domingo, 8 de julio de 2012

Angel Island: Los poemas de la libertad


Entre 1910 y 1940 estuvo en funcionamiento en Angel Island, en la bahía de San Francisco (California), un centro de control, administración y “tratamiento” de los miles de inmigrantes que llegaban a la costa Oeste americana. Angel Island (también llamado el Guardián de la Puerta del Oeste) era la última parada en el viaje a América.

El tratamiento de los inmigrantes era muy distinto dependiendo de la nacionalidad y la raza. Los blancos y europeos tenían más facilidades para poder desembarcar pero los asiáticos y, sobre todo, los chinos eran enviados a Angel Island. El 97% de los allí “recluidos” eran de esta nacionalidad que, tras la ley “Chinese Exclusion Act” promulgada el 8 de mayo de 1882, tenían restringida y limitada la entrada en los EEUU.

Lo que en un principio era “simplemente” una centro de control de la inmigración se convirtió en un centro reclusión. A su llegada eran separados por sexos y encerrados como animales en barracones de madera, a la espera de ser sometidos a interrogatorios intimidatorios y a rigurosos exámenes médicos. Hasta el 30% fueron deportados.

Después de 1940, Angel Island se utilizó brevemente como un centro de detención para el internamiento de ciudadanos japoneses que regresan a Japón y para prisiones en la Segunda Guerra Mundial. En 1946, fue cerrado y abandonado.


 En 1970, el forestal Alexander Weiss descubrió 135 poemas (la mayoría en mandarín y otros dialectos chinos) grabados en las paredes de los barracones de hombres (los de mujeres se destruyeron en un incendio). Hay muchos grabados haciendo referencia a fechas y nombres pero los poemas expresan una serie de pensamientos y sentimientos – nostalgia, tristeza… – describen la pobreza que dejaron atrás, las esperanzas de la familia que los acompañó en su búsqueda de una nueva vida, y la frustración de su situación. También ofrecen asesoramiento a las sucesivas generaciones de aspirantes a inmigrantes. El futuro del complejo era la demolición pero Alexander Weiss trajo a dos académicos de la Universidad Estatal de San Francisco, George Araki y Mark Takahashi, que lograron fotografiarlos y darle publicidad para conservar aquel recuerdo de la historia. Fuente: Historias de la historia

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