viernes, 26 de octubre de 2012

La represión se intensifica en China

Ai Weiwei estaba el 3 de abril en el aeropuerto de Pekín. Iba a Hong Kong y luego a Taiwan por negocios y para acordar una posible exposición. En el control de inmigración le detuvieron. Un funcionario dijo a una ayudante que le acompañaba que Ai tenía “otros asuntos” y que no podría embarcar.
Desde ese día no se ha sabido nada más de Ai Weiwei. El gobierno solo ha dicho que ha cometido “delitos económicos”. Ai Weiwei sospechaba que le vigilaban desde finales de febrero. En su twitter colgó esta foto de una presunta furgoneta de la policía aparcada ante su estudio.


El mismo el 3 de abril, unos 15 ó 20 policías de paisano fueron al estudio de Ai Weiwei para inspeccionarlo. Detuvieron a una docena de trabajadores, tanto chinos como extranjeros. La mayoría fueron puestos en libertad el mismo día. Una empleada dijo al New York Times: “No está claro qué buscan, pero estamos aterrorizados”.
La policía había visitado tres veces esa semana el taller de Ai para ver papeles de trabajadores. Antes, en marzo, incluso el gobierno habría intentado captar a Ai Weiwei con una oferta para que colaborara con el régimen. Ai no aceptó.
Ai Weiwei es un artista famoso en todo el mundo; mucho más que en China. Una de sus últimas instalaciones se expuso en la Tate Modern de Londres.
A pesar de ser desconocido en China, la fama exterior de Ai le daba cierta protección en sus críticas a los autócratas en Pekín. El artista había sufrido una paliza de las fuerzas de seguridad en 2009, cuando estaba en un hotel en la provincia de Sichuan. Trabajaba en un proyecto relacionado con el terrible terremoto de 2008: quería recopilar los nombres de los más de cinco mil niños que murieron.
Esa vez había ido allí a declarar como testigo en un juicio. El resultado fue una operación de urgencias que le hicieron semanas después por un derrame a causa de la paliza. Ai estaba en Alemania para inaugurar una exposición en Alemania.

Que el gobierno se haya atrevido a ir a por Ai, significa que antes han arrestado a docenas de activistas menos conocidos. Aquí dicen que 54. Algunos ya han sido juzgados y enviados a campos de reeducación por varios años. Otros han sido liberados después de unos días desaparecidos.
Las oleadas de represión son comunes en China. Va por temporadas: tras una época más libre viene el control. Esta vez, sin embargo, el alcance es mayor. Además los abogados de derechos humanos, periodistas y blóguers, el gobierno acosa a los periodistas extranjeros -la mayoría han sido citados en el Ministerio de Seguridad Pública para “preguntas”- y a algunas religiones.
El 16 de marzo un monje tibetano se inmoló en el monasterio de Kirki, en Aba, en la provincia de Sichuan, junto al Tíbet. En lugar de apagar las llamas, la policía habría apaleado al monje. Después de esto, habría habido enfrentamientos y la policía aisló dentro del edificio a los 2.500 monjes que viven allí. Les amenazaron con enviarlos a reeducación. El Dalai Lama pidió calma a todos y parece que en efecto, se ha calmado la situación, aunque nadie sabe nada con certeza: los medios locales no informan y la prensa extranjera no puede viajar hasta allí.
El 10 de abril una comunidad protestante quiso hacer una misa en la calle en Pekín. En la casa donde tenían su iglesia no les habían renovado el alquiler, según dicen, por presiones del gobierno. No conseguían una nueva y optaron por la calle. Detuvieron a 169 personas; la mayoría han sido puestas en libertad.
Todo esto son muestras de que algo ocurre en China. El régimen tiene tres temores que podrían explicar el grado de represión:
1. La revolución jazmín. A finales de febrero hubo una convocatoria de protestas en varias ciudades chinas. Las protestas querían emular a las de los países árabes. El nombre -jazmín- era el que algunos medios habían dado a la revuelta en Túnez. En Pekín fue en la calle comercial de Wangfujing, delante del McDonald’s. Acudieron más mirones, periodistas y policías que manifestantes.

El régimen tiene miedo. Días antes de la convocatoria, un alto funcionario de la seguridad, Chen Jiping, avisó que “fuerzas occidentales hostiles”, alarmadas por el progreso chino, defendían los derechos humanos para atacar el control del partido. El Nobel de la paz al disidente Liu Xiaobo sería otra prueba de esta conspiración extranjera.
El guion se parece al de algunos países árabes. El corresponsal de Al Jazeera árabe en China habló en su blog en chino sobre la cobertura de la revuelta en Libia en los medios chinos. Repetían, decía, el discurso de la tele estatal libia: la mayoría de libios apoyan a Gadafi. El corresponsal lo criticaba. El post tuvo 100 mil visitas y 1.300 comentarios.
El detalle es importante no solo por el contenido, sino por su accesibilidad. China tiene bloqueados twitter, facebook y muchas otras páginas con una potente muralla digital. Pero ese post tuvo 100 mil visitas. En China hay 435 millones de usuarios de internet. La mayoría son jóvenes en ciudades. Yo he estado en decenas de internet cafés por toda China. La inmensa mayoría de jóvenes juega o ve películas, no busca información censurada. Pero su visión del mundo exterior no se parece a la de sus abuelos. Tienen el mundo en la pantalla. China ya no es la que era, cada vez menos.
2. El miedo a la inflación y al nivel de vida. El gobierno se esfuerza en controlar la inflación de los alimentos. A pesar de eso, en 2010 subieron un 11,7 por ciento. Muchos chinos creen que esa cifra está rebajada. Los precios son un problema en algunas regiones de China. Hace tiempo que el gobierno está muy preocupado por la inflación.
Pero en otras el reto es distinto: su nivel de vida se acerca a una cantidad anual -unos 16 mil dólares- a partir de la que empieza a ralentizar su subida: pasa de una media de 5,6 por ciento a 2,1. En ese momento pueden empezar también otro tipo de peticiones de la gente.
3. La transición en la cima. En 2012, el presidente Hu Jintao debería dejar el cargo al vicepresidente Xi Jinping. En la China popular ha habido hasta ahora cuatro presidentes: Mao Zedong, Deng Xiaoping, Jiang Zemin y Hu. Mao fue el líder de la revolución; Deng fue el ideólogo de las reformas que cambiaron la economía china. Son dos líderes intocables. Deng marcó a Jiang y Hu como sucesores. Xi no lleva la señal de ningún líder mítico.
Deng dejó un camino marcado por tres pilares: una economía pragmática, una política exterior discreta para poder crecer en paz y un sistema político basado en el control del Partido Comunista. Estos hitos se resquebrajan: el sistema económico necesita cambios para mantenerse, el ejército chino despliega de armas con toques de arrogancia y el control político del Partido puede ser cada vez más difícil de mantener.
China no está madura para una revuelta como la egipcia. La gente tiene aún esperanzas de vivir mejor que sus padres. Pero el crecimiento no durará siempre. El régimen debería prepararse antes de que sea demasiado tarde. La lección árabe, por ahora, no se sigue en China.
Fuente: Obama World

No hay comentarios:

Publicar un comentario