lunes, 1 de octubre de 2012

El Apartheid como construcción ideológica


Una de las cuestiones que nos impulsó a abordar el apartheid en Sudáfrica, fue justamente su caracterización como prototipo de la discriminación racial. En este sentido, pensamos que es central el papel jugado por el racismo en la conformación de una ideología que ha sostenido el apartheid durante más de cuarenta años en Sudáfrica. Para ello partimos de una concepción de racismo como una categoría socio-política cuya creación busca fundamentarse a partir de una realidad puramente biológica: la raza. Esto nos remite al carácter encubridor del racismo, ya que atribuye a la raza el surgimiento de conflictos que en realidad son de carácter social y político. La fuerte presencia del racismo como inspirador del apartheid sudafricano, ha contribuido a que ciertas características físicas (ser negro) aparezcan como vínculos sociales.Algunos de los interrogantes que nos planteamos para abordar el tema que nos ocupa han sido: ¿puede considerarse al apartheid un sistema legitimador del proceso de desarrollo capitalista? ¿Cuáles son susfundamentos y cómo se instrumentan los mismos en la práctica?Para intentar dar una respuesta a estos interrogantes consideramos fundamental situar al apartheid como fruto de un desarrollo histórico que no es ajeno al proceso de consolidación del capitalismo y de formación del Estado. En segundo lugar, intentaremos trabajar al apartheid como construcción ideológica para visualizar cuáles son sus fundamentos básicos y cómo han ido construyéndose históricamente haciendo viable su puesta en práctica. 

Desarrollo capitalista y formación del Estado sudafricano 
Para comprender la implementación del Apartheid en Sudáfrica, se deben tener en cuenta, en primer término, cuáles eran las condiciones de desarrollo del capitalismo y cómo devienen las mismas en la adopción de una postura racista y segregacionista.En este aspecto, la colonización había llevado desde un comienzo, al concepto de superioridad del hombre blanco y de las culturas occidentales. La misión civilizadora estimuló en principio las ideas asimilacionistas de la población local; pero hacia fines del siglo XIX y principios del XX estas ideas fueron reemplazadas paulatinamente por el racismo científico. El darwinismo social contribuyó a brindar la base legitimadora del segregacionismo, pues separó a blancos de los negros por representar diferentes grados de evolución cultural. Esto se profundizó aún más a partir de 1910 cuando Gran Bretaña concedió la autonomía al pueblo sudafricano blanco, que pasó a conformar la Unión Sudafricana. La imposición blanca sobre el territorio se produce a partir de la conquista, y mediante la aplicación de una legislatura y administración de la justicia sumamente rígida, tendientes a excluir al pueblo negro de todo poder político. Al afianzar el control del Estado se aseguraba también la puesta en marcha de una política que respondiera a sus propios intereses. En este aspecto, el control social por parte del Estado fue un elemento fundamental y se corresponde con las particularidades del desarrollo capitalista sudafricano. Esto puede visualizarse aún más si tenemos en cuenta el rol de la minería. 1867 y 1886 marcan el inicio de la producción minera en Sudáfrica, dominada en principio por el capital británico. Sin embargo, el elemento central de explotación minera es que siempre dependió del trabajo forzado. Esto hizo necesario que los altos costos de la producción, frente a la imposibilidad de transferirlos al consumidor, fueran reducidos con la incorporación de mano de obra barata que se reclutaba entre la población negra. Este reclutamiento se llevaba a cabo mediante la economía del trabajo forzado que obligaba a los negros a migrar desde sus comunidades aldeanas al campamento minero. Mediante un contrato de trabajo obligatorio y una fuerte coerción extra-económica, implementada desde el Estado, se puso en marcha la captación de la acumulación capitalista. En 1911, en un intento de regular la mano de obra nativa se impulsó una legislación que tendía a extender las sanciones criminales a aquellos que rompieran el contrato de trabajo. Otro paso importante se dio en 1913 al prohibir a los negros la compra de tierras. Ello llevó a la creación de extensiones territoriales pertenecientes a las comunidades que pasaron a constituirse en reservas de mano de obra mejor controladas, que migraban directamente a los centros urbanos. El papel desempeñado por los jefes de las comunidades locales es fundamental ya que recibían una parte del costo de la mano de obra otorgada por el Estado para asegurar la reproducción de la fuerza de trabajo. Estos se transformaron rápidamente en intermediarios que ayudaron a efectivizar la organización y control de la mano de obra por parte del Estado. Ello desencadenó un proceso de deterioro de la capacidad de reproducción de la subsistencia y del excedente, al interior de las comunidades nativas que, en un plazo relativamente corto, llevaría a desarticular la base de sustentación y de