domingo, 25 de noviembre de 2012

El caso Watergate y Richard Nixon

El escándalo del Watergate (o Watergate) fue un escándalo político en los Estados Unidos que ocurrió en 1972 durante el mandato de Richard Nixon, que culminó con la imputación de algunos consejeros muy cercanos al presidente, y con su propia dimisión el 8 de agosto de 1974.

El escándalo comenzó con el arresto de cinco hombres por el allanamiento de la sede del Comité Nacional del Partido Demócrata en el complejo de oficinas Watergate, en Washington, D.C. el 17 de junio de 1972.

Nixon y su equipo conspiraron para ocultar el allanamiento sólo seis días después de los hechos.
Después de dos años reuniendo pruebas contra el entorno del Presidente, que incluía a miembros de su equipo testificando contra él en una investigación del Senado de los Estados Unidos, se reveló que Nixon tenía un sistema de grabación de cintas magnéticas en sus oficinas y que había grabado una gran cantidad de conversaciones dentro de la Casa Blanca. Estas cintas mostraron que había obstruido a la justicia e intentado tapar el robo. Estas conversaciones grabadas serían conocidas como "The Smoking Gun" ("la pistola humeante").
 
Tras una serie de batallas legales, la Corte Suprema de los Estados Unidos decidió de forma unánime que Nixon debía entregar las cintas; él al fin cedió.
 
Con la certeza de una acusación de parte de la Cámara de Representantes y de una condena en el Senado, Nixon dimitió diez días más tarde. Se convirtió así en el único Presidente estadounidense que ha renunciado al cargo.
 
Su sucesor, Gerald Ford, le concedería a Nixon un controvertido indulto por cualquier delito federal que hubiera cometido durante su mandato.
 
Inicios del Watergate

En la madrugada del 17 de junio de 1972, Frank Wills, guardia de seguridad del Complejo Watergate de edificios, advirtió que alguien había penetrado en el edificio violando los controles de entrada. Llamó a la Policía tras detectar a los intrusos y minutos después cinco hombres fueron arrestados dentro de la oficina del Comité Nacional del Partido Demócrata, la sede del principal partido de la oposición.
 
Los cinco arrestados eran Virgilio González, Bernard Barker, James W. McCord, Jr., Eugenio Rolando Martínez y Frank Sturgis; todos, miembros de la Operación 40 de la CIA. Su líder, James McCord, era el Director de seguridad del "Comité para la reelección de Nixon", además de ser empleado del FBI y de la CIA, donde era el encargado de la seguridad física del Cuartel General en Langley; los otros cuatro hombres eran agentes de la CIA. Los cinco fueron acusados de intento de robo y de haber intentado intervenir las comunicaciones.
 
Comienza la investigación
 
Dos periodistas del Washington Post, Carl Bernstein y Bob Woodward, investigaron para desenredar una compleja maraña cuyos hilos apuntaban a la Casa Blanca a través del Comité para la Reelección del Presidente (CRP) de Richard Nixon. Los periodistas recibieron la ayuda anónima de un informador que se hizo llamar Deep Throat (Garganta Profunda) cuya identidad no fue revelada hasta treinta y tres años después del escándalo. Esta fuente reveló a Woodward que el espionaje telefónico contra el Partido Demócrata era una actividad planificada por los principales asesores de Nixon, H. R. Haldeman y John Ehrlichman, con el aval del Presidente.
 
Poco después se descubrió que los cinco asaltantes del Edificio Watergate fueron contratados y pagados de manera secreta por Howard Hunt y Gordon Liddy, dos hombres vinculados al "Comité de Reelección del Presidente", el equipo de militantes del Partido Republicano creado por Richard Nixon para sostener su campaña reeleccionista en los comicios de noviembre de 1972.
 
El 15 de septiembre de 1972 los siete sospechosos (los asaltantes más Hunt y Liddy) fueron imputados por conspiración, robo y violación de las leyes federales sobre intervención de las comunicaciones, abriéndose un proceso judicial dirigido por el juez John J. Sirica. Los acusados fueron juzgados y condenados en enero de 1973, aunque la investigación continuó al haber indicios de más culpables.
 
