domingo, 25 de noviembre de 2012

El FMI: Intervenciones recientes y críticas

El Fondo Monetario Internacional o FMI (en inglés: International Monetary Fund) como idea fue planteado el 22 de julio de 1944 durante una convención de la ONU en Bretton Woods, New Hampshire, Estados Unidos; y su creación como tal fue en 1945. Sus estatutos declaran como principales objetivos la promoción de políticas cambiarias sostenibles a nivel internacional, facilitar el comercio internacional y reducir la pobreza.
Cabe destacar, además de las diferentes políticas reguladoras y conciliadoras a nivel internacional, el establecimiento del patrón oro/dólar. Dicho patrón equiparaba el valor de las divisas a una cierta cantidad de dólares pero siempre a un tipo fijo (es decir, en aquellos años no había variaciones en este aspecto entre los países regulados por el FMI) Esa medida, que es una de las causas primeras de la creación del FMI, se mantendría en vigor hasta la crisis de 1973; cuando fue derogada la cláusula que regía las regulaciones monetarias en ese aspecto.
Forma parte de los organismos especializados de las Naciones Unidas, siendo una organización intergubernamental que cuenta con 187 miembros. Actualmente tiene su sede en Washington, DC. El 28 de junio de 2011 fue nombrada directora gerente la francesa Christine Lagarde.

Otorgamiento de recursos financieros
Otorga temporalmente aquellos recursos financieros a los miembros que experimentan problemas en su balanza de pagos.
Un país miembro tiene acceso automático al 25 % de su cuota si experimenta dificultades de balanza de pagos. Si necesita más fondos, tiene que negociar un plan de estabilización. Se aspira a que cualquier miembro que reciba un préstamo lo pague lo antes posible para no limitar el acceso de crédito a otros países. Antes de que esto suceda, el país solicitante del crédito debe indicar en qué forma se propone resolver los problemas de su balanza de pagos de manera que le sea posible reembolsar el dinero en un período de amortización de tres a cinco años, aunque a veces alcanza los 15 añosDirectores gerentes del FMI
Históricamente, el director gerente del FMI siempre ha sido europeo y el presidente del Banco Mundial siempre ha sido estadounidense. Sin embargo, esta norma es cada vez más cuestionada, y la competencia para estos dos puestos puede abrirse para incluir a otros candidatos calificados de cualquier parte del mundo. Los consejeros ejecutivos, quienes conforman el director gerente, los eligen los ministros de finanzas de los países que representan.
Cada país tiene un determinado poder de voto dentro del organismo, dependiendo del tamaño de su economía (PIB), cuenta corriente, reservas internacionales y otras variables económicas. Las decisiones se toman con una mayoría calificada de 70%, aunque algunas decisiones (16 de 40) se toman con una mayoría calificada de 85%. Dado que Estados Unidos posee 16.74%, el sistema le otorga un poder de veto sobre las decisiones tomadas por el organismo financiero. En total son 24 directores ejecutivos elegidos entre los países miembros del Fondo. Solo Estados Unidos, Japón, Alemania, Francia y el Reino Unido pueden elegir un director sin ayuda de ningún otro país. China, Arabia Saudí y Rusia eligen de facto un director cada uno. Los demás 16 directores son elegidos por bloques de países. Cada director tiene un derecho de voto que puede ir desde 16.74% (Estados Unidos) hasta 1.34% (24 países de África juntos).

