sábado, 20 de octubre de 2012

El asesinato de Anwar el-Sadat

El 6 de octubre de 1981, el asesinato del presidente Anwar el-Sadat por parte de la Yihad egipcia en el transcurso de un desfile militar en El Cairo fue el primer caso de magnicidio ejecutado por radicales islamistas. Los responsables del asesinato fueron inmediatamente detenidos: los hermanos Tarek y Abud Al Zomor, pertenecientes al movimiento integrista Al Yihad, y condenados a cadena perpetua. El principal acusado, Jaled Eslambuli, fue condenado a muerte.
La muerte de Sadat provocó una gran conmoción en la política internacional no sólo por el hecho en sí, sino también por la infiltración de la corriente de los Hermanos Musulmanes en unas Fuerzas Armadas consideradas tradicionalmente como las más poderosas del mundo árabe. Los fundamentalistas se sentían traicionados por su presidente, puesto que no podían aceptar que Sadat hubiera firmado la paz con Israel, país que consideraban representación máxima junto del Mal en la Tierra, junto con su gran valedor, Estados Unidos.
Jefe militar y presidente de Egipto desde 1970, destacado primero por su beligerancia y nacionalismo y después por su labor en favor de la paz en el Oriente Próximo, Sadat había dado un paso muy importante en la solución del conflicto que desangraba a esa parte del mundo al convertirse en el primer dirigente árabe en reconocer al Estado de Israel.
Anwar el-Sadat, nacido el día de Navidad de 1918, en el pueblo de Mit Abul Qawn, en el delta del Nilo, se unió a Gamal Abdel Nasser en la conspiración contra la monarquía egipcia bajo el dominio británico, para lo que llegó a mantener contacto con los alemanes durante la Segunda Guerra Mundial. Tomó parte en el golpe de Estado de 1952 que derrocó al rey Faruk I y condujo al poder a Nasser. Ocupó diversos cargos en el nuevo régimen, hasta ser nombrado presidente de la Asamblea Nacional (1960-1969) y vicepresidente de la República (1969-1970).
Tras la muerte de Nasser (1970), Sadat fue elegido presidente de la República y rápidamente consolidó su posición. Tras la humillante derrota egipcia ante Israel en la Guerra de los Seis Días (1967), Sadat reconstruyó el poderío militar de Egipto y en octubre de 1973 inició la llamada Guerra del Yom Kippur. Aunque no logró vencer en el campo de batalla, Sadat convirtió la guerra en una victoria moral. Recuperó de los israelíes el canal de Suez y estableció estrechas relaciones con Estados Unidos, al tiempo que iniciaba la ruptura con la Unión Soviética; estableció un programa de liberalización económica para atraer industrias y capital occidental, y cortó de raíz cualquier muestra de oposición a su política, en especial entre los grupos fundamentalistas musulmanes.
En 1977, ansioso por reducir los elevados impuestos originados por las cuatro guerras con Israel y por mejorar la situación de endeudamiento de su país, Sadat se arriesgó a la crítica de los restantes estados árabes y viajó a Jerusalén, donde se comprometió a reconocer a Israel bajo ciertas condiciones. Su iniciativa condujo a un segundo encuentro en 1978 con el primer ministro israelí Menajem Beguin, celebrado en Camp David (Maryland, Estados Unidos), bajo el patrocinio del presidente estadounidense Jimmy Carter, y en marzo de 1979 firmó en Washington un tratado de paz entre Israel y Egipto; por este hecho había recibido, junto con Begin, el Premio Nobel de la Paz en 1978.
 
