lunes, 1 de octubre de 2012

La mutilación genital de la mujer


La ablación de clítoris o mutilación genital femenina es la ablación o eliminación de tejido de cualquier parte de los genitales femeninos por razones culturales, religiosas o cualquiera otra no médica. Es un ritual de iniciación en origen realizado a las niñas de algunos países de África, Oriente Medio y otros. La costumbre es de procedencia incierta, aunque hay algunas versiones que afirman que comenzó en el antiguo Egipto y a partir de allí se extendió al resto del continente africano. Aunque se localiza sobre todo en la zona centro-africana, esta práctica no se limita al continente africano, pues se sabe que esta práctica también ocurren en varios países de Asia, Europa, Australia e incluso América. Practicada en muchos casos como rito de iniciación a la edad adulta, actualmente este motivo está disminuyendo debido a la prohibición de su realización en muchos países. En algunos casos se recurre a tradiciones religiosas para argumentar en su favor, pero lo cierto es que este tipo de mutilación está prohibida en el Islam.  La pérdida casi total de sensibilidad es la principal consecuencia para las afectadas, con el añadido trauma psicológico. Hay mujeres que mueren desangradas o por infección en las semanas posteriores a la intervención, ya que se realiza casi siempre de manera rudimentaria, a cargo de curanderas o mujeres mayores, y con herramientas no muy ortodoxas como cristales, cuchillos o cuchillas de afeitar y nunca en centros sanitarios. A la ablación se le conoce con distintos nombres: 

- Infibulación y escisión, son expresiones comunes al procedimiento empleado para efectuar la mutilación. 
- Mutilación genital femenina (MGF), que es la expresión oficial utilizada para referirse a esta práctica por la OMS (Organización Mundial de la Salud). 

La ablación sexual es la mutilación de parte de los genitales externos femeninos para evitar sentir placer sexual, con la finalidad de que pueda llegar virgen al matrimonio, puesto que si no es de ese modo, la mujer puede ser rechazada. También se realiza para evitar la supuesta promiscuidad de la mujer y asegurar que solamente tenga hijos con el marido. 

Existen varios tipos de ablación: 
- Amputación del prepucio del clítoris (circuncisión), pudiendo extirparse en parte o en su totalidad el clítoris (clitoridectomía). 
- Otra forma consiste en la escisión o mutilación total o parcial del prepucio del clítoris y los labios menores, conservando solo los labios mayores. 
- La infibulación es la forma más agresiva, y consiste en la extirpación del clítoris y labios mayores y menores. Después del acto, hay un cosido de ambos lados de la vulva hasta que esta queda prácticamente cerrada, dejando únicamente una abertura para la sangre menstrual y la orina. La infibulación también se le puede llamar circuncisión faraónica. 

El informe de Amnistía Internacional para concienciar de los malos tratos a las mujeres daba la cifra de 110 millones de mujeres clitoridectomizadas, y de dos millones de niñas por año en veinte países diferentes: Sientan a la niña desnuda, en un taburete bajo, inmovilizada al menos por tres mujeres. Una de ellas le rodea fuertemente el pecho con los brazos; las otras dos la obligan a mantener los muslos separados, para que la vulva quede completamente expuesta. Entonces, la anciana toma la navaja de afeitar y extirpa el clítoris. A continuación viene la infibulación: la anciana practica un corte a lo largo del labio menor y luego elimina, raspando, la carne del interior del labio mayor. La operación se repite al otro lado de la vulva. La niña grita y se retuerce de dolor, pero siguen sujetándola. La anciana enjuga la sangre de la herida y la madre, así como las otras mujeres, "verifica" su trabajo, algunas veces introduciendo los dedos. La cantidad de carne raspada de los labios mayores depende de la habilidad "técnica" de quien opera. La abertura que queda para la orina y el flujo menstrual es minúscula. Luego, la anciana aplica una pasta y asegura la unión de los labios mayores mediante espinas de acacia, que perforan el labio y se clavan en el otro. Coloca tres o cuatro a lo largo de la vulva. Estas espigas se fijan con hilo de coser o crin de caballo. Pero todo esto no basta para asegurar la soldadura de los labios; por eso, a la niña la atan desde la pelvis hasta los pies. Le inmovilizan las piernas con tiras de tela. Las cifras siguen poniendo los pelos de punta. A pesar de vivir en el siglo XXI y a pesar, también, de la evolución de los países subdesarrollados, la mutilación genital femenina (MGF) sigue siendo una epidemia en África, tal y como documenta la Organización Mundial de la Salud en la última edición de 'Bulletin World Health Organization'. Un ejemplo: sólo en Sierra Leona, la prevalencia es aún del 94%. Heather Sipsma, de la Universidad de Yale (EEUU), es el autor principal de una investigación que ha calculado la prevalencia de la "circuncisión" de las mujeres en África occidental gracias a las encuestas llevadas a cabo entre 2005 y 2007 en varios países. De esta forma se estableció el porcentaje de aquéllas que habían sido sometidas a una ablación, así como el número de sus hijas que también fueron mutiladas. La MGF comprende, según la OMS, todos los procedimientos que, de forma intencional y por motivos no médicos alteran o lesionan los órganos genitales. Más de 100 millones de niñas y mujeres han sido víctimas de esta práctica y más de tres millones están en riesgo de sufrir este procedimiento cada año. La circuncisión femenina "se ve como un rito de iniciación para las niñas en algunas comunidades y se realiza con mayor frecuencia entre los cuatro y los 10 años", destaca la entidad internacional. Los motivos Los motivos para su práctica van desde la 'fe' en que aumenta la fertilidad o favorece la pureza hasta que eleva las oportunidades de matrimonio y previene las muertes prenatales. "Estas creencias están fuertemente enraizadas en la tradición, la cultura y la religión, pero no tienen ninguna base científica", aclaran los autores de la investigación". Es más, todas las que se someten a este tipo de intervención sufren un dolor extremo (suele hacerse sin anestesia y sin las condiciones higiénicas y de esterilidad adecuadas) y pueden llegar a morir debido al excesivo sangrado. Por si fuera poco, tienen un elevado riesgo de sufrir efectos secundarios graves como: infecciones locales, formación de abcesos, tétanos, infección de la pelvis y del tracto urinario, además de sida o hepatitis. Y todo sin hablar de las secuelas psiquiátricas, como síndrome de estrés postraumático. El estudio Los científicos estadounidenses llevaron a cabo "un estudio transversal en 10 países de África occidental con los datos recogidos entre 2005-2007 en Burkina Faso, Costa de Marfil, Gambia, Ghana Guinea-Bissau, Mauritania, Nigeria, República de Níger, Sierra Leona y RepúblicaTogolesa. Todas las mujeres, con edades entre 15 y 49 años fueron entrevistadas en sus casas. A todas se les preguntó si habían sufrido la circuncisión, si tenían hijas que también habían pasado por esta práctica, además de indagar en sí creían que se debía continuar con este procedimiento. En la mayoría de los países, las participantes estaban casadas y la proporción de mujeres musulmanas fue de entre el 14% al 99%. Los datos muestran que en Sierra Leona, Gambia, Burkina Faso y Mauritania, la prevalencia de MGF fue del 94%, 79%, 74% y 72%, respectivamente. Por el contrario sólo un 6% de las mujeres de Ghana y las República de Níger y Togolosa habían sido amputadas. "Gambia fue uno los países con más proporción de hijas sometidas a la ablación del clítoris (64% ) mientras que en Togo, Níger o Ghana este porcentaje.

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