domingo, 7 de octubre de 2012

Las mafias chinas cambian de "negocio": más prostitución y menos talleres clandestinos


MADRID.  Así lo reflejan las estadísticas policiales que apuntan a que la proporción entre los delitos de explotación laboral y sexual cometidos por chinos ha comenzado a invertirse en el último año.
Si en 2011, la Policía arrestó a 120 ciudadanos chinos por delitos contra los derechos de los trabajadores y solo 71 por prostitución, en los cinco primeros meses de este año el balance es justo el inverso y ya ha detenido a 43 personas por explotación sexual y solo a 34 por regentar talleres clandestinos.
La Policía Nacional ha liberado de enero a mayo a 78 mujeres que habían caído en las garras de las redes de la prostitución china, frente a las 129 víctimas de todo el año pasado.
De mantenerse este ritmo durante el resto del año, 2012 podría acabar con casi 200 mujeres rescatadas de estas mafias, que no dudan en encerrar día y noche a sus víctimas en "pisos patera" sin las mínimas condiciones de salubridad.
Y es que los talleres ilegales, en los que estas mafias han explotado tradicionalmente a sus compatriotas, parecen ya no ser tan rentables frente a la prostitución, que garantiza beneficios inmediatos. Un cambio de tendencia que no ha pasado desapercibido para las Fuerzas de Seguridad.
Analistas de la Unidad Central contra las Redes de Inmigración y Falsedades Documentales (UCRIF) de la Policía consultados reconocen que la mafia china ha reorientado sus "negocios" hacia la prostitución forzada, las extorsiones, los secuestros y las falsificaciones, además de a la tradicional explotación laboral, que continúa con fuerza.
Hasta hace poco tiempo, las mujeres chinas eran explotadas únicamente en el seno de su comunidad y con gran discreción, pero ahora son mercancía sexual que "se ofrece a todo el mundo", alertan los investigadores, como demuestran las decenas de anuncios que pueblan los periódicos e Internet.
El "modus operandi" de la prostitución china es idéntico al que ejecutan las mafias para atraer a trabajadores para sus talleres clandestinos, dedicados sobre todo a la confección textil.
Primero captan a jóvenes chinas que viven en regiones pobres del país y les prometen un trabajo bien pagado en España.
A cambio, la víctimas deberán abonar una importante cantidad de dinero en "gastos de viaje" y manutención, que puede rondar los 20.000 euros o incluso más.
Generalmente entran en Europa a través de aeropuertos poco transitados de países como Polonia o Hungría y después por vía terrestre llegan al Estado español.
 Viajan con pasaportes falsos chinos o coreanos, aprovechando las dificultades para reconocer los auténticos, o con documentación "prestada" que corresponde a otras mujeres y que es utilizada una y otra vez para introducir a las víctimas en Europa.
Una vez llegan, las mujeres descubren el engaño y son obligadas a trabajar en burdeles clandestinos para saldar la deuda con la organización.  Prostíbulos como los desmantelados a finales de 2011 en Barcelona, instalados en pisos y donde las mujeres eran forzadas a atender hasta ocho "servicios" consecutivos de una hora de duración. Las chicas, algunas de ellas menores de edad, desconocían por completo el idioma y mantenían relaciones sexuales sin protección. or si fuera poco, en los pisos se encontraron además sustancias abortivas.
El principal problema para erradicar estas mafias -reconocen los investigadores de la UCRIF- es que muchas de las víctimas no son conscientes de que están en unas condiciones degradantes porque piensan que es "lo normal" y que su obligación es saldar su deuda con las mafias.
"Casi ninguna denuncia", lamentan los agentes, que subrayan que una vez que quedan libres, muchas de ellas comienzan a ahorrar de nuevo para intentar dar el salto a Reino Unido o incluso a Estados Unidos, su destino final.  Fuente: deia.com

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