sábado, 25 de agosto de 2012

Esclavitud en la Antigua Grecia


El desarrollo extensivo de la esclavitud en Grecia corresponde al periodo clásico, llegándose a contar a fines del s.V a.C., por lo menos 70 mil esclavos en Atenas; sin embargo, los antecedentes y la aparición de la esclavitud entendida no sólo como un modo de organización de la vida económica, sino como una ideología validada consensualmente, se da mucho antes.

En el s.VI a.C. se incrementa la demanda de esclavos en Atenas por la privatización de la propiedad de la tierra, el fomento de la producción mercantil y la falta de mano de obra interna; esto, sumado a que Atenas fue el centro de atracción de una ingente población y al incremento de la demanda de ingresos líquidos de las élites, obligó a que se entendiera la esclavitud como un hecho primordial y como una actividad que la polis “naturalmente” debía realizar en vista a la culminación de su telos: el buen gobierno y la vida feliz.

No fue ningún problema colorear en el imaginario griego, los detalles y lagunas que se habían contorneado desde tiempos heroicos, en relación a la esclavitud6. Esta tarea, con las tonalidades grises y obscuras de la abstracción aristotélica, no fue más que la verbalización conceptual de lo que constituía una noción profundamente enraizada en el imaginario colectivo de la vida civilizada de la culta y superior Atenas.
Estatutariamente el esclavo es una propiedad, carece absolutamente de gobierno sobre sí mismo y se encuentra en indefinido y radical desarraigo. Es una realidad inmediata y frecuente, se tolera su presencia y “naturaleza” cotidiana e inferior, sólo porque resulta imprescindible su trabajo y porque se ha asumido una obligación, magnánimamente de parte del “pueblo superior”, la obligación de “regir” la vida de esclavos y bárbaros, para felicidad de todos y por el interés colectivo.

Así, la dirección comienza en la administración de la casa y concluye con los servicios públicos de la polis, pensándose la esclavitud como una necesidad universal dentro de los límites del brillante “mundo griego”. La cotidianeidad de la vida del esclavo, pese al estatuto óntico que establece su naturaleza inferior, lleva sin embargo a cierta ambigüedad fáctica. Tanto es así que las actividades, labores, habilidades y disposiciones que realizaban eran muy apreciadas por sus amos, al punto de establecerse en Atenas, el destierro temporal de los amos que golpearan a sus esclavos hasta matarlos. Tales limitaciones redujeron el abuso e influyeron para que se construyeran justificaciones éticas y políticas sobre la esclavitud, entre las cuales la de Aristóteles es la más connotada, por los aspectos culturales y filosóficos pensados post festum.
A los esclavos en Grecia se los encontraba en las más diversas actividades, sin que existan muchas de su exclusividad. Desde los esclavos que trabajaban en las minas descansando solamente cinco días al año, en angostas y bajas galerías, a gran profundidad, con un aire enrarecido y una luz tenue, hasta los esclavos que cumplían encargos como compradores de mercancías para sus amos, en misiones ultramarinas y con capitales considerables, haciéndose pasar como hombres libres; se halla una extensa gama de ocupaciones y funciones“de esclavos”.

Tanto hombres como mujeres, si servían como domésticos en la casa de sus amos siendo “propiedad animada”, debían cumplir los deseos sexuales de sus amos, quienes podían disponerlos para la diversión de sus invitados y amigos, tanto en relaciones heterosexuales y homosexuales como en una grande variedad de perversiones, tanto en castigos corporales para su cruel solaz como en la renta que les reportaba el alquiler de sus esclavas jóvenes en casas de diversión, significativamente rentables y sorprendentemente frecuentes.

Se sabe también que en el marco de la “economía doméstica” tan alabada por Aristóteles, los esclavos cumplían funciones de nodrizas, institutrices y en algunos casos, de maestros y médicos7. Las labores cotidianas de servicio doméstico de las mujeres incluían lavar, coser, limpiar y moler y, si tenían suerte, ayudar a sus amas a hilar y tejer; los varones tenían otras obligaciones que exigían mayor esfuerzo físico, como arar, guardar el ganado, construir, etc.; aparte de esto, los esclavos cumplían funciones de compañía y otros servicios, por ejemplo, debían llevar las armas de su amo cuando la polis se encontraba en guerra, e incluso ser el séquito de prestigio, en los paseos que sus amos realizaban por la ciudad.

