martes, 23 de octubre de 2012

Polonia tras la Segunda Guerra Mundial

El 1 de septiembre de 1939 las tropas nazis de Hitler penetraron en el territorio polaco. Pese a la inferioridad numérica y la escasez de medios, los polacos resistieron al ejército más poderoso de Europa durante un mes, confiando en la ayuda de sus aliados occidentales que no llegó. El 17 de septiembre, los soviéticos, siguiendo el acuerdo secreto Molotov-Ribbentrop invadían Polonia por el este. Se producía, de nuevo, el cruel y sangriento reparto del país. Al final de la Segunda Guerra Mundial, Polonia había perdido a seis millones de sus ciudadanos (el 22 por ciento de la población total), de los que la mitad eran judíos. Polonia perdió además el 38% de su patrimonio nacional. Los polacos sufrieron deportaciones masivas, tanto por parte de los nazis como de los soviéticos, y su territorio fue sede de los mayores campos de concentración y exterminio. Nombres como Auschwitz Birkenau o Treblinka quedarán para siempre como recuerdo de una de las épocas más dramáticas de la historia. La resistencia polaca a los invasores fue constante durante toda la guerra. La sublevación de ghetto del Varsovia y la insurrección de esta misma ciudad en los últimos meses del conflicto son dos buenos ejemplos. La consecuencia fue la prácticamente total destrucción de la capital polaca y el extreminio de miles de sus ciudadanos. A pesar de su participación en la lucha, los polacos fueron privados de representación en la definición del ordenamiento de Polonia tras la guerra.
Al terminar la guerra, el país cayó en el régimen comunista impuesto por los soviéticos, que no reflejaba las aspiraciones de la sociedad polaca y jamás logró penetrar en su entramado social. Una vez más el poder moderador de la iglesia católica actuó de catalizador de las aspiraciones populares e impidió que hubiera enfrentamientos. Coincidiendo con la eleción del polaco Karol Wojtyla como Papa en 1978 y el viaje a su país natal en 1979, se pone de manifiesto la fragilidad del sistema comunista, y a partir de 1980 se produce una oleada de huelgas en Polonia. En verano de 1980 el comité de huelga del astillero de Gdansk presidido por Lech Walesa presentó al gobierno comunista una lista de 21 postulados reclamando, aparte de los aumentos salariales, la supresión de la censura y el derecho a crear sindicatos libres. El grupo gobernante accedió. En el curso de dos meses surgió el sindicato Solidaridad con 10 millones de miembros.
Pero todavía habrían de pasar nueve años hasta que la legalización del sindicato Solidaridad y la convocatoria de elecciones libres, llevaran a Polonia a la senda democrática.

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