domingo, 26 de agosto de 2012

Sexismo y tortura de la mujer en el Islam


"Ilham Hasnouni es una joven marroquí de 21 años, considerada como la presa política más joven del país vecino, Marruecos. Poco ha trascendido en la comunidad internacional, la denuncia que su entorno ha venido proclamando a lo largo de estos meses acerca de la forma en cómo se produjo la detención y la situación de tortura a la que fue sometida durante los interrogatorios.
Me produce escalofríos ser consciente de que la misma historia de Ilham se repite en cualquier rincón del planeta, incluso en aquellos países, como el nuestro, que se autodefinen como Estados de derecho y democráticos. Pero hay algo que me resulta aún más repudiable, si cabe, ante esta práctica inhumana, y es cuando la tortura cobra un talante sexista. En la tortura hay un desprecio incuestionable hacia la dignidad del ser humano, que cobra unas dimensiones preocupantes cuando las tipologías de esta práctica son una manifestación de la violencia hacia las mujeres que afecta directamente a su integridad física y psicológica por su mera condición de mujer.
A la gravedad y el daño irreparable que de por sí tiene el uso de la tortura o los malos tratos ejercidos sobre las personas detenidas, hay que sumar un tipo de violencia que muestra un desprecio hacia las mujeres como personas de inferior categoría. Además de los métodos habituales de tortura, las mujeres sufren en la mayoría de los casos un extra de violencia dirigida a perpetuar y reforzar la evidente discriminación sexual. Las técnicas de tortura sexista tienen el claro objetivo de someter a las mujeres, instrumentalizando el sexismo como una forma más de destruir a la persona.
Obligadas a desnudarse durante horas, tocamientos en las zonas genitales mientras son forzadas a mantener posturas sexualizadas, amenazas de ser violadas, simulaciones de violaciones o directamente cometiéndolas, amenazas de dejarlas embarazadas, de contagiarles el sida, intimidación de hacerlas abortar en el caso de mujeres embarazadas, insultos y expresiones sexistas, obligadas a masturbarse y un sinfín de prácticas vejatorias que son cometidas impunemente por un grupo de personas que detentan un poder jerárquico, represivo y patriarcal."

