lunes, 29 de octubre de 2012

Huir de Sobibor

Ahora sacude a España, la historia de la mayor huida de presos de un campo de concentración nazi durante la Segunda Guerra mundial. Trescientos detenidos judíos lograron escaparse del campo de exterminio de Sobibor (Polonia) en octubre de 1943.

Una narración verídica que cuenta la más espectacular y masiva huida de presos en la Segunda Guerra Mundial fue presentada esta semana, en forma de libro, 22 años después que como narración se publicara en la universidad de Illinois, llega a España en forma de libro. Allí se cuenta como trescientos judíos huyeron de la muerte en Sobibor (Polonia) tras enfrentarse a sus guardianes.

Aún están vivos, dieciocho supervivientes de aquella historia y ellos cuentan la fuga a un periodista norteamericano. Otros trescientos presos murieron durante la fuga o fueron ejecutados tras ser detenidos de nuevo.
 
Este pasado jueves 17 de junio apareció en las librerías de toda España una historia apasionante y sorprendente sobre la fuga protagonizada por 300 judíos de un campo de extermino nazi. Este campo se llamó Sobibor, y estaba ubicado al este de Polonia. Los hechos se desarrollaron el año1943.
La mayor fuga de prisioneros de un campo en la Segunda Guerra Mundial. “Escapar de Sobibor” (Booket. Planeta) es un excelente trabajo del periodista norteamericano Richard Rashke, publicado en 1982 en University of Illinois Press, que fue la base para rodar en 1987 una mini serie televisiva que se llamó "Escape de Sobibor, del director Jack Gold, protagonizado por Alan Arkin y Joanna Pakula.

La historia del libro y la mini serie sobre aquellos hechos reales, que millones de televidentes en todo el mundo han visto como si se tratara de una aventura más sobre nazis y judíos, es reveladora de hasta qué punto las verdades oficiales se resisten a ser desmentidas. La historia está llena de tergiversaciones que son muy difíciles de destruir, y una de ellas es la que presenta a los judíos como una manada de corderos marchando hacia el matadero durante el holocausto nazi. Eso no fue así, quizá, por no ser así, es que ahora, y después de declararse el Estado de Isreal, el mundo conoce muy bien en temple y la fuerza de los judíos.

A pesar de los relevantes hechos que se narran, Escape de Sobibor ha tardado 22 años en llegar traducido a los lectores en lengua castellana por diversas cuestiones, entre ellas la de que desmiente los cánones históricos. Ha sido la curiosidad de un editor español, que tras leer en The New York Times una crónica sobre la muerte, en 2003, de un fugado de aquel campo de exterminio, se interesó por un libro que no había pasado de un tratamiento minoritario en Estados Unidos.

Allí se narra que Sobibor fue un campo de exterminio que funcionó entre 1942 y 1943 en el este de Polonia. Situado entre los más conocidos de Treblinka y Belzec, cerca de la frontera con Bielorrusia, formó parte de la Operación Reinhard de Himmler para exterminar a todos los judíos polacos. Se calcula que fueron un 1.600.000 judíos las víctimas en estos tres campos. Sólo en Sobibor, el más pequeño de los tres, fueron 250.000 los judíos gaseados. Al terminar la guerra se encontró muy poca documentación acerca de este campo, lo que hizo que quedara en un segundo nivel, entre los oscuros pliegues de la historia. Realmente, aquí no hay nada insólito, nada nuevo... Todos sabemos el horror del holocausto. Hace muy pocos días, este mismo es de junio, el 10, se dio a la publicidad; el descubrimiento de un nuevo campo de concentración nazi cerca del centro alpino de Rudolfshuette, una de las estaciones más populares de Austria, a 2.300 metros de altura. La investigación de una historiadora ha revelado que entre comienzos de 1943 y mayo de 1945 hubo un campo de concentración olvidado, en el que estaban recluidas unas 450 personas, en su mayoría franceses, belgas y austriacos. Pero Sobibor no fue un campo más, no fue una prisión más, Sobibor fue un campo de exterminio. Todos los judíos que llegaban a este tipo de campo, a diferencia de Mathaussen, Auschwitz o Dachau, eran conducidos en 24 horas a las cámaras de gas, salvo unos pocos centenares de los más jóvenes y preparados, destinados a servicios y mantenimiento. En el momento más activo de Sobibor, llegaron a ser exterminados 2.000 judíos diariamente, en su mayoría polacos, pero también los había holandeses, alemanes, checos y rusos. La brutalidad de esta cifra obligó a una incineración masiva de cadáveres, lo que le añadió al horror de la muerte la tenebrosa atmósfera de los crematorios masivos. 

Hay muchos testimonios de lo que pasó en Sobibor. Existen algunos testimonios personales de los evadidos, Richard Rashke logró hablar con 18 supervivientes de la fuga en Estados Unidos, Rusia, Brasil, Polonia e Israel a principios de los años 80, y no sólo rehizo la apasionante historia de la
evasión, sino de la vida cotidiana en el campo. Se sabe cuales trabajos realizaban, cómo se mantenía en secreto el denominado Campo III, donde eran exterminados los presos que llegaban a diario a Sobibor y cómo lentamente emergió la necesidad de contar al mundo lo que allí ocurrió. Libro lleno de narraciones duras, desgarradoras, narraciones de un horror que no puede ni debe olvidarse. Drama de seres que llegaban a un infierno donde eran torturados, explotados y luego conducidos a las cámaras de gas. 