Intervenciones recientes del FMI
Si nos remontamos a la caída de Tailandia, nos encontramos con la creencia de algunos economistas sobre lo que estaba pasando, era una mera crisis transitoria de iliquidez y de incongruencias en el mercado financiero de ese país. Luego, ante la evidencia de la profundidad de la crisis, el FMI mostró una rigidez dogmática en su tratamiento convirtiéndose en unos de los factores decisivos de la agravación. El FMI es cada vez más visto como un agente económico de las empresas y bancos (y hasta el propio gobierno) de los Estados Unidos, en busca de preservar su interés. Ya se sabe que unas de las recetas clásicas que aplica detalladamente el FMI es exigir la apertura económica financiera de los países que reciben financiamiento de dicho organismo, lo cual facilitaría la penetración de las corporaciones transnacionales en mercados y sectores que estaban cerrados a su accionar. A ello se le suma la inflexibilidad de sus propuestas cualquiera sea la situación macro o micro de la nación que solicita su apoyo. Las recomendaciones son siempre las mismas ya se trate de un país africano agobiado por la hambruna, a un país recién independizado (ex república soviética) con políticas de privatización en su economía, a un país latinoamericano acosado por su deuda externa.- Lo mismo se vio en los países del Asia, donde no tuvo en cuenta de que fueran países con un gran fuerte superávit fiscal y reservas altas pero con un sistema financiero insolvente, o naciones que están pagando el precio de inadecuadas proyecciones en materia de producción e inversión, u otras donde se registran casos de fuerte insolvencia en sus sistemas financieros que fueron llevados a la quiebra por las mega especulaciones inmobiliaria bursátil.
En el caso concreto de los países asiáticos, conviene destacar el papel del FMI y del BM. En el informe anual de julio de 1997, se transcribieron análisis económicos de diversos países, entre ellos estaban los del Sudeste Asiático y Japón y es llamativo como las autoridades del FMI y del BM han elogiado calurosamente las políticas económicas seguidas por dichos naciones Al poco tiempo se demostraría lo equivocado de estas apreciaciones y el grado de inestabilidad económica financiera, de datos y balances falseados, de inmensas burbujas especulativas, del favoritismo hacia los grupos económicos locales, etc., en que dichos países se encontraban inmersos.
La medicina multipropósito que recomendó el FMI consistía en una combinación de severidad fiscal con rigidez monetaria, pensada originariamente como remedio para cortar la inflación y sostener el tipo de cambio del país en cuestión y que debía ser seguido por reformas a mediano plazo en el sistema financiero, en el sector público y en la apertura externa; resultando en la algunos de los casos no solo desubicada sino contraproducente. Los problemas centrales de esas naciones no están constituidos por la alta inflación o el desequilibrio fiscal, es más, las perturbaciones en sus mercados de capitales, la ineficiencia en sus bancos o las consecuencias derivadas de la devaluación que decidió China en Abril 1994, constituyen factores explicativos importantes pero no exclusivos. Es de relevancia también los causales de naturaleza estructural que están cuestionando los patrones de acumulación que fueron tan exitosas. Hay indicios del agotamiento de procesos de crecimiento apoyados en el uso intensivo de ciertos factores, caso de la mano de obra, o en el ejercicio de un ofertismo extremadamente descendente de los mercados externos que llevó a una inadecuada asignación de recursos de inversión.-
En consecuencia la adopción de políticas monetarias y políticas fiscales extremadamente rígidas, terminó exacerbando la recesión de la economía, dificultando más todavía las cosas, tanto para los bancos como para los grandes deudores y eso llevó a profundizar más la crisis de las empresas, contradiciendo los objetivos de sostener el tipo de cambio y de acrecentar la confianza de los inversores. Por cierto que el ajuste económico necesita de una política fiscal mas fuerte y compatible con el mismo. Pero la propuesta del FMI, una vez más fue demasiado lejos y en la dirección equivocada modificar el tipo de cambio, fracaso.
Por la variación en el tipo de cambio se estimuló a la fuga de capitales, que significó no solo un fracaso del FMI, sino que condujo a una salida caótica con gran volatilidad, donde la única noticia buena un mes después de la devaluación fue la baja repercusión sobre los precios y el saldo positivo de la balanza comercial.
La propuesta del FMI tiene una notable incompatibilidad con las posibilidades de estabilizar la economía en el corto plazo debido a sus fuertes propuestas recesivas. A su vez, es notable la desconexión con el proyecto productivo de largo plazo de este país. La apuesta del FMI es reemplazar el tipo de cambio semifijo por las tasas de interés como instrumento que permita anclar los precios internos. Pese a que los hechos mostraron las dificultades existentes para alcanzar las metas del ajuste pactado originariamente, en los primeros días de febrero de 1999, el gobierno de Brasil firmó un acuerdo todavía más duro con el FMI que el establecido en noviembre del 1998. Brasil se encuentra con que debe acceder a 9100 mill. de la asistencia pactada a fines del 98 con el Fondo , y no aparecen a la vista fuentes alternativas de divisas por esa magnitud.