Si se daba una demanda que exija un juicio, el amo podía entregar a su esclavo para que sobre él se ejerza la tortura; si después de ésta se constataba la inocencia del demandado y por la tortura el esclavo había muerto, el amo tenía derecho a una compensación económica.

Entre las funciones públicas que cumplían los esclavos la más importante era la de “policías”. Los escitas en Atenas mantenían la estabilidad entre la ciudadanía como arqueros del orden, llegando inclusive a hacerlo montando a caballo. Funciones similares son las que cumplían como carceleros, torturadores (obviamente, de otros esclavos) y alguno debía oficiar de verdugo. Entre las funciones administrativas más importantes se cuentan por ejemplo, ser heraldo, escriba, secretario de archivo público o contador.

Los esclavos de la polis cumplían asimismo labores como remeros y marinos y sólo en casos extremos, luego de las previsiones legales, es decir de su manumisión en bloque, eran reclutados para cumplir tareas de los rangos inferiores en el ejército.

Hubo también un grupo de esclavos que constituía una categoría aparte: tenían familia, vivían desvinculados de sus amos, se ocupaban en actividades artesanales o eran mercaderes, estando obligados a entregar una suma determinada a sus amos. En otros casos algo similar ocurría, si convenía a los intereses de los amos que no querían alquilar el cuerpo de sus esclavas jóvenes, podían alquilar la fuerza de trabajo de sus esclavos fuertes, de quienes recogían sus salarios como si fueran hombres libres. Tal la esclavitud asalariada de la antigüedad griega.

Lo que reportaba los mayores beneficios era el trabajo directo de los esclavos en los ergasterios o talleres de producción metalúrgica, armamentista y de curtido principalmente. Las labores de construcción, la producción artesanal e inclusive la producción artística, aun a pequeña escala, daba pingües beneficios si se compraba y empleaba esclavos. Así, a lado del amo, bajo su dirección y cumpliendo tareas previamente establecidas, aunque no se diera un desarrollo técnico sostenido, se realizaba una sobresaliente habilidad de los esclavos, quienes produjeron en los talleres urbanos muchas de las magníficas obras que todavía hoy apreciamos.