Allí topamos con la realidad de lo que fue aquel invierno de 1942 cuando la mayoría de los judíos polacos habían sido exterminados y Sobibor pasó a ser el lugar donde ya se encargaban del exterminio de presos llegados del frente bielorruso y de judíos procedentes de Alemania, Checoslovaquia y Holanda. Allí frente al horror, frente a la sensación de que no hay esperanza alguna, es entonces cuando empieza a surgir entre los presos una certeza, una necesidad de organizar una fuga que tenía que ser masiva, porque los pocos intentos habidos de forma individual, siempre habían terminado sin éxito alguno, o de tenerlo, este éxito de un solo ser, lo pagaba el resto de los presos con ejecuciones masivas.
 
Tras analizar todas las posibilidades, decidió que la fuga se haría mediante una estampida masiva de presos hacia la puerta principal del campo, con el fin de alcanzar los tupidos bosques que se levantaban a medio kilómetro. El plan, que se llevó en absoluto secreto hasta el último momento, había previsto iniciarse con el asesinato de varios oficiales alemanes y ucranianos mediante el señuelo
de hacerles acudir a los barracones del sastre y del orfebre para probarse trajes y joyas realizadas con el oro y las piedras arrebatadas a los presos o con los dientes de oro de los exterminados. Con la ayuda de algunos kapos, presos que hacían de vigilantes, se hicieron con hachas, cuchillos y unas pocas armas de fuego. El día previsto, el 13 de octubre de 1943, el campo amaneció con una presencia masiva de oficiales y soldados de las SS y hubo que retrasar la acción al día siguiente. El día 14 al mediodía, tras eliminar a casi un decena de jefes, y cuando los casi 600 presos se concentraban en el patio central para un recuento, salieron corriendo hacia la puerta principal y las alambradas contiguas, que sortearon mediante maderos. La sorpresa siempre presente como gran aliada de este plan, fue la que dio el éxito.

La forma en que actuaron cogió de sorpresa a los guardianes que, para esa época, ya no tenían un mando firme, una cabeza ecuánime, por tanto tardaron en reaccionar. Así fue posible   que más de 300 prisioneros lograran llegar al bosque que rodeaba al campo de exterminio, sanos y salvos. Más de un centenar y medio de presos cayeron en la huida, bien por los disparos de ametralladora de los guardianes, bien en los campos minados del entorno. Otro centenar largo no puedo salir del campo al ser bloqueadas las salidas. Ya en los bosques, aquellos seres desesperados pero libres se dividieron por grupos. Unos se dirigieron a cruzar el Bug, el río que hace de frontera, con la intención de unirse a la guerrilla rusa, como fue el caso del líder de la fuga, Sasha. Otros se escondieron en los tupidos bosques de Parczew, donde unos 50.000 judíos orientales lograron sobrevivir durante la Segunda Guerra Mundial. Otros se escondieron en granjas, bien de parientes o de amigos, bien de polacos que admitieron como recompensa parte de dinero y joyas que los presos habían logrado esconder de los nazis.

En esta narración histórica y verídica su autor, Richard Rashke, hace hincapié y busca explicaciones al porqué del maltrato que en general dispensó la población católica polaca a los judíos. También durante la huida hubo judíos escapados de Sobibor que fueron entregados a las autoridades alemanas y ejecutados posteriormente. O el caso de Leon Feldhendler, que tras participar en la liberación de la ciudad polaca de Lublin fue víctima de un pogromo contra los judíos. Hasta tal punto fue así que algunos judíos tuvieron que huir a Rusia para escapar de los cazadores polacos.  

El libro de Rashke, que insiste en varias ocasiones en que no es judío, no concluye con la fuga, sino que dedica un par de capítulos a los partisanos y resistentes polacos contra los alemanes, como el Ejército Patriótico polaco (Armia Krajowa), que no quiso mezclarse con dos grupos de resistentes judíos polacos liderados por Gruber y Greenshpan. Finalmente, estos dos grupos se unieron a la resistencia comunista de Genek Kaminsky.

Richard Rashke, como buen periodista concluye su interesante y apasionante trabajo con las entrevistas que realizó a cada uno de los supervivientes y con una emocionante visita a lo que quedaba de Sobibor, en 1980, junto con Thomas Blatt (Toivi), un huido de Sobibor residente en Estados Unidos. Otro de los testimonios es el de Shlomo Szmajzner, un judío polaco residente en Brasil, que ingresó en el campo con apenas 15 años y que logró sobrevivir gracias a su oficio de orfebre. Fue Shlomo el que logró arrebatar a los alemanes las armas de fuego el día de la fuga del campo. Es autor de un librito, Inferno em Sobibor, publicado en portugués en 1968. Para Shlomo, contar lo ocurrido “es un alegato por la dignidad humana”.

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