viernes, 24 de agosto de 2012

La vida cotidiana durante el nazismo


Durante el régimen Nazi no sólo se ejecutaron a miles de judíos, también se persiguieron a comunistas, homosexuales y hasta gitanos. Hitler inició una cacería y un exterminio racial e ideológico sin precedentes en el siglo veinte. Pero todo esto es ya bastante conocido; sin embargo, poco se ha escrito sobre el otro lado de la moneda, ¿cómo fue la vida cotidiana en Alemania bajo el gobierno de Adolph Hitler? Este artículo muestra, ayudado de datos precisos y testimonios sorprendentes, los límites a los que se llegó bajo el gobierno del nacional socialismo que pretendía gobernar el mundo.

Mujeres, familia, sexo…

El propio Hitler afirmó en cierta ocasión que los derechos de las mujeres en el Tercer Reich consistían en que toda mujer debía encontrar marido y dedicarse a la vida en el hogar; por lo tanto, si las mujeres debían dedicar su vida a criar a los hijos, darles a ellas una educación universitaria era un desperdicio de recursos, así que una de las primeras medidas que adoptaron fue restringir el acceso femenino a la universidad, estableciendo un máximo de un 10% sobre el total del alumnado. Asimismo, se les prohibió ejercer como jueces y fiscales dado que “no podían pensar lógicamente ni razonar objetivamente, puesto que se regían por sus emociones”.
Kurt Rosten, en su libro Das Nationalsozialismus der ABC (1933) manifestó:

¿Puede la mujer imaginar algo más bello que estar sentada junto a su amado esposo en su acogedor hogar y escuchar recogidamente el telar del tiempo, mientras va tejiendo la trama y la urdimbre de la maternidad a través de los siglos y milenios? Ellas no tienen nostalgia de la fábrica, de la oficina o del Parlamento. Un hogar agradable, un buen marido y un bandada de hijos dichosos son más queridos a su corazón.

Rebeldes embarazadas…

En una sociedad conservadora como lo fue la Alemania nazi, la represión sexual motivó, como toda represión, insólitas vías de escape, así por ejemplo, las jóvenes alemanas dieron un grito de rebeldía, y algo más, durante el gran mitin de Nuremberg de 1936, que contó con 100.000 asistentes de las Juventudes Hitlerianas y de su equivalente femenino, la Unión de Jóvenes Alemanas, allí 900 chicas menores de 18 años regresaron del evento embarazadas. En más de la mitad de los casos no se pudo determinar quién fue el padre.

En ciudades como Hamburgo se popularizó una moda de cierta rebeldía —aunque el régimen nunca llegó a verlo como una amenaza real— llamada “movimiento swing”, en el que jóvenes de ambos sexos acudían a fiestas privadas vestidos al estilo moderno de ingleses y americanos (y ellas muy maquilladas, con faldas cortas y actitudes provocadoras) para bailar música jazz, prohibida al estar vinculada a los negros. Hay una película al respecto protagonizada por Christian Bale y que lleva por título Rebeldes del swing.

Los sementales

Hitler deseaba poblar alemania de Arios, y para evitar que ninguna mujer se quedase a vestir santos, las autoridades pensaron que, una vez concluida la guerra, los soldados que hubieran demostrado más valentía en el campo de batalla podrían casarse con dos mujeres. Un plan que no pudo ponerse en práctica debido al curso de la historia que ya conocemos. Pero lo que sí se llevó a cabo fueron los Lebensborn (Fuente de Vida), hogares para mujeres solteras que eran fecundadas por los sementales considerados más racialmente idóneos de las SS: Las tropas de elite dirigidas por Heinrich Himmler. Los sacrificados patriotas que adquirieron esta responsabilidad lograron embarazar en total a 8.000 candidatas. El protocolo en estas fábricas de superhombres era el siguiente, según un testimonio de una de las jóvenes que pasaron por allí:

“En el hostal de Tegernsee, esperé hasta el décimo día, después del comienzo de mi menstruación y fui examinada médicamente, a continuación me acosté con un hombre de las SS que tenía que cumplir también su obligación con otra chica. Cuando se diagnosticó el embarazo, pude elegir entre volver a casa o entrar directamente en un hogar de maternidad (…) El parto no fue fácil, pero a ninguna mujer alemana que se precie se le ocurriría hacerse dar inyecciones artificiales para aminorar el dolor”.

El matrimonio

Una vez logrado el visto bueno de los padres, la boda podía celebrarse, aunque no era lo más habitual, mediante un ritual neopagano que tenía lugar bajo un retrato de Hitler (y si el esposo contrayente además era de las SS recibía como regalo una edición de lujo del Mein Kampf).

Durante la guerra se popularizó la expresión “he donado un hijo al Führer” cada vez que una mujer quedaba embarazada o daba a luz. Curiosamente algunas parturientas rechazaban cualquier anestesia, prefiriendo en su lugar gritar “Adolf Hitler”, lo que se consideraba que tenía propiedades analgésicas.

Humor

El 26 de junio de 1943, una empleada de una planta industrial armamentística fue condenada a muerte por contar a una compañera de trabajo el siguiente chiste:

“Hitler y Göring están de pie, en lo alto de un radiotransmisor. Hitler dice que quiere dar a los berlineses un poco de alegría. Göring le replica: “¿Entonces por qué no saltamos desde la torre?”.

Al régimen desde luego no le hizo ninguna gracia, ni ese ni ningún otro. Según una ley del 20 de diciembre de 1934, pasó a ser considerado delito realizar “declaraciones de odio”, una categoría en la que estaban incluidos los chistes contra dirigentes del Partido y contra el régimen en su conjunto.

