sábado, 20 de octubre de 2012

El judaísmo "laico" y el judaísmo ateo

Luego de décadas en que los judíos libres del “cumplimiento de las mitzvot” dejaron el judaísmo en manos de las corrientes religiosas, ya sean las ortodoxas o bien las más liberales y modernas, el siglo XXI es testigo del apasionante renacimiento gradual y paulatino del judaísmo secular.
El pormenorizado análisis del autor, desmenuza desde el proceso sociológico que integra al mismo tiempo la idea de la aldea global con el comunitarismo y las particularidades, hasta los comienzos históricos del llamado judaísmo rabínico y el porqué la palabra “rabino” también puede ser utilizada como un término laico.
Al cabo de muchos años en que aquellos miembros de la comunidad que se sienten libres del cumplimiento de preceptos religiosos de origen divino, llámense mitzvot, dejaron el judaísmo en manos de las corrientes ortodoxas, por un lado, y también en las de corrientes religiosas más liberales y modernas por otro, varios sectores de este judaísmo libre han decidido tomar el “toro por las astas”, que no significa sino revitalizar otra alternativa de identificación étnica y cultural claramente mayoritaria, válida, legítima, abierta, pluralista y humanista.
Ya casi nadie cree en la fórmula mitológica de que existe “un judaísmo” (el ortodoxo-halájico-rabínico, vale aclarar), y la estructura de las sociedades actuales y las comunidades de Occidente permiten la existencia de una variedad de judaismos, en donde cada uno aporta desde su particularidad a esta diversidad cultural.
Hablando particularmente del judaísmo secular, en la última década se crearon: Ieshivot laicas, Beit Midrash de estudios judíos humanistas, grupos de estudio de espíritu pluralista, con gran cantidad de sitios de internet que se ocupan del tema. El público judío laico, humanista, progresista y liberal busca alternativas no religiosas a su identidad cultural, y hay para los mismos cada vez mas espacios y alternativas.
Pero, ¿qué es lo que propone este judaísmo como cultura? Lo que propone es una visión amplia, pluralista y crítica del judaísmo, basada tanto en sus fuentes históricas como en la creación cultural judía moderna y contemporánea. Es una cosmovisión abierta e incluyente de los judíos, en donde cada uno pueda expresar el judaísmo como lo entiende y en forma igualitaria.
Lo central aquí es el trabajo sobre los contenidos judíos. El rescate de la pluralidad de fuentes a través de la historia del pueblo hebreo, de las tradiciones y su re-creación constante.
Se definiría como la forma de ver el judaísmo en “Technicolor”, en una variedad de colores y no solo “en blanco y negro”, como hay ciertos sectores que nos lo quieren hacer ver.
Desde sus orígenes históricos, el judaísmo siempre fue variado, heterogéneo, plural, contradictorio. Esto lo podemos verificar en casi toda la literatura creada por los judíos a través de las generaciones: En la Biblia y en el Talmud, en la Mishna y con los sabios, las discusiones entre rabinos, las distintas respuestas a una misma pregunta, una variedad infinita de tradiciones y costumbres, grupos, corrientes y versiones diferenciadas a través de todo su devenir. Ni hablar de lo que es y representa el judaísmo en la actualidad…
El judaísmo laico implica una visión actual, adaptada, que integra los valores culturales humanistas de la sociedad occidental moderna junto a las fuentes, la historia y las tradiciones milenarias de nuestro pueblo.
Y a partir de esta definición, ¿quién es un judío laico? Es toda aquella persona que se define como tal, que se siente parte a la historia y del destino del pueblo judío, que entiende que el judaísmo es su cultura histórica y nacional, y que su identidad no está supeditada ni sometida a preceptos de origen divino, pero que a su vez le importa y cuida de las tradiciones, valores y festividades que son parte integral de su moderna y variada identidad cultural [N.E. o no lo hace en absoluto].
En estas épocas de globalizaciones y multiculturalismos, estamos siendo testigos de un fenómeno sociológico simultáneo: por un lado, las personas quieren ser “parte del mundo”, de la “aldea global”; y por el otro, hay una búsqueda intensiva de comunitarismo y de particularidades. Y este fenómeno no exime a los judíos. Tanto en Israel como en la diáspora, los judíos están sedientos de identidad y van en busca de alternativas y respuestas. Así, estamos presenciando el fortalecimiento de los sectores ortodoxos más fundamentalistas y retrógrados, al mismo tiempo que surgen comunidades y versiones New Age, y tambien el judaísmo laico aparece como una alternativa real y válida para aquellos que se identifican con la misma.
Y así como no hay un sólo judaísmo, tambíen “la comunidad judia” clásica, como la conocemos desde hace más de un siglo y medio, está terminando su ciclo histórico y se está pasando a una etapa en donde los judíos se van reorganizando y agrupando en “comunidades judías” de acuerdo a sus preferencias, ideologías, identidades, etnias y demás. Lo que llamaríamos “una comunidad de comunidades” y en donde el judaísmo laico ocuparía un lugar importante, sino para todos, por lo menos para una gran parte de los judíos que se identifican y quieren vivir como tales.
Los rabinos laicos humanistas
Si bien a priori la idea de un rabino laico puede parecer una paradoja, un oxímoron, haciendo un poco de historia se puede entender mejor el tema. Es necesario ir a las fuentes para ver los comienzos del término “rab” o “rabino”. Dicho concepto, que no existía en la época bíblica, se comenzó a utilizar en forma corriente a partir del exilio y la diáspora posteriores a la destrucción del Segundo Templo de Jerusalén, en el año 70 e.c., a la par de la conformación de las nuevas “comunidades” que se iban creando a medida que los judíos exilados llegaban a distintos países y se instalaban en ellos. Estas nóveles agrupaciones de judíos necesitaban de un liderazgo político, comunitario y religioso, y los encargados de esta última parte pasaron a denominarse “rabinos”.
La primera vez que encontramos este concepto en forma específica data del siglo II de la e.c., en la Mishná. Allí se refiere a un “rab” básicamente como maestro, aquel que enseñaba a sus discípulos las fuentes y las nuevas costumbres y tradiciones judías. Con el correr de los siglos, el rol de rabino fue ampliándose y se convirtió en líder religioso y conocedor e interpretador de las fuentes y la ley judía; por ende, en autoridad reconocida en asuntos de “judaísmo”. Es interesante notar que dicho rol se fue implementando paralelamente al desarrollo de la “religión judía”, que se empezó a conformar en dicha época, a partir de la necesidad de los judíos dispersos de encontrar sustituto a la vida diaria que llevaban en Eretz Israel, que giraba alrededor del Templo y sus rituales (sacrificios, peregrinaciones y demás).
