miércoles, 22 de agosto de 2012

La vida en los ghettos de Polonia


En Europa oriental vivían millones de judíos. Después de la invasión alemana de Polonia en 1939, más de dos millones de judíos polacos quedaron bajo control alemán. Después de la invasión alemana de la Unión Soviética en junio de 1941, varios millones más de judíos quedaron bajo el dominio nazi. Los alemanes apuntaban a controlar esta gran población de judíos forzándolos a vivir en secciones delimitadas de pueblos y ciudades a las que los nazis llamaban ghettos o "áreas residenciales judías". En total, los alemanes crearon al menos mil ghettos en los territorios ocupados. El ghetto más grande era el de Varsovia, la capital de Polonia, donde casi medio millón de judíos quedaron confinados.
Muchos ghettos se establecieron en ciudades o pueblos donde los judíos ya estaban concentrados. Los judíos y los romaníes (gitanos) también eran llevados a los ghettos desde regiones aledañas y de Europa occidental. Entre octubre y diciembre de 1941, miles de judíos alemanes y austríacos fueron transportados a ghettos de Europa oriental. Para los ghettos, los alemanes generalmente delimitaban las secciones más viejas y más ruinosas de las ciudades. A veces tenían que desalojar residentes no judíos de los edificios para hacer espacio para las familias judías. Muchos de los ghettos estaban rodeados por cercas o paredes con alambre de púas y las entradas eran vigiladas por miembros de la policía local y alemana y de las SS. Por la noche, durante las horas de toque de queda, los residentes eran forzados a quedarse dentro de sus apartamentos.
En las ciudades polacas de Lodz y Varsovia, las líneas del trolebús pasaban por el medio del ghetto. En lugar de cambiar el itinerario de las líneas, los trabajadores hicieron una separación con una cerca y había policías que vigilaban el área para evitar que los judíos se escaparan en los vagones del trolebús. Los pasajeros de fuera del ghetto solían usar el trolebús para ir a trabajar durante los días hábiles y algunos lo tomaban los domingos para salir a mirar embobados y con una sonrisa de desprecio a los prisioneros del ghetto.

La vida en los ghettos por lo general era insoportable. El hacinamiento era común. En un apartamento podían vivir varias familias. Cuando las cañerías se rompían, los desechos humanos eran tirados a las calles junto con la basura. En viviendas tan carentes de espacio e higiene, las enfermedades contagiosas se propagaban con rapidez. La gente siempre tenía hambre. Los alemanes deliberadamente trataban de hacer pasar hambre a los residentes permitiéndoles comprar solamente una pequeña cantidad de pan, papas y grasa. Algunos residentes tenían algo de dinero u objetos de valor que podían cambiar por comida ingresada de contrabando al ghetto; otros se veían forzados a mendigar o a robar para sobrevivir. Durante los largos inviernos, el combustible para calefacción era escaso y mucha gente carecía de ropa adecuada. La gente, debilitada por el hambre y la exposición al frío, se enfermaba fácilmente. Decenas de miles murieron en los ghettos por enfermedad, inanición o frío. Para escaparse de una vida sin esperanza, algunas personas se suicidaron.
Todos los días había niños que quedaban huérfanos y muchos tenían que cuidar a niños aún menores. Los huérfanos solían vivir en las calles, mendigando mendrugos de pan a otros que tenían poco o nada para compartir. Muchos murieron congelados en el invierno.
Para sobrevivir, los niños tenían que ser ingeniosos y volverse útiles. Los niñitos del ghetto de Varsovia a veces ayudaban a llevar comida de contrabando para sus familias y amigos, al pasar gateando a través de pequeñas aberturas que había en la pared del ghetto. Eso implicaba un gran riesgo, ya que los contrabandistas que eran capturados eran sometidos a castigos severos.
Muchos jóvenes trataron de continuar su educación asistiendo a clases organizadas por los adultos de numerosos ghettos. Como esas clases por lo general se daban en secreto, en rebeldía a los nazis, los alumnos aprendían a ocultar los libros bajo la ropa cuando era necesario para evitar ser atrapados.
Pese a que el sufrimiento y la muerte los rodeaba, los niños no dejaban de jugar con juguetes. Algunos tenían muñecas o camiones muy queridos que llevaron al ghetto. Los niños también fabricaban juguetes, usando cualquier trozo de tela y madera que encontraran. En el ghetto de Lodz, los niños convertían la parte de arriba de las cajas vacías de cigarrillos en naipes. 

Fuente: http://www.ushmm.org/outreach/es/article.php?ModuleId=10007708

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