martes, 25 de septiembre de 2012

Lo que Alemania le debe a Grecia


Grecia se ha convertido en la mecha de una bomba que está a punto de estallar en Europa. El país germano se ha convertido en el supuesto salvador de los helenos con préstamos y préstamos de dinero para sanear sus cuentas y deudas. Pero antes de que Alemania se convirtiera en el principal banco de Grecia, Hitler había contraído una deuda que se remonta a 1940. Las tropas alemanas nazis invadieron Grecia en abril de 1941, plataforma logística para la invasión del norte de África. Hitler pidió un préstamo que, a día de hoy, asciende a los 2.500 millones de euros. Pero si se le suman los intereses, 70 años después, la cifra deudora germana va de los 70.000 a los 120.000 millones de euros, muy cercana al primer rescate de Grecia. Ha llovido mucho desde entonces, pero las deudas aprietan las carteras de los griegos. Yorgos Papandreu, el primer ministro de Grecia, ha mencionado de pasada esta deuda contraída durante el conflicto que desoló Europa entre 1939 y 1945, aunque sin hacer demasiado hincapié en el tema, ya que no le convendría que Angela Merkel le cerrara el grifo del préstamo y la sangre llegara al río. Al terminar la guerra y dentro de los acuerdos de París de 1946, Grecia recibió cerca de 5.200 millones de euros como reparación de guerra, lejos de los 10.000 que había solicitado. Cuando Alemania invadió Grecia y atravesaron sus fronteras, se hicieron con las cosechas y asolaron el Estado heleno como en ninguna otra ocupación. Cruz Roja hizo saber que entre 1941 y 1943, al menos 300.000 griegos murieron de hambre por esa falta de alimentos que se destinaba a las tropas. Italia, colaborador de la Alemania nazi, saldó con Grecia su parte correspondiente del préstamo y puso dinero en las reparaciones oficiales, así como Bulgaria. Alemania sí que compensó a Polonia en 1956, 17 años después de su invasión en septiembre del 39, y bajo la atenta mirada de Francia y Reino Unido, hizo lo mismo con Yugoslavia en 1971.

PAGAD LO QUE NOS DEBÉIS

Mientras tanto, Grecia había sido insistente y había reclamado hasta en nueve ocasiones, (esta sería la décima), la deuda contraída durante el Tercer Reich. Lo hizo en 1945, 1946, 1947, 1964, 1965, 1966, 1974, 1987 y en 1995, ya con las dos Alemania reunificadas. A raíz del Acuerdo de Londres de 1953, Alemania Occidental alegó la inexistencia de una paz definitiva para no pagar el crédito bélico. El ministro Erhard se comprometió con el primer ministro Papagos a que la deuda se pagaría íntegramente cuando Alemania fuera sólo una. Llegó 1989 y el Muro se vino abajo. Millones de alemanes se reencontraron décadas después de que los soviéticos les separaran tras un muro de piedras y les apartaran del mundo occidental. Alemania, Reino Unidos, Francias, Estados Unidos y la URSS volvieron a ser amigos, pero... ¿y Grecia? Tras firmar el tratado por el cual Alemania no deberá pagar más reparaciones de guerra, Grecia ha querido recordar que no es sólo una deuda moral, sino que, además del préstamo, Alemania robó supuestamente oro de las reservas de los helenos. Numerosos expertos en economía se han mostrado muy ambiciosos al considerar que la cifra ronda los 600.000 millones de euros. No es sólo un préstamo, sino además pagar una moratoria de 70 años, cerrar viejas heridas y devolver los monederos robados.