Los siete hombres habían trabajado en forma directa o indirecta para el Comité de Reelección del Presidente, y mucha gente, incluso el propio juez Sirica, sospechaban que la conspiración alcanzaba a miembros de las esferas más altas del gobierno.
En marzo de 1973, el sentenciado James McCord envió una carta al juez John Sirica en la que expresaba que era presionado desde ámbitos políticos para que se auto declarara culpable; en la carta implicó en el caso a varios oficiales del gobierno, incluso al ex Procurador Fiscal John Mitchell. Su carta convirtió el asunto en un escándalo político sin precedentes en Estados Unidos.
 
¿Periodismo de investigación o cobertura de inteligencia?
 
En calidad de periodistas de investigación, Bernstein y Woodward utilizaron con frecuencia el teléfono y no vacilaron en contactar con centenares de interlocutores, desde secretarias hasta estudiantes, para contrastar sus fuentes con la información dada por Garganta Profunda. Conscientes de la importancia del caso Watergate, consiguieron sacarlo a la luz pública.
 
El escritor inglés Adrian Havill, naturalizado estadounidense, fue cuatro años paracaidista en la 82º División Aerotransportada, unidad élite del ejército estadounidense con base en Fort Bragg, Carolina del Norte. En 1993, Havill publicó "Deep truth. The lives of Bob Woodward and Carl Bernstein", donde asegura que Woodward, antes de ser periodista del Washington Post, fue agente de la CIA.
Woodward jamás contó su relación con la inteligencia naval[1] y menos con las sociedades secretas de la Universidad de Yale donde era miembro destacado. En un momento hubo quien creyera que esas fuentes le permitieron acceder a datos sobre prominentes asesores de la administración Nixon y conocer que el Comité de Reelección Presidencial de hecho practicaba un espionaje telefónico ilegal con la protección y connivencia de Nixon y sus asesores.
 
De 1970 a 1971, Woodward trabajó en el periódico Montgomery County Sentinel, de Maryland, donde logró destacar gracias a datos que le suministraba Mark Felt desde el FBI. En Maryland -comenta Havill- el reportero hizo amistad con David Miller, ex agente de la CIA en Vietnam, quien en algún momento estuvo involucrado con Task Force 157, unidad encargada de espionaje mediante "operaciones especiales".
 
Investigación del Senado
 
Después de que el juez John Sirica recibiera las confesiones de James McCord en marzo de 1973, este juez dispuso que el caso de espionaje pasara a una investigación de mayor nivel, en tanto se implicaba al ex procurador general John Mitchell por hechos ocurridos durante su desempeño. Enseguida se constituyó una comisión de investigación senatorial, en sesión retransmitida por la televisión estadounidense en mayo de 1973.
 
Esta comisión interrogó a una serie de consejeros presidenciales sobre el origen de la orden para el espionaje telefónico al Partido Demócrata, donde algunos consejeros como John Dean trataron de rechazar toda implicación en el espionaje contra sus opositores alegando que en recientes entrevistas el presidente Nixon les hacía "preguntas sesgadas" para que sus asesores dieran respuestas que exculparan a Nixon de toda responsabilidad.
 
El miembro del Comité senatorial Donald Sanders confirmó la existencia de cintas grabadas (y de todo un sistema secreto de grabación) el 13 de julio de 1973 tras una audiencia al general retirado Alexander Butterfield, otro ayudante de Nixon. La investigación determinó que otros funcionarios de confianza de Nixon también deberían conocer de estas escuchas ilegales, incluyendo en las pesquisas a Charles Colson, a Jeb Magruder, y también a John Mitchell, tres jefes del Partido Republicano dedicados a dirigir la campaña de reelección de Richard Nixon.

Al conocerse la existencia de un sistema de grabación y espionaje de conversaciones dentro de la Casa Blanca, la comisión del Senado reclamó la entrega de las cintas de grabación registradas por la propia oficina presidencial (el Despacho Oval) de la Casa Blanca, pero el presidente Nixon se negó a ello alegando que la inmunidad presidencial se extendía a sus comunicaciones. La comisión del Senado replicó entonces que esta inmunidad no podría invocarse para ocultar actos delictivos cometidos por el presidente o sus asesores.
 
