sábado, 27 de octubre de 2012

La yakuza

Sí claro, todos sabemos lo que es la Yakuza. Hemos visto suficientes películas y animes para entender que ellos son la mafia japonesa, sujetos que visten de traje negro, lentes oscuros, que manejan Mercedes y que, cuando hacen algo malo, son castigados con la amputación del meñique. ¿No es acaso así de sencillo?



Pues en realidad no lo es. Lo sería si fuesen realmente similares a la mafia italiana, pero no lo son. En primer lugar, no están escondidos: todos saben dónde viven. ¡Algunos de los clanes tienen oficinas con el logotipo del mismo en la puerta! Están muy relacionados al gobierno, y evitan cometer crímenes abiertamente. ¡Jamás asesinarían a un miembro del gobierno, como tantas mafias o grupos terroristas! No necesitan ser todos japoneses (como sicilianos en la mafia italiana) y aceptan personas de toda cultura. Son lo que llamaríamos una mafia sui géneris, adaptada perfectamente al mundo japonés...

Sus orígenes, se dice, datan de comienzos del siglo XVII, cuando el país fue reunificado bajo el Shogunato Tokugawa, lo que dejó a miles de samurai sin trabajo. Algunos de ellos se dedicaron al pillaje, lo que originó que grupos de pobladores se juntasen (en comités de autodefensa...) y aprendiesen artes marciales para protejerse. Estos grupos, los de los samurai dedicados al pillaje y los de los pobladores, fueron conocidos como los kabuki-mono y los machi-yakko, los locos y los servidores del pueblo.

Fast forward al siglo XVIII y veremos que los kabuki-mono y los machi-yakko se han diluído y mezclado convirtiéndose en dos grupos de autodefensa, el primero llamado Tekiya dedicado a la protección de comerciantes y ambulantes, y el segundo llamado Bakuto dedicado al manejo y protección de los negocios juegos y apuestas. La estructura jerárquica y reglas básicas de la Yakuza actual son herencia de la de la Tekiya, pero el kernel o corazón de la criminalidad -así como el gusto japonés por las apuestas- lo son del Bakuto. Digamos que ambos son los padres directos de la Yakuza.

Por cierto, el nombre de Yakuza proviene de un juego de cartas llamado Hanafuda, en el que el valor de la mano es equivalente al último dígito de la suma de las tres cartas que se tienen consigo. Una combinación perdedora es 8, 9, 3, ya que, siendo la suma 20, el valor de la mano es cero. Esta combinación se lee en japonés ya-ku-za, y fue adoptada por los miembros de esta organización ya que ellos se sienten parias de la sociedad, personas que han sido rechazados de la misma, elementos "sin valor"...

Hacia finales del siglo XIX llegó la modernidad a Japón de manos de la Restauración Meiji, y con ella los clanes Yakuza no quisieron quedarse atrás. Comenzaron a interesarse en el negocio de la construcción, en los puertos y en el transporte. Dejaron de lado -temporalmente- los juegos de azar, y se concentraron en los negocios. Coquetearon con la política y se aliaron con miembros del gobierno, apoyándolos con el fin de obtener ciertas prebendas. El clan Genyosha, por ejemplo, fue requerido por el Primer Ministro japonés para realizar una acción encubierta en Corea. Los Genyosha se infiltraron en el palacio real coreano y asesinaron a la reina precipitando, en parte, la invasión japonesa a ese país.

La ocupación norteamericana en Japón después de la Segunda Guerra Mundial, no hizo sino proporcionarles un nuevo medio para ganar dinero: el mercado negro de alimentos. Durante estos años los miembros de la Yakuza adquirieron la costumbre de vestirse "como las mafias norteamericanas" que se veían por televisión: ternos negros, lentes negros, grandes autos del mismo color. Entre los años 1958 y 1963, los miembros de la Yakuza aumentaron en un 150% llegando a tener 184,000 integrantes, ¡más que el propio ejército nipón! Actualmente, sin embargo, ese número ha decrecido a no más de 90,000 miembros.

Luego de más de 300 años, la Yakuza sigue existiendo y es parte integrante de la comunidad japonesa. Han diversificado sus negocios, se han organizado en 25 grandes clanes o sindicatos y generan entre 45,000 y 80,000 millones de dólares anuales, casi tanto como Ecuador y Bolivia juntos. Y en todo este tiempo han procurado no faltar a su parte del contrato tácito con la sociedad: no afectar directamente al ciudadano común y corriente.

El futuro, sin embargo, no se les presenta tan brillante. Japón publicó en el año 1991 la "Ley contra actividades criminales" y creó en 1998 la Agencia Supervisora Financiera, hechos que restringirán o harán más difíciles -al menos en el papel- sus actividades. Los clanes están tratando de adecuarse a los nuevos tiempos y están oficializando sus actividades fachada. El letrero que orgulloso anunciaba a los visitantes que estaban ingresando al cuartel principal de Yamaguchi-gumi, el más grande clan Yakuza, ha sido cambiado por uno que te da la bienvenida a la Corporación Yamaki. La placa en la puerta de las oficinas de Inagawa-kai reza ahora Industrias Inagawa. Uno de los clanes tomó el nombre de una organización religiosa, la Iglesia de la Paz y la Moral, y nombró a su jefe como el sacerdote supremo.

Pero, como mencionábamos, el futuro se les anuncia difícil. En palabras de Kakuji Inagawa, jefe del clan Inagawa-kai (ahora Industrias Inagawa), "...al final, la Yakuza terminará pareciéndose a la mafia americana. Habrá una sola organización pues los grandes tomarán el control de los más pequeños. Ya se nota el cambio a una organización con estructura corporativa. Pero entonces la mafia comenzará a matar por dinero. La Yakuza debe obedecer preceptos morales y reglas, pero esa tradición está desapareciendo. ¡Ojalá pudiésemos dar vuelta atrás al tiempo! Es la brecha generacional la que me preocupa...". Fuente: desde-japon.blogspot.com.es

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