domingo, 8 de julio de 2012

Violencia y terrorismo contra las mujeres


Por Montserrat Boix
 
Europa y Estados Unidos parecen por fin decididos a combatir el terrorismo islamista y poner freno a unas redes a las que durante años han dado cobertura. Desde las redes feministas y la militancia por la lucha de los derechos humanos de las mujeres conocemos bien la situación que desde hace una década venimos denunciando las agresiones de estos grupos radicales integristas contra numerosas mujeres en los diferentes países musulmanes (Afganistán, Sudán, Argelia, Arabia Saudí, Pakistán, Irán) a las que han agredido salvajemente y en numerosas ocasiones han dado muerte.
Occidente había hecho hasta ahora oídos sordos a estas denuncias. Han tenido que morir miles de personas en el corazón de la civilización occidental (Nueva York) para que la comunidad internacional reaccione y se plantee poner fin a las situaciones de privilegio de las que han gozado y todavía gozan numerosos líderes integristas.
Desde hace más de cuatro años la organización internacional WLUML (Mujeres Viviendo Bajo Leyes Musulmanas) está denunciando la presencia y en alguna época incluso la protección occidental de individuos como Anuar Haddam, primero miembro del FIS y posteriormente del GIA argelino -grupo que en estos momentos se está investigando por sus conexiones con Ben Laden y responsable de numerosos atentados en Argelia- que hoy en día está tramitando su petición de asilo en Estados Unidos.
Fue en 1993 tras el primer atentado de las Torres Gemelas cuando por primera vez Estados Unidos empezó a temer que el “monstruo” que en los años 80 estaba alimentando –a través de Pakistán en las luchas fratricidas afganas- empezara a volverse en contra de manera incontrolada. Estados Unidos reaccionó recortando financiación y movilidad a numerosos grupos que articulaban la Internacional Islamista pero no actuó de manera contundente quizás con la esperanza de vencer el pulso e intentar continuar manipulando movimientos que resultaron en su momento tan “útiles” en sus acciones sobre el terreno.
Francia tuvo que sufrir a finales del 1994 el secuestro de uno de sus aviones en Argel y posteriormente ser víctima de una ola de atentados en el Metro de París (julio de 1995) para valorar y calibrar la amenaza real de mantener en su territorio tales redes. Hasta entonces les había resultado también rentable. De hecho Francia mantenía excelentes relaciones con el régimen de Sudan a pesar de que -está documentado- que fue en este país donde en 1990 se celebró la primera reunión de la Internacional Islamista y que Sudán ha sido en esta última década uno de los puntos de referencia claves para el entrenamiento de los grupos terroristas islámicos y uno de los últimos países antes de Afganistán que dio cobertura a Ben Laden y su entorno.
Pero Sudán pagó bien a Francia su ambigüedad y tolerancia con el movimiento islamista radical permitiendo que en agosto de 1994 los servicios dieran caza en su territorio a “Carlos” uno de los terroristas históricos más buscados, en estos momentos en las cárceles francesas. La detención de “Carlos” se considera uno de los mayores éxitos de los servicios franceses de los últimos años... parece que a nadie preocupa el precio que se pagó por ello.
Y fue precisamente Francia después de los atentados 95 quien llamó la atención de los españoles sobre el movimiento de radicales islámicos en la península. Hasta tal momento España consideraba que las redes islamistas no resultaban excesivamente peligrosas puesto que sólo usaban el territorio español “de paso” y no como base. Francia tuvo que recordar entonces el problema del gobierno español con ETA. Francia estaría dispuesta a controlar el terrorismo etarra en su territorio si España controlaba las redes de radicales islámicas en el suyo.
Podría seguir con numerosos ejemplos de hipocresía en política internacional en la que se ha usado estas redes que por fin parece que serán duramente perseguidas como moneda de cambio. Los servicios de seguridad israelíes alimentaron durante años a los radicales de Hamas porque consideraban que “el verdadero enemigo” era la OLP y Arafat... un panorama que queda ya muy lejos del actual. Europa y Estados Unidos eran ambiguas y tolerantes con el movimiento radical islámico de Argelia para presionar al gobierno de Argel.
Gran Bretaña es en la actualidad el centro neurálgico europeo de las redes islamistas donde pakistaníes y saudíes han establecido las sedes de sus principales medios de comunicación (prensa, radio y televisión). En este país y Alemania se han cobijado muchos de los expulsados de Francia y Bélgica en los últimos tiempos.
¿Y que decir de Arabia Saudí responsable directa de la financiación de numerosos grupos islámicos que con la cobertura de ofrecer una supuesta ayuda humanitaria a los países musulmanes más pobres han trabajado estas últimas décadas para reforzar los movimientos integristas islámicos más recalcitrantes del mundo? ¿Es casualidad que Arabia Saudí y Pakistán sean dos de los tres únicos valedores que hasta ayer tenían los taliban en política internacional?
Numerosos documentos elaborados por grupos internacionales de mujeres dan testimonio de las denuncias de todo ello en los últimos años. Denuncias que no sólo cayeron en oídos sordos sino que intentaron ser acalladas con presiones y amenazas.
Los gobiernos occidentales son los primeros responsables de la creación de los grandes y pequeños monstruos que en estos momentos se intenta combatir. A occidente le ha importado poco que los talibanes atentaran contra los derechos de las mujeres afganas, las agredieran e incluso las asesinaran, ha mirado hacia otro lado mientras en Argelia los grupos radicales islámicos han secuestrado, violado, asesinado y descuartizado decenas de mujeres –las últimas agresiones se produjeron hace apenas dos meses- que en Bangladesh  muchas mujeres tengan que vivir con la marca del ácido en la cara tras ser vitrioladas por los integristas.
Y ahora.... ¿Se va a poner punto final por fin a la hipocresía occidental con medidas contundentes contra el terrorismo de las redes radicales islámicas? ¿Será compatible con asumir medidas de justicia? No parece que lo más justo sea el bombardeo de un pueblo, el afgano, que en los últimos años ha sido la primera víctima de un régimen al que de manera indirecta se ha tolerado y se ha dado cobertura . Tiene que haber otra manera de hacer justicia y quienes tienen sobre la mesa toda la información, lo saben.

Montserrat Boix
Periodista – Especialista en mundo árabe y movimientos islamistas.
Coordinadora de Mujeres en Red – nodo50.org  

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