Sin embargo, los comentarios críticos hacia el gobierno no cesaron sino que se manifestaron en círculos cada vez más cerrados por temor a delaciones. Otra forma de humor negro que se empezó a practicar estuvo dirigido hacia los judíos, ejemplo de esto es por ejemplo el llamar “la comidita de los judíos” al Zyklon B (que venía en latas parecidas a las de conservas) o poner señales de tráfico con la advertencia “Curvas peligrosas. Los judíos pueden ir a 120 kilómetros por hora”.

Juventud y educación

Según la información encontrada, la media de edad de todos los integrantes del partido era de apenas 28 años. Así que la educación de los jóvenes era un asunto de importancia vital para Hitler, al respecto, el Fürher decía:

“El chico alemán del futuro debe ser delgado y flexible, rápido como un galgo, resistente como el cuero y duro como el acero Krupp. Debemos educar un nuevo tipo de ser humano, hombres y mujeres absolutamente disciplinados y saludables. Nos hemos comprometido a dar al pueblo alemán una educación que comienza en la infancia y nunca termina.”

Wilhelm Frick estableció el 9 de mayo de 1933 en el Diario General de los Profesores Alemanes que la enseñanza objetiva de la historia era una falacia del liberalismo. Los nuevos principios que la escuela debía enseñar eran:

1) La vida es una lucha constante donde la raza y la sangre son primordiales.

2) La importancia del coraje en la batalla y el sacrificio del individuo por un fin superior.

3) Admiración por el liderazgo del Führer.

4) Odio a los enemigos de Alemania.

Solo un día después de este manifiesto del ministro, los estudiantes universitarios hicieron hogueras con libros de autores judíos, izquierdistas y en general de cualquier tipo que no encajase en la doctrina del nuevo régimen.

Por su parte, los niños debían realizar el saludo alemán en la escuela, el “Heil Hitler” con el brazo en alto, entre 50 y 100 veces al día. El recurso al castigo físico se incrementó sobre aquellos jóvenes poco aplicados, revoltosos o que no caminasen erguidos.

Una forma de adoctrinar a los más pequeños era la repetición constante de frases y versos que los niños terminaban memorizando, por ejemplo éste:

¡Mi Fürher!
Te conozco bien y te quiero como a mi madre y a mi padre.
Te obedeceré siempre como hago con mi padre y mi madre.
Y cuando crezca, te ayudaré como ayudo a mi padre y a mi madre.
Y estarás satisfecho conmigo

Otra forma de educar a los niños para la batalla era mientras se les enseñaba a leer y escribir, en la escuela se solían utilizar abecedarios en los que por ejemplo a la H le correspondían Hitler, Himmler y Hess y a la K, kriegerpilot (piloto de combate), Kiel (base naval) y Kamerad(camarada). Entre los más mayores se popularizaron los concursos de caligrafía con letra gótica, que el régimen estableció como la oficial y genuinamente aria. Unos concursos que se promocionaban en revistas bajo eslóganes como “sienta alemán, piense alemán, hable alemán, sea alemán en la escritura también”.

Así mismo, en los ejercicios de matemáticas se calculaban trayectorias de disparos de artillería y se mostraban a los alumnos problemas a resolver como el siguiente:

“Se estima que la proporción de sangre de origen nórdico entre el pueblo alemán es de 4/5 partes de la población. Un tercio de éstos se pueden considerar rubios. De acuerdo con estas estimaciones, ¿Cuántos rubios hay entre los 66 millones de alemanes?”

Claudia Koonz, profesora de historia en la Universidad de Duke, recoge este cuento narrado en un libro para niños de la época:

“Un día antes de su emigración anual, la madre cigüeña llora mientras el padre, con el apoyo de las cigüeñas que los rodean, insiste en que su cría, que tiene dificultades para volar, debe quedarse allí. “¿No es eso cruel?”, pregunta un niño campesino que presencia el momento del abandono. “No lo es, hijo. ¿Por qué vamos a dejar que los enfermos pongan en peligro a los sanos?… las crías que sobran no sirven para nada. Sin esa conciencia, nuestro pueblo no podría seguir creciendo”.

Esta forma espartana de separar a los estudiantes físicamente aptos de los disminuidos tuvo como emblema la Ley de Esterilización de 1934 que obligaba a los profesores a identificar a aquellos alumnos que pudieran tener unas habilidades físicas o mentales limitadas para proceder a su esterilización. Los psiquiátricos y asilos para discapacitados físicos pasaron a ser lugares de visita de excursiones escolares para que los niños tomasen conciencia de ese dispendio. Hay que decir que el Tercer Reich no se limitó a inculcar la teoría a los más jóvenes, ya que entre 1933 y agosto de 1941 asesinó a más de 70.000 discapacitados, lo que le permitió ahorrar 885 millones de marcos.

Las universidades

Tal como dijo Hitler en noviembre de 1938: “cuando observo a nuestra clase intelectual, desgraciadamente, supongo, son necesarios; de otro modo podríamos, no lo sé, exterminarlos o algo por el estilo”.

Y si bien no los exterminó, el régimen nazi provocó el exilio de grandes figuras de las ciencias y las letras, entre ellos varios premios Nobel: Thomas Mann, Theodor Adorno, Erich Fromm, Max Born, Albert Einstein…

*Texto escrito a partir del artículo publicado por Javier Bilbao en la revista Jotdown.

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