lunes, 3 de septiembre de 2012

La carne que comemos: cría intensiva de ganado


El mal de las vacas locas no es el único problema sanitario asociado a la ganadería intensiva. La Organización Mundial de la Salud (OMS), la Organización para la Agricultura y la Alimentación (FAO), y la propia Comisión Europea han alertado sobre los riesgos para la salud humana relacionados con las explotaciones intensivas, y sobre el peligro de un uso abusivo de los antibióticos en la cría de ganado.
Preocupa, especialmente, el aumento de enfermedades típicamente asociadas al ganado, como la tuberculosis o la brucelosis, cada vez más difíciles de tratar por la aparición de cepas bacterianas resistentes a los antibióticos.
El control de los brotes extremadamente virulentos de tuberculosis detectados en los últimos años, que pudieran estar relacionados con el abuso de los antibióticos en la cría intensiva de ganado, se ha convertido recientemente en una de las prioridades de la OMS.
Otra de las grandes preocupaciones de salud pública relacionadas con la cría intensiva de ganado, es la posible contaminación microbiana de los alimentos: ejemplo de ello son los casos cada vez de salmonelosis y la posible aparición de nuevas vías de transmisión de enfermedades, o de enfermedades capaces de saltar las barreras de las especies, afectando a la humanidad de forma devastadora.
Aunque en Panamá se registra una baja prevalencia de la Brucelosis bovina, las autoridades realizan esfuerzos por erradicarla, según lo señaló el director de Sanidad Animal Manuel González, quien aseveró que actualmente el porcentaje de infección de esta enfermedad es de 0.57% en rebaño y 0.17% en animales sueltos.
Para erradicar la bruselosis en nuestro país se ha establecido un plan conjunto con el Ministerio de Salud (MINSA), que serán los encargados de realizar las inspecciones en los mataderos, a parte de acudir a las asociaciones de productores para consolidar la campaña de prevención, que según González ha tenido buenos resultados, porque la brucelosis es una enfermedad que es utilizada como barrera zoosanitaria para la exportación de animales hacia los mercados internacionales.
Es una enfermedad que puede evolucionar durante la pubertad de los animales encontrándose en algún momento bovinos reactores, y se produce por bacterias del género Brucella, que se transmiten al hombre por exposición profesional con animales domésticos o la ingesta de productos lácteos.
Hasta el momento se reconecen 6 especies diferentes, aunque solo 4 producen enfermedades humanas, siendo tres las mas frecuentes: Brucella abortus, B. suis y B. melitensis, transmitidas respectivamente por las vacas, los cerdos y las ovejas o cabras.
El hombre puede adquirir la enfermedad accidentalmente, como huésped secundario, pero la transmisión de persona a persona es excepcional, como también lo son vía la placentaria o la lactancia.
Los principales mecanismos de adquisición de la infección, son la inoculación conjuntival, la respiratoria por inhalación, la vía cutánea y la digestiva.
Las tres primeras formas implican un contacto directo con los animales enfermos, mientras que el contagio por vía digestiva se produce por la ingesta de productos lácteos contaminados.
Desde el punto de vista clínico, la brucelosis humana puede presentarse como:
a) Enfermedad subclínica: Es asintomática y se la detecta a través de resultados serológicos positivos
b). Enfermedad aguda y subaguda. Luego de un período de incubación que puede oscilar entre 5 días y varios meses, puede presentarse como una alteración pasajera, con síntomas leves o como una enfermedad tóxica, de iniciación brusca y que da a origen a múltiples complicaciones.
En esta forma los gérmenes patógenos pueden localizarse prácticamente en cualquier órgano: huesos, SNC, bazo, corazón, pulmón, etc.
Es el tipo de afección tiene más de un año de duración. El motivo puede atribuirse a un tratamiento inapropiado realizado o a una localización focal en ciertos órganos como el hígado o los huesos.
El diagnóstico adecuado se establece con la realización de pruebas serológicas. Entre las pruebas a realizar para la detección del germen podemos citar hemocultivos, cultivos de material purulento en los casos focales, cultivo de LCR, etc.
Se realiza con antibióticos, aunque existe una importante divergencia de opiniones en cuanto a cuales deben utilizarse, pues es necesario que los mismos penetren en las células, actúen como bactericidas y a la vez puedan ser utilizados en tratamientos prolongados
El tratamiento de elección para la forma aguda indicado por la OMS es la aplicación de dioxicilina (200 mg/día) más rifampicina (600 a 900 mg/día) durante 6 semanas. Fuente: panaamerica

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