La salida de Brasil se lograría con la disminución de la tasa de interés mejorando así la balanza de cuenta corriente. La combinación de baja tasas de interés con mayor nivel de actividad siempre ayuda a mejorar la situación fiscal. Por este camino se salvaría la situación de las cuentas públicas.
En relación a su deuda interna, vemos que la mayoría está concentrada en manos de brasileños.
A juicio del ex-ministro Delfim Neto (reportaje del Clarín del 28/2/99) el problema de la renegociación esta influida por la percepción de los brasileños en que la deuda sea honrada. Para ello la mejor señal es lograr una rápida reactivación de las importaciones y el PBI. Pero el ajuste ortodoxo del FMI va en la dirección contraria y puede generar una ola de expectativas negativas que impida refinanciar en el endeudamiento público.- Esta inquietud tiende a ser alimentado por la situación actual donde, cada vez que aumenta la tasa de interés, correlativamente acrecienta la duda acerca de la capacidad de pagar la deuda y se provoca una nueva presión sobre el mercado cambiario.
Unas de las pautas que se tiene con el FMI es el logro de un superávit del 3,!%. El producto de Brasil es de 903.000mill. Reales, obtener un superávit del 3,1% equivale a 28.000mill. Si suponemos que el Brasil consigue refinanciar los intereses de sus deudas externas y destina todo ese superávit a honrar las deudas de origen interno. Supongamos, asimismo que consiguen disminuir la tasa que se paga por la deuda interna a un nivel promedio del año en torno del 25% (lo cual implicaría una baja substancial a partir del segundo trimestre) se generarían intereses por unos 94.500 mil. Que a su vez equivalen no al 3,1% sino al 10,5% del PBI de 1998. Realizar este último esfuerzo es económico, social y políticamente inviable. Además en el caso de poder alcanzar la meta del 3,1% pactada con el FMI, con sus costos en términos recesivos, tampoco se resuelve gran cosa.
La disminución de la tasa de interés es la única solución compatible con el superávit fiscal proyectado. Dicha tasa experimentó una suba cuando Brasil adoptó el sistema de tipo de cambio semifijo. La meta acordada con el FMI de obtener superávit, aún en el caso de realizarse, no permite reducir el stock de las deudas en términos reales, sino se produce un virtual derrumbe en las tasas de interés que se pagan por ello, no queda otra alternativa que llevar a cabo una política muy activa del Banco Central de resultados también inciertas dirigida a disminuir las tasas. Esta tarea debería alternarse con la intervención destinada a controlar la evolución del tipo de cambio. Si el Brasil logra estabilizar el valor de su moneda mediante un esquema de fluctuación sucia, sosteniendo en términos reales la devaluación, podrá beneficiarse de la flexibilidad cambiaría para ejercitar la política económica. La combinación de crecimiento económico con la mejora en la balanza de pagos es la mejor vía para lograr la reducción del riesgo país y esperar un impacto a la baja de la tasa de interés - Es difícil encarar éste camino en un contexto de alta volatilidad como el actual (marzo), donde ni el tipo de cambio ni las tasas de interés parecen alcanzar un techo. Las recomendaciones del FMI provocaron un agravamiento del riesgo país y no una mejora del mismo.
La economista Jennifer Hermann, del Instituto de Economía de la UFRJ, señala que “ la colaboración del FMI, facilitando (en vez de dificultar) la liberación de recursos nuevos al Brasil, es crucial en este momento. En el Sudeste asiático la salida de la ruta de la profunda inestabilidad solamente fue posible por que, luego de un año de duro sufrimiento, con tasas menores de dos dígitos para el crecimiento del PBI, esos países contaron con la “tolerancia” del Fondo, aligerando las metas macroeconómicas que se mostraban inviables y hasta proporcional a los recursos adicionales Frentes a esas experiencias traumáticas, de ineficiencia aprobadas, no hay como justificar la imposición del mismo calvario al Brasil, excepto que se substituya la razón por algún dogma económico, político o religioso que vea la devastación de la economía como el único camino para la purificación” (Gazeta Mercantil 2/3/99).
