jueves, 6 de septiembre de 2012

Contra el fanatismo, Amoz Oz

«Ya no hay que elegir entre estar a favor de Israel o de Palestina, hay que estar a favor de la paz» (Amos Oz)
Nacido en el seno de una familia de judíos inmigrantes provenientes de Europa, Amos Oz (Jerusalén, 1939) es uno de los escritores israelíes contemporáneos más influyente en la vida política y cultura de su país.
Dedicado desde 1987 a la docencia universitaria como profesor de literatura hebrea en la Ben-Gurion University of the Neguev, ha sido invitado por diversas universidades de EEUU y Europa. Dentro de su producción novelística que consta de once novelas, destacan Una pantera en el sótano (1985), La tercera condición (1991), No digas noche (1994) y Una historia de amor y oscuridad (2002).
Amos Oz, a través de sus novelas y ensayos ha colaborado a la formación de una corriente de opinión crítica sobre la política exterior de los gobiernos de Israel respecto al problema palestino, además de que en numerosos artículos se ha manifestado abiertamente a favor de una coexistencia pacífica entre judíos y palestinos previa aceptación de las mutuas responsabilidades históricas que obstaculizaron la resolución del conflicto palestino-israelí. Dicha posición le ha acarreado a Amos Oz muchas críticas de los sectores conservadores de derecha y ultraderecha en Israel, que lo califican de traidor.
En Contra el fanatismo, Amos Oz reúne tres conferencias en las cuales aborda, desde una perspectiva vivencial, el tema del fanatismo. “Traidor —creo— es quien cambia a ojos de aquellos que odian cambiar y no pueden concebir el cambio, a pesar de que siempre quieran cambiarle a uno. En otras palabras, traidor, a ojos del fanático, es cualquiera que cambia (…) No convertirse en fanático significa ser, hasta cierto punto y de alguna forma, en traidor o ojos del fanático”. El cambio es, en este sentido, una opción de vida; lo contrario sería intransigencia o fanatismo.
En “Sobre la naturaleza del fanatismo”, Amos Oz explica cual es, en su opinión la esencia del fanatismo: Creo que la esencia del fanatismo reside en el deseo de obligar a los demás a cambiar, por lo que muchas veces un fanático se muestra preocupado por el accionar de los que no están de acuerdo con él. A lo largo de los tres ensayos, el autor explica mediante anécdotas y reflexiones personales su evolución de fanático a defensor de la vida, la cual no debiera confundirse, insiste, con una ciega defensa de la paz o la censura absoluta de la guerra. Toda guerra es censurable en sí misma pero en determinadas circunstancias, los seres humanos nos vemos obligados a combatir para defender nuestra integridad. Amos Oz se confiesa en esta parte como un experto en fanatismo comparado ya que le tocó vivir en carne propia el drama de la formación del estado de Israel desde sus inicios cuando aquel territorio —la Palestina británica— era todavía una colonia; la inmigración de miles de judíos de Europa antes, durante y después del holocausto nazi, además de los judíos provenientes de los vecinos países árabes; y el confinamiento de los refugiados palestinos desplazados de un territorio que histórica, cultural y religiosamente consideraban suyo.
El problema, como lo plantea Amos Oz, reside en que ambas reivindicaciones, la judía y la palestina son legítimas, por lo que no queda otra vía que llegar a un acuerdo, término que para ciertos sectores radicales e idealistas significa concesión, renuncia o traición. Amos Oz no lo considera así: llegar a un acuerdo para lograr la paz es una opción de vida porque posibilita el cambio. No interpreta el conflicto palestino-israelí como una guerra religiosa, sino “fundamentalmente, como un conflicto entre derecho y derecho, entre dos reivindicaciones muy convincentes, muy poderosas, sobre el mismo pequeño país (…) Simplemente una verdadera disputa estatal sobre quién es el propietario de la casa”.
¿Como curarnos del fanatismo? Imaginación, literatura y humor son la receta propuesta por el autor como antídotos efectivos Contra el fanatismo, en tanto la literatura y la imaginación ayudan a visualizar a través de la ficción, los estragos del fanatismo; a pesar de que existe mucha literatura que ha alimentado odios y superioridades. El humor ayudaría a superar el fanatismo porque el fanático toma muy en serio su fanatismo, por eso es incapaz de reírse de sí mismo: Jamás he visto en mi vida a un fanático con sentido del humor, ni he visto que una persona con sentido del humor se convirtiera en fanático (…) Con frecuencia, los fanáticos son muy sarcásticos y algunos tienen un sarcasmo muy sagaz, pero nada de humor. Tener humor implica la habilidad para reírse de uno mismo”.