acumulación capitalista, haciendo necesario un reajuste. El hecho de que el estado beneficiara con particular interés al sector de la minería, generó conflictos al interior del grupo blanco dominante ya que afectaba a un importante sector cuyos intereses se encontraban en la producción agrícola. Si bien la minería había generado un notable incremento de la demanda de granos, se recurrió a la importación para satisfacer la misma. Esto perjudicó a los productores locales. Por otra parte las diferencias entre agricultura y minería también se manifestaban en relación con la mano de obra. Mientras esta última requería de la mano de obra migrante, la primera solicitaba que los trabajadores se establecieran en las propias unidades de producción. Sin embargo, estas diferencias que surgieron entre ambos sectores fueron superadas en gran medida a partir de la unificación de sus intereses. María Lis Lange afirma que las causas de dicha unificación debe buscarse en el papel jugado por el Estado en el control de la mano de obra. En la década de 1930 se produce, a causa de la coyuntura internacional que supuso la guerra mundial, un proceso de industrialización por sustitución de importaciones. La participación directa del Estado como principal inversor fue fundamental ya que debía propiciar la creación de la mano de obra libre y asalariada. Sin embargo, el proceso de proletarización tuvo características diferentes en el caso sudafricano. En primer lugar porque no se pretendía conformar un proletariado homogéneo, sino más bien cimentado en términos raciales. Esto les permitía hacer una clara división en la competencia por los puestos. Los trabajos calificados fueron otorgados en mayor medida a los blancos mientras se pretendía que la mano de obra negra continuara siendo barata y no calificada. Se permitió al proletario blanco la organización sindical mientras se acentuaba y se reafirmaba la dominación sobre el proletariado negro. En este aspecto la división racial entre proletariado blanco y proletariado negro fue una estrategia de dominación. Ello no es más que el reflejo de los intereses de la clase dominante que trata de viabilizarlo a través de su instrumento más contundente: El Estado. A partir de la década del 40 se ponen de manifiesto nuevos problemas respecto al control de la mano de obra. Frente a la declinación de la capacidad productiva de las reservas africanas se hizo necesario el planteo de nuevas estrategias que permitieran al desarrollo capitalista mantener tanto la tasa de ganancia como las relaciones sociales propias del sistema al que daba sustento. El surgimiento del apartheid debe entenderse, en este contexto, como un mecanismo implementado desde el Estado para dar respuesta a los problemas generados por la creciente desintegración de las condiciones reproductoras de la fuerza de trabajo negra, que ponía en riesgo el mantenimiento de la tasa de ganancia capitalista. Cuando, en 1948, el Partido Nacional tras su victoria electoral introdujo como programa gubernamental de la República Sudafricana el apartheid, basado en la segregación racial, no estaba creando nada nuevo. En realidad con ello no hacían mas que institucionalizar una práctica racista que había legitimado desde el mismo momento de la conquista la supremacía blanca en Sudáfrica. El elemento central del apartheid es el desarrollo separado entre blancos y negros. Ello se plasma en el ámbito geográfico en la separación en Estado blanco y varios territorios ocupados por la población nativa denominados Bantustanes. Lo más notable de esta división es la desigual distribución, ya que los blancos se han apropiado de los territorios con recursos naturales más ricos, mientras que a las poblaciones nativas les fueron otorgadas las áreas más pobres y menos desarrolladas. Esta apropiación de los recursos naturales por parte de los blancos ha contribuido a acentuar la explotación negra, impidiéndole toda posibilidad de desarrollo autónomo. Incluso los ha privado de asegurarse la producción de la subsistencia. Esto ha contribuido en parte a la situación de hambre que padece el pueblo sudafricano. Frank Vorhies sostiene al respecto que los africanos no padecen hambre porque los europeos implementaron relaciones capitalistas explotadoras sobre ellos. Al contrario: hay hambre en África porque el colonialismo impidió el avance del capitalismo negro”. El planteo de este autor se fundamenta en que precisamente la política racial del apartheid impidió que se desarrollara la propiedad privada entre los negros, restringiendo la libertad de los agricultores independientes con el fin de obligarlos a trabajar en las fincas y en las minas de los colonos blancos. Pero se fue más lejos aún, ya que los mismos gobiernos tribales implantaron viejas costumbres, ineficientes sobre la propiedad y el comercio. Sobre todo porque la distribución de las tierras comunales, se llevó a cabo por razones políticas, no económicas. Siguiendo la línea interpretativa de este autor podemos decir que la solución que propone para la baja productividad negra es la creación