del Consejo de Seguridad. Desde el próximo 1 de enero, Ruanda ocupará el escaño africano del Consejo, por un periodo de dos años. El Consejo de Seguridad de Naciones Unidas es el único órgano con poder ejecutor, es decir, el único cuyas decisiones los Estados miembros están obligados a cumplir.

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