En “Sobre la necesidad de llegar a un compromiso y su naturaleza”, Amos Oz amplía sus conceptos sobre el cambio, acuerdo, reconocimiento, paz y guerra, distanciándolos de los valores que tradicionalmente le han asignado los fanáticos y los pacifistas europeos. Critica fuertemente la posición extendida en Europa de soberbia y superioridad al abordar el problema palestino-israelí, tratando a ambas partes como salvajes o niños que no saben comportarse. “Y la expresión llegar a un acuerdo, a un compromiso tiene una reputación nefasta en la sociedad europea (…) No en mi vocabulario. Para mí la expresión ‘llegar a un acuerdo’ significa vida. Lo contrario es fanatismo y muerte”.
Acuerdos que no tienen nada que ver con reuniones protocolares ni intercambio de regalos entre diplomáticos o funcionarios de estados palestinos e israelíes. El verdadero meollo del asunto radica en estar dispuestas ambas partes a renunciar parcialmente a los reclamos o posesiones que históricamente han ganado o perdido. Solo a través de la renuncia mutua, de la aceptación mutua de responsabilidades, Amos Oz vislumbra un cambio real en las relaciones entre judíos y palestinos. “Va a doler de lo lindo. Se debería hacer extensible a ambos pacientes toda brizna de ayuda y simpatía. Ya no hay que elegir entre estar a favor de Israel o de Palestina, hay que estar a favor de la paz”.
Contra el fanatismo, es un libro que nos introduce en la comprensión no de las causas del problema palestino-israelí, sino más bien en sus posibles alternativas de solución, a través del testimonio de un escritor israelí como Amos Oz, en quien la nacionalidad y amor por su patria no ha nublado su conciencia crítica para comprender que entre judíos y árabes no hay un enfrentamiento entre buenos y malos como podría entenderse en Occidente, ni tampoco un conflicto de culturas ni de religiones, sino un enfrentamiento entre dos derechos legítimos que reclaman su realización y que sólo la lograrán por medio del acuerdo mutuo, la renuncia y, lo más importante, combatiendo el fanatismo. 
Oz dice cosas tan iluminadoras y sensatas como éstas que he subrayado:
«Muy a menudo los árabes, incluso algunos escritores árabes sensibilizados, no consiguen vernos –a nosotros, judíos israelíes– como realmente somos: un puñado de refugiados y supervivientes medio histéricos, obsesionados por terribles pesadillas, traumatizados no sólo por Europa sino también por el trato recibido en los países árabes e islámicos. La mitad de la población de Israel es gente expulsada a patadas de países árabes e islámicos. Pero no nos ven así, sino como una prolongación del pasado colonialista.»
«Asimismo, los judíos israelíes no ven a los árabes, especialmente a los palestinos, como lo que son: víctimas de siglos de opresión, explotación, colonialismo y humillación. Más bien los vemos como iniciadores de pogromos y nazis, que se envuelven en cofiyas, se dejan crecer bigotes y se tuestan al sol. Pero que siguen con el mismo viejo juego de rebanar gargantas de judíos por diversión. En resumen, son nuestros opresores del pasado que vuelven a empezar. Hay una gran ignorancia a este respecto en ambos bandos: no ignorancia política de propósitos y metas, sino de los antecedentes, de los profundos traumas de ambas víctimas.»
«He sido muy crítico con el movimiento nacional palestino durante muchos años. Algunas razones son históricas, otras no. Sobre todo he sido muy crítico con él por su incapacidad para comprender lo legítima que es la conexión judía con la tierra de Israel; es incapaz de darse cuenta de que la moderna Israel no es producto de empresa colonialista alguna. O, al menos, es incapaz de contárselo así a su pueblo. Por la misma regla de tres, debería decir de inmediato que soy igualmente crítico con generaciones de israelíes sionistas, incapaces de imaginar que hay un pueblo palestino, un pueblo real, con derechos legítimos y reales. Así que ambos liderazgos –sí, el pasado y el actual– son culpables de no entender la tragedia o al menos de no contársela a su pueblo como es debido.»
«Si yo fuera primer ministro de Israel no firmaría ningún acuerdo con los palestinos que no resolviera el problema de los refugiados que, en su mayoría, están fuera del territorio de Israel. Pero lo resolvería. Porque cualquier resolución que no atienda la cuestión de los refugiados es una bomba de relojería. Se debe dar solución a este problema humano y nacional en el marco del inmediato proceso de paz, no ya por razones morales sino incluso por razones de seguridad para Israel.» Fuente: espanisrael

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