Una vez más las recetas del FMI han probado servir para colocar a la economía al borde de la crisis final. Pero a diferencia de lo ocurrido en experiencias anteriores, en esta ocasión hay un generalizado consenso crítico en la opinión pública, y en particular en los sectores afectados.
• En lo que respeta a Argentina, se puede evidenciar dos amenazas provenientes del sector financiero internacional: 1°) La “Brasil dependencia” que se expresa en el hecho de que Brasil recibe un tercio de nuestras importaciones totales y dos tercios de la industria. Por ende las medidas recesivas tomadas en dicho país han de tener repercusión en nuestro desempeño económico.
2°) La similitud de regímenes cambiarios, no puede menos que provocar el contagio de una economía sobre la otra, en caso de crisis graves.
A estas amenazas del sector financiero internacional hay que sumarle las presiones explícitas del FMI en pro de un ajuste fiscal que aportara lo suyo en las tensiones exógenas pro recesión. La perspectiva sobre la tasa de crecimiento es que serán menores agravando tal situación la flexibilización laboral establecida como meta en el memorándum de política económica en el acuerdo con el FMI. El objetivo perseguido es alimentar la devaluación inversa vía la disminución del salario real, en la búsqueda de algo jamás verificado en la economía real, que provoque la caída similar de los precios y salario capaz de neutralizar la sobrevaluación cambiaria. El único resultado esperable dada la inflexibilidad de los precios hacia abajo, es el derrumbe del salario real con una disminución equivalente del consumo masivo, acompañado por un desalineamiento de los precios relativos mayor aún que el actual.
 
Críticas a las intervenciones
Hay tres grandes razones por las cuales hay que oponerse a la intervención del FMI. En primer lugar, el rescate financiero produce un riesgo moral: Una vez que los acreedores saben que serán rescatados de los malos préstamos internacionales con dinero público, ellos tendrán menor cautela en elegir dichas inversiones, algo que prácticamente garantiza futuras crisis financieras en otras partes del mundo. Sí el FMI no hubiera "rescatado" a México en 1995, Asia probablemente no estaría sufriendo en el mismo grado como lo hace actualmente.
Cuantos más países rescata el Fondo, más países pueden entrar en crisis en el futuro porque los rescates estimulan el comportamiento imprudente de los inversores y los gobiernos, que esperan que, sí algo va mal, el Fondo estará ahí para rescatarles. Por otro lado, una vez que ocurren estas crisis, la ayuda del Fondo no es tal, sino una ayuda a los inversores y a los bancos. Por último, esta ayuda es contraproducente, porque el dinero va a gobiernos que causaron la crisis y han mostrado poco interés en la introducción de las reformas necesarias. Dar dinero a gobiernos que tienen esa actitud, tiende a desacelerar las reformas porque elimina la presión que impone la crisis.
Es importante recordar que el FMI, en teoría, otorga créditos de corto plazo a los países a condición de que éstos realicen cambios en sus políticas públicas. Esto, sin embargo, no ha contribuido a que los países establezcan economías de libre mercado. Al contrario, el Fondo ha creado "adictos a los créditos," como lo demuestra un repaso a los créditos concedidos. Once naciones llevan dependiendo de la ayuda del FMI durante un mínimo de 30 años; 32 países han solicitado créditos entre 20 y 29 años; y 41 países han usado los créditos del FMI entre 10 y 19 años. Eso no es evidencia del éxito de la llamada condicionalidad del Fondo, ni mucho menos de la naturaleza temporal de los créditos de corto plazo que el Fondo otorga.