El viernes 19 de octubre de 1973 el propio Richard Nixon pidió al procurador especial del caso, Archibald Cox, que se permitiera a un senador del Partido Republicano (llamado John C. Stennis) revisara y transcribiera las cintas para entregar un "resumen" a los investigadores. Cuando Cox rechazó este pedido esa misma tarde, Nixon ordenó al Fiscal general de los Estados Unidos, Elliot Richardson, destituir a Cox, para lo cual llamó por teléfono a Richardson en la noche del sábado 20 de octubre.
 
Richardson renunció de inmediato tras recibir este pedido, considerando que se trataba de un abuso de autoridad cometido por Nixon, por tratar de despedir a un procurador judicial de forma arbitraria. Informado del pedido de Nixon, el fiscal general adjunto William Ruckelshaus, también renunció para no verse obligado a cumplir esa imprevista orden, en tanto Ruckelshaus también consideraba el despido de Archibald Cox como ilegal. Minutos después, esa misma noche, el presidente Nixon contactó con el Procurador General de los Estados Unidos, Robert Bork, para que destituyera a Archibald Cox, siendo que Bork accedió a cumplir esta orden. Este acto fue conocido como la "masacre del sábado por la noche" (Saturday Night Massacre en inglés) por la prensa de Estados Unidos, al sorprenderse que la presión presidencial causara la vacancia de tres altos cargos judiciales en una sola noche.
 
Las noticias de estos ceses causaron gran enojo en el Senado al ser conocidas allí el lunes 22 de octubre, en tanto mostraban un grave abuso de poder por parte de un Presidente de los Estados Unidos, pues se entorpecía maliciosamente una investigación del Senado y se ordenaba el cese arbitrario de un funcionario judicial.
 
Ya el 29 de septiembre de 1973 la secretaria personal de Nixon, Rose Marie Woods, confesó a la comisión senatorial que había grabado conversaciones de Nixon con H.R. Haldeman, pero no fue sino hasta inicios de noviembre que el nuevo procurador, Leon Jaworski, consiguió las cintas. Cuando el 14 de noviembre de 1973 las cintas pudieron ser escuchadas en audiencia por el comité senatorial y por el juez John Sirica, se detectó un vacío de dieciocho minutos y treinta segundos.
 
De inmediato el juez Sirica ordenó que un panel de expertos en sistemas de grabación evaluase esa cinta incompleta el 21 de noviembre de 1973, concluyendo los expertos que el vacío detectado se debía a un borrado de la cinta y no a un defecto técnico de la grabación o de la propia cinta. La comprobación del borrado de la cinta causó nueva controversia, y la secretaria Rose Marie Woods alegó que ella era culpable del borrado debido a un accidente ocurrido el 1 de octubre de 1973, por el cual contestaba el teléfono en su despacho y a la vez transcribía el contenido de la cinta.
 
Woods sostuvo que por estar distraída pisó un pedal que borraba cintas de grabación (lo cual era posible con los dispositivos de grabación magnética existentes en esos años) pero la posición de Woods para hacer esto implicaba que la secretaria estirase su brazo izquierdo para contestar el teléfono y a la vez estirase su pierna derecha para apretar el pedal de borrado, pues ambos aparatos estaban muy alejados entre sí. Este hecho hizo dudar al juez Sirica de la versión de Woods sobre un borrado "accidental" y más bien aumentó las sospechas públicas de un borrado intencional. El contenido de esos 18 minutos y medio es desconocido hasta la actualidad.
 
La comisión senatorial llegó a la conclusión de que H.R. Haldeman y John Ehrlichman, junto con varios asesores y consejeros de Richard Nixon (como John Mitchell y Charles Colson) eran culpables directos de los hechos acaecidos en el Edificio Watergate. Finalmente se reveló (y se difundió por la prensa) que Nixon había mentido con el fin de ocultar su participación en el escándalo. Asimismo, el Presidente había intentado sustraer a la investigación las cintas magnéticas que contenían las grabaciones de todas las conversaciones que tuvieron lugar en el Despacho Oval. Las cintas escuchadas por la comisión y el juez Sirica resultaban comprometedoras pues mostraban que Richard Nixon estaba, al menos, enterado de los espionajes telefónicos contra el Partido Demócrata e insistía en pagar sobornos a los acusados de irrumpir en el Hotel Watergate para así evitar chantajes hacia sus consejeros o asesores.

