miércoles, 22 de agosto de 2012

La pobreza del campesinado en la Edad Media


Con arreglo a las leyes medievales, un campesino no era dueño de sí mismo. Todo, incluida la tierra que trabajaba, sus animales, su casa, y hasta su comida, pertenecía al señor del feudo. Conocidos como siervos de la gleba, los campesinos estaban obligados a trabajar para su señor, que en Gran Bretaña les concedía a cambio una parcela de tierra para cultivo propio. Su vida estaba llena de penalidades. Muchos se afanaban para producir alimentos suficientes para sus familias y para cumplir con su señor. Les estaba prohibido marcharse del feudo sin permiso, y para un campesino, la única manera de obtener la libertad era ahorrar el dinero necesario para comprar un lote de tierras, o casándose con una persona libre.

En la Edad Media, la carencia de lo necesario para el sustento de la vida no equivalía al desamparo total.
¿Qué miedos te asaltan cuando piensas en la pobreza? ¿Temes pasar hambre, enfermarte, el desamparo, la soledad, la marginación social, la inseguridad, la infelicidad de perder tus bienes materiales? ¿Cómo te imaginas que se vivía la carencia de lo necesario para el sustento de la vida en otras épocas y lugares? ¿A qué tenían miedo los pobres del pasado?
En la Edad Media europea la gran mayoría de la gente vivía en lo que actualmente entendemos como pobreza extrema: apenas con los mínimos recursos para sobrevivir y con la muerte como una realidad cotidiana. En el siglo X un cuarto de los niños moría antes de los cinco años y otro cuarto antes de la pubertad.
La vida de los campesinos, es decir de la mayoría de la población europea, era sumamente austera. Los hombres vestían un faldón, una especie de chaleco forrado de conejo (que para los más ricos era de gato), y un sombrero de tela. Las mujeres vestían dos túnicas superpuestas y un manto. Para trabajar usaban muy pocas herramientas de hierro, pues la gran mayoría de sus utensilios eran de madera. Los campesinos escarbaban la tierra con arados provistos de una reja de madera endurecida al fuego. El rendimiento de la tierra era muy bajo.
La comida era escasa: algunas hierbas, granos y caza pequeña, y una hogaza de pan que se atesoraba. Los trabajadores estaban aplastados por el peso enorme de un pequeño sector de explotadores —guerreros y eclesiásticos— que se quedaban con casi toda la producción agrícola. El pueblo vivía temiendo el mañana. La posibilidad de sufrir hambrunas era común, debido a una mala cosecha, que a veces se acumulaban e implicaban dos o tres años de mal comer. Los pobres de la Edad Media temían sobre todo al hambre. Este miedo permanente está en la raíz de la sacralización del pan, de ahí que la súplica al Dios cristiano rece: “Danos el pan de cada día.”

Sin embargo, a pesar de la escasez de bienes y comida, en el duro mundo medieval no existía el desamparo total. Las relaciones de solidaridad y de fraternidad hacían posible que se redistribuyera la exigua riqueza, y con ello se aseguraban la supervivencia de los más pobres La sociedad medieval era una sociedad de solidaridad porque la pobreza era la suerte común. Prevalecía el sentimiento de estar eternamente acompañado, porque los seres humanos vivían de forma gregaria. Más de una familia habitaba una misma casa, varios dormían en un mismo lecho. En el interior de las casas no había paredes verdaderas, sólo colgaduras.
Los hombres y mujeres del medievo nunca salían solos y desconfiaban de quien lo hacía: eran locos o criminales. Cualquier individuo que buscara el aislamiento se convertía inmediatamente en objeto de sospecha o de admiración (como los eremitas*), y era tenido por “extraño”. Andar errante en la soledad era, según la opinión común, uno de los síntomas de la locura. Incluso se consideraba una obra piadosa que se intentara reintegrar a los solitarios a alguna comunidad. Fuente: http://gj_ll.lacoctelera.net/


2 comentarios:

  1. todos son unos sapos
    no mentiras muy buna pagina

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  2. Muy buen artículo, argumentado y documentado. Si me permites, echo en falta (en la WEB) un artículo que verse sobre pobreza comparada (me refiero entre distintas épocas) en términos cualitativos absolutos, ya que siempre se habla en términos relativos. En efecto, el equivalente actual de un campesino en la edad media, dispone de acceso a la educación, a la sanidad y un confort digno de ser comparado (calefacción, consiciones dignas de habitabilidad, derechos sociales y laborales etc.)Esto lo digo porque existe una tendencia generalizada a decir que el mundo está fatal, peor que nunca y eso sólo puede decirse desde la ignorancia absoluta de la historia. Saludos.

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