Los rescates financieros del FMI socavan el desarrollo de soluciones de mercado superiores y menos costosas. En la ausencia de un FMI, acreedores y deudores harían lo que los acreedores y deudores siempre hacen en casos de iliquidez o insolvencia: renegocian la deuda o entran al proceso de bancarrota. En un mundo sin el Fondo Monetario, las dos partes tendrían el incentivo para hacerlo de esa manera porque la alternativa, no hacer cosa alguna, significaría una pérdida completa. Las negociaciones directas entre particulares y los procedimientos de bancarrota son esenciales para el funcionamiento del capitalismo Los rescates financieros del Fondo Monetario Internacional, desafortunadamente, socavan uno de los fundamentos más importantes de una economía libre, al hacer a un lado los mecanismos autocorrectivos del mercado. Simplemente, no existe razón alguna para que los acreedores y prestatarios internacionales deban de ser tratados de una manera distinta a cómo son tratados prestamistas y deudores en los mercados domésticos.
Los gobiernos también reaccionarían de manera distinta si no hubiera intervenciones venideras por parte del Fondo Monetario Internacional. Habría pocas alternativas a introducir reformas de manera rápida si los que hacen las políticas no estuviesen protegidos de la realidad económica.
c) Consideraciones finales
La gran crítica que pesa sobre las espaldas del Fondo Monetario Internacional es su capacidad de intervenir sin generar cambios sino más bien para salvar e incentivar el mantenimiento del status quo.
Las medidas aplicadas por el FMI son un remedio momentáneo y los cambios que producen no son ningún antídoto, se dice que no se trata de dosis de una misma medicina, en muchos ambientes económicos de prestigio se habla de la necesidad de aplicar otra medicina que enfrente los reales problemas del sistema financiero internacional de hoy:
La falta de regulación de las actividades de las instituciones financieras y la debilidad de los Bancos Centrales de los países emergentes.
La globalización no es el mal, ya que ésta nace del impulso y del esfuerzo tecnológico para hacer de la tierra una aldea global, donde todos podamos comunicarnos recíprocamente, viajando con mayor rapidez e intercambiando bienes y servicios con mayor facilidad. El mal está en el bajo poder de adaptación de las políticas monetarias de los Bancos Centrales de los países en vía de desarrollo y en la poca supervisión en relación con los nuevos ritmos de la economía global.
El Fondo Monetario Internacional ha intervenido para rescatar, más que para reestructurar, porque al fin y al cabo la misma intervención ha terminado por no incentivar la reestructuración misma.
Independientemente que sus consejos sean buenos o malos, el Fondo Monetario Internacional, salvando las instituciones en quiebra, no ataca la causa del problema sino que actúa sobre el efecto dándole oxigeno al sistema que no funciona y haciendo que el cambio sea mas lento y tarde mas en llegar. Por lo tanto el primer factor en contra de la acción del Fondo es el riesgo moral que esta institución comporta. El circulo vicioso funciona así: Rescate - Menos incentivos para que los gobiernos implementen las reformas estructurales urgentes - Mas posibilidades de una nueva crisis.
El rescate financiero de Méjico (efecto Tequila 1995) fue una señal para el mundo, ya que planteaba que al presentarse problemas en los países en desarrollo, el FMI rescataría a los inversionistas. De esta forma se dio una señal clara: rescatando las inversiones imprudentes se marcó un precedente que efectivamente se repitió posteriormente con las inversiones que se efectuaron en Asia, y que dieron a ver su cara con la crisis asiática.
La segunda crítica que recibe el Fondo es que sus remedios son costosos, burocráticos e injustos. Como observó Jeffrey Sachs, "los 57'000 millones de dólares prometidos a Corea, no ayudaron a nadie, más que los bancos". El costo de las malas políticas económicas lo siguen pagando los ciudadanos asiáticos, cuando la culpa la tienen sus gobiernos por su incapacidad de implementar políticas económicas eficaces, y además de eso, las generaciones futuras se cargan del peso de la deuda adicional impuesta por los créditos del FMI.
Solamente la suspensión de los créditos induciría a un cambio rápido y esbelto. Tal vez la solución sería menos dinero y facilismo, y más reformas incentivadas naturalmente por la falta del mismo.

Fuentes

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