viernes, 24 de agosto de 2012

Los marranos


Marrano es un concepto historiográfico que hace referencia a los judeoconversos de los reinos cristianos de la Península Ibérica que "judaizaban", es decir, que seguían observando clandestinamente sus costumbres y su anterior religión.

Especialmente entre los siglos XV y XVII, el vocablo se utilizó de forma extensiva y peyorativa para designar a todos los judeoconversos y a sus descendientes, llevando implícita la insinuación de cristianismo fingido.

En la época contemporánea, el término marrano ha sido incorporado por la historiografía internacional y al acervo de otros idiomas distintos del castellano, el catalán y el portugués; como el inglés, el francés o el alemán.

El investigador Israël Salvator Révah definió al marrano como un católico sin fe y un judío sin saber, aunque un judío por voluntad.

Como los que viven en España no guardan la Ley ni son circuncidados, y aunque hagan algunas ceremonias de dicha Ley y hayan ido a circuncidarse a algunas partes de Italia y Flandes ... faltan en estas cosas de ordinario que son las esenciales, a los tales los tienen allá los verdaderos judíos por herejes que en hebreo los llaman minim.

La palabra «marrano» procede del árabe muḥarram, ('cosa prohibida'), expresión usada para designar, entre otras muchas cosas, al cerdo, cuya carne está prohibida para judíos y musulmanes. La palabra se utilizó primero en el romance peninsular para designar a este animal (documentada desde 965). Para designar, de forma hiriente, a los cristianos nuevos está documentada en castellano desde comienzos del siglo XIII, seguramente porque estos conversos se abstenían de comer carne de cerdo. En 1691, por ejemplo, Francisco de Torrejoncillo en su libelo antisemita Centinela contra judios: puesta en la torre de la iglesia de Dios con el trabajo, escribía una descripción del término:

Otro nombre que les davan antiguamente por afrenta, de mas de perros ó canes, que era llamarlos marranos, como lo dize Didarus á Velazquez. Pues qué razon avria para darles este nombre, llamando a los Judíos marranos? Muchas razones dan estos graves Autores [...] Otros dizen, que los Españoles les salió este nombre, llamandoles marranos, que en Español quiere decir puercos; y asi por infamia les llamaban puercos marranos a los Christianos nuevos, y dávanles, y se les puede dar este nombre con gran propiedad, porque entre los marranos, cuando gruñe, y se quexa uno de ellos, todos los demás puercos o marranos acuden a su gruñido; y como son assi los Judíos, que al lamento del vno acuden todos, por esso les dieron titulo, y nombre de marranos

Aunque en un principio el término se empleaba tanto para los conversos procedentes del judaísmo como del islam, con el tiempo a estos últimos se les denominó moriscos, y la voz «marrano» quedó para designar únicamente a los judeoconversos.

El término «marrano» está estrechamente relacionado con otros apelativos:

Cristianos nuevos

Los convertidos del judaísmo al cristianismo y sus descendientes (aunque hubieran pasado varias generaciones o esa condición sólo fuera la de un antepasado entre muchos "cristianos viejos") eran llamados "conversos" o "cristianos nuevos"; en portugués cristãos novos. Este término era igualmente aplicado a los conversos procedentes del islam (más específicamente llamados moriscos) y tenía carácter discriminatorio, aunque actualmente parezca menos insultante que la voz «marrano».

Judaizantes

Los judeoconversos que "judaizaban", es decir, que practicaban secretamente la Ley judía o, al menos, una reconstrucción de los ritos y creencias del judaísmo (lo que, en los estudios socioreligiosos actuales se denomina cripto-judaísmo -literalmente "judaísmo secreto"-), eran denominados "judaizantes", y son los que más propiamente se identifican con los conceptos de "marrano" y "marranismo". Sobre qué significaba "judaizar" y las prácticas de los judaizantes existe abundante documentación en los procesos de la Inquisición española, aunque a veces es difícil deslindar qué testimonios corresponden a hechos reales y cuáles son acusaciones calumniosas producto de la imaginación y el antisemitismo.

Sefardíes

Los descendientes de los miembros de la comunidad hispanojudía que mantuvieron su fe y tuvieron que exiliarse en 1492 como consecuencia del edicto de expulsión de los Reyes Católicos, se dispersaron por el norte de Europa y el Mediterráneo; y reciben la denominación de "sefardíes" (literalmente "españoles" -Sefarad es "España"-). Eran, por tanto, judíos, y no cristianos. Con posterioridad, algunos marranos que salieron de España o Portugal se reintegraron a la práctica abierta del judaísmo en el seno de estas comunidades, a veces con el recelo de los que se habían mantenido fieles a su religión.