Noticia / El País, 7 de octubre de 1981
El presidente egipcio Anuar el Sadat, de 62 años, murió ayer por la tarde a consecuencia de un atentado perpetrado horas antes por seis soldados durante un desfile militar. Sadat, jefe del Estado desde 1970, falleció en el hospital Maadi, de El Cairo, mientras los cirujanos intentaban salvar su vida. El atentado se produjo en el estadio de Medinet Nasr, en un barrio de la periferia de la capital egipcia, atestado por una multitud de unas cien mil personas, donde el presidente asistía al tradicional desfile militar conmemorativo de la guerra de octubre de 1973 contra Israel.
En el ataque perecieron otras cinco personas. Otras 38 resultaron heridas. Los tres egipcios muertos son el general Hassam Allan, el jefe de] organismo central de la iglesia copta y uno de los obispos de esta religión. Las fuentes oficiales egipcias no han dado a conocer la identidad de los dos muertos no egipcios, ni tampoco la de los heridos. Se sabe, sin embargo, que entre estos últimos figura el embajador belga en El Cairo, Claude Nuelle; el ministro irlandés de Defensa, Jim Tully, tres oficiales norteamericanos y -según el diario cairota Al Ahram-, un diplomático cubano.El anuncio oficial de la muerte se hizo en la capital egipcia varias horas después del atentado y cuando numerosas agencias informativas extranjeras y emisoras de televisión, sobre todo norteamericanas, daban ya al rais corno fallecido. Radio y televisión egipcias comenzaron a partir de las cuatro y media de la tarde a difundir versículos del Corán.
El vicepresidente Hosni Mubarak ha anunciado que en 60 dias se celebrarán elecciones generales, para designar al nuevo presidente de la República Egipcia.
Sadat presenciaba el desfile de jeeps armados de misiles anticarros, que pasaban ante la tribuna, cuando algunos soldados de sus dotaciones abrieron fuego contra él. Según otras versiones, un camión militar se separó de la formación y de él saltaron seis soldados, que lanzaron granadas de mano contra el estrado y comenzaron a disparar sus armas automáticas.
Según el testimonio del embajador español en El Cairo, Alberto López Herce, Sadat y el vícepresidente de la República cayeron al suelo herídos, junto con el ministro de Defensa, que fue alcanzado por varios disparos. Este se levantó con la cabeza ensangrentada y comenzó a dar órdenes. López Herce pudo ver a varios de sus colegas gravemente heridos, entre ellos los de Austria, Bélgica, Colombia y Cuba.
En el enfrentamiento que se produjo inmediatamente después entre la guardia personal de Sadat y los seis agresores, tres de éstos murieron y los restantes fueron arrestados. En El Cairo no se ha revelado la identidad de los atacantes, pero varias agencias internacionales de noticias con sede en Beirut han recibido llamadas anónimas en las que la Organización Independiente para la Liberación de Egipto, un grupo desconocido hasta ahora, reclama la responsabilidad del magnicidio.
Escenas de histeria colectiva siguieron al tiroteó. Numerosas personas, entre ellas niños, fueron pisoteadas y aplastadas por miles de civiles y militares que huían a la desbandada del escenario. de la agresión. Un camión de 30 toneladas, que transportaba un cohete antiaéreo, aplastó a un joven en una brusca maniobra de marcha atrás. Se desconoce con precisión el número total de víctimas del atentado, ya que unas lo han sido por bala o fragmentos de granada y otras en el movimiento de pánico desatado a continuación,
Sadat fue trasladado inmediatamente al hospital militar Maadi, donde según fuentes médicas falleció a la una y media de la tarde, hora de Madrid. El anuncio oficial no se hizo hasta casi tres horas después. En este ínterin se desató la especulación mundial sobre la suerte del presidente. Ya a las dos y media de la tarde, el corresponsal de la cadena televisiva norteamericana NBC, citando al jefe de los servicios de seguridad egipcios, anunciaba la muerte del rais.
Radio Israel dijo ánoche que el jefe del grupo que se hizo responsable del atentado (Organización Independiente para la Liberación de Egipto) es Adin Chazli, general egipcio dado de baja por Sadat.
El próximo 12 de octubre tendrá lugar un referéndum para la designación del presidente egipcio. La la constitución prevé que el Parlamento presente un único candidato, elegido por mayoría de dos tercios. Los egipcios deberán aceptar o rechazar al candidato. El partido de Sadat designó como candidato a Hosni Mubarak, vicepresidente de la República.

De la sombra de Nasser al abrazo de Camp David
El 5 de octubre de 1970, los mecanismos sucesorios puestos en marcha tras la inesperada muerte de Gamal Abdel Nasser llevaban a la Presidencia de Egipto a un hombre relativamente poco conocido, al que algunos llamaban "el coronel de acuerdo" por su docilidad al poder: Anuar el Sadat. El mismo primer ministro elegido por el nuevo presidente declaraba a la Prensa: "El Gobierno de un hombre cualquiera sustituye al de un hombre de excepción".
Sin embargo, once años más tarde, Sadat era, sin duda, uno de los políticos más destacados de la escena mundial. Detestado en gran parte del mundo árabe desde sus acuerdos con Israel y elogiado con frecuencia en el mundo occidental, especialmente en Estados Unidos, obtuvo en 1978 el Premio Nobel de la Paz, compartido con el primer ministro israelí, Menájem Beguin.