Acusación formal contra Richard Nixon

El 1 de marzo de 1974 el jurado del proceso entregó al juez John Sirica una lista de siete funcionarios y asistentes del presidente Nixon que deberían ser acusados por el espionaje telefónico en el Edificio Watergate: H.R. Haldeman, John Ehrlichman, John Mitchell, Charles Colson, Gordon C. Strachan, Robert Mardian y Kenneth Parkinson, llamados por la prensa "los Siete de Watergate". En la lista de acusados se incluía secretamente al propio presidente Richard Nixon, junto con el Secretario de Justicia John Dean (quien había ofrecido dar "protección legal" al espionaje) y Jeb Magruder (militante de alto nivel del Partido Republicano encargado de "reclutar" espías).
 
Las investigaciones llevadas a cabo por el FBI y después por el Comité de Watergate en el Senado, el House Judiciary Committee y la prensa revelaron que este robo fue sólo una de las múltiples actividades ilegales autorizadas y ejecutadas por el equipo de Nixon. También revelaron el enorme alcance de los delitos y abusos cometidos para apoyar la reelección de Richard Nixon, que incluían fraude en la campaña, espionaje político y sabotaje, intrusiones ilegales en oficinas, auditorías de impuestos falsas, escuchas ilegales a gran escala, y además la formación de un fondo secreto en bancos de México para pagar a quienes realizaban estas operaciones ilícitas. Este fondo también se usó para comprar el silencio de los cinco hombres que fueron imputados por el robo del 17 de junio de 1972 en el Edificio Watergate.
 
Tras defenderse de las acusaciones, la posición de Richard Nixon se debilitó muchísimo cuando al empezar el proceso contra los Siete de Watergate la Cámara de Representantes inició un proceso de impeachment contra él el 27 de julio de 1974, por la acusación de obstrucción a la justicia, dos días después se aprobó acusarlo por abuso de poder y el 30 de julio se agregó la acusación de desacato al Congreso. Con esto quedaba libre el terreno para que el Senado de los Estados Unidos iniciara un proceso de impeachment contra Richard Nixon, pudiendo pedir inclusive su destitución del mando presidencial.
 
Ante esta situación, Nixon presentó su dimisión mediante un mensaje televisado en la tarde del 8 de agosto de 1974 antes de terminar el proceso, abandonando esa misma noche sus funciones como Presidente de los Estados Unidos y saliendo de la Casa Blanca con su familia en la mañana del día siguiente.
 
Su vicepresidente, Gerald Ford le sucedió inmediatamente y asumió el poder al mediodía del 9 de agosto. Su primera acción oficial fue indultar a Nixon, con lo que se detuvo todo procedimiento judicial contra él.
 
La identidad de Garganta Profunda
 
Durante años, el público especuló y discutió acerca de la identidad del confidente que ofreció a Bob Woodward acceso a información privilegiada y fue vital para la cobertura que hizo el Washington Post sobre el caso. De hecho Woodward se negó en todo momento a dar datos sobre este informante y el propio Garganta Profunda cuidó mucho su anonimato, estableciendo como regla a lo largo del escándalo que la entrega de información se daría sólo cuando él mismo lo considerase preciso (y jamás por un simple pedido de Woodward).
 
La verdadera identidad fue revelada finalmente por la revista estadounidense Vanity Fair, de la edición del 14 de junio de 2005 y cuyo contenido se dio a conocer el 31 de mayo como adelanto. Se trataba de W. Mark Felt, el antiguo director adjunto del FBI bajo la presidencia de Nixon. A la edad de 91 años, deseó «liberar su conciencia». El periódico Washington Post confirmó la noticia horas después.
 
Mark Felt como agente del FBI trabajó largamente con Bob Woodward en labores de inteligencia. Después de que fue "licenciado" de sus actividades, Felt le daba datos de inteligencia desde dentro del FBI aprovechando su vasta red de contactos que accedían a información secreta sobre actividades de espionaje.
 
Felt era todavía funcionario del FBI durante el escándalo Watergate y no sería sino hasta tres décadas después que sería identificado como "Garganta Profunda", apodo que recibió para mantener su anonimato, nombre que estaba inspirado en una popular película pornográfica de los años 1970. El 18 de diciembre de 2008, murió como consecuencia de un fallo cardíaco congestivo quien fue el artífice de uno de los escándalos más importantes por los que atravesó Estados Unidos.

