viernes, 30 de noviembre de 2012

Escenario social actual y subjetividad

El objetivo de este trabajo es pensar sobre cómo y cuánto es afectada nuestra subjetividad en el contexto social actual.
Pensamos la subjetividad como: sujetos de una historia, produciéndonos en un devenir, con otros, afectados por el entorno, cambiantes, en continuo movimiento, tanto enriquecidos por avances científicos y tecnológicos como empobrecidos con prácticas des-humanizantes.
Tomamos las siguientes variables: la vertiginosidad, el hiperconsumo, la violencia social y la inseguridad para profundizarlas y discutirlas con el objeto de ampliar su comprensión.
La inseguridad y la violencia, tanto real como simbólica nos producen miedo y desconfianza, la falta de ley genera un “vale todo” en nuestra convivencia diaria.
La red vincular, que nos proporciona sostén, se ve amenazada, se debilita, aparece el temor a la pérdida y nos lleva a preguntarnos “¿qué quiere el otro de mí?” (García Reinoso, G. 1995).
En este escenario de labilidad vincular se puede dar una fuerte adhesividad al otro que abre la puerta al sometimiento y al maltrato, como también, puede generar conductas de aislamiento.
El concepto de autonomía está en jaque.
Por otro lado, el sistema político-económico que nos llevó a índices de desocupación sorprendentes, con la consiguiente precarización en el trabajo, sobre-ocupación y dis-ocupación: ¿cómo afectaron y afecta aún a la población?
¿Cómo afecta a los jóvenes en su capacidad de soñar un futuro?, ¿Cómo afecta al interior de las familias y a la relación de pareja esta situación laboral?
En la misma línea de afectación de la subjetividad incluimos a las nuevas tecnologías. No se trata de estar en contra de su existencia, por el contrario, las valoramos en tanto facilitan y enriquecen nuestras habilidades con su uso adecuado, lo que si ponemos en cuestión es su inadecuado y excesivo uso como también los efectos que esto produce.
También observamos cómo el mercado en su insaciable voluntad de convertirnos en consumidores tergiversa mediante la promoción y propaganda las bondades de tal o cual objeto como indispensables para nuestra existencia.
¿Será este consumo compulsivo un intento de dar sentido al sentimiento de “insignificancia” actual, un modo de construir una subjetividad protésica?
A su vez esta lógica capitalista del consumo, promueve una dialéctica de inclusión-exclusión, ya que pertenecen al sistema quienes acceden a las propuestas que el mismo sistema inviste y quedan afuera quienes no pueden acceder a ellas, dando como resultado la marginación y el aislamiento.
Dice Ana Ma. Fernández “Nada de lo social es homogéneo.
Mientras en algunos sectores sociales, el vaciamiento de sentido tiene que ser llenado desde prácticas consumistas, en otros la ferocidad capitalista que los expulsa hacia el hambre y la desocupación, hacen que la pelea cotidiana por la supervivencia constituye un pleno de sentido, el único posible”.
Ejemplo de esto es la crisis del 2001 que ha generado altos índices de desocupación y marginación, haciendo que muchos trabajadores queden excluidos del sistema y con pocas posibilidades de reinserción.
Vertiginosidad
Consiste en un registro particular del tiempo, caracterizado por inmediatez, aceleración, no demora, no capacidad de espera, sin dar lugar a los procesos. Son tiempos de simultaneidad. 
Podemos preguntarnos ¿Cómo afecta a la subjetividad esta particular significación del tiempo en el contexto actual?.
Dice Cecilia de 23 años: “tengo una relación tan particular con el tiempo, siento como si todo lo que voy haciendo ya es un recuerdo”.
Esta breve viñeta, habla del tiempo como algo evanescente que ni siquiera permite registrarlo en su aquí y ahora, casi como si el tiempo fuera un consumo más, que se tiene y se esfuma. 
Esta vertiginosidad se expresa también, en que todo es efímero y descartable, desde los electrodomésticos hasta las personas y los vínculos.
Dice Eduardo Galeano  “Me muero por decir que hoy no sólo los electrodomésticos son desechables; que también el matrimonio y hasta la amistad es descartable. Pero no cometeré la imprudencia de comparar objetos con personas. Me muerdo para no hablar de la identidad que se va perdiendo, de la memoria colectiva que se va tirando, del pasado efímero. No lo voy a hacer”.