LOS IMPAGOS DE ALEMANIA Y EL MILAGRO ALEMÁN

Cansados ya de hablar de la deuda de Grecia, hablemos, por ejemplo, de la de Alemania, su "gran rescatadora" para beneficio de la ingeniería financiera y para tranquilidad de los mercados.
Para hablar de esta deuda, no hace falta recurrir a argumentos de carácter moral o cultural, que, pese a su solidez y su certeza, podrían ser tildados de retóricos por algunos cretinos; bastará con hablar de dinero; nada de sentimentalismos: real money.
¿Saben ustedes cuál es el país europeo que más rotundamente y con más éxito se ha negado de forma reiterada al pago de sus deudas? No es otro que Alemania. Y no se trata de deudas derivadas de la mera especulación financiera, sino de deudas derivadas de indemnizaciones de guerra: es decir, de deudas contraídas por haber invadido, destruido, saqueado y matado.
Tras el Tratado de Versalles (1919), la Alemania perdedora de la I Guerra Mundial fue condenada a pagar reparaciones de guerra a los aliados por valor de 226.000 millones de marcos de oro, una cifra imposible, fijada con el fin de castigar a la belicosa nación y de poner freno a una rápida recuperación que pudiera verse seguida de nuevas hostilidades. Entre 1924 y 1929, la república de Weimar se mantuvo casi exclusivamente de los préstamos recibidos de Estados Unidos (más de un billón de dólares), destinados en parte a sufragar las indemnizaciones señaladas. Pero la situación para Alemania se hacía insostenible, y el crack del 29, además de enormes pérdidas para los prestamistas, abrió la posibilidad a la renegociación de la deuda: así pues, en 1930 (Plan Young), esa ingente obligación de pago quedó formalmente reducida... a la mitad (112.000 millones). Entre 1931 y 1932, y dada la situación de la economía mundial, EE.UU. decide condonar las deudas de guerra a Francia y Reino Unido, quienes, a su vez, renuncian como acreedores a buena parte de la deuda alemana (Moratoria Hoover y Negociaciones de Lausanne). Resumiendo, en 1932, Alemania consiguió una reducción neta de más del 98% de las deudas a las que le obligaba haber puesto en marcha la I Guerra Mundial, y en 1939, cuando pone en marcha la segunda, la Alemania de Hitler suspende unilateralmente todos los pagos, incluido el de este 2%.
Acabada la II Guerra Mundial, la historia se repite: Alemania es condenada a pagar cuantiosísimas indemnizaciones de guerra, pero, en el célebre Tratado de Londres (1953), los EE.UU., deseosos de convertir a la nueva Alemania federal en un pilar de la OTAN frente al bloque soviético, consiguen "convencer" a 20 países –entre ellos Grecia– para que accedan a una condonación "de facto" de todas las deudas alemanas derivadas de la Gran Guerra. Sin embargo, este extraordinario tratamiento de favor –y las favorables políticas extranjeras para que el país "perdedor" recuperase pronto el superávit comercial– no fueron obstáculo para que Alemania siguiera reclamándole a una Grecia invadida, expoliada por sus tropas y con un millón de muertos... todas las deudas anteriores a la guerra desde 1881. No fue obstáculo para que, en 1964 -y con la ayuda de Georgios Papandreou (abuelo) y Kostas Mitsotakis–, Alemania consiguiera el reconocimiento de esas deudas por parte del gobierno griego, engrosadas además con una altísima prima de riesgo que hace que aún las estemos pagando. Y tampoco fue obstáculo para que, en 1990 –cuando la unificación de Alemania obligaba a revisar los términos del Tratado de Londres y a retomar el pago de las indemnizaciones congeladas en virtud del mismo–, la Alemania de Kohl se negase nuevamente a pagar la mayor parte de esa "vieja deuda" y países como Grecia siguieran sin encontrar justicia.
No nos engañemos con falsas lecciones de moral: el llamado "milagro" de la economía alemana se basa primordialmente en el impago reiterado de sus deudas por indemnizaciones de guerra. Y digo, primordialmente, porque deberíamos referir también, como cimientos del "milagro", la prosperidad adquirida por la explotación del trabajo forzado en 78 campos de concentración por colosos económicos como Krupp, Thyssen, Volkswagen o I.G. Farben. Padre este último de gigantescas multinacionales como Bayer, Agfa o Aventis, que siguen dando muestras de buenas prácticas en el mundo globalizado de hoy (como también Neuman, Siemens, SLC Germany GmbH, etc., por no hablar de la industria armamentística alemana, tan boyante entonces como ahora).
Más allá de las hipocresías, la pregunta es la misma de siempre: ¿quién debe a quién?
Fuente: elreferente

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