Chuetas

En las Islas Baleares, especialmente en Mallorca, la comunidad judeoconversa local tuvo una peculiarísima trayectoria histórica, y se les identificó con la denominación "chuetas" (xuetes en mallorquín).

Anusim

Los judíos sefardíes prefieren utilizar la palabra hebrea anusim, (אֲנוּסִים, "forzados"), o bien benei anusim (בְּנֵי אֲנוּסִים, "hijos de anusim"), término legal rabínico que se aplica a los conversos obligados a dejar el judaísmo contra su voluntad. El término tienen un carácter general y no identifica el origen geográfico.

Las conversiones

Desde los asaltos a las juderías de 1391, y a causa del creciente antisemitismo imperante en los reinos cristianos españoles durante el siglo XV, tuvieron lugar numerosas conversiones de judíos, muchas de las cuales eran forzosas o tenían la única finalidad de evitar las persecuciones. Las conversiones aumentaron significativamente al producirse la expulsión de los judíos de España, en 1492.

Desde mucho antes, la comunidad judeoconversa, relativamente poderosa, había llegado a ser objeto de los recelos de los cristianos viejos, que habían conseguido medidas de discriminación legal (estatutos de limpieza de sangre) a partir de la revuelta anticonversa de Toledo de 1446 dirigida por Pedro Sarmiento. Desde 1478 su ortodoxia religiosa fue objeto frecuentemente de procesos por parte de la Inquisición española, y más tarde también en Portugal, donde entre 1580 y 1640 volvieron a estar bajo su jurisdicción por la unificación de aquel reino con la Monarquía Católica de los Habsburgo.

Clasificación de los marranos

Desde una perspectiva religiosa judía, se identifican tres categorías para los marranos y sus descendientes, según los distintos grados en que mantuvieron la obligación de mantener externamente el modo de vida cristiano mientras privadamente mantenían distintos grados de pervivencia del judaísmo. En esta clasificación, por tanto, no se incluyen los conversos que asumieron su nueva condición (desde su inicio o a lo largo de las generaciones) y practicaban sinceramente el cristianismo, a pesar de que genérica o incluso concretamente se les acusara en falso de judaizar y se les llamara "marranos".

Indiferentes u oportunistas

Son los que, sin ningún afecto por el judaísmo e indiferentes a la religión en general (lo que posteriormente se denominó libertino), recibieron con la conversión la posibilidad de cambiar su condición oprimida por las excelentes oportunidades que se les abrieron como cristianos. No tenían ningún problema en simular ser cristianos, puesto que les resultaba provechoso; y hacían mofa de los judíos y el judaísmo. Algunos poetas se pueden asociar a esta categoría: Pero Ferrús, Juan de Valladolid, Rodrigo Cota y Juan de España (de Toledo, también conocido como «El Viejo», a quien se consideraba un connotado talmudista) y fray Diego de Valencia. Estos dos últimos empleaban palabras en hebreo en sus pasquines para burlarse del pueblo judío. Obviamente, si no practicaban ya el judaísmo no son estrictamente marranos; no obstante, algunos de ellos fueron acusados de judaizar en secreto, e incluso de volver abiertamente al judaísmo cuando les fue conveniente (Juan de Valladolid en su estancia en Marruecos).

Conversos externamente

Son los que, tras el bautismo, mantienen externamente prácticas cristianas y limitan las prácticas judías, aunque en ocasiones acudan en secreto la sinagoga. En Aragón: los Zaporta de Monzón (emparentados por matrimonio con la casa real aragonesa), los Sánchez, hijos de Alazar Yusuf de Zaragoza (emparentados con los de la Caballería[8] y los Santángel[9] ), los Espe (muy ricos), los Paternoy (avecindados en Verdun -¿Berdún?-), los Clemente (hijos de Moses Chamoro), los Vilanova de Calatayud, los Coscón, los Bruno, los Cartiglia o Cartigliano, los Brondo y otros.

Conversos sólo formalmente, por fuerza mayor

Los cristianos nuevos que, cuando tuvieron oportunidad de salir de España afirmaron su condición religiosa de judíos, mientras estuvieron en España conservaron las prácticas judaicas. Otros (probablemente la mayoría), no salieron nunca. No llevaban voluntariamente a sus hijos a bautizar, y a al verse obligados, en cuanto volvían a casa les lavaban en las zonas donde les había tocado el agua del bautismo. Mantenían las prácticas gastronómicas judías, celebraban la Pascua judía y llevaban el aceite a la sinagoga. Pretendiendo que el pan con levadura no le gustaba, un marrano comía pan sin levadura todo el año, para poder consumirlo durante la Pascua sin levantar sospechas. En las fiestas en que debían hacer sonar el shofar, los marranos salían de la ciudad para no ser oídos. Era frecuente denunciar a marranos por desangrar animales en sus casas siguiendo el ritual judío, o por circuncidar a sus hijos.