No hay tiempo de pensarse ni de tener-se. El tiempo del ocio es un tiempo que nos caracteriza como humanos. "Es un tiempo exento de labor, dedicado a una actividad autotélica sin otra finalidad que ella misma. Es el tiempo recreativo por excelencia, el tiempo de las artes, de la política, el tiempo de la formación y el mejoramiento personal, el de la contemplación y la creatividad." (Pujo, M.)
Hoy, la tecnología, borra las fronteras entre el espacio laboral o neg-ocio y el del ocio.
A modo de ejemplo, el Blackberry, mezcla de computadora, agenda electrónica y teléfono celular, puede funcionar como una oficina móvil. Al usarla sin moderación se está a expensas de la demanda laboral a toda hora con el agravante de no preservar horas para el descanso. Se está conectado todo el tiempo.
No hay cierre y apertura de un quehacer a otro.
En referencia a estos aspectos de lo social como la inmediatez, la falta de reflexión en la vida diaria concordamos con lo que dice G. Agamben “El hombre moderno vuelve a la noche a su casa extenuado por un fárrago de sucesos.... sin que ninguno de ellos se haya convertido en experiencia. Esa incapacidad para traducirse en experiencia es lo que vuelve hoy insoportable -como nunca antes- la cotidianeidad…”
La palabra “experiencia”, según el diccionario de la Academia Real de la Lengua española es: “la práctica prolongada que proporciona conocimiento o habilidad para hacer algo”, o en otra acepción: “es el conocimiento de la vida adquirido por las circunstancias o situaciones vividas”.
El hombre actual vuelve vacío o “vaciado” a su casa.
A este contexto vertiginoso, confuso y caótico, “sin experiencia, sin representación que permita registrar una biografía” (G. Agamben) podemos asociarlo con lo que Piera Aulagnier denominaría “violencia secundaria” que produce “un ataque al pensamiento” que trasladado a lo social, provocaría que toda la sociedad esté presa de esa alienación.
Pensando en el concepto de “contrato narcisista” formulado por Piera Aulagnier,  ¿qué sucede si una de las partes del contrato, la que le incumbe al conjunto social, produce una ruptura del contrato o no da lugar al mismo?.
Si consideramos que toda persona tiene derecho a incluirse en la sociedad ¿qué sucede si desde la realidad histórico social se le transmite a un niño la posición de excluido, de explotado, de víctima?, Piera dice: “si se le niega ese derecho, debe renunciar a no ser otra cosa en su devenir, más que parte de una máquina que no oculta su decisión de explotarlo y excluirlo”.
Hiperconsumo
En cuanto a este aspecto social observamos que la respuesta de los sujetos es muchas veces reactiva al estímulo externo, con poca posibilidad de reflexión y simbolización, siendo el consumo una sobrecompensación de una vivencia de vacío e insignificancia.
Este sujeto con vivencia de vacío, con déficit en sus enunciados identificatorios, que no puede consolidar un proyecto, construye una identidad protésica mediante el consumo de objetos y tecnología buscando, tal vez, una ilusión de solidez en esta cultura líquida.
Crear necesidades es uno de los objetivos del consumo.
En esta cultura de consumos compulsivos, que actúan como supuesto “sostén identificatorio”, aparecen constantemente productos nuevos que no estaban significados y pasan a estarlo por el sólo hecho de que “es lo último que salió” o “lo que tienen todos” o “lo que nadie tiene”, imprimiéndose en el psiquismo como necesarios más allá de que aporten un real beneficio.
La capacidad simbólica de la sociedad está perturbada por el predominio del consumo.
En términos de Castoriadis,”avanza la insignificancia tomada (la sociedad) por la significación imaginaria del capitalismo”. 
Dice Galeano: “Lo que me pasa es que no consigo andar por el mundo tirando cosas y cambiándolas por el modelo siguiente sólo porque a alguien se le ocurre agregarle una función o achicarlo un poco.”
Así los objetos ligados a la electrónica invaden nuestra cotidianeidad: celulares, palm, Blackberry, Mp3 , Mp4. Ipod ,etc.; además de los ya instalados que acompañan nuestras noches funcionando como luciérnagas que están presentes en nuestra vida diaria.
