domingo, 16 de septiembre de 2012

Maus. Relato de un superviviente, de Art Spiegelman


Maus. Relato de un superviviente (Maus: A Survivor's Tale) es un cómic alternativo creado por el historietista estadounidense Art Spiegelman y publicado por entregas en la revista Raw, de la que era editor, entre 1980 y 1991. La obra, de casi 300 páginas, se publicó inicialmente en dos partes: Mi padre sangra historia (My Father Bleeds History, 1986) e Y allí empezaron mis problemas (And Here My Troubles Began, 1991), integrándose finalmente en un único volumen.

La obra recibió un premio Pulitzer en 1992, entre otros prestigiosos premios, y dio origen a una de las dos vías de la novela gráfica contemporánea, la independiente y autobiográfica, frente a la superheroica y comercial de Watchmen y Batman: The Dark Knight Returns.

En Maus Art Spiegelman narra la historia real de su padre, Vladek Spiegelman, judío polaco, durante la Segunda Guerra Mundial, así como las complicadas relaciones entre padre e hijo durante el proceso de elaboración de la historieta, ya en Estados Unidos, donde llegaron los padres de Art tras la guerra. La historia se desarrolla por una parte en Rego Park (Nueva York), donde Vladek Spiegelman cuenta su historia a su hijo Art, que está desarrollando un cómic. Y en los flash-backs de Vladek donde narra sus vivencias durante la guerra. Según Rosa Planas, "es una obra capital sobre el Holocausto por muchos motivos: la originalidad del tratamiento en forma de historias imbricadas, el uso del flash-back, el medio escogido (el cómic) y también el carácter de fábula que comporta el hecho de que los protagonistas sean animales que escenifican comportamientos humanos".

Art Spiegelman usa animales antropomórficos: ratones para representar a los judíos (Maus significa ratón en alemán), gatos para los alemanes, cerdos para los polacos, ranas para los franceses, ciervos para los suecos y perros para los estadounidenses, así como peces para los ingleses. Aparte del evidente componente fabulístico, el empleo de esta convención de representación colectiva enfatiza visualmente la "desindividuación" propiciada por el Holocausto, con la reducción del individuo a una mera identidad nacional, étnica o racial (v.gr., alemanes, judíos, polacos) que determina su destino en ese contexto histórico. Como ha admitido el propio Spiegelman, esta convención se inspira, además, en una reapropiación de los dibujos animados (cartoons) norteamericanos, tipo "Tom & Jerry", muy influyentes en la cultura cinematográfica y televisiva de su niñez.

También puede interpretarse como una reivindicación de la autonomía del cómic, demostrando que puede abordar cualquier tema sin abandonar sus convenciones gráficas.
Los ratones son usados como representación de los judíos dentro de la historia

El dibujo es en blanco y negro, con un trazo anguloso y nervioso inspirado en las xilografías de principios de siglo y que, dentro de la vanguardista obra de Spiegelman (muy influída por el expresionismo), resulta contenido.

La obra está estructurada en dos planos. En uno, el hijo nos relata la compleja relación que mantiene con su padre, superviviente de los campos nazis, mientras recoge notas para la realización de un cómic que contará las vivencias de aquél en la guerra. En la otra, asistimos a la historia en sí, la de una joven pareja de recién casados inmersa en el tumulto nazi.

El autor entreteje continuamente las líneas del relato, haciendo que las viñetas de una narración interrumpan el flujo de la otra, como corresponde a lo que en el fondo es un relato oral. Este recurso y dibujar a los judíos con cabezas de ratón y a los nazis con cabezas de gato ayudan al autor a conservar el distanciamiento ante lo que cuenta, y su profesionalidad como creador de cómics. Así, Art Spiegelman no tiene que juzgar los hechos, sólo darles cuerpo en imágenes y contarlos lo mejor posible.

La disposición de las viñetas en la parte rememorada (época que el autor no conoció, por lo que se encuentra emocionalmente seguro en ella) usa todos los elementos que el cómic permite para reconstruir la atmósfera emocional de la época o el estado anímico de los personajes (viñetas sin recuadrar, viñetas de formas extrañas, viñetas dentro de viñetas, etc.), conservando siempre el maestro equilibrio entre el distanciamiento y la emoción (como deja ver la escena en la que un nazi golpea a un niño contra la pared).

En contraste, los sucesos contemporáneos muestran una aparente pobreza visual, que esconde realmente emociones reprimidas en pequeñas viñetas clásicas y ordenadas, dentro de las cuales el autor lucha con calmada desesperación por comprender a su padre. Queda patente el contraste entre las pequeñas tragedias cotidianas, los malentendidos inevitables entre un padre y un hijo que viven realidades radicalmente diferentes, y la gran tragedia del pasado que todavía pesa sobre la conciencia de todos los personajes.

Un ejemplo. En una misma página el padre recrimina a su hijo por dejar caer al suelo las cenizas de su cigarrillo, mientras simultáneamente le vemos ser víctima del sadismo nazi. En otra, Vladek cuenta píldoras obsesivamente mientras habla de la implicación de su primera esposa (la madre de Art Spiegelman) en conspiraciones comunistas. En un momento dado, el autor interrumpe una conversación para ir en busca de lápiz y papel con los que transcribirla fielmente, a fin de incluirla en el libro.

Art Spiegelman sólo se permite expresar abiertamente sus emociones en el cómic: “Prisioneros en el planeta infierno. Un caso clínico”, dibujado por Art Spiegelman para relatar los sucesos posteriores al suicidio de su madre, incluido en MAUS y leído y comentado por los personajes (en un juego que haría las delicias de Borges). En el fondo hay dos Art Spiegelman distintos: el dibujante profesional de cómics que conoce su oficio, y el hijo que sufre, llorar y duerme junto a su padre en el suelo la noche del suicidio.

Ese contraste entre las dos encarnaciones del artistas queda rápidamente patente en la segunda parte de la obra, en la que Art Spiegelman es, además de hijo y cronista, el autor de un famoso cómic llamado MAUS que relataba las vivencias de su padre. ¿Era eso lo que quería? ¿Qué significa haber obtenido el éxito relatando una tragedia prácticamente incomprensible? En ese punto, el genial recurso del autor le hace dibujarse como un ser humano que lleva una máscara de ratón, simple detalle que hace más por poner de manifiesto los sentimientos encontrados del autor que largas páginas de explicaciones.

Todos los recursos gráficos recursos son rápidamente aceptados, y después de la desconfianza inicial ni el dibujo tosco (que resalta sólo lo imprescindible) pero efectivo (los rostros de los personajes muestran con unos pocos trazos una soberbia expresividad), ni las cabezas de animales son obstáculos para sumergirse en la narración. Es más, es difícil (como otros ya han apuntado) imaginar MAUS en otro formato que no sea éste, en otro medio que no sea el cómic, que permite recursos como los aquí expuestos. ¿Cómo conseguir en cualquier otra forma narrativa ese equilibrio delicado entre distanciamiento e implicación?
MAUS es una exploración fascinante de una tragedia, el relato de una supervivencia con todo lo que eso significa para los que no sobrevivieron, crónica de pequeños actos de bondad que van salvando vidas, registro de crueldades cuya frialdad todavía nos estremece. Y, también, una obra maestra del cómic.

Fuentes
wikipedia

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