de un sistema de propiedad privada, en pocas palabras: “a los negros africanos debe permitírseles reconstruir su propia cultura capitalista”. Pensamos que este punto de vista reduce la cuestión a una salida puramente accidental. Proponer al capitalismo para superar los problemas de los pueblos negros es negar toda posibilidad de que surja un proyecto propiamente sudafricano. Con esto no queremos decir que el capitalismo no sea viable para el caso sudafricano. Lo que nos interesa señalar es que una propuesta de cambio para dar respuesta a los problemas de Sudáfrica debe surgir del interior mismo de la sociedad que la constituye. Es cierto que esa sociedad está atravesada por profundas diferencias y conflictos diversos. Pero ¿por qué no asumir la diversidad? ¿Por qué no pensarse a sí misma con sus problemas, sus valores para elaborar una salida propia? Ciertamente ello es difícil de llevar a la práctica. Cuarenta años de institucionalización del racismo en Sudáfrica ha dejado profundas secuelas difíciles de superar. No basta con suprimir las leyes de la discriminación y del racismo, cuando en realidad no ha habido un cambio en la forma en que se piensa la sociedad. Creemos que la cuestión, en el caso sudafricano, se ha plateado de manera inversa. No son las leyes lo que determina la forma de ser y de hacer de las sociedades. Por eso es necesario asumir el cambio desde la sociedad para luego plasmarlo en el marco institucional. ¿Por qué no pensar en la misma lógica que siguió la aprobación del Apartheid? Si nos detenemos a pensar, el programa segregacionista no hubiese sido posible si no contara previamente con el consenso necesario para erigirse en pensamiento dominante. Ciertamente ese consenso no fue generalizado y provenía fundamentalmente del sector blanco que ejercía la dominación de los pueblos africanos. Pero, planteada la cuestión desde la posibilidad de participación política que se abrió a la población negra a partir de la supresión del Apartheid en 1991 y el ascenso de Nelson Mandela como presidente, las perspectivas se amplían. Sobre todo si se considera que por primera vez en Sudáfrica un presidente negro asume la dirección política del Estado. El gran desafío consiste en cómo platear un proyecto de cambio desde el poder político mientras las relaciones de producción que sustentaban el apartheid siguen vigentes e intactas. 

El apartheid sudafricano: Una construcción ideológica 
Consideramos que la discriminación racial en Sudáfrica sirvió de sustento ideológico del desarrollo capitalista. La colonización blanca llevó a Sudáfrica su concepto de superioridad del hombre blanco y de la cultura occidental.Hacia fines del siglo XIX se trató “científicamente” de establecer la inferioridad del hombre negro y de otras formas que sostenían que “las razas humanas son resultado de la evolución de nuestra especie” fueron utilizadas para analizar la raza, acentuando las diferencias. En este sentido el primitivismo y la bestialidad de la “raza negra” fueron exacerbados y ampliamente difundidos constituyendo verdaderos estereotipos populares raciales. Si nos detenemos a pensar un momento, el mero hecho de que palabras como salvajes, primitivos, caníbales, mestizos, evoquen en nosotros determinados seres humanos cargados de determinados valores y no otros, están señalando esa determinación profunda del racismo inconsciente que todos padecemos. Actualmente sabemos que no hay justificación biológica para el racismo. Las razas, al contrario de las especies, son sistemas abiertos en los que ocurren intercambios genéticos con frecuencia. En este sentido, la mezcla de razas es un fenómeno histórico por lo cual no puede marcarse una línea divisoria, ya que por ejemplo una misma persona puede tener características de varias razas. De esta manera, el racismo, buscó en la ciencia la justificación de la división racial que le permitía llevar a cabo lo que Marx había señalado como “la explotación del hombre por el hombre”. Esto nos lleva a reflexionar en torno a cómo “la verdad científica” tiene en gran medida la verdad que el poder político le otorga. Y este poder en modo alguno necesita ejercitarse directamente, sino que se encuentra inserto en la producción cotidiana y normal de nuestra sociedad. El compromiso de los científicos implica un replanteo de los que significa “hacer ciencia” y poner al desnudo las verdaderas pretensiones del poder, denunciando la manipulación de la que son objeto. En este aspecto, el modo de producción capitalista generó su expansión montado sobre la explotación, la subordinación y discriminación de la población negra. El proceso expansivo se manejó ideológicamente en términos culturales: los civilizados se expandían sobre los primitivos. Esto, llevó a que se establecieran un tipo de relaciones cortadas por el concepto de raza, lo que condujo a reformular la relación en términos biológicos. El racismo fue en el caso sudafricano el desemboque obligado del sistema. La ciencia brindó los contenidos que luego fueron utilizados y fundamentados por la ideología dominante. Los