domingo, 9 de septiembre de 2012

La cultura del resentimiento


Sumido en una profunda crisis tras las elecciones locales en Inglaterra de la semana pasada, el gobierno británico parece decidido a iniciar nuevos y poco políticamente correctos enfoques para afrontar las graves crisis sociales que han llevado a un fuerte avance del British National Party. Aunque el partido calificado de "ultraderechista" por el "establishment" político británico “con unos conservadores llegando a pedir el voto incluso para sus rivales políticos laboristas antes que para el BNP- sigue manteniendo una base electoral muy reducida en términos nacionales, los fuertes avances conseguidos en zonas obreras de Londres han disparado las alarmas sobre las razones del apoyo de la clase trabajadora británica hacia un partido favorable a un férreo control de la emigración.

La escandalosa y masiva liberación de criminales y delincuentes foráneos que precedió a las elecciones catalizó uno de los larvados frentes de rencor que el ministro del interior, Charles Clarke, intentó contrarrestar al anunciar su intención de aprobar leyes que sancionen la deportación de "todos" los delincuentes no británicos, incluidos los que cometieran pequeños delitos. Pero en los barrios y en los suburbios, el mar de fondo de la discriminación acusa a las políticas sociales oficiales de entregar viviendas sociales a los recién llegados mientras las familias británicas sin recursos se ven por completo marginadas a la hora de recibir algo del rico y poderosos estado que ellos y sus antepasados contribuyeron a crear.

Seguimiento:

La responsable en el gobierno británico de Nuevas Comunidades y Gobierno Local ha comenzado a desmentir en las últimas horas la creciente oleada de acusaciones contra una gestión que habría provocado el desembarco del BNP en zonas obreras de los suburbios de Londres como Barking y Dagenham, donde el partido ha conseguido un tercio de toda la representación obentida en los pasados comicios.

Ruth Kelly se defiende afirmando que no considera la falta de viviendas sociales como el desencadenante del avance del BNP. Sin embargo, las críticas de los analistas más los testimonios de los residentes vienen a coincidir en lo que ya ha sido bautizado como "the blame culture", algo así como una cultura social en la que se responsabiliza al emigrante de recibir unos beneficios sociales “vivienda incluida- que los británicos nativos sólo ven de forma residual y, en todo caso, siempre en desventaja frente a las inmediatamente cubiertas demandas de los recién llegados.

La "cultura del resentimiento"

Por toda respuesta, Ruth Kelly afirma su intención de "terminar con la cultura de los propietarios de las casas de 'proteger su propio espacio' y poner objeciones los desarrollos de vivienda social cerca de sus casas". Sin embargo, todo hace indicar que tendrá muy difícil convencer a muchos ingleses de la clase obrera bajo su jurisdicción de verse a a sí mismos como quienes pagan los impuestos pero también las consecuencias -en delincuencia y en 'discriminación negativa'- de las políticas sociales altamente favorables a los recién llegados.

Ancianos, madres solteras o personas sin trabajo ven cómo sus peticiones de ayuda son rechazadas en favor de las miles de familias que llegan “legal o ilegalmente- a unos barrios obreros donde, además, el aumento de la delincuencia hace aun más difícil la convivencia, como algunas organizaciones no gubernamentales no precisamente 'ultraderechistas' han comenzado a denunciar.

Por ejemplo, Shelter, cuyo responsable hablaba en el Guardian -portavoz oficioso del laborismo británico- de esa "cultura del resentimiento" por la que "las personas blancas consideran que las minorías étnicas tienen preferencia en la distribución de las escasas casas" de los programas sociales públicos.

Además, y para agravar la situación, la concentración de las viviendas sociales en los barrios obreros británicos más pobres provoca masivas recolocaciones de grupos de emigrantes que generan, casi de forma inmediata, una muy difícil situación de convivencia que lleva a los británicos nativos a confiar en el auxilio de las contundentes y poco timoratas soluciones del BNP.

"Retribuir la contribución a la comunidad"

No sólo las organizaciones de caridad alertan sobre el potencial efecto explosivo de los rencores y los agravios comparativos entre los obreros blancos ingleses y las minorías étnicas emigrantes. Destacados laboristas, como el antiguo ministro Frank Field, advierten de los riesgos con un lenguaje impensable para la corrección política de hace sólo unas semanas.

"La política debería llevar a que los viejos valores de la clase trabajadora de contribución a la comunidad se vieran recompensados y que aquellas personas de entre ellos que están en crisis “familias sin hogar, familias de un solo progenitor, etc.- debieran tomar las casas que se encontraran vacantes", recomendaba Field.

Aunque desmintiendo la responsabilidad de las políticas de discriminación positiva a favor de los extranjeros en el fuerte incremento de los votos al BNP, Ruth Kelly ha anunciado un agresivo plan de construcción de casas sociales con el objetivo de que lleguen "también" a los ingleses blancos nativos.

Kelly y quienes la advierten de la situación explosiva en los suburbios británicos discuten si se debe cambiar la localización de las nuevas casas sociales a otras zonas con el fin de evitar las altas concentraciones de grupos étnicos no nativos en tradicionales zonas obreras británicas o si bastaría, como defiende la política laborista, con "construir más casas" para evitar las carencias.

En todo caso, la "cultura del resentimiento" avanza en los suburbios obreros británicos, a escasos kilómetros de una Francia donde derecha y ultraderecha se disputan con fiereza el espacio político ante lo que también se presenta como un incremento de los votos del "hasta aquí hemos llegado".

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