Ahora, que el Templo ya no existe y el centro espiritual y político de los judíos fue destruido, surge la necesidad de reemplazarlo. Este reemplazo se realizó en varios ámbitos y en forma gradual: la sinagoga, como lugar de culto, tomó el lugar del Templo; los rezos, el lugar de los sacrificios; las festividades, el lugar de las peregrinaciones y donaciones; y, por supuesto, están los rabinos, que tomaron el lugar del Sumo Sacerdote y sus lugartenientes como autoridad reconocida. Estos fueron los comienzos históricos del llamado judaísmo rabínico que, con ciertas modificaciones, es el que conocemos hasta el día de hoy. Los “rabinos” de aquellas épocas (sabios, ancianos y gente de jurisprudencia halájica), fueron básicamente los encargados de crear y adaptar este “nuevo judaísmo” a las nuevas condiciones de vida de los judíos en los distintos países, y es por ellos que el concepto quedó tan arraigado a lo religioso y lo ritual, a pesar de que su origen es otro.
En la antigüedad llegaron a existir tres denominaciones para este rol, dependiendo del origen: Rabán, concepto usado por la escuela del sabio Hillel; Rabí, de las escuelas galileas; y Rab, de las escuelas orientales de origen y tradición babilónica. Las últimas dos se distinguían por el rito de ordenación. En Galilea no se requería Smijáh (ordenación rabínica formal), mientras que en la otra sí. De este modo, eran conocidos los dirigentes de las sinagogas judías, aunque a otros todavía no ordenados, pero reconocidos como autoridades, se les llamaba Talmid Jajam (Discípulo del sabio).
A partir de la era moderna, del siglo XIX en adelante, la función del rabino pasó a ser la de guía espiritual y organizador comunitario en el sentido más amplio del concepto. Un rabino se ocupa de ayudar a los judíos a desarrollar su vida espiritual y cultural de acuerdo a sus necesidades y convicciones respecto a su identidad judía. Los orienta y ayuda a celebrar los eventos del ciclo de vida, como ser nacimientos, maduración, casamientos, como así realizar ceremonias de entierro y duelo. También instruye a festejar y dirige los eventos del calendario hebreo.
Como vimos más arriba, originalmente el rol de rabino no tiene necesariamente relación con el culto religioso. Por un lado, el rabino es un funcionario comunitario; y por otro, gran parte de las expresiones religiosas de la cultura judía, como ser rezar o la misma realización de ceremonias como el casamiento, no necesitan obligatoriamente de la presencia de un rabino, sino simplemente la de un minián. Rabino entonces es el término con que la cultura judía denomina al “guía, maestro, autoridad intelectual o quien brinda apoyo espiritual”.
Ya a mitad del siglo XVII empezamos a ver los primeros testimonios de judíos críticos de las convenciones de entonces, quienes intentar ver y analizar el judaísmo desde una perspectiva abierta y libre de preconceptos. De más está decir que el exponente más conocido, profundo y creativo de esta tendencia, fue el filósofo judío-portugués-holandés Baruj de Spinoza.
A partir de entonces y hasta el día de hoy, se suceden cantidad de escritos y pensamientos, que intentan ver al judaísmo en forma crítica, abierta y pluralista. Lo que nunca pasó es que este judaísmo (a diferencia de las corrientes religiosas modernas como la reformista o el movimiento conservador) se transformó en una “corriente” orgánica, organizada y establecida como tal.
Entiendo que nos encontramos en una etapa histórica particular, en la que se está conformando y estableciendo una “nueva-vieja” corriente dentro del judaísmo, la laica-secular-humanista, que va tomando fuerza y vigor tanto en Israel como en distintos países de la diáspora.
¿Y que tiene esto que ver con los rabinos laicos? Los judíos laicos, al igual que el resto, tienen necesidad e interés de vivir, festejar y desarrollar su identidad judía particular. [N.E: o no]. Y así llegamos al punto de entender que si un movimiento quiere conformar una corriente y fortalecer y desarrollar comunidades judías laicas-humanistas, tiene la necesidad de formar y poner a la cabeza de las mismas a líderes capacitados, ya sea cultural, organizacional y profesionalmente, y a estos los denominaron “rabinos laicos – humanistas”.
¿Y por qué llamarlos rabinos entonces? ¿Por qué no llamarlos guías espirituales, líderes, directores, etc.? Creería que por dos razones básicas: la primera es que el judaísmo laico intenta retomar y recrear las raíces del judaísmo histórico [N.E. o no], y hemos visto como el término que utilizó la cultura judía para nombrar a un líder, maestro o guía de la comunidad, es el de “rabino”, y por ello es que lo toma. Por otro lado, viendo cómo este término ha sido desvirtuado de su significado original y vinculado exclusivamente al ámbito religioso del judaísmo, es una buena oportunidad de devolverlo a su concepción primigenia y demostrar que también se lo puede utilizar como un término laico, sin quitar méritos ni menoscabar a nadie.
Hoy existen en el mundo dos institutos de formación de rabinos laicos-humanistas, que funcionan bajo la supervisión del Instituto de judaísmo laico humanista. El primero y más antiguo está en Detroit, EE.UU. Fue fundado en 1985 por Sherwin Wine z”l, creador del Movimiento judío laico humanista, que ha formado ya más de 50 personas entre rabinos humanistas, educadores y líderes. El segundo es Tmura, que funciona en Jerusalén desde el año 2004, y que ya ha ordenado a 24 rabinos, todos ellos en funciones.
Sólo el tiempo nos dirá si el movimiento judío laico humanista se transformará en una corriente viva y relevante dentro de Israel y las comunidades de la diáspora, y si sus rabinos tomarán posiciones importantes y relevantes tanto a nivel ideológico como de contenidos y se la podrá contar entre las opciones válidas y legítimas para una gran parte de los judíos del mundo que se definen como tales.  [N.E. yo denominaría a este tipo de judaísmo, judaísmo tradicionalista más que laico. Spinoza no festejaba ni seguía las tradiciones judías amén de que haber sido  excomulgado  de la Comunidad Judía con lo que ni siquiera se sentíría atraído por pertenecer a dicha comunidad].