Es frecuente encontrar no sólo a los grandes latifundistas, productores y comerciantes, con cantidades significativas de capital, disponiendo de un grande número de esclavos a su servicio; sino, inclusive pequeños mercaderes, campesinos con escasas tierras y artesanos de mínimos recursos, “adquirían” uno o varios esclavos que colmaran las expectativas de beneficio legítimo que la superior naturaleza del amo podía espontáneamente demandar.
Los esclavos que mejor situación tenían eran los “agentes” de sus amos. Se ocupaban de la administración de negocios, en general, dirigiendo a otros esclavos, contaban con ciertas prerrogativas en relación a la familia; además, cumplían sus labores de manera que no sólo realizaban lo que el amo mandara, sino, lo que su propia iniciativa y voluntad (en vista de la manumisión final), les permitía y aconsejaba. Servir con solicitud al amo quien sólo unilateralmente algún día podría darles la libertad, era sin duda un incentivo para obedecer y para complacer al amo, fortaleciendo relaciones que pese a ser inciertas, eran expectables.
A los esclavos que habían tratado de escapar, se los marcaba con un hierro candente en la frente, remarcando probablemente su proximidad óntica con el ganado8. Entre los castigos habituales se cuentan muchos: se los castigaba privándoles de alimento, obligándoles a realizar trabajos forzados en las minas, extendiéndolos en bloques de madera y de manera muy frecuente, según petición del amo, otro esclavo, encargado de aplicar la tortura, arrojaba a la víctima a un calabozo donde no podía acostarse, sentarse ni enderezarse durante días. Respecto de los ilotas de Esparta, se declaraba un día cada cierto tiempo, como el momento legal para asesinarlos, puesto que eran un patrimonio de la polis y no una propiedad privada, así los jóvenes nobles los empleaban como objetos vivos de tiro al blanco. En Atenas se limitaron algunos excesos contra los esclavos, siendo posible que frente a tratos despiadados que se pudiera constatar, el esclavo apelando a las autoridades respectivas y protegido en la sacralidad del templo de Teseo, sería revendido e impuesta una sanción a su anterior amo.
En general, los esclavos no tenían derecho a formar una familia ni podían establecer relaciones familiares, al menos en el Atica, donde la esclavitud era personal y fundada en una eficaz coerción extraeconómica. Sin embargo, tampoco ésta es la norma, por ejemplo, los ilotas de Esparta que por éstas y otras razones no se consideran “esclavos” en sentido estricto, sino “siervos” obligados a desarrollar trabajos impuestos, podían reproducirse. Estando sometidos en grupo, mantenían vínculos de comunidad y por esto les fue más fácil organizarse para protagonizar revueltas e incendios9. En contraposición, los esclavos del Atica eran vendidos individualmente, desarraigados y terminaban acomodándose con mayor o menor resignación, con más o menos buena disposición, a su nueva situación, tan variada como incierta.
Las diferencias de los ilotas en relación a los esclavos atenienses aumentan en tanto se considera que aquéllos tenían derecho a poseer casa, enseres y ropa, alimentos, aperos, ganado e incluso instrumentos de producción; vivían con cierta autonomía aunque estaban obligados a entregar el producto de su trabajo agrícola a sus señores. Con la caída del sistema de Esparta que implicó la mercantilización, la tendencia desmedida al lujo y la concentración de la tenencia de la tierra, caída que se consumó en el s.III a.C. este sistema de carácter feudal fue sofocado por el régimen esclavista típico del Atica.
La forma más usual de esclavización era la que resultaba de la importación de colonias de reclutamiento (Iliria, Tracia y Libia entre las principales). De las ciudades conquistadas en general, sólo se reducía a la esclavitud a las mujeres y a los niños, aunque la guerra se constituyó en el inicio del proceso que otorgaba derechos de facto sobre los esclavos; tampoco fue muy frecuente la esclavitud de nacimiento, aunque para que un esclavo fuera manumiso era requisito común que haya tenido hijos. A quienes se casaban en contra de la ley, faltaban al pago de sus impuestos, siendo metecos y libertos, también se los vendía como esclavos, aunque hayan sido griegos. Desde Solón sin embargo, la esclavización por deudas fue anulada para los ciudadanos atenienses.

Para muchos esclavistas griegos, el esclavo no merecía ni un nombre, en general un apodo bastaba y mejor si tenía relación con el lugar de procedencia. Tampoco era permitido creer en el testimonio de un esclavo y si en un proceso era imprescindible su palabra, se la tomaba en cuenta solamente si se hubo obtenido bajo tortura.
No diferenciar el “servicio público” de la “servidumbre doméstica” o de la “esclavitud” en sentido urbano estricto (por ejemplo en los ergasterios), que haya existido tantas clases como oficios y funciones de los esclavos (se mencionan 17 entre las que se cuentan los dulos, oicetas y otros), que se constituyeran de tan distintas formas y se establecieran tan variados modos y relaciones entre amos y esclavos, muestra la ambigüedad de la esclavitud. Sin embargo, aunque existan múltiples formas condicionantes de las actividades económicas, existió una manera específica de pensar su desempeño, precisamente aquélla según se cree que el cumplimiento de una grande diversidad de actividades se da por una “naturaleza” inferior por esencia.
Si se consideraba al esclavo un ser algo superior que un animal, referirse a él como ilota o andrápoda, entender que estaba tanto en el gran comercio como en el prostíbulo, aceptar que era policía del orden y un cómodo recurso substitutivo para la tortura, aceptar que sus ocupaciones incluían desde las artísticas y administrativas, hasta las más brutales y cosificantes labores mineras, sin duda ha debido ocasionar en la conciencia del griego medio, desde el cual Aristóteles piensa, entiende y justifica su propio orden político, una comprensión de la inferioridad del esclavo en términos morales y políticos.

El desarrollo en Grecia de las fuerzas productivas con sus correspondientes relaciones sociales de producción determinaron el crecimiento de la esclavitud. El número de esclavos creció en las ciudades griegas con mayor rapidez que el de los metecos. Tanto los ciudadanos como los metecos utilizaron las ramas del artesanado. En el siglo v, los esclavos eran utilizados en la agricultura muy escasamente, pero en el iv su trabajo adquirió también allí valor decisivo.