Podríamos decir, con cierta ironía, que “no estamos solos”: estamos con la luz de contacto de la TV, del DVD, del estabilizador de la PC, de la impresora, del radio reloj con sus números luminosos, del celular y de las alarmas de seguridad de nuestras casas.
Lo que nos parece importante destacar es que “la nueva tecnología favorece aún mas la aceleración de la temporalidad”.
Franco Berardi hace hincapié en los efectos de lo simultáneo y no de lo secuencial, lo cual produce un cambio psíquico, lingüístico y social que no permite dar lugar temporalmente a la reflexión. (Franco, Y. Seminario 2008).
Violencia social
Así, en estos tiempos de capitalismo salvaje, todo el conjunto social aparece las más de las veces, violentado, con vivencias de vacío y de insignificancia, de “sin sentido”, produciendo un sujeto con escasa posibilidad de advenir sujeto autónomo, sin acercamiento a una real comprensión de lo que ocurre en su contexto y del impacto que causa en su subjetividad.
Esta falla en la representación y el pensamiento que describimos, da lugar, cada vez más, al despliegue de impulsividad, conductas adictivas y depositación masiva en el cuerpo de lo que no fue representado por el psiquismo.
Es ingenuo pensar que dicho sistema no intervenga en el campo de la salud mental de la población, es decir en la psicopatología de los sujetos.
Este escenario social violentado también se presenta violento en la exclusión y marginación que produce.
En el 2001 asistimos a un empobrecimiento generalizado de los sectores medios y bajos de la sociedad, muchos de los cuales volvieron a la dependencia de sus padres cuando ya habían alcanzado su autonomía.
También asistimos al deslizamiento progresivo de sectores empobrecidos y desamparados hacia la condición de indigencia.
No se trata solamente de sectores determinados, sino que en estas condiciones la sociedad toda está comprometida, sufre y siente amenazada su subjetividad.
Esto promueve la operatoria defensiva de “no ver”, o “a mí no me va a pasar” y la naturalización de la violencia social que lleva a estados de insensibilidad y no-percepción que finalmente nos desprotege.
Se ejerce violencia cuando se desconoce al “otro” en su singularidad, y se lo convierte en víctima cuando esa violencia real o simbólica es efectiva.
En cuanto al terreno político, predominan los intereses económicos y de poder más allá de las ideologías, la corrupción generalizada, la falta de ley, es una de las múltiples caras de la violencia social.
En la película “El juego del poder”, que cuenta la historia real de un diputado corrupto de los EEUU, dice el protagonista que su mayor mérito consiste en que puede negociar con todos: países de ideologías opuestas y políticos de diferentes partidos, porque todos le deben algún favor y en ese intercambio circulan armas, dinero, votos, mujeres, etc., mostrando de nuevo el todo vale imperante en el capitalismo de mercado.
En nuestros días la realidad supera al discurso.
Un político, hoy, puede fundamentar su campaña electoral con un discurso altamente opositor al gobierno y luego pasarse a las filas del gobierno, estafando la buena fe de millones de votantes.
El no poder confiar en los índices que arroja el INDEC, da como resultado el desconocimiento de varios ítems, entre otros: el índice de pobreza e indigencia que tenemos en nuestro país.
Ese dibujo oculta y desmiente la realidad social, no permitiendo tener acceso a las mediciones reales para poder actuar sobre ellas, si hubiere intención desde el poder político.
Inseguridad
Constituye otra de las caras de la violencia social y la marginación, dando lugar a la desconfianza generalizada, produciendo como resultado un mayor aislamiento social.
Así, en las calles, estamos cuidando quién se nos acerca a nuestro auto, o en las casas, con quien se conectan nuestros hijos por Internet, quién tiene nuestros datos personales, cuando por medio de la tecnología y bases de datos mediante, todos pueden tener fácil acceso a los datos de todos. El otro se convirtió en una amenaza constante de la que debemos defendernos.
Esto condiciona el modo en que vivimos, dónde vivimos, cómo nos desplazamos, con qué recaudos y garantías. A la hora de tener seguridades, ninguna es suficiente ya que los medios de comunicación nos muestran constantemente tragedias en los lugares supuestamente más protegidos que el sistema genera: countries, barrios privados y cerrados; etc.