Todos reivindicaban la autoría del asesinato
"¿Por qué mataron a Sadat? ¿Quiénes lo mataron? No son las únicas preguntas, pero la respuesta exacta a cada una de ellas dará la clave del futuro en una región donde el menor movimiento puede romper el equilibrio de una delicada paz mundial. Pudieron matarlo porque tenía una actitud divergente con el resto del mundo árabe, porque rompió la política de bloque aliándose con Occidente y dialogando con Israel, porque marcó distancias con los palestinos, un punto de referencia inevitable en el complicado cuadro de situación del Medio Oriente. ¿Quiénes lo mataron? Sadat navegó en todas las aguas: fue amigo -a la vez- de Leonid Brezhnev y de Richard Nixon, del ayatollah Ruhollah Khomeini y del sha de Irán, de Menahem Beguin y de Yasser Arafat. Su pragmatismo se lo exigía. Pero a la hora del balance la respuesta pasa por una paradoja: cualquiera pudo matarlo, pero lo único seguro es que las armas no las cargó Israel, teóricamente el enemigo número uno del mundo árabe.

Todo ocurrió en 57 segundos. En ese momento, seis Mirage, apenas una muestra del formidable poderío aeronáutico egipcio, hacían piruetas frente al palco de honor levantado en La Victoria, una población de las afueras de El Cairo. Era casi el final de un desfile militar con el que Sadat mostraba al mundo que Egipto es la primera potencia militar árabe. Los aviones se entrecruzaban en el aire dibujando con sus estelas extrañas formas teñidas de rojo, azul, blanco y amarillo sobre el fondo celeste. Todos, en la tribuna y en las calles, miraban hacia arriba, hasta que el tableteo de ametralladoras y la explosión de granadas los llamó a la realidad. 'Al bajar la mirada vi a dos jóvenes soldados con la cabeza descubierta que viajaban en la parte trasera de un camión y disparaban contra el palco de honor. Por un instante atravesó por mi mente la idea de que aquello era parte del espectáculo. Luego vi que los dos hombres jóvenes saltaban del vehículo en movimiento y se abalanzaban gritando hacia el presidente’, dijo en un primer mensaje desde El Cairo Steve Hindy, corresponsal permanente de la agencia norteamericana The Associated Press.
 
Los aviones, con sus alegres estelas de humo, aún describían círculos y arcos de colores, y los cadáveres y los heridos de amontonaban entre el desorden, las sillas caídas y los agentes de seguridad, cuando se inició la cacería del comando suicida. Sadat fue llevado en un helicóptero hacia la misma clínica en la que fue atendido y murió el sha de Irán. Bañado en sangre, y atravesado en la cabeza, el cuello y el pecho por balas de grueso calibre, el presidente ya estaba muerto cuando fue sacado del palco de honor. Otros diez muertos y 38 heridos cerraban, al atardecer egipcio, el trágico saldo de la masacre.
(…) En distintas capitales del mundo árabe por lo menos cinco grupos reivindicaron la autoría del magnicidio: la Organización de la Unión Juvenil Nasserista Egipcia, la desconocida Organización Independiente para la Liberación de Egipto, el Frente Libanés para la Liberación de los Extranjeros, la Espada de la Unidad Islámica de las Fuerzas de la Revolución árabe y el Frente Opositor para la Liberación de Egipto Arabe. El miércoles 7 la Oficina de Seguridad de la presidencia dijo oficialmente que el atentado era obra del Frente Opositor, un grupo integrado en Libia y dirigido por el teniente general Saad Shazli.
(…) Sadat era el hombre que probablemente tenía más enemigos en el mundo: la Hermandad Musulmana, los fundamentalistas islámicos, los jeques que predican desde los púlpitos de la Universidad Coránica de Al Ahzar, los ex nasseristas, Khaddafi, los socialistas sirios, los marxistas, los palestinos y todos los árabes que le reprochaban la traición de Camp David. Además, en el ejército también se había consolidado una tendencia que también lo cuestionaba. El miércoles, un día después del atentado, fuentes oficiales de El Cairo dijeron que unos 200 oficiales habían sido detenidos para ser investigados. Pero todas las miradas apuntan hacia Libia y Moscú, el proveedor de armas para las aventuras terroristas de Khaddafi. El propio Kissinger dio a Somos una pista: 'Hace dos meses Sadat me confesó que los servicios de inteligencia egipcios habían detectado por lo menos doce complots en los últimos dos años. En algunos casos las órdenes provenían de Yasser Arafat. En otros, de Libia. En Egipto sabían que Khaddafi emplearía todas sus finanzas, todas sus armas y toda su sangre para acabar con Sadat'”.
Fuentes

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