Las fuentes no dan nociones estadísticas precisas acerca de la cantidad de esclavos existentes en los centros adelantados de Grecia. Las cifras que dan Ctesias, autor de los siglo iii—ii a. C. (400.000 esclavos para el Ática), Aristóteles (470.000 para Eginia), Timeo (640.000 para Corinto) son absolutamente exageradas. Como ya señaláramos, ha de suponerse que el número de esclavos en Atenas en el período de su mayor florecimiento oscilaba entre los 75.000 y los 150.000. Pese a emplearse también el trabajo libre, en la producción artesanal predominaba el trabajo de los esclavos.

Fuentes de esclavos

Generalmente, los esclavos eran traídos a Grecia desde lejos; el desarrollo de la esclavitud a partir de los siglos vii—vi a.C. en todas las polis comerciales—industriales se debió fundamentalmente a la coerción extraecónomica de los no—griegos, «bárbaros», a los que el propio Aristóteles consideraba como esclavos natos. Así y todo, la esclavización de griegos por griegos no constituía ningún fenómeno raro. Así, en tiempos de Polícrates, tirano de Samos, los habitantes de la isla de Lesbos, hechos prisioneros de guerra, aherrojados con fuertes cadenas, fueron enviados, como esclavos, a trabajar en la fortificación de la ciudad de Samos. Durante la guerra del Peloponeso, los atenienses que cayeron prisioneros de los siracusanos tras el desastre de la expedición a Sicilia fueron enviados como esclavos a las canteras. La transformación en esclavos de la población de una ciudad conquistada era, sin embargo, una excepción, y no eran los varones los que con mayor frecuencia sufrían esto, sino las mujeres y los niños; pero, por lo general, los prisioneros eran canjeados o rescatados por sus conciudadanos o por el Estado.

La esclavitud por deudas impagadas fue abolida en Atenas por Solón, pero se conservó en algún que otro lugar de Grecia. Los metecos y los libertos volvían al estado de esclavitud en el caso de no cumplir sus obligaciones con el Estado. Las personas que se adjudicaron ilegalmente los derechos de ciudadanía y los extranjeros que contra las disposiciones de la ley contraían nupcias con ciudadanos atenienses, también eran castigados con la esclavitud. Sin embargo, la masa fundamental de los esclavos estaba compuesta por los no griegos. La mayor parte provenía de Iliria, Tracia, Lidia, Frigia, Siria y Paflagonia; muchos eran traídos a Atenas también de los mercados del litoral del mar Negro.

Las más importante fuentes de provisión de esclavos eran las guerras. Después de la batalla del Eurimedonte, Cimón trajo al mercado de esclavos más de veinte mil. La isla de Quíos era considerada como el más grande de estos mercados. También gozaban de notoriedad los mercados de Efeso, Samos, Delos, Chipre y, posteriormente, Tesalia, Bizancio y el litoral septentrional del mar Negro, pero el centro principal del comercio esclavista en el siglo v era Atenas, donde casi mensualmente se organizaban subastas de esclavos; los que en ellas quedaban sin haber sido vendidos eran trasladados a otros lugares. En el mercado se exponía a los esclavos sobre un tablado y su vendedor, quizá también un esclavo, o un liberto, elogiaba ante los compradores las cualidades físicas de su mercancía. Los precios oscilaban en función de la oferta y la demanda y de la mayor o menor cualificación del esclavo. En el año 418, un esclavo varón valía, término medio 167 dracmas; una mujer, en 135 a 220 dracmas. Los esclavos que trabajaban en las minas valían, en el siglo iv, de 154 a 184 dracmas. Los esclavos artesanos tenían precios más elevados. Se conoce un caso de venta de veinte esclavos tallistas en marfil por 40 minas.

Los hijos de esclavos, al igual que los de una persona libre y una esclava, pertenecían a aquel propietario en cuya casa habían nacido. Por otra parte, el padre libre podía declarar libre a su hijo, si bien esta criatura, aun así, no obtenía los plenos derechos de ciudadanía. Solamente en circunstancias muy especiales (por ejemplo, en los casos de gran disminución del número de ciudadanos), los hijos de los matrimonios entre personas libres y esclavas se tornaban ciudadanos con plenos derechos. En general, los esclavos natos eran relativamente pocos; según las inscripciones de Delfos, de los 841 esclavos libertos, sólo 217 lo eran de nacimiento.