En Sevilla, un inquisidor mostró gráficamente al corregidor lo extendido de esta condición: si deseáis daros cuenta de la cantidad de marranos,... subamos a lo alto de esta torre. ... Por más frío que sea el tiempo, no veréis humo alguno elevarse de aquellas habitaciones, pues es sábado. Y, durante este día, no se permite a los judíos tocar el fuego para encender.[10]

1492

El edicto de Granada de 31 de marzo de 1492 por el que se obligaba a salir de España a los judíos que no optaran por la conversión, no afectaba a los marranos (más bien aumentó su número). La coincidencia en el año con otros hechos históricos fundamentales para la historia de España (la conquista de Granada, en enero, y el primer viaje de Colón -partió el 3 de agosto-) es muestra de la determinación de los Reyes Católicos en conseguir lo que Luis Suárez Fernández ha denominado máximo religioso.

Judíos expulsados a Portugal

Los judíos que salieron hacia Portugal fueron obligados, en 1493, a separarse de sus hijos. Por orden de Juan II de Portugal, setecientos de éstos fueron deportados a la Isla de Santo Tomé, y ocho meses más tarde fueron convertidos en esclavos. Manuel I de Portugal (rey desde 1495) los liberó, pero entre diciembre de 1496 y 1497, presionado por los Reyes Católicos, fue emitiendo decretos de expulsión que afectaban a todos los judíos que no quisieran convertirse. Coincidiendo con la Pascua judía, el 19 de marzo de 1497, se ordenó llevar a Lisboa a todos los hijos de judíos no convertidos que tuvieran entre cuatro y catorce años. Sólo después de llegar allí se informó a sus padres de que se separarían definitivamente de sus hijos, que serían adoptados por familias cristianas. Ante esa situación, algunas familias optaron por la conversión, mientras que a las que no lo hicieron así fueron arrebatados violentamente. Algunos consiguieron esconder a sus hijos, y en algunos casos prefirieron matarles ellos mismos. A partir de entonces sólo podían quedar en Portugal judeoconversos. Su nueva condición no significó la integración social. La evidente causa forzosa de muchas conversiones les hacía sospechosos de judaizar, y su identificación con los apelativos de "cristiano nuevo" y "marrano" testimoniaba su discriminación social de forma idéntica que en Castilla. En 1506 hubo una matanza de cinco mil conversos en Lisboa (masacre de Lisboa de 1506). En 1536 se estableció la Inquisición portuguesa que en los siglos que tuvo actividad (hasta su abolición en 1821) mandó ejecutar a 1.200 personas, quemar en efigie a 600 y condenó a distintas penitencias a 29.000. Buena parte de la comunidad de marranos portugueses se desplazó posteriormente a otros lugares: las Antillas, Brasil, Salónica, Constantinopla, Marruecos, Francia, pero especialmente a Ámsterdam, donde hoy en día se encuentra una excelente documentación de estos hechos en el Museo Histórico JHM. La sinagoga producto de este éxodo fue una de las más grandes de aquellos tiempos, y sigue en uso. En la ciudad portuguesa de Belmonte se constituyó una comunidad marrana muy estricta y endogámica, que persistió aislada hasta época contemporánea, cuando pasó a celebrar públicamente el culto judío en una sinagoga.[11]

La colonización de América fue una oportunidad para muchos cristianos nuevos (marranos incluidos) de alejarse de un entorno en el que eran discriminados. No obstante, hubo limitaciones legales que tuvieron que eludir, como demuestra el caso de Luis de Carvajal y de la Cueva, quien formó en Monterrey (Nuevo Reino de León) una verdadera comunidad marrana, duramente reprimida. Otros casos se dieron en Cartagena de Indias (Reino de la Nueva Granada) y en otras partes de América.

El primer judeoconverso ejecutado por judaizante en América parece haber sido Juan Muñoz, que fue quemado en Cuba en 1518. Un año antes, el escribano Alonso de Escalante fue detenido en Santiago de Cubapor orden del obispo Antonio Manso y enviado a Sevilla, donde fue quemado en 1523.

Los descendientes de los cristianos nuevos, incluso habiendo perdido casi en su totalidad la identidad judía hasta el día de hoy, pueden ser identificados por análisis genéticos y estudios genealógicos, que han reconocido un gran número de apellidos familiares de origen judeoconverso.

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