Cinco mitos sobre el caso Watergate

El escándalo de Watergate, un robo contra la sede del partido demócrata en el hotel que le dio el nombre y desató la caída del gobierno del presidente Richard Nixon, es sin duda la más grave crisis política de Estados Unidos, pero cuando se cumple el 40 aniversario del evento lo que hoy se entiende de los hechos está mezclado con una buena dosis de mitología.
 
Los dos jóvenes reporteros del diario The Washington Post, Bob Woodward y Carl Bernstein, que investigaron el caso son leyendas del periodismo estadounidense, no solo por el trabajo que les obtuvo galardones sino por la adaptación por Hollywood de su libro sobre Watergate, "Todos los hombres del presidente".

La película se estrenó en 1976 con la actuación estelar de Robert Redford y Dustin Hoffman y, a pesar de que el final ya era conocido, fue descrita como la historia detectivesca más cautivadora.
Sin duda es la cinta más entretenida y vista sobre el escándalo pero, como escribe a continuación el profesor W. Joseph Campbell, de la Universidad Americana en Washington, sirvió para impulsar y cimentar varios mitos sobre los medios y Watergate. A continuación, cinco de ellos:

MITO 1: El Washington Post tumbó al gobierno de Nixon

El gobierno de Richard Nixon constantemente desestimaba los reportajes sobre el escándalo.
Esta es la narrativa dominante del escándalo de Watergate desde hace un tiempo. Supone que Woodward y Bernstein, a través de su aguerrido periodismo, revelaron los delitos que forzaron la renuncia de Nixon en 1974.
 
Esa también es la conclusión inconfundible y tácita de la película, que coloca a Woodward y Bernstein en el centro de cómo se desenvolvía el escándalo al tiempo que minimiza las mucho más decisivas contribuciones de los investigadores con órdenes de comparecencia.
 
Llevar el caso de un escándalo de la magnitud y complejidad de Watergate requirió de los esfuerzos colectivos de fiscales especiales, jueces federales, el pleno del Congreso, la Corte Suprema, así como el Departamento de Justicia y el FBI.
 
Aún así, hubiera sido muy probable que Nixon sobreviviera el escándalo de no ser por las grabaciones magnetofónicas que realizó en secreto de las conversaciones en la Oficina Oval de la Casa Blanca. Sólo cuando fue ordenado por la Corte Suprema Nixon entregó las grabaciones en las que se le escuchaba aprobando un plan para distraer la investigación del FBI sobre el robo.
 
Curiosamente, los protagonistas del Washington Post han desestimado esta narrativa dominante. Woodward, por ejemplo, dijo una vez que "la mitificación de nuestro papel en Watergate ha llegado a alturas absurdas, en las que periodistas escriben que yo solo tumbé a Richard Nixon. Completamente absurdo".

MITO 2: El diario "descubrió" la noticia del Watergate
 
No exactamente. Watergate empezó como una noticia salida del registro policial. Reportes del momento clave del escándalo -el robo frustrado del 17 de junio de 1972 a la sede del Comité Demócrata Nacional en el complejo Watergate en Washington D.C.- empezaron a circular a las pocas horas.
El párrafo inicial de la primera página en el Post sobre el robo dejó en claro que los detalles provenían de los investigadores. Decía así: "Cinco hombres, uno de ellos que dice ser un exempleado de la Agencia Central de Inteligencia, fueron arrestados a las 2:30 a.m., ayer, en lo que las autoridades describen como un plan elaborado para colocar micrófonos secretos en las oficinas del Comité Demócrata Nacional".
 
El Post tampoco reveló los elementos cruciales del creciente escándalo, como el sistema secreto de grabaciones de Nixon. La existencia de las cintas magnetofónicas de la Casa Blanca fueron reveladas en 1973 a un comité de investigación del Senado.
 
Como Edward Jay Epstein señaló en su brillante ensayo de 1974, la información de Woodward y Bernstein sobre Watergate era frecuentemente originada y sustentada en filtraciones de funcionarios federales que investigaban el escándalo.