El judaísmo ateo
El ateísmo judío se refiere a las personas que siendo étnicamente y culturalmente judías, han abandonado su creencia en Dios sin abandonar su identidad judía ni desvincularse del pueblo judío.
El término no es contradictorio, ya que la judeidad tiene componentes étnicos y culturales además de religiosos. Las autoridades rabínicas (ortodoxos judíos) definen tradicionalmente la pertenencia al pueblo judío biológicamente a través de la descendencia matrilinear, sin tener en cuenta los actos ni las creencias; incluso las instituciones reformistas, reconstruccionistas y laicas consideran judío a cualquiera cuya madre sea judía. Maimonides basaba esa pertenencia en el cumplimiento obligatorio de trece credos, que definían la identidad judía en torno a creencias religiosas. Muchos pensadores modernos, en particular teólogos liberales, afirman que la Ley judía primitiva no atribuía una importancia tan preponderante a la creencia en Dios, y que enfatizaba más los actos y la conducta. Dado que el dogma religioso no fue formulado y establecido hasta la Edad Media, habría corrompido al judaísmo auténtico.
El ateísmo judío contemporáneo se nutre del humanismo ilustrado de la Haskalá, un movimiento judío no teísta que se desarrolló a finales del siglo XVIII y durante el siglo XIX.

Fuentes:

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