Así, pues, todo lo que no es conocido acerca de las fuentes de la esclavitud en Grecia habla del imperio de la directa coerción extraeconómica. Marx ha caracterizado el sistema de la antigua esclavitud de la siguiente manera: «... el sistema de esclavitud, por cuanto el mismo representa la forma dominante del trabajo productor en la agricultura, manufactura, navegación, etcétera, tal como lo era en los Estados desarrollados de Grecia y Roma, conserva elementos de la economía natural. El mismo mercado de esclavos recibe constantemente la contemplación de su mercancía —fuerza de trabajo— mediante la guerra, la piratería, etc., y esta piratería, a su vez, ocurre sin el proceso de transformación, representando la apropiación del trabajo ajeno mediante la directa coerción física».

Situación de los esclavos en Grecia

Desde el punto de vista jurídico, el esclavo no era considerado un ser humano. No tenía familia; las relaciones familiares entre esclavos y esclavas no eran consideradas como matrimonios; los hijos de una esclava eran una cría perteneciente al amo de la madre. Los esclavos estaban completamente en poder de sus amos. El propietario podía obligar al esclavo a ocuparse de este o aquel oficio, podía venderlo o matarlo. Sólo posteriormente, el derecho del esclavista a matar a su esclavo quedó limitado por la ley. En el Ática, por ejemplo, estaba prohibido matar a un esclavo. Pero el areópago que, por lo general, como ya hemos señalado, juzgaba los delitos de índole criminal, no entendía en las causas de muerte violenta de los esclavos, y el que la cometía era condenado sólo a una expulsión temporal: podía regresar haciendo el holocausto expiador y pagando al perjudicado propietario del esclavo muerto «el precio de la sangre».

Cuando la arbitrariedad del amo se tornaba inaguantable, el esclavo podía recurrir al «derecho de asilo». Para su ejercicio eran considerados, por ejemplo, en Atenas, el llamado Teséin (el templo de Hefaistos) y el santuario de las Euménidas. Ese asilo era considerado inviolable y, según una ley ática, el esclavo que recurría a la protección de una deidad ya no regresaba al amo anterior, sino que era revendido a otras manos.

El esclavo no podía ocuparse de ningún negocio propio, ni atender independientemente causa alguna, y en los casos en que un juzgado necesitaba su testimonio, éste era dado bajo torturas, puesto que el esclavo, en opinión de los griegos, no podía prestar juramento a la par que un hombre libre, y prestar fe a los testimonios de un esclavo se consideraba imposible. La multa a que se condenaba a un esclavo era reemplazada por la flagelación, y cada golpe equivalía a un dracma. Si el esclavo actuaba con el conocimiento de su amo recibía cincuenta azotes, y si obraba sin el conocimiento de aquél, el castigo era de cien azotes. Un esclavo complicado en un homicidio sufría la pena de muerte.

Los castigos corporales y las torturas a que eran sometidos los esclavos eran un fenómeno habitual. A solicitud del dueño, el esclavo era aherrojado con grillos y encerrado en un calabozo bajo y estrecho, dentro del cual no podía enderezarse, ni acostarse, ni sentarse. Se los extendía sobre bloques de madera de diferentes formas, se los privaba de alimentos, se los enviaba a efectuar trabajos pesados (a un molino, o a las minas). A los esclavos fugitivos se les ponía en la frente marcas con hierro candente. En Atenas, los esclavos se hallaban en situación relativamente mejor que en otros Estados griegos. Los temores a que los esclavos, sometidos a condiciones insoportables, pudieran sublevarse fácilmente determinaron la intromisión del Estado en las relaciones entre los esclavos y sus propietarios, acarreando la prohibición de represiones arbitrarias respecto a aquéllos. Tal situación de los esclavos atenienses indignaba a los adversarios de la democracia. «En cuanto a los esclavos y metecos, en Atenas hay una grandísima licencia, y allí ni te es lícito golpear a nadie ni te cederá el paso ningún siervo», se queja el Pseudo—Jenofonte en la República de los atenienses, expresando con ello la expresión de los esclavistas atenienses más reaccionarios y recalcitrantes.