Esta inseguridad flagrante nos genera una subjetividad en alerta constante, ya que no sabemos dónde y en qué momento se puede producir una situación violenta. 
Vivimos con “ansiedad paranoide social” o una “paranoiquización”, como dicen los adolescentes, como fenómeno subjetivo.
La falta de ley y la inseguridad pueden dar como resultado la fantasía de que una mano firme es necesaria para resolver el problema, teniendo sobrado registro en nuestra memoria colectiva de experiencias nefastas sostenidas sobre tal postulado. 
Efectos en la subjetividad
En este contexto de velocidad, hiper-consumo, violencia social, vínculos fugaces y lábiles, nos preguntamos que subjetividades se producen, nos preguntamos si las mismas son tan fragmentadas como el escenario social.
La modernidad líquida ( Z. Bauman)  impone un modo de morada en el mundo donde el des-compromiso, la evanescencia, la aceleración, lo instantáneo son valores irrenunciables para pertenecer a este mundo globalizado.
El capitalismo líquido, liviano, veloz, fluído, abjura de las instituciones y promueve un veloz movimiento de conquista y descarte del individuo. Conquista y descarte, ambos evanescentes. En este movimiento no cuentan las huellas del pasado y se hacen cada vez más inciertas las metas de realización personal.
Claro está, que en nuestros países latinoamericanos estos valores adquieren características especiales.
¿Qué sucede cuando desde el campo ideológico- socio- económico- cultural predominante no se promueve la inserción activa del conjunto de los sujetos que la integran?
Una encuesta de la Universidad de Belgrano nos muestra que hay 400.000 jóvenes, entre 15 y 24 años, que no estudian ni trabajan.
Esta impronta social da lugar a que vastos sectores de la población se vean impedidos en la consolidación de un proyecto de realización personal produciendo, de este modo, frustración, desánimo y marginación social.
No se trata de “un Malestar de la Cultura” freudiano, provocado por el disciplinamiento dentro de las instituciones sociales, se trata del capitalismo salvaje que descarta a grupos sociales por considerarlos superfluos, sin que se vislumbre una alternativa social integradora.
“La falta de inserción social del grupo familiar, o de uno de sus miembros preeminentes incrementa en el joven la violencia en el momento del pasaje del código endogámico al exogámico, violentando de este modo la capacidad de autonomía” (H. Rotemberg).
“La falta de reconocimiento del otro, la inestabilidad en el ámbito laboral recae en el seno familiar al exigirle, a su pareja, por ejemplo, el reconocimiento del que carece en el ámbito laboral” (Aguiar, E. 2003)
“El vaciado de lugares en el trabajo hace emerger vivencias de vacío y minusvalía, lo que se liga a ansiedades primitivas de desamparo y abandono que se reactualizan en los vínculos de la pareja y familia”. (Aguiar, E. 2008)
La desesperanzada vivencia de inestabilidad, desconfianza, acompañada de sentimientos de orfandad desestiman y anulan las capacidades propias de las personas. Se vive el hoy y en eso se resume la vida, el “vale todo” y “el todo ya” son tributarios de ese vivir el “ahora”, anulando la capacidad de demora y de proyecto que tenemos como humanos.
La sociedad de consumo, con artilugios cada vez más sofisticados de propaganda promueven artículos cada vez más evanescentes tentando al consumidor a comprar cada vez más compulsivamente como modo de tapar su vacío existencial, efecto evanescente también.
Un participante de un grupo de desocupados decía: “Con la permanente actualización y cambio de la tecnología se apropian de lo propio inutilizándolo y te obligan a un nuevo consumo para estar actualizado”.
Así la capacidad simbólica de la sociedad está perturbada por el predominio del consumo y por la violencia simbólica.
Se banaliza el malestar, se insensibiliza frente al sufrimiento, no hay reconocimiento del “otro”, se lo invisibiliza mediante diferentes estrategias defensivas: disociación, a mí no me va a tocar, se desmiente el registro de la percepción, se tolera por demás y se genera un mecanismo de sobreadaptación para vivir. Fuente:  www.elpsicoanalitico.com.ar

No hay comentarios:

Publicar un comentario