MITO 3: "Garganta Profunda" aconsejó a Woodward "seguir el rastro del dinero"

W. Mark Felt se reveló en 2005 como "Garganta Profunda".
 
Esa concisa y muy citada expresión supuestamente fue la clave que resolvió las complejidades de Watergate. La realidad es que nació en el cine.
 
"Siga el rastro del dinero" fue dicho no por la verdadera fuente secreta "Garganta Profunda" sino por Hal Holbrook, el actor que interpretó ese papel en la película "Todos los hombres del presidente".
En la vida real, "Garganta Profunda" hablaba periódicamente con Woodward (algunas veces en un estacionamiento subterráneo) a medida que se desentrañaba el escándalo. Pero nunca le aconsejó a Woodward "seguir el rastro del dinero".
 
Wodward y Bernstein ya estaban sobre el rastro del dinero: uno de sus reportajes más importantes describió cómo los fondos donados a la campaña para reelegir al presidente Nixon habían sido utilizados para el robo en el Watergate. Pero el esclarecimiento del escándalo fue mucho más complicado que seguir la pista del dinero. Nixon renunció no porque malversó los fondos donados a su campaña de 1972 sino por obstrucción a la justicia.
 
Entre otras cosas, "Garganta Profunda" salió al descubierto en 2005 como W. Mark Felt, el entonces segundo hombre más importante en el FBI. Sin embargo, Felt no fue ningún héroe.
Felt fue condenado en 1980 por delitos graves relacionados a allanamientos que autorizó en las investigaciones que realizaba el FBI sobre la organización política radical Weather Underground. Pero Felt nunca cumplió condena. Fue indultado en 1981 por el entonces presidente Ronald Reagan.

MITO 4: Los reportajes pusieron a Woodward y Bernstein en grave peligro
 
A duras penas, aunque "Todos los hombres del presidente" dice exactamente eso. En una escena al final de la película, "Garganta Profunda" le manifiesta a Woodward que la vida de ambos periodistas "corre peligro".
 
La advertencia, que le inyectó suspenso al ritmo algunas veces lánguido de la película, también fue mencionado en el libro del mismo título. Sin embargo, se estableció rápidamente que se trataba de una falsa alarma.

Woodward, Bernstein y los editores en jefe del Post tomaron precauciones por un tiempo para evadir la interceptación electrónica de sus actividades. Pero Woodward describió en "El hombre secreto", su libro en 2005 sobre "Garganta Profunda", que esas medidas empezaron a parecer "melodramáticas e innecesarias. Nunca encontramos evidencia de teléfonos intervenidos o que alguna de nuestras vidas estuviera en peligro".
 
En otra ocasión, Woodward dijo que la "presión más siniestra" que él y Bersntein sintieron durante Watergate "fue escuchar repetidamente" a la Casa Blanca de Nixon "desmentir la información que estábamos publicando" a medida que se profundizaba el escándalo.

MITO 5: Watergate aumentó la matriculación en escuelas de periodismo

Es un mito subsidiario atractivo que las aventuras de Woodward y Bernstein, como fueron dramatizadas por Redford y Hoffman, hicieron que el periodismo pareciera elegante y seductor. Tan seductor que supuestamente multitudes de estudiantes estadounidenses irrumpieron en las escuelas de periodismo.
 
Es un mito que todavía sobrevive a pesar de estar completamente desmentido por investigaciones serias. Uno de esos estudios, financiado por la fundación mediática Freedom Forum, indicó en 1995 que el "crecimiento de la educación periodística" fue el resultado "no de eventos específicos como Watergate... sino en gran parte por el interés que las mujeres expresaron en la disciplina, asistiendo en números sin precedentes a las universidades".
 
El estudio concluyó inequívocamente que los "estudiantes no se lanzaron a las aulas de las universidades porque querían seguir los pasos de Woodward y Bernstein -o de Robert Redford y Dustin Hoffman, dado el caso".
 
Una investigación similar, publicada en 1988, declaró: "Se afirma muy frecuentemente y equivocadamente que las investigaciones de Woodward y Bernstein presentaron modelos ejemplares para estudiantes y condujeron a una explosión en matrículas en escuelas de periodismo".
 
Lo que el estudio descubrió fue que el número de matrículas ya se había doblado entre 1967 y 1972, el año del robo en el Watergate.
Fuentes

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