blancos, tanto afrikaners como anglófonos trataron de oponerse con fuerza a la fusión con los africanos, no tanto porque creyeron en algún tipo de superioridad racial, afirma Giliomee, sino más bien porque temían que aquello condujese a la pérdida de la preeminencia que tenían en ese momento. Cuando en 1910 se estableció la unión entre las Repúblicas Bóers del Estado Libre de Orange y de Transvaal; y las regiones del Cabo y Natal dominadas por ingleses, uno de los puntos fundamentales del acuerdo establecía el sufragio solo para blancos en las primeras, mientras que en las segundas se mantuvo el sufragio sin discriminación racial. Esto se debía, según los planteos de Fernando Volio Jiménez, al firme deseo de los afrikaners de conservar su identidad nacional impulsada y mistificada por la creencia en la supremacía blanca, derivada de Dios mismo. Con la creación del Partido Nacionalista (o partido Afrikaner) en 1914, se proclamó abiertamente esta política interna del dominio de la población blanca, evitando cualquier intento de mezcla racial. La puesta en marcha del Apartheid hacia los años cincuenta fue de alguna manera, la continuación o el perfeccionamiento del viejo sistema de segregación. El Estado intervino para  regular el problema social, manteniendo a grupos raciales en categorías sociales diferentes, acentuando sus divisiones. Algunas de las leyes que acentuaron el segregacionismo fueron por ejemplo: La ley de reforma electoral que en 1948 fijó requisitos para la inscripción de los votantes de color en los lugares donde se les permitía sufragar. De esta manera se les negaba toda posibilidad de participación política. Ello explica que los blancos que eran minoría, pudieran ejercer el dominio del Estado. También se prohibieron en 1950 los matrimonios mixtos y se fomentó el control de las migraciones de la mano de obra negra hacia las ciudades para asegurar al sistema un ejército de reserva de trabajadores. Los trabajadores africanos no podían permanecer por más de 72 horas en las áreas blancas y además se prohibió todo derecho de huelga, dejando indefensos a los trabajadores no blancos frente a los patrones, con salarios sumamente bajos. De esta manera retomaban el viejo lema de la colonia: “Dividir para reinar”, impidiendo todo tipo de elementos que les permitiera organizarse para formar un frente común contra sus dominadores. Otra de las estrategias para sujetar firmemente a la población africana nativa fue la de controlar el sistema educacional orientándolo hacia los fines del apartheid. La política educativa se orientó a que los nativos acepten su inferioridad. En 1954 se dio un paso más en esta política al transferir el costo de la financiación escolar a los propios africanos. Esta Misma legislación sobre educación Bantú fue completada en 1959 con la Ley de Extensión de la Educación que prohibió la matrícula de estudiantes no blancos en las universidades. En este sentido, el apartheid aseguraba el control de todos los ámbitos de la vida de los no blancos, lo que le permitía una mejor manipulación. Ese control se corresponde justamente con las necesidades del capitalismo. Por lo tanto, el apartheid en tanto programa que responde a los intereses de los sectores blancos que controlan el Estado, pone de manifiesto la base ideológica sobre la que se sustentan las relaciones capitalistas. 

A modo de conclusión 
En febrero de 1990, el gobierno blanco levantó las sanciones contra las organizaciones políticas opuestas al apartheid y legalizó El Congreso Nacional Africano, dirigido por Nelson Mandela. Fueron los primeros resultados de un largo proceso de lucha para desmantelar el régimen segregacionista.El apartheid fue criticado desde la ONU, de la cual Sudáfrica formaba parte. Sin embargo, tal como encuentra establecido en la carta que rige la organización, en el artículo 2, párrafo 7, establece la no-intervención en los asuntos que sean de la jurisdicción interna de los Estados miembros. El gobierno sudafricano negó toda intervención por parte de la ONU apelando a dicho artículo. La supresión del apartheid sí bien significó el ascenso de la población negra al poder político, gracias a las elecciones multirraciales celebradas en 1994, los problemas sociales continúan porque no es posible cambiar bruscamente una ideología racista fuertemente arraigada en la población. Las resistencias y los resentimientos son demasiado fuertes para plantear una salida que tienda a dar respuestas viables a las condiciones de vida de la población nativa. En este sentido, cabe preguntarse por las condiciones del desarrollo capitalista en este período que se ha despojado, al menos en el plano institucional, de sus fundamentos ideológicos. Tal vez, una posible explicación puede buscarse en el hecho de que si bien ha cedido terreno en el plano político, en el económico sigue teniendo la hegemonía. Mientras no se den conquistas en el ámbito económico, las transformaciones política no podrán por sí mismas generar cambios profundos. Fuente: nodo50.org

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