jueves, 27 de septiembre de 2012

Hannah Arendt percibió que el sionismo sería una desgracia para los judíos


Repensando el sionismo, 1944: El nacionalismo ya es malo cuando depende solamente de la fuerza bruta de una nación. Mucho peor, por cierto, es un nacionalismo que depende necesaria y abiertamente de la fuerza de una nación extranjera. Esta condición es la que amenazará al nacionalismo judío y al estado judío que se está proponiendo, rodeado inevitablemente por estados árabes y pueblos árabes. La situación, en la que los judíos tendrán que solicitar la protección de una potencia extranjera contra sus vecinos o llegar a un acuerdo razonable con sus vecinos, no cambiará en lo fundamental ni siquiera si hubiese en Palestina una mayoría judía; es más: ni siquiera si hubiera una transferencia completa de todos los árabes de Palestina, como exigen los revisionistas [Antecesores políticos directos de la actual derecha israelí, N. del T.] Si los sionistas siguen haciendo como si el pueblo mediterráneo no existiera y se siguen preocupando solo por las grandes potencias lejanas, terminarán apareciendo como meros instrumentos de intereses extranjeros y hostiles, sus agentes locales. Los judíos concientes de su propia historia deberían saber que esa situación no puede sino llevar a una nueva ola de odio a los judíos [aquí la Arendt hace referencia al papel jugado muchas veces por los judíos medievales, que al administrar en el terreno los fundos de los grandes feudales ausentistas contra la población campesina se ganaban el odio de los campesinos, cosa que los grandes señores fomentaban porque ocultaba el origen profundo de la miseria campesina, N. del T.]; el antisemitismo de mañana dirá que los judíos no solo aprovecharon la presencia de las grandes potencias extranjeras en la región sino además la planificaron y por lo tanto son culpables por las consecuencias de esa presencia… A partir de sus originales experiencias, el sionismo solo produjo una pieza verdaderamente nueva de filosofía de la historia, la absurda doctrina de que “Una nación es un grupo humano… unificado por un enemigo común” (Herzl). Se creía que la nación judía podia llegar a esa independencia (política) bajo las alas protectoras de cualquier gran potencia capaz de proteger su crecimeinto… los sionistas terminaron por hacer que la emancipación nacional de los judíos dependiera por completo de los intereses materiales de otra nación. El resultado final fue un retorno del nuevo movimiento a los métodos tradicionales de los judíos cortesanos [grupos de judíos ricos y poderosos que establecían superestructuralmente el vínculo entre el poder palaciego gentil y la comunidad; el cinismo y abyección con que desarrollaban esa tarea -atribuible a la abyección cínica general de la sociedad en la que están insertos los judíos- puede verse tanto en los "Jüdenraten" (comités judíos) que intermediaban entre el Tercer Reich y la población de los guetos como en las negociaciones espurias de la dirección oficial de la comunidad judía argentina con el menemismo en relación a los atentados de la embajada de Israel y la AMIA, N. del T.], que alguna vez los sionistas habían despreciado con amargura y denunciado con violencia. Hoy, los sionistas tampoco encontraron mejor lugar politico que la trenza con los poderosos, ni base más sólida para los acuerdos que sus buenos servicios como agentes de un interés extraño. Solo la locura podia dictar una política que deja la protección en manos de un poder imperial distante, mientras que se granjea la peor voluntad de sus vecinos. Uno se ve forzado a preguntarse, entonces, cuál será la política futura del sionismo hacia las grandes potencias, y qué programa van a proponernos los sionistas para resolver el conflicto entre árabes y judíos. Si en el futuro cercano se llega a obtener una mancomunidad judía, con o sin partición, se deberá a la influencia política de los judíos estadounidenses… Pero si esta mancomunidad judía se proclama contra la voluntad de los árabes y sin el apoyo de los pueblos del Mediterráneo, por un largo tiempo necesitará no solo ayuda financiera sino apoyo político. Y eso puede llegar a ser un verdadero problema para los judíos de este país (los EEUU), quienes, al fin de cuentas, carecen de la fuerza para dirigir los desinos políticos del Cercano Oriente. Puede llegar a terminar siendo una responsabilidad muy superior a la que pueden imaginar ahora o sostener mañana. Cómo salvar el hogar judío, 1948 [durante la guerra en Palestina] Pero aún si los judíos terminaran por ganar la guerra, a su término se habrán destruido las singulares posibilidades y logros del sionismo en Palestina. Tomaría forma un país bastante distinto del que sueñan los judíos del mundo, sionistas o no. Los judíos “victoriosos” vivirán rodeados por una población árabe totalmente hostil, recluidos en fronteras bajo permanente amenaza, tan absorbidos por la autodefensa física que cualquier otro interés o actividad quedará sumergida por esa preocupación. El crecimiento de una cultura judía dejaría de ser el interés colectivo de todo un pueblo; habría que descartar los experimentos socials como lujos sin practicidad; el pensamiento político deberá girar en torno a la estrategia militar… Y todo esto será el destino de una nación que, más allá de cuántos inmigrantes pueda llegar a absorber y cuán lejos lleve sus fronteras (la demencial exigencia del revisionismo [origen del actual gobierno israelí, N. del T.] es la totalidad de Palestina y también Jordania), seguirá siendo un pueblo muy pequeño abrumadoramente superado por la cantidad de vecinos hostiles que lo rodearán. Bajo esas circunstancias… los judíos de Palestina degenerarán para convertirse en una de esas pequeñas tribus guerreras sobre cuyas posibilidades e importancia la historia ya nos informa ampliamente, desde los tiempos de Esparta. Sus relaciones con la judería mundial terminarán siendo problemáticas, porque sus intereses de defense podrían chocar en cualquier momento con los de otros países con gran cantidad de judíos. La judería palestina terminaría por separarse del cuerpo más abarcativo de la judería mundial y se aislaría para convertirse en un pueblo completamente nuevo. Queda claro, entonces, que en este momento y bajo las actuales circunstancias el precio a pagar por la constitución de un estado judío es la pérdida de una patria judía... <Una addenda amarga: en el momento culminante de la relación especial entre EEUU e Israel, la judería estadounidense se consideraba una sola cosa con el pueblo israelí. En un libro de 1978, Melvin Urofsky declaraba “Somos uno solo!”. Esa unidad se encuentra ahora en curso de disolución. Uno de los mecanismos de esa disolución es el conflicto entre ultraortodoxos y seculares en Israel, que tanta atención concita en EEUU. Y quizás el objetivo inconciente de los judíos estadounidenses sea tomar suficiente distancia como para que si al final la Primavera Árabe impone un movimiento democrático en Israel y Palestina, y se produce un conflicto sangriento con el gobierno israelí presentado como “los malos”, los judíos de EEUU puedan pensar que el derramamiento de sangre no se puede evitar y no es su problema>

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