Es dable suponer que en sus relaciones con los esclavos domésticos los atenienses manifestaran mayor humanismo que los habitantes de otras ciudades. Por ejemplo, en las comedias de Aristófanes se puede hallar a menudo entre los personajes a un esclavo que está enseñando y aleccionando a su dueño.

No debe olvidarse, sin embargo, que la mayor parte de nuestros conocimientos se refieren a los esclavos del Estado, cuya situación era considerablemente mejor que la de los esclavos de otras categorías.

Aplicación de trabajo de los esclavos en las diversas ramas de la economía

En la situación de los esclavos pueden notarse grandes diferencias. Conocemos esclavos que trabajan de sirvientes domésticos, maestros, médicos, mercaderes (inclusive grandes); y, por otra parte, sabemos de esclavos de las minas, del transporte, donde se apreciaba no la calificación, sino la resistencia y la fuerza física. Los propietarios de esclavos consideraban a veces ventajoso estimular a algunos de sus esclavos, colocándolos en situación privilegiada con respecto a los restantes. Algunos de esos esclavos llegaban a tener un bienestar mayor o menor, poseer bienes muebles e incluso inmuebles, y tener familia (desde luego, con el permiso del dueño y bajo su protección). Con tales esclavos se llenaban, en esencia, las filas de los libertos. Empero, al lado de éstos, existían miles, y decenas de miles, especialmente en las minas, que se hallaban sometidos a intolerables condiciones de trabajo. A éstos se aplicaba, en grado mayúsculo, el consejo de Jenofonte: «Hacerlos entrar en razón mediante el hambre»; los esclavos recibían alimentos sólo en cantidad que les impedía morirse de hambre. La pesadez de su trabajo se duplicaba aún por el hecho de que, para impedir que se escaparan, les ponían grillos.

Una gran cantidad de esclavos era utilizada para el servicio doméstico. En las familias pudientes, a la cabeza de esta servidumbre, se hallaba un esclavo—inspector, que a veces gozaba de ilimitada confianza por parte del amo. Los ricos propietarios de esclavos —varones y mujeres— salían a la calle, como regla general, acompañados de esclavos o esclavas; a menudo los esclavos acompañaban a su dueño en viajes y campañas militares. El esclavo, puesto como ayo al cuidado de un niño, acompañaba a su pupilo también al gimnasio y a la escuela, llevando sus enseres. Así y todo, la cantidad de esclavos domésticos en Atenas jamás alcanzó cifras tan grandes como posteriormente en Roma. La cantidad de 50 esclavos domésticos ya se consideraba sumamente grande. Entre éstos hay que anotar por separado a las mujeres esclavas, ocupadas en hilar y tejer, bajo la supervisión de la dueña y de sus hijas. La mayor parte de sus trabajos tendía a satisfacer las necesidades de los miembros de la familia; los excedentes eran vendidos en el mercado. Además de los esclavos que se utilizaban para el servicio directo del propietario y de su familia, podía haber en la casa, y a menudo los había, esclavos que conocían un oficio y que, en tales casos, aportaban al dueño ingresos pecuniarios. De entre las esclavas se reclutaban flautistas, citaristas, bailarinas y prostitutas.

Además de los esclavos que habitaban en la misma casa en que moraban los amos, que trabajaban para el mercado, o que se cedían en arriendo por plazos cortos, por ejemplo, para los trabajos en el campo o en algunos talleres, existía en Grecia una categoría de esclavos artesanos y mercaderes que vivían separados del amo, a quien estaban obligados a pagar una suma determinada; ostentaban una denominación especial: la de «esclavos que viven separados». Su situación era considerada privilegiada. Inclusive podían tener sus familias.

Así como había esclavos propiedad de particulares, los había también del Estado. Como ya dijéramos, tal esclavo se hallaba en mejores condiciones y gozaba de una mayor independencia que los que eran propiedad particular. Podía tener domicilio, familia y propiedades. La policía de Atenas era generalmente reclutada entre los esclavos escitas. Al comienzo, los mismos vivían en carpas en el ágora ateniense, y posteriormente en los terrenos del areópago. Estos esclavos habían conservado su indumentaria escita (razón por la cual así se los llamaba: «escitas»), y estaban armados de dagas cortas y de fustas. El destacamento de escitas se compuso primero de 300 hombres, número que luego ascendió hasta 1.200. Había también en Atenas esclavos del Estado que eran artesanos u obreros, ocupados en los trabajos públicos, tales como la erección de templos, astilleros, etc. Con frecuencia los esclavos eran utilizados en la flota como remeros y marineros; a veces, en casos extremos, se los reclutaba para las filas del ejército, casos en que, en recompensa de su valentía, se les otorgaba la libertad.

