lunes, 1 de octubre de 2012

Misoginia


Comúnmente se confunde a la misoginia con una forma extrema de sexismo y aun de machismo. Esta concepción es errada: la misoginia no consiste en ser partidario del predominio del hombre sobre la mujer, sino en pensar que el hombre debe liberarse de cualquier tipo de dependencia del género femenino. La mujer, y como consecuencia la concepción y la familia, son consideradas como aberrantes y rechazables, o, en todo caso, tal vez buenas o necesarias para otros, pero no para uno mismo. Esta aversión no es exclusiva de los hombres. 

La escritora española Anna Caballé (véase bibliografía) ha demostrado que muchas mujeres también han sido y son misóginas. La misoginia ha sido considerada como un atraso cultural arraigado al concepto de superioridad masculina, según el cual el rol de la mujer es dedicarse exclusivamente al hogar y la reproducción. Arthur Schopenhauer, uno de los más grandes filósofos del siglo XIX, expresa su misoginia de esta manera: Cuanto más noble y perfecto es un ser, más tardado y lento es en llegar a la madurez. Un hombre difícilmente llega a la madurez de su potencia razonadora y sus facultades mentales antes de los veintiocho años, mientras que una mujer lo hace a los dieciocho Arthur Schopenhauer 

La misoginia en la Historia 
Unas épocas de diversas civilizaciones han sido más misóginas que otras; pero la raíz de la misoginia moderna es doble; por un lado, griega, a través de mitos como el de Pandora y de monstruos femeninos altamente simbólicos como las Sirenas, las Arpías, Escila y Caribdis o la Esfinge, o de filósofos como Aristóteles, quien escribió que las mujeres eran biológicamente inferiores al varón, y, por otro lado, la tradición semítica contenida en la Biblia, que consideró a las mujeres inferiores al varón a causa del pecado original de Eva y por castigo divino (Génesis, III, 16-17): A la mujer le dijo: "Tantas haré tus fatigas cuantos sean tus embarazos: con dolor parirás los hijos. Hacia tu marido irá tu apetencia, y él te dominará. Al hombre le dijo: "Por haber escuchado la voz de tu mujer y comido del árbol del que yo te había prohibido comer, maldito sea el suelo por tu causa: con fatiga sacarás de él el alimento todos los días de tu vida. En Proverbios VII, 10-12, se dice de la mujer que: Tiene aire de prostituta y el corazón lleno de astucia: es bulliciosa, procaz, sus pies no paran en su casa, ya sea en calle o en la plaza. Juicios negativos que se reiteran en la historia de las mujeres de Salomón (I Reyes, XI, 1-27 y en muchos comentarios negativos de Proverbios, Eclesiastés etcétera. Por demás, los exegetas de la Biblia, sin excepción masculinos, interpretaban las figuras femeninas positivas de la Biblia no como mujeres, sino como símbolos de la Iglesia o del alma humana, como por ejemplo la Esposa del Cantar de los Cantares, o las ejemplares Judith y Esther. La Edad Mediaalma; la Santísima Trinidad del Cristianismo concebía Padre, Hijo y Espíritu Santo, pero no madre; Dios es hombre y creó al hombre a su imagen y semejanza, no a la mujer, que fue una creación inferior desde el hombre, de una costilla suya; Eva hizo pecar a Adán; los Evangeliosapóstoles masculinos que de los femeninos, que también los hubo; San Pablo dice que "las mujeres en la iglesia, callen". En el Mediovevo el cuerpo desnudo de la mujer era contemplado en el arte como sinónimo de Eva y el pecado original, mientras que en el Renacimiento aparecía como Venus o representante del goce epicúreo de la vida. 

Alfonso X el Sabio consideraba a la mujer "la confusión del hombre, bestia que nunca se harta, peligro que no guarda medida". en Europa asimiló ambas doctrinas y en ella se llegó a discutir incluso si las mujeres tenían hablan más de los La tradición cristiana asumió por lo general la misoginia contenida en el Antiguo Testamento, pero también la tradición contraria que Jesucristo intentó predicar en el Nuevo Testamento, que destacó el papel de su madre, María, "Madre de Dios" y el de otras mujeres, y cuando la cultura se secularizó -por ejemplo en el Prerrenacimiento y en el Renacimiento- la misoginia decayó un tanto no sólo a causa de la tradición romana, un tanto feminista, sino a causa del Cristocentrismo y la imitación de la actitud respetuosa de Cristo con las mujeres. 

Por otra parte, otras religiones, que no han conocido algo semejante al Renacimiento pagano y racionalista, se muestran en general mucho más misóginas, como el Islam, en cuyo Corán se lee "cuelga el zurriago donde la mujer pueda verlo" y "el dominio masculino es indispensable para que los hombres puedan apropiarse del producto de la fecundidad femenina"; según la sharia o ley musulmana el testimonio de una mujer vale la mitad que el de un hombre; por otra parte, el Corán autoriza la poligamia de hasta cuatro mujeres y permite el concubinato. 

Grandes misóginos han sido Semónides de Amorgos, Giovanni Boccaccio, Juan Manuel, Alfonso Martínez de Toledo, Jaume Roig, Francesc Eiximenis, Pere de Torroellas, Hernán Mexía, Íñigo de Mendoza, Marqués de Santillana, Ambrosio de Montesino, Rodrigo de Reinosa, Francisco de Quevedo, Pío Baroja, Camilo José Cela, Francisco Umbral, Pilar Primo de Rivera, Carmen Martín Gaite, Esther Vilar y Elvira Lindo. La misoginia está relacionada con el pesimismo y la misantropía filosófica, pues la aversión a las mujeres suele ser sólo un síntoma de un desprecio más general hacia todo lo humano, hacia la humanidad en general. Manifestaciones de misoginia

Hay dos tipos de estructura social: el matriarcado y el patriarcado, y dos líneas de sucesión, la matrilinealidad y la patrilinealidad, de las cuales la más segura es la primera. El matriarcado corresponde a una posición predominante de la mujer, y el patriarcado al del hombre. En este segundo caso el lenguaje ha reflejado esta posición inferior en influencia con un lenguaje sexista muy marcado. En español, el morfema de género femenino denota frente al masculino connotaciones semánticas despectivas en oposiciones como zorro / zorra, hombre público / mujer pública, gallo / gallina etcétera. Por otra parte, en formaciones del folklore tradicional como el Refranero hay un abundante apartado que refleja la mentalidad misógina tradicional: "La mujer, la pata quebrada y en casa" "Llantos no se han de creer / de viejo, niño y mujer", etcétera. Fuente: wikipedia

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