Pasados 10 años desde que el régimen Talibán (estudiantes religiosos) -señalado por la Organización de Naciones Unidas (ONU) como el más “misógino” del planeta para la mujer- fuera depuesto por fuerzas de coalición lideradas por los Estados Unidos, la mujer aún sufre vejaciones a sus derechos.
Los Talibán relegaron a las féminas afganas a condiciones inhumanas, negándoles derechos humanos fundamentales como la educación, asistencia médica, trabajo, imposición de vestimenta con corte único (Burka), y todo esto, simplemente porque estos fundamentalistas, mal interpretando el Corán, sostuvieron que Mahoma (el profeta) afirmó que la mujer era lo más peligroso del mundo, por lo que debían ser sometidas, relegadas y aisladas para no causar rebeliones.
Mientras el gobierno de Hamid Karzai, prometió devolver el Afganistán que alguna vez les garantizó los derechos a la mujer, el esfuerzo no ha sido suficiente – aunque se hayan aprobado dentro de la Constitución artículos donde se señala la  “igualdad entre hombres y mujeres” (2004), y se haya promulgado la “Ley sobre la eliminación de la violencia contra la mujer” (2009) que establece como delitos a los matrimonios forzados, compraventa de mujeres bajo pretexto de matrimonio, entrega de una mujer o niña para solucionar disputas (baad) o los crímenes de honor-. Lo cierto es que aún existen grandes vacíos dentro de la legislación del país oriental, lo que aun deja  entredicho la condición de la mujer, que sigue siendo vista como objeto propiedad del hombre afgano.
Las prohibiciones de las mujeres afganas, derivaron en la agresión físico-psicológicas, así como la creación de cárceles donde se recluyeron además a niñas por cometer estos crimines morales. En el año 2011, las mujeres recluídas ascendían a más de 400 según Human Rights Watch.
Además, generalmente las autoridades les detienen respondiendo a una denuncia, ignorando las pruebas de inocencia e imponiendo condenas basadas en confesiones obtenidas sin la presencia de abogados, para ser firmadas posteriormente  sin haberlas leído ya que son mujeres analfabetas. Después de la condena, las mujeres se enfrentan a penas de prisión que varían entre uno y 15 años, lapidaciones y asesinatos.
¿Qué será de la mujer afgana para 2014?
Aunque más de 40.000 mujeres quedaron sin empleo, el actual gobierno les ha regresado el derecho a trabajar, recibir asistencia médica -pero no por un hombre- educación, aunque 95% de las niñas no alcanzan la educación secundaria. Para el 2003 la ONU estimó que 32% de niños escolarizados eran niñas. El fondo de la ONU para la infancia (por sus siglas en ingles UNICEF) sostuvo que en algunas provincias la tasa escolar bajó hasta 3%. En 2011 destacó la apertura de numerosas escuelas para niñas, y el aumento de las matriculaciones de 5.000 se elevó a 2.4 millones.
Lo más contradictorio es la resistencia que ejerce la población rural femenina con los nuevos códigos culturales, por creer que eran mejor tratadas durante el régimen talibán – claro está, no sufrieron más de lo habitual en ese período-.
Para quienes nos horrorizamos ante tales hechos, creemos que el cambio más esperado es eliminar el uso de la Burka , ya que el mismo simboliza la protección por miedo de ser atacadas, vitrioladas (ácido en la cara), lapidadas y apedreadas, pero la mujer afgana desea más que eso, añora que sus todos derechos les sean devueltos y respetados, aspiran poder salir a trabajar  y estudiar sin ser agredidas, reconstituir sus hogares, recuperar la dignidad que le arrebato el régimen talibán, no sufrir violaciones por compatriotas ni por extranjeros de las fuerzas de la coalición, desean más que ser vistas como un objeto anhelan ser un Sujeto.
Entretanto la Comunidad Internacional se hace la vista gorda ante estos hechos, recientemente una mujer fue asesinada por su marido porque él tenía el derecho ya que ella huyó de casa, su video dio la vuelta al mundo, y nuevamente se está encendiendo una alarma internacional. Pese a esto, la salida de las fuerzas internacionales en 2014 acabará con el sueño del Afganistán soñado, conllevando a un retroceso en las condiciones precarias de las mujeres afganas, porque no habrá impedimento para que los talibán retomen el poder.
¿Ante esto qué papel juegan los Organismos internacionales y las Organizaciones No Gubernamentales (ONGS)?
Aunque en un principio la ONU llegó a un acuerdo con el gobierno talibán para respetar las normas islámicas afganas impuestas a la mujer, actualmente reniega de ella, además UNICEF ha instado a “eliminar delitos denominados contra la moral y poner en libertad a los niños detenidos”. ONGS como la Revolucionaria de Mujeres de Afganistán (RAWA) luchan arduamente por los derechos femeninos dentro y fuera del territorio afgano, pero los grupos talibanes que aún persisten en la sociedad imposibilitan su labor.
¿Cuál será el futuro de esas mujeres que los talibanes le niegan el derecho a existir?
Realmente es difícil dar una respuesta, todo apunta a que las mujeres seguiran siendo maltratadas y vejadas, Karzai no ha podido frenar la ola de violencia y dolor sembrada por los Talibán, aunque la sociedad femenina busca cambios, parte de ella se resiste, es una cuestion que viene ligada de la cultura religiosa de un pais, que por mas grotesca que parezca, es simplemente parte de ella. Quizas la presión internacional logre cambiar la actual realidad de ese país, pero para ello, hay que instar al dialogo y a la acción, con el objetivo de establecer en estos paises fundamentalistas islamicos, los Derechos Humanos fundamentales básicos.
Fuentes: factorinternacional, wikipedia

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