En situación especial se encontraban los esclavos que desempeñaban funciones de heraldos, escribas, secretarios, contadores. Tales esclavos, por regla general, eran adscriptos en propiedad a determinadas magistraturas. Estas categorías se dividían a su vez en dos grupos: servidores inferiores, que recibían del Estado sólo los alimentos, y servidores superiores, ocupados en el desempeño de funciones de mayor o menor responsabilidad. Una de tales funciones llenadas por esclavos del Estado era la de secretario del archivo público; ese esclavo no sólo cuidaba de las leyes del Estado, sino que también las conocía, y en los casos en que era necesario estaba en condiciones de suministrar los informes que se le exigían.

Las obligaciones de carceleros también eran cumplidas en Atenas por los esclavos. A la orden del colegio de las Once, en cuya jurisdicción se hallaban las prisiones, esos esclavos ejecutaban las torturas sobre los recluidos, y uno de ellos llevaba a cabo las penas de muerte. Cuando alguien infería una ofensa a un esclavo del Estado, éste apelaba al ciudadano libre bajo cuya protección estaba, quien ocupaba su lugar ante el tribunal, pues los esclavos del Estado gozaban de una protección especial establecida por la ley. Cuando el acusado era él, el esclavo del Estado se presentaba personalmente ante los jueces, y el veredicto era ejecutado por el Estado.

La liberación de los esclavos

La manumisión de los esclavos constituía una fenómeno raro. Se realizaba mediante el pago de un rescate por el propio esclavo, de acuerdo con el testamento del amo, o en virtud de una acta especial que determinaba la liberación por su dueño. A veces, en los momentos que ofrecían peligro para la existencia de la polis, por ejemplo, en los casos de excepcional tensión bélica, el Estado mismo otorgaba la libertad a los esclavos, con el fin de alistarlos en calidad de guerreros. En tales oportunidades, los esclavos manumitidos eran incorporados a las filas de los metecos, pero pagando un impuesto especial de tres óbolos. Con respecto a su anterior amo, el esclavo, aun ya manumitido, conservaba una serie de obligaciones de orden material, a veces sólo vitalicias —cesaban con el fallecimiento del amo— y otras hereditarias —se transmitían para con los descendientes del amo.

Notas
6 El término que usualmente se traduce como “esclavo” es doulos, aunque también se incluye una cantidad de términos que es ambigüo referir como equivalentes. El término ilota por ejemplo en Esparta, penestai en Tesalia y laoi en Asia Menor, antes de referir la idea de esclavo individualmente coaccionado con un estatuto claramente tipificado, refiere la idea de “siervo”, más aún cuando podían liberarse en conjunto y reintegrarse a la vida ciudadana. En la Grecia de tiempo de La Odisea el término que se emplea es drester que simplemente refiere “alguien que trabaja o sirve”, sin que por esto se denote una clara diferencia entre el hombre libre y el que no lo es. 

7 Pese al juramento hipocrático, los médicos podían negarse a atender a los esclavos cuyos amos estaban dispuestos a pagar los gastos de la consulta y de la medicación; en general, a los esclavos enfermos, si no se los dejaba morir, los atendían aprendices y médicos esclavos sometidos a amos que cumplían las mismas funciones.

8 En relación al término tetrápoda (cuadrúpedo), se formó otro para referirse a los esclavos: andrápoda (ser con pies de hombre).

9 Una de las más importantes rebeliones fue la del año 465 a.C. en la que participó Cimón con el propósito de encontrar el apoyo de los lacedemonios. Por otra parte, si bien no se cuentan rebeliones de esclavos de magnitud en las polis de directa influencia ateniense, hubo revueltas y sublevaciones de los pobres; particularmente en Corinto (392) donde se mató y se repartieron los bienes de los ricos, y en Argos (370) donde se los azotó en momentos en los que la pobreza había llegado a extremos de indigencia generalizada (por ejemplo, el 60% de la población ciudadana de Atenas eran “pobres”).

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